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Raúl quiere ser establishment

Raúl quiere ser establishment

Escrito por: Mario De Las Heras29 marzo, 2017
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Quien haya leído a Scott Fitzgerald se habrá dado cuenta de que nunca fue lo que siempre quiso ser. Durante algunos años fue el mismísimo Gatsby aplastando sus complejos a fuerza de mostrarle a Daisy sus posesiones y sus pertenencias. Luego se fue trágicamente desmoronando como un edificio en ruinas. Las ruinas de Raúl son de otra clase. Mientras Scott se fue destruyendo por dentro, de manera invisible, Raúl hoy lo va haciendo por fuera, sin remilgos, ante el asombro de sus admiradores. Cualquiera diría que es una autodestrucción calculada de su leyenda, lo que la hace aún más noticiable.

Scott Fitzgerald quiso ser en vida un gran novelista y un gran heredero de apellido antiguo, no me atrevería a decir si en este orden. Sí me voy a atrever a decir que lo que quiere ser Raúl es un hombre señero del establishment. Del que quiere ser también, por ejemplo y para que se entienda, Xavi Hernández; aunque claro, él lo tiene fácil porque el establishment es en origen (casi en esencia) culé, y Xavi es en origen un producto de laboratorio culé: un establishmentman (establishmentboy en sus tiempos). Obsérvese también el curioso caso de Gerard Piqué (tan curioso como el de Benjamin Button), el "chico malo" oficial, homologado y eterno establishmentboy de superadas y a su vez insuperables influencias gaspartianas.

Lo que quiere ser Raúl es un hombre señero del establishment

Alguien podrá aducir que qué clase de autodestrucción puede poner en marcha una figura como Raúl. Pero claro que es posible. Destruir es mucho más fácil que construir. Esto me lo ha enseñado, sobre todo, mi hija Candela: yo puedo tardar varios minutos en llenar su cubo de arena y ella sólo tarda un segundo en destruir el molde con su rastrillo azul (también tiene otro grana), exactamente igual que Raúl. Raúl diciendo que no descarta trabajar un día para el Barsa es Scott Fitzgerald pidiendo adelantos al Saturday Evening Post a cuenta de unos relatos impublicables. Así casi no importa que ya haya publicado El Gran Gatsby o decenas de cuentos maravillosos.

Ya lo explica muy bien aquí Jesús Bengoechea. Es como el alcohol haciendo mella en su salud y en su talento. Es la falta del estilo que le sobraba al escritor de Minnesota. Fernando Redondo también es egresado de Princeton. Como Xabi Alonso. Pero hay más. A Scott Fitzgerald le hubiera gustado ser como Redondo. Y como Xabi. Esa es la cuestión. A Raúl parece que no. Raúl quiere ser del establishment que en esto del fúrgol es como querer ser mamá. Cada vez que Raúl habla me lo imagino ataviado como Almodóvar y McManamara. El otro día vi un rato en la televisión a la Quinta del Buitre y acabé confirmando lo que me temía: que Butragueño es el único madridismo de cuna, el único madridismo que permanece inmutable de aquellos cinco (acaso nunca lo tuvieron) soportando las bromas de club de la comedia de sus excompañeros, exceptuando a Pardeza que, como de costumbre, está perdido desde siempre en tesis sobre González Ruano.

En el Madrid se combate al establishment porque el establishment va contra el Madrid , como Xavi. Y como Raúl, que ya advertía de sus intenciones, de su verdadero extracto, achuchándose en público con Stoitchkov. Quién lo hubiera dicho (¿no oyen al establishment elogiar la "sinceridad" de anoche de Benjamin Piqué Button, o es que yo oigo psicofonías?). ¿Querrá Raúl meter al establishment dentro del Madrid? ¿Quizá en un plan a largo plazo? No sé por qué me acuerdo ahora de Matrix.

Raúl fue el heredero de un siete al que deportivamente vamos a decir que superó. Pero madridísticamente, si vamos a suponer que este término existe, degeneró. A los dichos me refiero. Aquí no se dan diplomas de madridismo, ni mucho menos, pero uno sabe, como sabía Scott y como saben sus lectores, que uno puede vestir de Brooks Brothers y hasta que le publiquen en Scribner's sin ninguna traza de Washington Square, que es donde estaría el Bernabéu si el Madrid fuese de Nueva York.