Unos días atrás Athos Dumas, ánima de esta santa casa llamada La Galerna, me llamaba la atención sobre el paralelismo existente entre Florentino Pérez y la reina de Francia Catalina de Médici.
Catalina fue la consorte de Enrique II. Tras enviudar en 1559 fue regente de Francia en diversas ocasiones durante los convulsos reinados de sus tres hijos. En ese período tuvo lugar, en la noche del 24 de agosto 1572, la Matanza de San Bartolomé, en la que se produjo una masacre de hugonotes en París; que ya son ganas de fastidiar con el calor que haría en pleno agosto. Muchos pensaron que la intrigante Catalina fue la impulsora. El pintor Édouard Debat-Ponsan se basó en este suceso para pintar “Una mañana las puertas de Louvre”, lienzo en el que una impasible Catalina camina entre los cadáveres de los hugonotes como un conquistador sobre los restos del enemigo.
Florentino Pérez también puede presumir de haber neutralizado a sus enemigos en tan solo una noche (concretamente, la de las últimas elecciones a la presidencia del club). Fue la suya una matanza metafórica de enemigos políticos y riquelmes de diverso pelaje. El hecho de que el nombre de pila de Florentino Pérez coincida con el gentilicio de la familia de Catalina de Médici no puede ser casual. Empiezo a pensar que Florentino es un vástago perdido de la estirpe de Lorenzo el Magnífico, un Médici madridista, que tan pronto es capaz de yugular su propia conspiración de los Pazzi como de colocar un papa en el Vaticano. Pura astucia medicea (o florentina, como ustedes gusten). Curiosamente, el primer papa Médici fue León X, y el primer pontífice madridista atiende al mismo nombre, pero con cuatro leones de por medio. Fascinantes paralelismos.
Tras deshacerse de sus rivales, Florentino está ahora centrado en revolucionar la plantilla. Dios nos coja confesados. En los últimos tiempos, la junta directiva del Real Madrid no se ha distinguido precisamente por su audacia. Florentino renovando la plantilla es como Oscar Wilde revisando un manuscrito: “He invertido toda la mañana en corregir un texto del que, finalmente, he suprimido una coma. Por la tarde he vuelto a poner la coma”.
Empiezo a pensar que Florentino es un vástago perdido de la estirpe de Lorenzo el Magnífico, un Médici madridista, que tan pronto es capaz de yugular su propia conspiración de los Pazzi como de colocar un papa en el Vaticano
No obstante, parece que esta vez Florentino ha decidido desmelenarse: en unos pocos días nos ha fichado a Mourinho, a Cucurella, a Bernardo Silva, a Dumfries, a Konaté y, según los “insiders” del club, se plantea incluso cambiar la marca del café de la máquina de Valdebebas. Agárrense que vienen curvas.
A mí me parece estupendo. Un verano sin fichajes y sin rumores de fichajes ni es verano ni es nada. Temo, eso sí, que Mourinho se nos entusiasme demasiado y pretenda llenarnos la plantilla de insólitos mediocentros italianos y portugueses, porque Mou es muy de traerse jugadores inopinados. A veces funcionan como un tiro (v. g. Modric), otras no hay por dónde cogerlos. En cualquier caso, yo siempre he defendido que todo entrenador tiene derecho a, por lo menos, un fichaje absurdo; derecho que, por cierto, todos los que han ocupado el banquillo del Madrid han ejercido a rajatabla.
Incluso Zidane se encaprichó de Achraf Hakimi, al que afortunadamente endilgamos al PSG antes de que salieran a la luz sus extravagancias. Recientemente Achraf ha asegurado que “nos enfocamos tanto en Brasil, Francia y España…; pero como árabes y africanos, a menudo olvidamos que crecimos jugando fútbol en las calles”. Desconcertantes palabras en la medida que en Achraf pasó su infancia en Getafe, localidad que, al parecer, en la memoria de Hakimi debe estar en algún punto intermedio entre Senegal y Mauritania.
A los siete años, Achraf entró en la cantera del Real Madrid. Debió ser curiosa esa promoción de alevines, con Achraf asándose de calor hasta el punto de creerse en las calles de Jalalabad mientras Pedri se pelaba de frío en una esquina. Alguien debería mirar lo de la climatización en el campo de benjamines del Madrid, porque a algunos les deja tarados.
