La Galerna

Roures, VAR y sobornos

Problemas para el doctor Mabuse

Hace unos días cruzó el cielo sucio de la bóveda de la actualidad una información aparentemente menor: una filial en los EEUU de Imagina Media Audiovisual, matriz de Mediapro, fue responsable “del pago de sobornos para la compra de los derechos audiovisuales de la fase de clasificación en las regiones de Centroamérica y Caribe (Concacaf) para los Campeonatos del Mundo de fútbol de 2014, 2018 y 2022”. Los hechos fueron asumidos por el propio grupo Imagina en 2018 en un Acuerdo de No-Enjuiciamiento firmado en 2018 con la fiscalía estadounidense, encargada de investigar estos sobornos como pieza secundaria del FIFA Gate. La broma le ha costado 25 millones de dólares y ha trascendido ahora, en un comunicado publicado la semana pasada. En él, Mediapro, en nombre de Imagina, desvinculaba al grupo de la acción de unos empleados, quienes actuaron, según la empresa, por cuenta propia en la comisión de estos delitos. Ocurre que uno de los implicados no es un empleado cualquiera sino uno de los fundadores de Mediapro-Imagina, Gerard Remy. Socio fundador junto con Roures, Jaume Roures, y Txato Benet.

Remy, no obstante, se enfrenta a graves acusaciones en América y a una investigación antimafia que podría implicar a la cúpula de Imagina, a pesar de los esfuerzos públicos de ésta por desentenderse de las andanzas de uno de sus socios fundadores. Lo mismo que públicamente acotan la carga criminal, arrojándola toda sobre los hombros de unos individuos en particular, en 2015 negaban el quilombo. Todo el barullo montado por este asunto parece retrasar sine die la salida a bolsa de Mediapro. Benet y Roures, dueños del 24% de su accionariado, podrían embolsarse en torno a mil millones de euros con esta operación, algo embriagador sin duda para el filántropo de la Liga Comunista Revolucionaria, quien dijo una vez que “yo gano dinero para defender mis ideas”. Entre las cuales, como es sabido por la histórica posición trotskista al respecto, está el derecho de autodeterminación de los pueblos.

una filial en los EEUU de Imagina Media Audiovisual, matriz de Mediapro, fue responsable “del pago de sobornos para la compra de los derechos audiovisuales de la fase de clasificación en las regiones de Centroamérica y Caribe (Concacaf) para los Campeonatos del Mundo de fútbol de 2014, 2018 y 2022”

Esto es interesante porque, un día antes, el Consejo Profesional de TV3 y el Comité de Empresa denunciaron maniobras de Roures y Benet en torno a la vicepresidencia de la Generalidad para que la cadena pública catalana le comprara a Mediapro ocho documentales sobre el Procés. Roures, descrito por los investigadores de la Guardia Civil como “elemento capital en la estrategia de comunicación” del golpe catalanista de 2017 (“ensoñación”, según el juez Marchena), ha exprimido a fondo su calidad de multimillonario trotskista (“yo no trabajo, yo milito”) no sólo alrededor del gobierno autonómico catalán, sino del ayuntamiento anticapitalista de Barcelona: desde 2016, las empresas vinculadas a Roures se han llevado alrededor de 25 millones de euros de contratos públicos muy diversos, entre lo cultural y mediático hasta lo urbanístico. Roures se ha propuesto invertir en vivienda social, acaparando para ello jugosas licencias municipales de la segunda ciudad del país, aprovechando su cercanía con el brazo barcelonés de la tercera fuerza parlamentaria a nivel nacional, a la sazón socia del gobierno de Pedro Sánchez. La salida del confinamiento en Barcelona, en mayo, por no ir muy lejos, estuvo salpicada por la polémica que levantó la intención de subvencionar con 250 mil euros a El Terrat, propiedad de Mediapro, un concierto-homenaje a los barceloneses desde los balcones de la ciudad, que no culminó por la oposición abierta de muchos de los que iban a cantar en él. Siguiendo el follow the money de Lester Freamon en The Wire se puede olfatear a Roures en todas las salsas de la España contemporánea; si los magnates de aquella España de final de siglo, Gil, Lopera, Florentino, eran caricaturizados por la prensa de izquierdas como prestidigitadores del balón y del ladrillo, las eminencias grises progresistas han añadido un tercer elemento, el relato. Roures es su quintaesencia.

El dueño de la venta al extranjero de los derechos televisivos de la Liga española perdió el VAR el año pasado. Rubiales apostó por Hawk-Eye, de Sony, apartando a Mediapro de la gestión del videoarbitraje

Pero también los villanos de Ghotam tienen contratiempos. La suerte para ellos es que apenas hay periodistas interesados en escrutarlos. El dueño de la venta al extranjero de los derechos televisivos de la Liga española perdió el VAR el año pasado. Rubiales apostó por Hawk-Eye, de Sony, apartando a Mediapro de la gestión del videoarbitraje, para espanto de los periodistas de cámara del gran muñidor. Roures, como uno de esos turbios personajes de la ficción alemana de entreguerras, maneja voluntades por su extraordinaria habilidad para relacionarse con el poder. Siendo un subalterno en la sala de máquinas de la TV3 pujolista con un inquietante pasado en la revolución sandinista, consiguió hacerse rico agradando en los círculos apropiados, en esos márgenes concomitantes que se dieron entre las élites de Madrid y Barcelona durante el aznarismo y el zapaterismo. Supongo que eso facilita mucho el aprendizaje acerca de ganarse a la gente, sobre todo en el negocio de la tecla. También hay un ejemplo cercano de esto. Este mismo mes de noviembre, la Audiencia de Barcelona ha archivado la denuncia de Mediapro contra Sandro Rosell. En ella, Roures acusaba a Rosell de haber comprado a uno de sus trabajadores para que, en su nombre, cometiera contra Mediapro espionaje industrial. La cosa entre ambos viene de lejos, puesto que la causa que llevó a la cárcel de manera provisional durante dos años largos a Rosell, acusado de blanqueo de capitales y pertenencia a grupo criminal nació, precisamente, en la investigación que ha conducido a Remy ante los tribunales norteamericanos y a Mediapro a pagar una multa millonaria. En primavera, Rosell, en un documental para TV3 y tras ser absuelto de estas acusaciones, vinculó a Roures y a Benet con la persecución judicial hacia su persona. Estas alusiones a Roures y a Mediapro fueron cortadas por una tijera antes de su emisión en la cadena pública de Cataluña, lo que llevó al director de TV3 a ser cuestionado en sede parlamentaria acerca de por qué se censuraron esas partes de la pieza en las que se informaba, además, del pago de la multa a la justicia americana por parte de Mediapro y del pacto con la fiscalía estadounidense.

Este pasado verano, en el rush final por la Liga que acabó ganando el Madrid de Zidane, se generó una corriente de opinión muy fuerte entre los periodistas deportivos españoles verdaderamente extraordinaria: el VAR, que había venido para traer por fin la justicia quirúrgica al fútbol, lo estaba desvirtuando por su contumaz observación de penaltis que eran a favor del Madrid. A lo mejor, este posicionamiento general de periodistas y opinadores del entorno GOLTV y BEIN, que es el Sanedrín de la nueva narrativa deportiva nacional, nada tenía que ver con el hecho de que su dueño hubiera perdido la concesión del VAR. Un año antes, en posesión de la misma, disparates como el famoso penalti a Vinicius no pitado, contra la Real Sociedad, eran cuestiones ordinarias que no merecían la queja de nadie, pues con la justicia absoluta, el VAR también había traído la dictadura del consenso al fútbol español. Desde la última vez que hablé en esta tribuna sobre Roures, confeso enemigo de la soberanía nacional y organizador del Centro Internacional de Prensa el 1 de octubre de 2017, en Barcelona, este Soros ibérico ha perdido también Real Madrid TV, y la pugna electoral por el control del Barcelona amenaza con alejarlo de la joya de la corona del covachuelismo catalán, el palco del Camp Nou. Quién sabe lo que puede depararle el juicio americano del viejo socio fundador de Mediapro al hombre que articuló una manera de contar España, para rajarla, con Público, La Sexta, Guardiola, Messi y Podemos. Espero que quede algún periodista para contarlo.

 

Fotografías Getty Images.

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