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El meme de Piqué

El meme de Piqué

Escrito por: Antonio Valderrama29 marzo, 2017
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Decía Nietzsche en El Anticristo que el cristianismo era la moral de los débiles, de los resentidos, de los parias; una moral negadora de los instintos fundamentales de la vida, es decir, una moral castradora, algo así como un sentido general de protección contra el más fuerte. Puede que el antimadridismo, si lo mondamos, si lo pelamos y lo despojamos de toda su cáscara, no sea otra cosa sino eso: la ideología de los perdedores. Se parece mucho, en todo caso, a un entramado sofístico construido a lo largo de los años con el objeto de desvalorizar la fuerza arrolladora de la alegría de vivir ganando, esto es, del madridismo. Victimistas y resentidos constituyen su núcleo. Como casi todo en la vida, quien lo mama desde pequeño no puede desentenderse del todo nunca. Piqué parece ser de esta clase de pacientes. Cada vez que abre la boca mentando al Madrid es como si se desintegrara un trofeo de su magnífico palmarés como jugador del Barcelona, como desaparecían al matarnos las vidas guardadas de los personajes que manejábamos en los videojuegos.

El imaginario del antimadridismo está lleno de bulos y falacias indemostrables. O mejor dicho, desmontables, y demostrablemente falsas. Al principio fue Franco, pentacampeón de Europa. Este mito fundacional de la leyenda negra ha sufrido una mutación en nuestro tiempo: como si el apellido Franco estuviera ya desgastado por el uso, o hubiera perdido su potencia de choque al hacerse inmune la opinión pública, ahora es moda entre los antis referirse a las primeras Copas de Europa como ánforas (sin saberlo, las emparentan con las preciosas piezas grecorromanas de los museos) o eso tan tarantiniano de botijos manchados de sangre. Luego está la perenne recurrencia de las victorias que no valen al ser conquistadas jugando a nada, maravilloso retruécano del neolenguaje. Sin embargo, han cuajado en los últimos años dos que a mí me gustan todavía más.

Las Copas de Europa modernas del Madrid, además de ser ganadas con la esforzada prosa que la Historia olvida, fueron, más o menos, un regalo. Está teniendo éxito esta especie, en una época en que el éxito de algo se mide en la cantidad de memes que genere en Internet. El Madrid amaña los sorteos para que siempre les toquen bicocas. Por eso en el 98, en el 2000, en el 2002 y en 2014 el Madrid se enfrentó, en su camino hacia el título, con el campeón y el subcampeón del año anterior; por eso le ha tocado, en el nuevo siglo que ya tiene 17 años, 8 veces el Bayern, 4 la Juve o 3 el Manchester United. El amaño sistemático de los sorteos se vincula, en el ideario antimadridista, directamente con la otra falacia, expresada gráficamente anoche por Piqué ante los micrófonos de la radio deportiva española: en el palco del Bernabéu ocurren cosas. El palco del Bernabéu, que según pinta debe ser un patio de Monipodio extraordinario, es en 2017 lo que en los 80 y 90 eran “las cloacas del Estado”: el lugar oscuro y tenebroso donde los poderes fácticos y las fuerzas vivas de la nación tejen su maraña, donde cierran tratos tan jugosos como clandestinos, donde se auspician conspiraciones. Es, vamos, un pasillo del Senado romano, una cueva de piratas, un club del Londres victoriano, el harén donde las concubinas del sultán traman revoluciones en palacio. La quintaesencia de lo que nos ocultan, al estilo populista, tan en boga ahora.

Los hechos, lo que el periodista Arcadi Espada llama “lo factual”, tienen poca relevancia en todos estos asuntos. Al fin y al cabo, es fútbol, y el fútbol llega al aficionado medio a través de una tupida malla hecha de medias verdades, descontextualizaciones, titulares hiperbólicos, rumores y frases en condicional que se llama periodismo deportivo. La exquisita carta que el abogado del estado Edmundo Bal Francés dedica en El Confidencial a Piqué no servirá para mucho, pues al fin y al cabo la verdad no existe, predican los apóstoles del periodismo contemporáneo. En el fútbol, menos. El antimadridismo sólo necesita memes, es decir, unidades reproducibles hasta el infinito. Feliz hallazgo: por fin tiene uno de carne y hueso. A Piqué no lo han tenido que imprimir en 3D.

Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

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