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Reyes del juego

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Reyes del juego

Escrito por: La Galerna21 julio, 2026
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Buenos días, amigos. Como quizá ya sepáis a estas horas, la selección española se ha proclamado campeona de la Copa del Mundo por segunda vez en su historia, y lo ha hecho deslumbrando con su juego colectivo, al igual que hizo en Sudáfrica hace dieciséis años. La segunda estrella viene bordada con el mismo hilo de excelencia. Sirva como referencia del recibimiento planetario de esta realidad la portada de ayer de L’Equipe.

Sí, amigos. Reyes del juego. Así califican nuestros amigos franceses el desempeño de la selección de De La Fuente. En esta tribuna nos hemos metido con él, y solo resta emitir las correspondientes disculpas. La baja forma de Nico y Lamine, que fueron la base el triunfo en la Eurocopa, le agarró con el pie cambiado, pero tuvo los reflejos o la cintura de optar por un plan B fascinante: recuperar la España del toque de 2010.

En este sentido, os ofrecemos el artículo que ayer publicó nuestro editor, Jesús Bengoechea, en El Español.

 

Una de las formas más directas de ponderar la excelencia de la selección que acaba de alcanzar la gloria de la segunda estrella es mirar a su portero. Unai Simón solo ha encajado un gol en todo el torneo, un registro sin precedentes en una escuadra campeona. Leo que solo le han tirado doce veces a puerta en el transcurso del Mundial. Muchas me parecen. La sensación que queda en el aficionado es que, de haber tenido que estirar el brazo en algún momento, habrá sido para parar un taxi en Chattanooga. 

España ha convertido en el mejor guardameta de la competición a un tipo que apenas ha tenido que intervenir. No solo eso: ha puesto en su mano la posibilidad de alcanzar unas estadísticas individuales históricas sin hacer mucho más que comparecer. Imaginemos que no conociéramos a Unai Simón. De acuerdo a lo atestiguado en esta Copa del Mundo, es imposible dictaminar si se trata de un buen o un mal portero. Ha levantado el trofeo después de emular partido tras partido a Mr. Cellophane, el personaje del musical Chicago en cuya presencia nadie repara nunca. Estoy convencido de que, de haberle necesitado su equipo, habría brillado, pero no se ha dado la ocasión. El hecho es que la selección retorna a España con el cetro del fútbol planetario y un cancerbero que ha jugado la totalidad de los minutos sin que apenas le hayan inquietado maestros del suspense como Cristiano, Mbappé o ayer mismo Messi. 

La explicación, por supuesto, tiene que ver con una zaga superlativa. La línea Porro-Cubarsí-Laporte-Cucurella ha rozado la perfección. Aún por encima de ello, está la expropiación de la pelota como máximo mecanismo defensivo. A veces toca reeditar las enseñanzas de Perogrullo para interiorizar su peso granítico: quien no huele el balón difícilmente va a poner a prueba a tu portero. España ha usado la posesión no ya como mecanismo para mandar en el partido, en la propia final sin ir más lejos, sino como método infalible para jibarizar al adversario táctica y anímicamente. 

No esperábamos esta obsesión por la tenencia. Los que otorgábamos pocas posibilidades a esta escuadra cometimos el error de recordar su versión Eurocopa 24. Aquel descomunal equipo concentraba su juego ofensivo en la brillantez de dos extremos: Lamine Yamal y Nico Williams. Al no llegar en buen momento ninguno de los dos, el favoritismo se diluía. 

Resultó que no los necesitaba en plenitud. Salvo por su interesante contribución en la prórroga contra Argentina, Williams se retira casi inédito. Casi lo mismo puede decirse de Lamine, futbolista a quien el marketing ha elevado a altares que, por lo visto en el torneo, le quedan grandes. Da igual. Ninguno de los dos hacía falta de verdad, y este era el secreto mejor guardado por De La Fuente, sabio que se aprestaba a darnos en las narices con una convincente reedición de la España de Sudáfrica cuando esperábamos la de la Eurocopa. Teníamos presente la selección de 2024, pero la gran mente pensante llevaba bajo la manga la España de 2010. 

