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Once conclusiones de la Undécima

Once conclusiones de la Undécima

Escrito por: Jesús Bengoechea29 mayo, 2016
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1. El Madrid ganó la Undécima en los penaltis porque hizo todo lo posible por no llegar a los penaltis. Los penaltis son una lotería, sí, pero una donde entran en liza factores psicológicos derivados de cómo se ha desarrollado el juego anterior. La demostración que el Madrid llevó a cabo en la prórroga, destinada a entrar de lleno en el terreno de sus mejores leyendas, y que llevó a cabo en el afán de sortear la suerte de los penaltis pese al agotamiento físico de varios de sus jugadores, le atiborró de orgullo. Ese orgullo, el orgullo de no haber querido desembocar en los penaltis, ganó los penaltis.

2. Es legítimo sostener que en esta plantilla hace falta "una limpia" (así se conoce tuiteramente la hipotética criba tantas veces reclamada), pero será más legítimo aún si quienes la propugnan empiezan por admitir que tal vez se equivocaron al propugnarla en 2014, 2015 ó 2016. No sabemos si apostar por una limpia ahora constituye una postura sensata, aunque sería respetable sostener que algunos jugadores han cumplido su ciclo con este éxito. Lo que es evidente, a la luz de lo visto, es que se equivocó quien sostuvo que lo habían cumplido entonces.

3. Zidane, a quien sólo falta hacer Historia como utillero, tiene además todas las trazas de ser la apuesta a largo plazo que tanto se reclama al club. Debe ser una apuesta capaz de sobrevivir a la eventual amargura de un año sin títulos. A Florentino Pérez se le negará siempre el acierto de la decisión de ponerle al mando. Las decisiones que se toman en diciembre no cuentan, aunque posibiliten el acceso a la gloria. Tampoco al parecer cuenta para Zidane este hito mayestático tras solo cinco meses en el puesto. "Su verdadera talla se verá el año que viene", dice un gurú, que por el mismo precio podrá decir lo mismo al término de la temporada que viene al contemplar a Zidane sonreír (¿por qué no?) tras un triplete.

zinedine champions
4. Se achaca a la actual directiva -y yo he formado siempre parte de esa corriente de opinión- el no hacer todo lo posible para que el Madrid sea más respetado en las instituciones. Con todo, hay que reconocer la belleza intrínseca al acto de ganar la competición de la UEFA por excelencia sin haber entrado en politiqueos encaminados a lograr el favor de la propia UEFA. Parafraseando a aquel otro, sustituyendo la monarquía por el entramado burocrático, "ahora vamos a ganar la competición de vuestros amigos". La competición de los otros amigos, los del ámbito local, cuesta más, y lo que en un caso es un ejercicio de nobleza en el otro quizá lo sea de ingenuidad. La frontera entre ambas cosas no está nunca clara en el fútbol, como no lo está en la vida.

5. Gran parte del periodismo deportivo ha abrazado definitivamente su propia reducción al absurdo en su modo de juzgar la gestión del Real Madrid, y ha explicitado su dadaismo a resultas de Milán. Cuando se logra el primer puesto en las listas de Forbes, se dice que el aficionado lo que quiere son los éxitos deportivos. Cuando se consigue el éxito deportivo más alto posible, se sugiere que se ha logrado merced a algún tipo de ensalmo y a pesar de "la anarquía" y "la falta de un proyecto deportivo". La gestión encaminada al logro de unos objetivos empresariales, sociales y deportivos es profundamente incorrecta pese a que se logran los objetivos empresariales, sociales y deportivos. Este planteamiento es extrapolable (de hecho, en alguna medida uno es consecuencia del otro) a cierta masa social madridista. Como cantaba U2, I gave you everything you ever wanted / It wasn't what you wanted.

6. Al hilo de lo anterior, hay periodistas que deberían plantearse seriamente su salida del armario en cuanto a su adscripción futbolera. Tanto vano intento de apariencia de objetividad les perjudica: un señor que dice dislates por ser del Atleti es mucho más respetable que un señor que dice dislates por ser completamente idiota, que es lo que la ausencia de una confesión como la que pido podría mover a pensar.

7. Cristiano Ronaldo ha equilibrado por fin lo que verdaderamente necesitaba ser equilibrado. Era la diferencia entre el número de Champions logradas por Messi en el Barça y el número de Champions logradas por Cristiano en el Madrid (y no las triviales adjudicaciones de galardones individuales) lo que clamaba al cielo. Por razones en su mayoría ajenas a su formidable desempeño, Cristiano sólo tenía una Champions con el Madrid, y eso era un sindiós que precisaba de una reparación. Antes de Milán, Cristiano era para el Madrid una leyenda, sí, pero una relativamente underachiever desde el punto de vista colectivo. Por fin, su palmarés colectivo acompaña dignamente a sus éxitos individuales (insistimos en que si no lo habían hecho hasta la fecha no era por su falta de méritos al respecto). Si Milán precisaba de un desenlace como el que tuvo era por muchos factores, pero éste no era el menor.

8. De similar forma a lo que acontece con la famosa "limpia", Milán también relativiza las críticas cosechadas por la renovación de Sergio Ramos. Es posible que sólo reste aceptar el carácter sui generis del liderazgo del de Camas, un mito excéntrico si se quiere, remiso a la puesta en forma a lo largo de una temporada pero presto y dispuesto para asaltar la gloria cuando llega el momento de la verdad. Sergio representa en esto fielmente al resto de la plantilla, cuyas veleidades son a veces criticadas con razón, pero cuyo compromiso en los instantes decisivos de cada temporada está fuera de toda duda.

9. De entre las veleidades mencionadas, suele criticarse el que el equipo deponga su empeño en la Liga, durante el tramo final de la misma, para centrarse en el oropel de la Champions. Pero la temporada de la Undécima debe pasar a la Historia como la excepción a esta regla de frecuente cumplimiento en temporadas recientes. Nuestros hombres han peleado la Liga con todo el denuedo hasta la ultima jornada, en una remontada final sin premio, sin escatimar esfuerzos para la Champions. Otro logro que atribuir en gran medida a Zidane.

10. Nuestro triunfo fue tan excelso para las huestes de Zidane como cruel para las de Simeone. Es inevitable, por más que sea un rival cuya estética general y posicionamiento institucional me desagrade, sentir lástima ante la decepción de tantos y tantos aficionados atléticos. Las decisiones disciplinarias del árbitro, remiso a sancionar con tarjetas el juego duro del Atleti (Torres debió ser expulsado) beneficiaron a los del Cholo. Con todo, habría sido fácil para ellos escudarse en el fuera de juego de Ramos en el gol del Madrid para intentar deslegitimar nuestra victoria. No lo han hecho, y ello les honra. Personalmente, tengo que admitir que hay desde Milán un punto de inflexión en mi consideración por el club del Manzanares, rival ejemplar el sábado.

11. El Madrid no es quizá la institución más necesaria del mundo, pero sí es una que sirve de asidero anímico, en sus gestas deportivas, a miles y miles de personas que sufren en el mundo. La doble atrocidad sobre sendas peñas madridistas de Irak así lo dicta. El Madrid les ha dedicado esta hazaña con toda justicia. Descansen en paz.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea