Rosa intenso como las buganvillas de los patios de mi barrio ribadense. Rosa intenso como una copa de Cerasuolo d'Abruzzo. Rosa intenso como una riñonera de 1993. Rosa intenso como los jeroglíficos en aquellas corbatas de José María Carrascal. Rosa intenso como el color de mi cajetilla veraniega de Camel. Rosa intenso como el mar si bebes la suficiente absenta. Rosa intenso como un top de Donna Martin en Sensación de vivir. Rosa intenso como una granada recién abierta. Rosa intenso como los labios de una alienígena. Rosa intenso como el pecho de una cacatúa australiana. Rosa intenso como la pantera rosa con un mal filtro de Instagram. Rosa intenso como el moflete de un turista alemán en un chiringuito ibicenco. Rosa intenso como el cuaderno en el que escribo esto. Rosa intenso, como se presenta la temporada para el Real Madrid; ni al rojo vivo, ni en blanco, ni negra. Rosa intenso.
Leo críticas a la camiseta que el Real Madrid estrenó anteayer en mi ciudad. Dicen que, para gustos, colores. Pero lo cierto es que, para malos gustos, también. Que hay gente que cree que el blaugrana es algo diferente a una anomalía fatal en el patrón natural de combinaciones que conducen a la belleza. Pero no admito el relativismo estético. El buen gusto no lo crea el parecer de una mayoría, sino la cercanía a los cielos de la belleza, la apruebe uno o un millón. Y esta camiseta ha nacido con ardor legendario.
Tengo el peor concepto sobre los diseñadores deportivos modernos. Confío más en el azar que en su buen hacer. Y cada año me sorprenden con equipaciones deportivas que solo puedo justificar si la idea es hipnotizar al rival, atontarlo, y generar confusión en el campo. Pero este año me he reconciliado con la vida, el diseño, el fútbol moderno, y hasta con los escritores de haikus, a quienes Góngora tenga en su gloria.
La camiseta rosa ha obrado el gran milagro. Que no es rosa, que es rosísima, pero no un rosa “Barbie”, con su monserga infantiloide, su aroma pasteloso, y su sí pero no. Un rosa como Dios manda. Un rosa de aquí te espero. Un rosa que podría vestirse sin rubores José Mourinho, sin que parezca el invitado sorpresa del cumpleaños de su nieta, cuando la haya, que de momento solo es papá. Un rosa para ir a una guerra, para una gala, para una gesta.
La nueva primera equipación ya tiene tres fogonazos de ese mismo rosa, rompiendo el blanco, o mejor aún, realzándolo. La segunda equipación, en verde seto sin podar desde hace demasiado tiempo, me ha dejado frío como el hocico de una morsa. Que es un verde poco folclórico, un verde demasiado irlandés, un verde un tanto melancólico. Pero la tercera ya es mi favorita en muchos años, por más que sea evidente el volantazo estético, desde la seriedad y fidelidad a la tradición de las camisetas de la temporada 25/26.
Rosa intenso como una copa de Cerasuolo d'Abruzzo. Rosa intenso como una riñonera de 1993. Rosa intenso como los jeroglíficos en aquellas corbatas de José María Carrascal
Algo extraño suele ocurrir con la equipación de visitante, que cuando no es el naranja con salmonela, es un azul con infinitos muy infinitos que aburre antes de llegar al carrito de la compra, o un morado descafeinado que parece desdecirse de la emblemática de los 80, o de la inolvidable de la 16/17, cuando Cristiano no nos dejaba salir de Cibeles.
Dice Adidas que esta “rica base rosa” celebra “la afición global del club” –también podría celebrar lo contrario o hasta lo hipotenuso-, y hace un guiño a una combinación de colores “reciente y memorable”, y esperemos que estén aludiendo a la segunda equipación de la 14/15, que aunque fue año de sequía en trofeos, fue de fútbol desparramado, delicias de Cristiano, la BBC con sus garras al aire. Porque la otra opción es que aludan a la 20/21, tristísima temporada cuya única virtud, si me permiten, fue dar paso a la histórica 21/22.
Sea como sea, está bien que las señas de identidad mantengan su diálogo con el pasado, como dicen los comisarios de exposiciones artísticas, pero lo preferible es que sea el futuro el que otorgue a este rosa intensísimo un nuevo lugar en la historia dorada del Real Madrid. Nos acordaremos de esta camiseta. Y si no, siempre será una elección perfecta para asistir a cualquier gala, fiesta, o celebración, con excepción de un funeral, que ahí luce mejor la blaugrana.
Fotografías: Getty Images, Real Madrid













Lo que más me gusta del Madrid es que viste de blanco... yo no lo veo con ningún otro color.
Lo demás puro marketing.