En la era de los presidentes-espectáculo, décadas atrás, al entrenador lo destituía el sumiller de la noche a la mañana. Si la cena del presidente estaba bien regada, parafraseando a Milei, ¡Afuera! Caían entrenadores en Primera División como si les sacasen tarjeta roja. Y caían con saña. Nadie miraba el momento ni la oportunidad. Ni se agradecían los servicios. Quizá porque tanto los aficionados como los profesionales del fútbol eran de piel más gruesa, y había que cortar las olas de indignación popular antes de que llegaran a la orilla del palco.
Hoy se despide en bajito, con frialdad, e incluso con un café con leche presidencial, que ya no hace falta cogorza para armar la revolución. La experiencia de aquellos años frenéticos (¿alguien sabe realmente cuántos entrenadores tuvo el Atlético de Madrid de Gil y Gil y tal y tal?) nos dice algo impopular pero certero: cuando un mismo equipo de futbolistas consume varios entrenadores en poco tiempo, el que funciona finalmente no es el que traía más esperanza, más renombre, o métodos más brillantes, sino simplemente aquel que no es destituido. ¿Perogrullada? No lo creo.
Ancelotti, Xabi Alonso, Arbeloa. Temporada en blanco, con permiso de la Virgen de Lourdes y de Santa Bárbara, patrona de las matemáticas, y miraditas al banquillo. ¿Está haciendo Arbeloa mal las cosas? Si exceptuamos el lisérgico, incomprensible y definitivamente deprimente cambio de un gran Brahim por un tambaleante Camavinga en el minuto 61, no me atrevería a culpar al míster de casi nada de lo que nos ha ocurrido esta temporada.
No pocos en La Galerna están sugiriendo la urgencia de una revolución en la plantilla y dudo que haya muchos madridistas que opinen lo contrario. Considerados individualmente, tenemos enormes jugadores, los mejores del mundo en su puesto en muchos casos, pero sería estúpido cegarse a una realidad que ha estado una y otra vez presente a lo largo de toda la temporada: no acaban de funcionar como un equipo.
El Real Madrid de 2026 pide a gritos: romper el papel con la alineación base y sus posiciones y volver a empezar de cero
A partir de esa consideración se entrecruzan miles de teorías e hipótesis, que a menudo llegan lastradas por la inquina personal del que las emite hacia tal o cual futbolista, algo que también es lícito, pero que no contribuye a aclarar el debate. La segunda temporada entre calamidades es una magnífica oportunidad para hacer algo que el Real Madrid de 2026 pide a gritos: romper el papel con la alineación base y sus posiciones y volver a empezar de cero.
Entre las ideas que he visto en redes hay locuras geniales y locuras a secas. Se plantea, por ejemplo, la pregunta de qué ocurriría si Mbappé jugara en su banda. Se plantea también la importancia de volver a tener un delantero centro que sea eso, delantero centro. En el bando contrario, hay quienes critican que, con el francés, el Madrid parece jugar solo para él. Mi impresión es que eso no ha sucedido, porque sin duda habría marcado muchos más goles en esta segunda mitad de la temporada, aunque no estoy nada seguro de que él haya contribuido decisivamente al juego de equipo. Es una elucubración, por supuesto, porque nunca sabremos lo que Arbeloa le pide que haga en el campo.
Ya dije meses atrás que el síntoma más preocupante de este Real Madrid es que los jugadores discuten en el campo, durante el partido, una y mil veces. Discuten, conversan, debaten, llámalo como quieras. Eso no es normal en un equipo de élite, transmite una imagen de debilidad extraordinaria, y quizá explica la facilidad con la que este equipo se desploma anímicamente en cuanto se enfrenta a partidos coñazo sin el morbo de la Champions.
Hay mil combinaciones posibles en el campo que aún no se han probado, Arbeloa es un entrenador perfecto para experimentar con sentido común
Mención aparte merece la vieja demanda del centrocampista con capacidad de manejar la batuta y crear juego. Arda es un gran jugador y tiene muchas virtudes, pero imagino que estaremos de acuerdo en que no ha asumido todo el peso de esa responsabilidad. Valverde es un monstruo, lo hemos disfrutado en las últimas semanas, pero tampoco tiene ese perfil. Y así podemos repasar uno a uno a todos los del medio, comprobando con tristeza que ninguno reúne todas las características idóneas para esa función, por más que cada uno tiene sus propias e interesantes virtudes. Sería genial traer a un centrocampista creador, pero no dejo de preguntarme algo: ¿existe? Cuanto más veo la falta de ese jugador, más gracias doy a Dios —si cabe— por haberme permitido tantos años de felicidad con Lukita Modric en la plantilla.
En definitiva, me sumo a los que quieren la gran revolución, pero no solo a golpe de fichajes y despedidas —que también—. Hay mil combinaciones posibles en el campo que aún no se han probado, Arbeloa es un entrenador perfecto para experimentar con sentido común, y alguien en el club debería centrarse en analizar detalladamente por qué demonios estos chicos no logran jugar como un equipo.
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Lo que le falta a Arda Guler (en mi opinión) son años; es un niño todavía. Hay que darle tiempo.
Totalmente de acuerdo, Elías. Es que además, me hace mucha gracia el comentario sobre Lukita... cuando en su momento, era otro gran error del Real Madrid, porque no era centrocampista, era mediapunta.
En fin. No aprendemos.
Saludos!
Lo que hace falta es jugar bien al fútbol meter la guadaña a los que no corren y los ves pasear por el campo y en consecuencia despedir a todo aquel entrenador que lo consienta
Hace falta látigo