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Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

XI

Escrito por: La Galerna29 mayo, 2016
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Hoy no estamos escribiendo el portanálisis; hoy lo bailamos. Traje de gala -camisa blanquísima, como el chaleco, como la pajarita-, zapatos de claqué y a bailar por toda la habitación y más allá, también por las paredes, también por el techo, como hacía (como hace) Fred Astaire en Bodas reales; siempre que baila Fred Astaire es un presente más que indicativo.

Hasta la física teórica sabe algo que la filosofía ya viene barruntando desde antiguo: que el presente no es más (ni sobre todo menos) que el punto álgido de vívida intensidad donde se concentran los rescoldos del pasado y las potencias del futuro, algo así como un Big Bang siempre en acto, un cruce de caminos de ecos y proyecciones, un aquí y ahora solo posible porque contiene también el antes, el después, el allá y el allí. No nos digan que el presente no se parece al Madrid, hoy más que nunca, hoy como tantas otras veces.

As Portada Undécima 29.05.16Marca Portada Undécima 29.05.16Tal es la "gloria interminable" (Marca dixit) del Madrid. Pero esta gloria no procede de estar volcado hacia un constante vértigo por el futuro, es decir, no de que hoy mismo, ganada la Undécima, ya podamos comenzar a pensar en la siguiente, aunque también. Este vértigo no es nada sin la certeza de que cada vez que gana el Madrid, cada vez que levanta una Copa de Europa, es siempre la única vez y todas las veces anteriores y futuras. Es el eterno retorno de lo mismo, siempre diferente porque en el fondo no es más que el carácter necesario de un equipo forjado a base de levantar Copas de Europa. El Madrid vuelve, vuelve y no para de estar volviendo. Es entonces cuando el presente, habitualmente entendido como pura fugacidad, se detiene para siempre, y a él acuden todos aquellos pasados de la "historia que tú hiciste", que actúan como por debajo, imperceptiblemente, que van tejiendo los hilos de lo que no tiene más remedio que seguir ocurriendo, la "historia por hacer".

He ahí la gloria del Real Madrid, que solo puede ser vorágine ganadora porque en el fondo encierra la calma casi zen (Zidane lo enseña bien) del que sabe que volverá a hacerlo, bien mañana, bien pasado. Y entonces mañana o pasado vuelven a ser ayer y también mañana, que en realidad quiere decir siempre.

No sin esfuerzo, claro. El futuro no se regala sin más desde el pasado, no se decanta, sino que se gana justamente por actualizar la lección de las veces anteriores, por tenerla aprendida más con el cuerpo que con la cabeza, por convertirse en ese pasado que no deja nunca de estar presente. Y ahí solo cabe más sudor que el rival, más fe, más entrega, más no parar de querer lo que siempre se quiso y siempre se querrá. El partido de la Undécima es un ejemplo paradigmático de todo ello: mediodía en el más vasto desierto posible sin una sola gota de agua, circunstancia ante la que solo cabe seguir caminando porque allí al fondo tenemos la certeza -nos lo han contando nuestros mayores- de que está otra vez el oasis (live forever). No nos engañan nuestros mayores, no nos puede engañar Paco Gento. Ellos construyeron ese oasis. A nosotros nos queda memorizar el mapa del tesoro y entregarlo con sudor renovado a los que vendrán.

Mundo Deportivo Portada Undécima 29.05.16Sport Portada Undécima 29.05.16Pero no todo el mundo es capaz de entender el mapa. No todos son capaces de comprender la verdadera esencia del presente. Los hay que, ya sea por error, cerrazón o resentimiento, no se explican a qué viene tanta gloria, que siempre ven inmerecida, llena de máculas y hecha a jirones. No han entendido nada. Este reino no es de su mundo. Allí piensan que el pasado es indigno de seguir influyendo en el presente. Allí construyen relatos de ficción contra la historia. Apuntalan como pueden un par de líneas de sintaxis sospechosa para aparecer como adalides de no se sabe qué estilo. Puro atrezo. Allí se tapan los ojos y los oídos para verse y escucharse tan solo a sí mismos, acaso protagonistas de un cuento que Sartre llamó náusea.

Que nos disculpe el célebre bizco parisino, pero nosotros nos quedamos con Camus, ese que tanto jugó al fútbol en su infancia para dejarnos aquello de "todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol". Ya decíamos que nuestros mayores no nos engañan, y nuestro querido Camus llevaba consigo los papeles de su último libro cuando falleció a causa de un accidente de tráfico. Ese libro se titula El primer hombre y está dedicado a la infancia del escritor, pero sobre todo a la figura de su padre. Una vez más, el pasado no es otra cosa que la posibilidad del presente. El primer hombre es todos los hombres. Qué bonito puede ser el futuro, papá.