Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Tenet, una película sobre el antimadridismo

Tenet, una película sobre el antimadridismo

Escrito por: Amiguete Barney3 octubre, 2020
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Advertencia previa: en este artículo no se pretende estropear a nadie el disfrute de la película de Nolan (podéis desactivar la alerta spoiler) y por tanto no voy a contar detalles relevantes de la trama. Y en segundo lugar, el hecho de no haber visto Telnet tampoco va a privar al lector de disfrutar (o detestar) el contenido de este artículo.

La semana pasada volví a una sala de cine y lo hice con la misma ilusión con la que seguramente volveré al Bernabéu o al Palacio de los Deportes dentro de unos meses, cuando acaben las restricciones en un futuro que no atisbamos aún. Tenía claro que para “el retorno” debía elegir Tenet, la película de un madridista no confeso como es el director británico Christopher Nolan. A lo largo de su carrera, Nolan nos ha dejado pequeñas muestras de su pensamiento madridista, de cómo interpreta el orgullo vikingo desde su perspectiva. Un repaso a su carrera sirve para darse cuenta del madridismo de Nolan desde sus orígenes, pero sobre todo para detectar su especial empecinamiento en tratar de entender a “los otros”, el antimadridismo de los que rezuman absurdamente odio y bilis contra el club más importante del mundo. Le resulta incomprensible (igual que a quien les escribe) y de ahí que las motivaciones de sus personajes nos parezcan en ocasiones tan complejas y, por qué no decirlo, absurdas.

Insomnia es una reflexión acerca de esos antimadridistas que no pueden dormir por las noches, de cómo les angustia lo que no pueden controlar, lo que se les escapa, aunque sepan (sin reconocer, como el personaje de Al Pacino) que la manipulación de las pruebas que realizan no es el camino correcto ni justo que se debe seguir. 

Al Pacino insomnia

La trilogía de El caballero oscuro se centra en defender la figura de un personaje que toma el camino de la justicia en una sociedad corrupta (sería como el Real Madrid en esta Liga de Tebas). Esa misma sociedad, sin embargo, que trata a Batman como a un delincuente mientras ensalza a un villano como el Joker, un tipo que conjuga mal los colores, como el azul y el granate, o el amarillo. Nunca lo entendí, pero es innegable que el Joker tiene más adeptos que el hombre murciélago, quién sabe por qué razones. El personaje de Harvey Dent, el hombre de las dos caras, refleja a la perfección la esencia del culerismo: controlar el poder desde las instituciones en beneficio propio y con un apoyo mediático totalmente ciego y carente de crítica.

El director de origen londinense no evita ningún tema, como las consecuencias de llevar la rivalidad hasta un punto enfermizo e insano por intentar superar a los nuestros (The prestige), o la épica en Interstellar. No resulta casual que en esta odisea espacial los personajes que se vuelcan en la misión de salvar a la humanidad vistan de riguroso blanco, mientras que el uniforme de un Matt Damon al que se le ha ido la pinza luce unas rayas rojas para distinguirlo. Todo ello en mitad de una paradoja temporal en la que, como en Origen o como en el descuento de Lisboa, un segundo puede ser un suspiro o toda una eternidad en función del punto de vista. El bueno de Nolan tiene incluso un recuerdo en su filmografía para el madridismo que ha perdido la memoria de corto plazo, ese espectador pipero en el que se basa Memento.

Con estos antecedentes llegamos a Tenet, el reciente estreno de Christopher Nolan. Nada es casual en la película, como que la escena inicial esté situada en Kiev, el escenario de la 13ª, aquí trasladado por el director a otro grandioso escenario como es la ópera. Y no solo el sitio, sino también lo que cuenta durante esos minutos, una escena prodigiosa de acción en la que el público permanece literalmente adormilado, más pendiente de si le han dado un golpe en la cabeza a uno de los artistas que de presenciar un espectáculo visual asombroso, una maravilla que se puede ver innumerables veces en un sentido o en otro, como la chilena de Gareth Bale. El estruendo de la música que acompaña a la escena es una metáfora del ruido de la prensa, centrada en el exceso de violencia impostada en lugar de alabar la coordinación y efectividad del despliegue de “los buenos”, los únicos con valor para frenar al comando que invade el escenario.

Chilena Gareth Bale Kiev

El protagonista de la película es John David Washington, un actor no muy conocido con el que Nolan ha querido hablar de “la nueva generación” de jugadores madridistas, jóvenes llamados a protagonizar grandes gestas, pero que aún no alcanzan el carisma de “sus mayores”. No en vano se trata del hijo de Denzel Washington y en sus genes lleva la clase, el estilo y el paso firme (y madridista) de su padre.

Pero donde el director y, en esta ocasión, también guionista ha echado el resto es con la composición del villano, Sator, el personaje interpretado por Kenneth Branagh. Como nada es casual en el filme, el hecho de que provenga de la antigua Unión Soviética se trata de una clara referencia al trotskismo de Jaume Roures. Con Sator se nos presenta a un personaje que hizo su fortuna de modo sospechoso y la mantiene oculta en paraísos fiscales con la complicidad de las autoridades.

En una conversación que mantuve con Nolan con abundantes cervezas de por medio (y si no fue real, la soñé con el realismo de las drogas de Origen) me contó que los nombres de los protagonistas encierran su secreto: “SATOR representa a la S.A. que TORpedea de manera TORpe y TORticera la competición, Mediapro, y la empresa del protagonista, su inversa ROTAS, es una mezcla de ROures y el manejo del TAS, el tribunal de arbitraje deportivo. Con ello quería hablar del control de las instituciones deportivas, que en la película se materializa a través de esa máquina con la que juega a distorsionar la realidad”. Nunca antes de entrar a la sala de cine pensé que la película se focalizara en recuperar el control del VAR como complemento al control de las imágenes que vemos en casa.

La trama se centra en el empeño de Sator y los suyos por cambiar el pasado, como el antimadridismo en su facción más ridícula. No les gusta ese mundo, por muy maravilloso que pueda ser para nosotros, pero no les gusta sobre todo porque no es suyo, porque no lo dominan, y en su afán perverso por crear una realidad a su gusto utilizan una cápsula del tiempo con la que viajan para intentar modificarlo. Tampoco es casual que el objeto que anhela el malvado Sator sea un cuadro de origen español, un MacGuffin que simboliza el palmarés del Real Madrid. Es un cuadro tan codiciado por el antimadridismo que llega al punto de conformarse con una copia falsa.

El estreno de la película se retrasó porque Nolan quiso añadir un par de guiños madridistas de última hora tras lo acontecido en la Champions durante el mes de agosto. Por un lado, la referencia al plutonio 241, porque “denominarlo plutonio 28 habría sido demasiado evidente, así que optamos por dejarlo como lo que fue: una doble repetición del 4-1 en cada una de las partes”. Y en segundo lugar, en la formidable escena final aparece un soldado que retrocede varias veces con los mismos andares que un delantero uruguayo algo orondo que retrocedía constantemente para sacar de centro.

¿Qué es Tenet? Pues algunos expertos nos remiten a la estructura del cuadrado mágico compuesto por cinco palabras latinas que se pueden leer de derecha a izquierda, o de arriba abajo.

Cuadrado sator

Yo creo que No