Rodri, Olmo y Fabián se transfiguraron en una versión ligeramente más vertical de aquellos Busquets, Iniesta y Xavi. Tal fenómeno de ultratumba tuvo lugar por sorpresa, que es como hacen las cosas un técnico astuto y un médium competente. Si las dos estrellas que ya están fruncidas en la camiseta han de ser idénticas, procedía que la gloria de ahora, además de su valor intrínseco, sirviera también de homenaje a aquella. No lo vimos venir. Es posible que De La Fuente sea un genio. 

Por lo demás, la que ha sido de larguísimo la mejor selección del Mundial ha logrado evitar un latrocinio sin precedentes. Además de la escandalosa permisividad con la violencia de los de Scaloni, estuvo el gol oprobiosamente anulado a Nico Williams. La desfachatez de Infantino ha alcanzado cotas de descaro nunca vistas en este deporte, pero ni siquiera eso ha amilanado al combinado nacional, como lo llamaban los clásicos. El arbitraje tuvo tintes negreirescos. No sucedió nada que no veamos domingo tras domingo en la nefanda liga española, en un Madrid-Osasuna sin ir más lejos: dureza sin tiento e impunidad de la misma. Puede que solo haya habido un representante del Real en la lista de De La Fuente, pero a su rival en la final lo han aupado, artificialmente, usando el mismo patrón que en España beneficia al Barcelona desde 1990. Messi es el elemento común. El rosarino se queda sin su segundo Mundial pero con un gran reconocimiento del deporte que ha engrandecido. Sí no fuera por la contumacia con que el sistema le ha ayudado de manera proverbial, y con ambas camisetas, habría que coronarlo sin dudar como el mejor futbolista de la historia. 

En definitiva, un reflejo de la España de 2010 vuelve a conquistar el planeta. Así, España no es solo bicampeona, sino que logra la proeza a lomos de un estilo muy distinguible, como sucede con los grandes equipos mundialistas de la historia. La grandeza lo es sobre todo cuando remite a la grandeza de entonces, sea cual sea. La grandeza es más grandeza cuando es la grandeza de siempre. 

Enhorabuena a todos. 

 

Las portadas del día se desmelenan con la correspondiente euforia de las celebraciones. No es para menos. Los jugados y el cuerpo técnico desfilaron por las calles de Madrid en loor de multitudes, para concluir la celebración con una gran fiesta en Cibeles.

En clave madridista, aún hay que calibrar los efectos que este hito tendrá sobre el club por el cual La Galerna profesa tanto amor, y sobre el que escribimos todos los días. Los efectos sobre el Real Madrid del Mundial de Sudáfrica fueron nefastos a corto plazo: el club blanco fue demonizado como la némesis del “equipo de todos”. Los corruptos se sintieron respaldados por las mieles del éxito. A la larga, sin embargo, se pusieron los cimientos del Madrid de las 6 Champions en una década.

Hay una diferencia entre aquella situación y esta. Entonces, no estaba a tiro ninguno de los héroes de Sudáfrica. Ahora, es fichable el más destacado componente del equipo que ha obrado esta heroicidad. La contratación de Rodri se antoja estratégica en lo futbolístico y casi inevitable en lo sociológico. Votamos por ella, así como por la de otros componentes de la escuadra nacional. Laporte podría ser otra buena incorporación.

Entretanto, en lo que atañe al juego, abran paso a los reyes del mismo. Es de justicia reclamarlo.

Pasad un buen día.

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5 comentarios en: Reyes del juego

  1. Será más vertical ésta selección y hasta presionará más al rival, pero aquella selección de 2008 al 2012 era mejor que está del 2024 y 2026, tiene mejores individualidades y una capacidad técnica mayor, no tengo dudas que el balón sería más de aquella España que de ésta si se enfrentasen en un partido.

  2. En clave madridista yo lo que he visto es que en la final no había ningún jugador del RM. Ni el utillero.
    Coincidiréis conmigo que ni Cucurella ni ese que FlorenTimo iba a realizar la mayor oferta de la historia balonpedista cuentan

  3. Yo ficharía a Rodri y Fabián. Creo que es lo que le falta al Real Madrid. Y vendería a Camavinga y luego pues Tchouameni o Valverde.

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A nosotros lo de las selecciones nacionales no nos puede gustar más. Nos pirra ese rollo. Pero no de ahora, de siempre

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