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El negocio de Cristiano

El negocio de Cristiano

Escrito por: Antonio Hualde17 septiembre, 2018
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En uno de sus múltiples inputs mediáticos, Cristiano Ronaldo decidió cambiar de peinado. A los pocos días, su peluquero particular se pasó por el Museo de Cera de Madrid para “actualizar” la peluca del maniquí y estar así lo más parecido posible -lo de los parecidos en dicho museo es kafkiano, aunque ese es otro asunto- al “modelo”. La anécdota en cuestión es fiel reflejo del personaje, construido en buena medida por él mismo y en parte por una sociedad donde prima mucho más la fruslería que el sentido común.

Recuerdo la confusión que me causó su intención de abandonar el equipo justo tras ganar la última Champions. Como tantos madridistas, lo tomé como un histrionismo “marca de la casa”, aunque barruntaba que algo más había. Y sí. Para cualquier otro, autoproclamarse “el mejor del mundo” o quejarse de la mucha envidia que generaba por ser “guapo, rico y famoso” sería poco menos que inconcebible, mas no para Cristiano. En él convivían, a modo de Jekyll y Hyde, dos sujetos bien distintos: su peor enemigo, ese terrible ego consustancial a muchos genios y que tanto erosionó -con merecimiento, dicho sea de paso- su imagen pública; y su faceta de buen tipo que nunca renegó de sus orígenes modestos.

Pasará el tiempo y Cristiano será recordado por propios y extraños como uno de los mejores de la historia. Durante estos nueve años lo ha ganado prácticamente todo, haciendo gala de una profesionalidad ejemplar. Solo le faltó conquistar algo que sí lograron, en cambio, otros de no tanto nivel: el corazón de la afición. Esa es una de las razones que le impulsaron a irse, aunque no la única. Probarse en otra competición como el Calcio y su enorme cabreo al no conseguir que el club le arreglase sus problemas con Hacienda acabaron por convencerle. A sus 33 años.

Pero volvamos al tema afectivo. A Cristiano se le ha querido en el Bernabeu, aunque no al nivel “idólatra” que su ego hubiera deseado. Él demandaba poco menos que una adhesión inquebrantable, algo que jamás ha tenido -ni tendrá, y así debe ser- madridista alguno. Se me vienen a la cabeza Uli Stielike, Van Nistelrooy, McManaman o Fernando Redondo. Ninguno ha sido mejor que el portugués ni se le acerca en títulos conseguidos, aunque todos ellos son recordados con un afecto que difícilmente tendrá Cristiano. ¿La razón? Que el cariño no se exige, se gana. Además, CR7 se quiso ir -de una forma manifiestamente mejorable-, mientras que los antes citados se fueron porque les llegó el momento.

Recapitulemos. 33 años, sueldo estratosférico, descontento, con la posibilidad de ingresar en tesorería más de 100 millones de euros y con una plantilla que, si bien echaría de menos sus goles, podría adaptarse a su marcha sin problemas. Honestamente, creo que la marcha de Cristiano Ronaldo ha sido un buen negocio para la entidad, pese a que deje una huella imborrable.

Michael Jordan dijo una vez: “el talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos”. Cristiano ha sido decisivo en todo lo conquistado los últimos nueve años, pero sin él el Madrid seguirá ganando. Al revés está por ver. Yo, pues, me quedo con su enorme contribución a la historia del club, con sus títulos y goles. Las palabras, más o menos afortunadas, se las cedo a “los otros”.

Abogado,historiador en ciernes,investigador en Fund.Ortega y Gasset.Escribo en Diplomat in Spain,El Imparcial,Actuall,La Galerna. Radio Internacional.Scout

24 comentarios en: El negocio de Cristiano

  1. Suscribo desde la primera a la última palabra el artículo. Siempre recordaré a Cr como el mejor goleador que yo he visto en el Real Madrid. Pero no lo "querré", sirva la expresión, como a Juanito ni a Redondo ni a Santillana ni a muchísimos otros simplemente porque no se ha echo querer.