Mourinho ha vuelto. Es una apuesta personal de Florentino y, de momento, ha empezado la Liga ganando fuera de casa al Español. El equipo ha echado a rodar hace nada, con los mundialistas recién llegados y nuevos sistemas. Es pronto, pues, para exigir nada, aunque la impresión es que el de Setúbal tiene mucho trabajo por delante.
No me gusta Mou. Nada. Dicho lo cual, le reconozco méritos deportivos en su primera etapa al frente del Madrid, donde se tuvo que enfrentar al mejor Barça de los Pep, Messi, Xavi, Puyol y demás, y a los hijos putativos de Negreira, aún de incógnito. Reitero, deportivamente lo hizo bien. Institucionalmente es otra cosa. El espectáculo no pudo ser más bochornoso: el dedo en el ojo a Tito Vilanova, ruedas de prensa enfangadas y una tensión permanente que generó antipatías por doquier.
Su trayectoria fuera del Madrid no ha sido precisamente exitosa. En los 13 últimos años apenas ha ganado una Premier y un par de copas; exiguo, considerando que ha estado en equipos punteros y con voz y voto en fichajes. Allí donde ha ido le ha seguido acompañando la polémica. No se le recuerdan éxitos deportivos apabullantes; básicamente, porque no los ha habido. Sí, en cambio, agrias polémicas con prensa, jugadores, directivos y todo aquel que se le pusiera por delante. Autocrítica, nada de nada. La culpa de los pobres resultados es siempre de otro.
Busquemos lugares comunes; el enemigo está fuera, no dentro
¿Por qué, entonces, Florentino ficha a alguien que parece acabado? El oficialismo sostiene que el criterio de nuestro presidente nos ha conducido a múltiples éxitos, y que en base a ello hay que tener fe en su designación. Nada que objetar. Ocurre que la trayectoria de Mou durante los últimos años arroja serias dudas sobre su capacidad para seguir entrenando en la élite. Hay quien piensa que se ha buscado más un “poli malo” que un entrenador, un gendarme que meta en vereda a una plantilla consentida —consentida por la actual junta directiva, dicho sea de paso— y plante cara a la prensa. Este último aspecto, el de las relaciones con los medios, también tiene su aquel. Ancelotti, Zidane, Xabi Alonso o Arbeloa no se han mordido jamás la lengua. Han aunado elegancia y firmeza a la hora de defender al club, demostrando que no hace falta ser un matón de instituto cuando se tiene un micrófono delante.
La prensa, mayoritariamente antimadridista, siempre se lo pondrá difícil al entrenador del Real Madrid, un poco más si se trata de Mou. Le buscarán las cosquillas y, lo que es peor, se las encontrarán. Por lo que a mí respecta, me apetece cero empezar a desayunarme titulares explosivos y declaraciones altisonantes. Pero soy del Real Madrid, y el entrenador de mi equipo de fútbol se llama José Mourinho. Así pues, más allá de simpatías personales está el deseo de volver a ganar algo tras dos largos años sin títulos. Hay plantilla —pese a no tener a Rodri—. Ojalá haya entrenador. Entre tanto, los críticos de Mou debemos aferrarnos a sus cosas buenas, que las tiene. Busquemos lugares comunes; el enemigo está fuera —Riquelme incluido—, no dentro. Hablaremos en junio.
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