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Semana del esperpento y la astracanada

Semana del esperpento y la astracanada

Escrito por: Athos Dumas30 marzo, 2017
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Definición de “Esperpento” según el Diccionario de la Lengua Española de la RAE, en su segunda acepción:

“Concepción literaria creada por Ramón Mª del Valle-Inclán hacia 1920, en la que se deforma la realidad acentuando sus rasgos grotescos”.

Definición de “Astracanada”: en su segunda acepción, según ese mismo DLE de la RAE.

“Acción o comportamiento públicos disparatados y ridículos.”

Ramón María del Valle-Inclán creó el Esperpento en literatura, bien es cierto que fuertemente influido por autores clásicos como D. Francisco de Quevedo.

En cuanto al género del Astracán, su más brillante artífice fue D. Pedro Muñoz Seca, en particular, pero no sólo, con su famosa “La venganza de Don Mendo”.

Don Ramón María y Don Pedro. Lamento enormemente mezclarles en este texto con las patochadas que hemos sufrido en los últimos días, fruto en gran parte por el maldito parón primaveral de las selecciones nacionales.

Han salido a escena varios personajes que podrían intervenir, siquiera brevemente, en “Luces de Bohemia” o en el Don Mendo, eso sí, en ambos casos como personajes secundarios o intrascendentes.

Para que se hagan una idea, los personajes que suelen deambular por los llamados Esperpentos son charlatanes, pícaros, mendigos, artistas fracasados, bohemios, muchas veces meras marionetas que carecen de criterio y de voluntad.

Hemos visto estos días pasados a advenedizos, como un tal Jota Jordi, diciendo verdaderas memeces sobre el futuro de Isco. Este Jota Jordi seguía la estela de cierto fabulista (como lo llama Richard Dees) fracasado que lanzó el bulo nada más y nada menos que en un medio cabal y analítico como RAC1.

Hemos visto periodistas (por legiones) que, al día siguiente de la brutal andanada de Isco (“son todo invenciones de la prensa en una semana en la que no hay casi noticias, etc”), cambiaban de muñeco de pimpampum y la emprendían con que James va a ser despedido fulminantemente este verano,  o con que Zidane tiene un ultimátum si no aprende a bailar jotas. Ni siquiera se disculparon por sus ridículas mentiras sobre Isco tan sólo 24 horas antes.

Hemos visto también fantasmas del pasado (marqués del presente), como aquellos que se le aparecieron a Ricardo III en la víspera de la batalla de Bosworth entre las casas de Lancaster y de York, proclamando sin despeinarse que los clubes de fútbol que mejor se han portado con él (tras 36, sí, TREINTA Y SEIS años cobrando religiosamente del Real Madrid) han sido el FC Barcelona y el Atlético de Madrid. Sí, están leyendo bien. No el Real Madrid, no (que encima Monsieur le Marquis NI SE ATREVIÓ a nombrar, tan sólo habló de soslayo de "el Club”). No el Real Madrid, insisto, sino el FCB y el ATM, que entre ambos no le habrán pagado ni tan solo un ladrillo de su casa, ni siquiera un mísero cambio de aceite de su coche.

Hemos asistido a una absoluta astracanada por parte ni más ni menos que del ídolo de millones de madridistas que hoy en día tienen entre 30 y 40 años, el gran Raúl González, que, en su transformación en buenista político, quizá influido por Valdano, y quizás con vistas a  conseguir en años venideros un gran cargo en la LFP o similar, no renuncia en un futuro (“La donna è mobile qual piuma al vento”, decía el Duque de Mantua en Rigoletto, que no deja de ser la triste historia, esperpéntica, de un histrión al que engañan cruelmente)… ¡¡¡a trabajar en el FC Barcelona!!! Que no lo descarta, vamos. Qué hemos hecho los madridistas para merecer esto. Ya no nos bastó la foto patética que se hizo con “Piscinas” Stoichkov, o los comentarios en el último Clásico (“Quizás a los tres minutos es pronto para señalar un penalti”, refiriéndose al atropello de Lucas Vázquez por parte de Mascherano). Para qué queremos enemigos teniendo estos aliados. El fuego amigo es una mala broma comparado con esto.

Como fin de fiesta (¡ya regresan los partidos de clubes, gracias a Dios!), asistimos ayer a la gran traca final. Un cobarde bufón, de forma premeditada y alevosa, se puso delante de varios periodistas para proclamar a los cuatro vientos sus “poderosas” razones para ser antimadridista, además de atacar impunemente y de forma a mi juicio denunciable al Real Madrid C de F. Nunca se lo pusieron tan fácil a Fernando VII jugando al billar. El bufón cobarde tuvo a su libre antojo un megáfono perfecto. Exactamente en la hora punta de todos los programas radiofónicos – ¡esperpénticos! – de medianoche. Sí, esos programas repletos de sesudos analistas futbolísticos, gurús de la comunicación y eximios expertos en estadísticas absurdas. Por cierto que ninguno de estos estudiosos de las cifras le echó en cara al cobarde bufón (cobarde porque sólo abrió la boca una vez dada por terminada la concentración con su selección, podía haber hablado de esto una semana antes), ninguno, repito, le echó en cara las estadísticas obscenas que existen sobre los penaltis y las tarjetas rojas señaladas en contra de su club. Estos matemáticos de pacotilla saben bien ponernos dolor de cabeza con estadísticas absurdas (sobre cuándo llovió la última vez en Las Gaunas o la colección de mariposas de un árbitro retirado de Moldavia), pero no se atreven a decir al cobarde que su equipo lleva siendo favorecido ignominiosamente desde que Laporta cayó en brazos de Villar tras traicionar a todos los clubes de la LFP, hace ya casi 15 años. Por no hablar de Aytekin.

Lo peor, sinceramente, no fueron las palabras del cobarde. Lo peor, con mucho, fueron esas risas cómplices de todos los reporteros que rodeaban al bufón. ¡Le estaban riendo sus gracias! Y es que, por fin, tras 10 días de mentiras, rumores sin confirmar y goyerías varias, esos reporteros consiguieron unas declaraciones de las que podrán vivir unos cuantos días más. Porque los que presumen de “hablar de fútbol” no dijeron ni media palabra del partido que se había jugado unos minutos antes…

Que me perdonen Don Ramón María y Don Pedro. Sinceramente no merecían estar en el mismo texto junto con todos estos personajes esperpénticos que han conseguido, una vez más, sobrevivir a la letanía y al erial informativo que se producen cada vez que llega el astracanesco (ver de nuevo definición de la RAE) parón de la liga por asunto de selecciones.

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