Lo de Achraf me lleva a su vez al Mundial de fútbol. Porque no sé si ustedes se han enterado, pero estos días se está jugando un mundial en Estados Unidos, México y Canadá. Un Mundial es siempre un buen escaparate para jugadores con talento, y dado que el Madrid está en plena revolución, haría bien en observar atentamente y chequera en mano a los futbolistas que destaquen. Hasta el momento hemos visto brillantes actuaciones de Vini, Mbappé, Messi y Halaand. A los dos primeros, mira tú que suerte, ya los traemos fichados de casa. En cuanto a Messi, desaconsejo su fichaje rotundamente: el argentino es como los níscalos, que solo destaca con un buen aderezo. Un Messi en el Real Madrid sin la ayuda de Infantino y de Negreira me temo que sería un hongo insípido y triste, que devendría en atónita seta cuando le pitaran el primero de muchos penales en contra. Halaand sería un fichaje atractivo siempre y cuando traiga su propia motosierra, pero me temo que el noruego ya no descuelga llamadas con el prefijo de la comunidad de Madrid por miedo a que sea Riquelme el que esté al otro lado del teléfono, llamando otra vez a la hora de la siesta para ofrecerle una oferta de tarifa plana Movistar con Disney Plus durante tres meses y un contrato de delantero sin permanencia.
Más allá de estos cuatro nombres, el Madrid debería buscar posibles fichajes en equipos menos favoritos. Recientemente ha destacado un tal Eustaquio, jugador de Canadá cuyo gol ha clasificado a su selección para la siguiente ronda. Nuestro editor, Jesús Bengoechea, se manifiesta muy a favor de los canadienses que se llaman Eustaquio. Pero, cuidado, que ya lo dijo el poeta:
Eustaquio no nos la cuela
pues a poco que se piense
no puede ser canadiense
con un nombre de zarzuela.
Esto me recuerda a aquella vez en que el presidente de la II República Niceto Alcalá Zamora se cruzó con el socialista Indalecio Prieto en los pasillos del Congreso, dando lugar al siguiente diálogo:
— Adiós, don Niceto.
— Adiós, don Indalecio.
— La verdad, don Niceto, es que los dos tenemos nombres de sainete.
Hoy en día la réplica sería más bien: “la verdad, don Niceto, es que los dos tenemos nombres de delantero centro de la selección canadiense”.
Pienso que el Madrid debería olvidarse de Eustaquios, Messis y Halaands y buscar su próximo fichaje estrella en la que, en justicia, tendría que ser la ganadora del Mundial de este año: Japón.
El Madrid necesita fichar a un japonés. Piensen en la cantidad de futuros madridistas que nacerían en las calles de Shibuya, Ginza, Yokohama y arrabales con un mediapunta llamado Naruto Uzumaki o algo similar. Eso son millones en camisetas. Japón debería ser el granero del madridismo del siglo XXII.
Si es usted un buen madridista, debe desear que Japón gane este mundial; porque Japón, con su absurda mezcla entre tradición e ideas de bombero, es el Real Madrid de las selecciones
Es más, si una selección debe ganar este mundial, esta es la nipona sin lugar a dudas. Japón es la selección más madridista de todas las que participan, y nadie me convencerá de lo contrario. Al igual que el Real Madrid, Japón es un universo anclado en sus tradiciones. En el año 1999, el gobierno japonés anunció solemnemente un cambio en el diseño de su bandera. La nueva enseña resultó por completo idéntica a la anterior, pero con el color rojo degradado un tono imperceptible al ojo humano. Eso es lo mismo que cuando Florentino promete revolucionar la plantilla y te aparece en septiembre con una igual a la de junio, pero con Huijsen en la defensa.
Otro detalle muy madridista de la selección japonesa es que llevan tiempo buscando un delantero matador que se hinche a marcar goles. Recientemente han anunciado un proyecto conocido como 2092 o Visión de los Cien Años, que consiste en una revolución total de la política de fichajes para encontrar a un delantero “egoísta y competitivo”. Haría bien el Madrid en imitar esa política, porque de lo primero tenemos varios, pero de lo segundo andamos escasos. El proyecto Visión de los Cien Años se inspira vagamente en el anime japonés “Blue Lock”. Una selección que proyecta su futuro en base a los consejos de un anime merece todos nuestros respetos. En estos tiempos en que Hollywood se ha convertido en un páramo de vulgar mediocridad y falta de ideas, el anime japonés es el verdadero cofre del tesoro de la ficción. Hay más arte y verdad en la serie “Chainsaw Man” que en la última ganadora del Oscar a la mejor película, que ni siquiera recuerdo cuál es.
En definitiva: Japón confía su futuro al “fan service” del mundo anime, al igual que el Real Madrid lo confía en don José Mourinho.
Esta tarde Japón juega contra Brasil. Tal vez cuando lean estas líneas, Vinícius y Carletto han mandado a los nipones de regreso a Tokyo. Si tal cosa sucediese, sería una injusticia. Si es usted un buen madridista, debe desear que Japón gane este mundial; porque Japón, con su absurda mezcla entre tradición e ideas de bombero, es el Real Madrid de las selecciones.
Getty Images e IA














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