Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Good vibrations

Good vibrations

Escrito por: Mario De Las Heras14 enero, 2018
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

El salto de todo el banquillo del Villarreal en el minuto ochenta y séis es la imagen del milagro. Del milagro para los de Castellón, para la prensa casi al completo y para ese aficionado madridista que calla con el triunfo y se explaya dando lecciones en la derrota. Es la imagen de la gran victoria por inesperada. Es la imagen que con la falta de rigor que se estila va a servir para ensalzar al visitante y vilipendiar al local sin que ninguno de los dos merezca tales cosas.

El Real Madrid es un equipo tan odiado (en realidad es la forma fea de ser admirado) que hasta quien bien debería saber que su victoria ha sido fruto de una sucesión ininterrumpida de circunstancias favorables (y arbitralmente luctuosas), expresa todo lo contrario ante el público mostrando la cobardía típica del oportunista que vive a salto de mata, del odiador que en verdad es el mayor admirador del mundo.

A menudo me encuentro con seguidores del Barcelona y del Aleti y de otros equipos que me espetan, sobre todo en momentos de debilidad madridista como los actuales, todos los tópicos históricos contra el Madrid, uno detrás de otro, y me emociono ante tal grado de admiración. Ellos no deben de saberlo, pero en la derrota del Madrid sacan a relucir toda la grandeza del mejor club de la historia, Por eso es, en buena parte, invencible.

El Madrid se eleva en ese falso odio de sus falsos detractores y también en ese extraño amor (al menos en la manera de demostrarlo) de ciertos aficionados. El Madrid surfea entre los tópicos triunfalistas de los seguidores rivales y entre las lecciones y los “ya lo dije yo” de los cenizos predicadores madridistas de domingo mientras yo oigo Good Vibrations.

Probablemente usted no lo esté oyendo ahora pero escuche, por favor. Escuche bien. ¿Lo oye? ¿Ya? Ahora sí, ¿no? ¿Puede oírlo? Sí. No me digan que no es emocionante. Todas esas peroratas, todas esas chanzas de pacotilla, toda esa superioridad impostada para que al final sólo se oiga a los Beach Boys volviendo locas a esas niñas de California.

Eso le pasa el Villarreal con su salto pletórico; y a la mayoría de la prensa con el suyo y a ese madridismo que palía sus frustraciones personales con un criticismo pueril y patológico y absurdo: se vuelven locos. Chillan y se tiran del pelo y sollozan y cantan todas esas canciones hasta desgañitarse y luego en la intimidad de sus cuartos sacan de debajo de sus colchones las fotos ocultas de Cristiano y de Modric y de Bale y de Zidane y después de besarlas duermen secretamente felices con ellas bajo la almohada.

Todo esto me recuerda a la actitud airada y violenta del vecino de Kevin Spacey en American Beauty. En realidad todo se trataba de que estaba enamorado de él e intentaba ocultarlo. No lo intenten más, respetados rivales, periodistas y ejercientes de periodistas, comentaristas y vedettes y profetas y pequeños madridistas extremadamente airados no se sabe por qué. Déjenlo. Amen al Madrid sobre todos los equipos. No se contengan, lloren de alivio si es necesario en la victoria, celébrenlas, griten y salten.

Y no se oculten en la derrota. No hagan como que se alegran de ella. No tienen por qué sufrir de esa manera tan cruel. No se castiguen así. El Madrid, este Madrid, es amor. No tengan miedo de decirle al mundo que lo aman porque ni siquiera es incompatible con ser del Barcelona.

 

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

5 comentarios en: Good vibrations