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El capitán y el bufón

El capitán y el bufón

Escrito por: Quillo Barrios29 marzo, 2017
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Hace meses dije que Gerard Piqué me caía bien. Me parecía un tipo directo, que decía lo que pensaba y defendía a su club con uñas y dientes. Me gustaba su forma de ser. Incluso llegué a pedir que algún jugador del Real Madrid tomase la iniciativa y se postulase como el 'Piqué blanco'. Pido perdón por ello. Me equivoqué. Fui tan visceral como él y no medí mis palabras. Por suerte, estoy a tiempo de rectificar.

Lleva semanas Piqué consumido por un personaje que dejó de tener gracia hace tiempo. Lo que antes eran bromas y dardos al Real Madrid se ha convertido en un ataque frontal contra todo lo que rodea al club blanco. Faltas de respeto a ciertos jugadores -Arbeloa y Cristiano, por ejemplo-, peligrosas acusaciones sobre persecuciones arbitrales con el Madrid de fondo, insinuaciones acerca de ciertas irregularidades en temas judiciales con Florentino Pérez como invitado inesperado...

Piqué ya no mide sus palabras y parte de la prensa, encantada con el olor a sangre, aplaude y pide más. Anoche, en la 'Cadena Cope', hubo tertulianos que intentaron quitarle hierro a los cañonazos del central del Barcelona. Siguen tomándose esto como un juego y creen que nadie debe darle importancia. Sin embargo, dedicaron una hora de programa a hablar de ello. Nos toman por idiotas.

Piqué ya no mide sus palabras y parte de la prensa aplaude y pide más

"A mí el tema del Madrid lo que no me gusta es ver en el palco las personalidades que hay y cómo mueven los hilos de este país. La persona que imputó a Messi y Neymar y casualmente tiene un trato diferente con Cristiano está en el palco al lado de Florentino", escupió Piqué con toda la tranquilidad del mundo. Mónica Marchante, periodista que acude normalmente a los partidos del Real Madrid, comentó lo siguiente: "¿Hay alguna mentira en lo que ha dicho Gerard Piqué?"

Es inadmisible que un profesional de la información escurra el bulto de semejante forma y deslice que Piqué lleva razón en sus gravísimas acusaciones. Se comporta Mónica Marchante como cómplice de un entramado cuyas consecuencias seguramente no haya estudiado. Estas palabras, estas insinuaciones, seguramente acaben desembocando en un terremoto que podría -debería- llevarse a muchos personajes -que no personas- por delante.

Lo peor de todo es que el incendio nace en plena concentración de la selección española. No lo hace Piqué desde Barcelona y tampoco en una entrevista a un medio catalán. Lo hace delante de todos los periodistas que cubren habitualmente al combinado nacional. Sabe dónde está y no se corta. Le da igual lo que pase o el ambiente que se genere. Abandonará la selección el año que viene y le importa poco si mata o espanta. Acusaron a Mourinho de intentar destruir a La Roja, pero no se dieron cuenta de que el virus lo tenían dentro. Ahora que lo saben ya es demasiado tarde.

Mou

Supongo que Piqué intenta ejercer de capitán del Barcelona dentro y fuera, cerca o lejos. Sin embargo, no es más que un bufón. Un Gaspart en pleno 2017, aunque con mayor carisma y un altavoz mucho más fuerte. Cree que está en una guerra contra todo y contra todos cuando la realidad dibuja un escenario totalmente diferente. No hace falta bordar el ridículo para que esta prensa, intoxicada y manipuladora, lance tu mensaje. A Piqué le ha comido el personaje y el ciclón que ello conlleva es ya imparable. Por suerte, al otro lado del cuadrilátero hay un hombre que sí sabe ejercer de capitán y no acepta el papel de bufón: Sergio Ramos.

Al jugador del Real Madrid le trasladaron las palabras de Piqué intentando que subiera todavía más la temperatura ahora que regresa la competición y que quedan pocas semanas para el Clásico. Ramos capeó el temporal con serenidad y no quiso entrar al trapo de las niñerías de su compañero de selección. Defendió al Real Madrid, destacó los valores y palmarés del club blanco y se olvidó de entrar al juego de Piqué. Debió intuir Ramos que la mejor manera de retratar al culé es acompañando sus pataletas con silencio. Intuyó bien. Piqué se ha quedado solo en una batalla en la que esperaba encontrar más gente.

Por suerte para el madridismo, Sergio Ramos sí ha sabido defender a los suyos sin necesidad de bajar al barro o rebajarse al nivel de Piqué. Es la diferencia entre el capitán y el bufón. El primero cierra filas y esquiva polémicas mientras el segundo da vergüenza ajena porque otros le ríen las gracias buscando precisamente eso.

Así todo, lo único que falta es una respuesta formal y oficial por parte del Real Madrid. Una cosa es bromear y otra bien distinta lanzar acusaciones tan graves con la excusa de que es un chico sincero que no se muerde la lengua. Hay que parar los pies al bufón.