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Hazard y la recta de la felicidad

Hazard y la recta de la felicidad

Escrito por: Jesús Bengoechea11 septiembre, 2019
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Parece que Eden Hazard se va a estrenar por fin en un partido oficial con el Real Madrid y este hecho constituye una especie de dádiva inesperada, porque es un poco como si ya no contáramos con él. La vorágine agónica que nos domina nos hace descontar, si empatamos, que vamos a empatar siempre; si tenemos a un jugador lesionado, nuestra mente se sume en la agonía de que siempre lo estará. No es así. Hazard vuelve, y se le ha visto sonreír en los entrenamientos sin que esta felicidad haya abombado su abdomen.

Queremos a nuestros jugadores felices pero no queremos que luzcan la proverbial curvita de la felicidad. Yo ya casi me he resignado a que algunos de nuestros jugadores se pongan gordos con el transcurso del tiempo, pero aún me resisto a aceptar con naturalidad el hecho de que lleguen ya gordos de fábrica. Por eso me alarmé, lo reconozco, al contacto visual con los michelines de Eden el día mismo de su presentación. Habría preferido que esperara un par de temporadas para ensanchar cintura, recuerdo pensar, un par de temporadas de éxito a ser posible. Ahora compruebo en las fotos que la barriguita se ha ido y me relamo al comprender que este jugador llegó fondoncillo, sí, pero porque constituye su sino el seguir el proceso contrario al descrito por otros compañeros: de gordo a flaco en lugar de flaco a gordo, y ello en cuestión de días para que la consternación dure lo justo.

No es la lucha con la balanza una historia nueva en Chamartín. “El nuevo fichaje, presidente. Está gordo, muy gordo… ¿Qué carajo quiere que haga con él?”, así narra Daniel Entrialgo, en su libro “Puskas” (Espasa), el comienzo de la conversación que mantuvo Luis Carniglia, entrenador del Real Madrid, con Santiago Bernabéu, tras comprobar el estado físico del húngaro. Don Santiago le espetó “¡Ponerlo en forma, coño! Que ésa es su obligación”, ya que, gordo o no, él había fichado a una estrella y ahora la pelota estaba en el tejado del técnico argentino. Y así hicieron con Ferenc Puskas, haciéndole correr, en pleno verano de Madrid, cada mañana desde primera hora hasta dejarlo extenuado. Quedaban seis semanas para el comienzo de la temporada y tenía que adelgazar dieciocho kilos. El resto es una historia por todos conocida.

La curva de la felicidad de Hazard ahora no es tal curva sino que es recta, no solo por la tableta de chocolate que ahora luce en lugar de ingerir, sino porque la línea recta es como es sabido la distancia más corta entre dos puntos. Nosotros, el madridismo, somos uno de esos dos puntos, apelotonados todos en un pre-Big Bang de universo vikingo, mientras el otro punto viene dado por la confluencia de la Castellana con Alcalá y Gran Vía, allá donde una dama blanca de simpar belleza, bajo la promesa del placer y la gloria, conmina a Eden para que ayude a los leones a tirar del carro.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea