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Volver a ser los mejores

Volver a ser los mejores

Escrito por: Antonio Vázquez3 octubre, 2020
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A los madridistas nos cuesta asimilar las posiciones de inferioridad. En ellas nos encontramos como un león recién llegado al zoológico desde la sabana, fuera de nuestro hábitat natural, del entorno en el que hemos crecido, madurado y, algunos, envejecido. No es la primera vez que nos pasa, ni tampoco será la última, pero cuesta aclimatarse. Ya sucedió, por ejemplo, cuando nos enfrentamos al mejor Barcelona de toda su historia. La reacción del club al verse claramente superado por su enemigo íntimo fue apelar a la rebelión, luchar sin descanso para recobrar el trono. Quizás por aquella obsesión por derribar al rival que había crecido hasta ser un gigante, por la urgencia por volver a mandar, se encadenaron grandes decisiones que desembocaron en lo que ha sido la segunda era dorada del club. Y llegaron las cuatro Copas de Europa en cinco años.

Construida con pericia pieza a pieza, la plantilla se acabó conformando como ramillete de futbolistas absolutamente brillantes. Muchos de ellos eran los mejores o estaban entre los mejores del mundo en sus respectivas demarcaciones. Además, el índice de acierto en las incorporaciones, tanto en los grandes desembolsos como en las apuestas más desconocidas, fue inusualmente alto. Estas fueron las principales razones para arrasar en Champions como jamás se ha visto en este formato despiadado en el que participan todos los grandes equipos del continente (es decir, del mundo). Y por eso también gestionar el legado de esta época está siendo un proceso tan complejo para los aficionados del 13 veces campeón de Europa.

Trofeo Champions League

Es el momento de asumir que la plantilla ha empeorado con respecto a la que tenía hace muy pocos años. El envejecimiento de algunos futbolistas esenciales, la marcha voluntaria de un irremplazable mascarón de proa como Cristiano Ronaldo, la pérdida de nivel inexplicable de otros jugadores (sí, me refiero a Gareth Bale, pero no solo a él) y varios errores a la hora de reforzar al equipo son factores que se han concatenado, dando como resultado un plantel que palidece ante el recuerdo cercano de lo que tuvimos. No pretendo minusvalorar a este equipo. Hay muchos y muy buenos jugadores, pero la calidad media ha descendido algún escalón, puede que casi imperceptible a nivel nacional, pero evidente cuando se sale a competir en el continente. En el once del Madrid hay muchos menos futbolistas a los que todos, de forma inequívoca, señalaríamos como uno de los tres mejores del mundo en su demarcación. En realidad, esta es la situación más habitual; lo que hemos vivido recientemente ha sido una dulce anomalía que nos ha permitido acumular gloria como no se veía desde hace muchas décadas.

Donde más sensible ha sido esta merma de nivel futbolístico ha sido en la delantera, la línea que suele decantar los grandes partidos. Al Madrid le cuesta mucho hacer gol desde hace bastantes años. Incluso con Ronaldo en el equipo, se requería de un volumen elevadísimo de ocasiones para marcar. Sin él y sin el Bale que conocimos en su esplendor, la tendencia no ha hecho más que acentuarse. Sería absurdo pensar que la ausencia o descenso abrupto de rendimiento de jugadores de esta talla no se dejaría notar. El principal problema, además de perder a estas piezas por distintas razones, han sido sus reemplazos. Por la ley inmutable del tiempo, todos los jugadores vienen con una fecha de caducidad. Lo difícil en casos así es acertar con los que van a ser sus sucesores.

Sería absurdo pensar que la ausencia o descenso abrupto de rendimiento de jugadores de esta talla no se dejaría notar. Lo difícil en casos así es acertar con los que van a ser sus sucesores.

