Buenos dias. En un acto sin precedentes, Javier Tebas y Joan Laporta escenificaron su bromance ante todo el planeta en el acto de toma de posesión del segundo, tras ser reelegido presidente del club que pagó a Negreira durante un mínimo de 17 años. El propio Laporta, por cierto, cuadriplicó los emolumentos percibidos por el entonces vicepresidente de los árbitros, lo cual no supone un problema (más bien parece que al contrario) para que Tebas, presidente de LaLiga y vicepresidente de la RFEF (y por tanto de los propios árbitros), le muestre en público su apoyo personándose por primera vez en la historia en una toma de posesión de un presidente de club y soltando, además, un abracadabrante lapsus linguae (¿lo fue?) en el cual se incluía, ya sin rubor, en el propio organigrama de la entidad.
-Vamos a tener… el Barcelona va a tener muchos éxitos.
Entendemos que puede ser un comienzo de portanálisis perturbador y chocante, pero la realidad es tal cual la describimos. Javier Tebas decidió salir del armario, hacer pública su devoción personal por el mundo culé y otorgar con luz y taquígrafos su devoción por la institución de Negreira, las palancas y las cautelares, pero lo cierto es que no hacía falta. No olvidemos que, sin Tebas, se habría hecho justicia en lo relativo a la corrupción arbitral más grave de la historia del fútbol, y no habría habido ni palancas, ni cautelares, ni demás favores descarados de la propia Liga y la propia Federación (Tebas representa a ambas) al club que ha protagonizado el fraude más ominoso de la historia del deporte. Ya se sabía que Tebas hace todo lo posible por favorecer a ese club tramposo y, de paso, perjudicar a su rival el Real Madrid. No hacía falta que saliera del armario. No quedaba una sola persona que le viera dentro del mismo. No había tal armario, como no hay decencia ni pudor. Se vio ayer.

No hacía falta, no, pero la verdad es que nos encontramos ante una sublimación del arte de la desfachatez de tal magnitud que el mundo merece haberla visto. Ayer, Tebas y Laporta edificaron, en cosa de minutos, una verdadera catedral del descaro. Quita de ahí, Ken Follet, que aquí las catedrales se construyen sobre la marcha. Ya se sabe que la mujer del César no solamente debe ser honrada sino también parecerlo. En el caso que nos ocupa, la mujer del César no solamente no es honrada, sino que no manifiesta ya el menor interés en al menos parecerlo.
Andan más allá de eso. Ebrios como están de impunidad, no consideran que existan ya motivos para ocultar por más tiempo su siniestra alianza, y la lucen con orgullo ante los ojos pasmados de todo el mundo. Sin recato. Sin rubor. A calzón quitado.
Y esto es lo que hay, amigos. Las portadas del día ni siquiera mencionan esta obra magna de la jactancia. Somos corruptos, somos amigos y pensamos seguir siendo ambas cosas, ¿qué pasa? ¿Algo que objetar? ¿Qué vais a hacer al respecto? ¿Regañarnos mucho? ¿Castigarnos sin bocata?
Se ríen de nosotros haciendo todo el ruido que pueden, con exhibicionismo, mientras la prensa del día ignora el aquelarre a cuenta del partido del Mundial que hoy juega la selección de la federación que vicepreside (pero es él quien manda) el propio Tebas. Cómo será el calibre de la desfachatez que la prensa cataculé ni siquiera se atreve a poner en portada la presencia de Tebas en el acto ni da cuenta de su discurso, con subconsciente traicionado encima.
La Roja ganará o perderá. Es irrelevante. Lo que no debería suceder es que sirva de pantalla de humo para ocultar la bochornosa podredumbre del fútbol español, que no es ya que nadie ataque. No es ya que alguien intente ocultarla. Ahora ya se muestra en toda su impudicia, se diría que con orgullo de su propia condición séptica.
Pasad un buen día.


















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Un comentario en: Tebas, Laporta y la catedral del descaro
La gente ha perdido el sentido de la decencia y la honradez, lo vemos en la sociedad, en la política, tragan con todo si son los suyos quienes puedan hacerlo y se auto justifican con que los otros lo harían igual, a la toma de posesión de Riquelme también habría ido este