Entra en juego aquí la capacidad de atracción de talento en el mercado. Y debemos volver a reflexionar y aceptar que el Madrid no es ya destino preferente para muchas superestrellas, por una simple y llana cuestión económica. Hay clubes, especialmente en Inglaterra, con mucho más dinero para firmar a figuras consagradas. En el Bernabéu se asumió esta realidad y se buscó una ruta alternativa que permitiera mantener el volumen de éxitos, consistente en reclutar a las estrellas antes de que alcanzaran este estatus. Se fichó potencial, proyectos de futuro en lugar de realidades que te puedan hacer ganar ya. Me parece una filosofía inteligente, una forma de adaptarse al escenario en el que no queda más remedio que actuar. La alternativa es endeudarse para seguir batallando contra clubes-estado o equipos que ganan en derechos televisivos muchísimo más dinero. Competir, en definitiva, a base de créditos y de poner en riesgo la estabilidad del club en años venideros. Prefiero la opción que se ha escogido, aunque también entrañe riesgos y exija paciencia.

La compleja tesitura causada por el coronavirus tampoco ha ayudado. Por una cuestión de lealtad con sus propios futbolistas, que renunciaron a parte de los emolumentos que les correspondían según sus contratos, el club se ha negado a gastar dinero en reforzar el equipo este verano. La medida me parece admirable. Creo que era lo que había que hacer. Esto no impide que se señale que la plantilla es ahora peor incluso que en junio.

Ødegaard, Vinicius, Rodrygo, Militao, Reinier, Kubo o Valverde son todos futbolistas fantásticos, con mucho más recorrido en el horizonte que méritos verdaderamente adquiridos. Es una simple cuestión de edad. Todos estos jóvenes y algunos más (Asensio, Brahim…) poseen talento como para llegar a descollar en la élite, pero no es muy probable que todos ellos alcancen ese nivel, que sean capaces de ser protagonistas en un club con la voraz exigencia del Madrid. El futuro, siempre incierto, descansa sobre sus hombros. Como el joven suele dar la sensación de no estar aún preparado, la tendencia lógica es seguir contando con el veterano, con aquel curtido en las citas de exigencia extrema ante los mejores rivales. La sensación de envejecimiento es, en esta tesitura, inevitable.

Vinicius celebrando gol

Varios de los jugadores llamados a ofrecer rendimiento inmediato no han cumplido hasta ahora con lo que se esperaba de ellos. De hecho, analizando fríamente, de los fichajes de las últimas temporadas solo se han afianzado como titulares más o menos habituales Courtois y Mendy. Hazard, Jovic, Odriozola o Mariano no han rendido como se esperaba de ellos, lo que no significa que varios de ellos puedan revertir esa situación. La compleja tesitura causada por el coronavirus tampoco ha ayudado. Por una cuestión de lealtad con sus propios futbolistas, que renunciaron a parte de los emolumentos que les correspondían según sus contratos, el club se ha negado a gastar dinero en reforzar el equipo este verano. La medida me parece admirable. Creo que era lo que había que hacer. Esto no impide que se señale que la plantilla es ahora peor incluso que en junio. Han salido bastantes jugadores y solo Ødegaard brilla como nueva incorporación. El resultado es que Zidane tiene menos donde elegir y una columna vertebral con un año más a sus espaldas. La entidad se aferra a la ortodoxia financiera en tiempos de crisis, guardando la ropa a la espera de que la tormenta escampe (que lo hará en algún momento) y poder volver entonces al mercado en busca de las piezas que sin duda se necesitan para rearmarse.

A la postre, si comparamos el plantel que defenderá el escudo del Madrid durante los próximos meses con el del Bayern, el Liverpool o el City probablemente detectemos, siendo objetivos, que estamos ligeramente por debajo, no a un abismo. No significa esto que no se les pueda superar. El Madrid ha sido prolífico en ganar a aquellos que sobre el papel eran mejores o incluso mucho mejores. Ni el peso de la lógica futbolística (si es que existe), ni el de la suma de la calidad de un plantel desequilibran siempre la balanza en un partido. Sufrir por no disponer de los mejores, o por no estar entre los favoritos a hacerse con el próximo cetro europeo puede ser algo normal, sobre todo si recordamos lo formidables que fuimos hace nada, casi un suspiro.

 

Fotografías Getty Images.