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El hombre tranquilo

El hombre tranquilo

Escrito por: Antonio Valderrama25 agosto, 2026
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En el documental de Netflix sobre su vida, recientemente estrenado, Mourinho recuerda que, cuando llegó al Chelsea por primera vez, un lapsus de los periodistas ingleses parió al mundo su apodo inmortal: The Special One. Casi siete años después, cuando se fue del Madrid y volvió al Chelsea, a la pregunta de quién llegaba entonces a Londres, contestó: The Happy One. Ahora que he visto enteros los tres episodios de su singular biopic, en realidad un repaso (incompleto) sobre su trayectoria como superestrella de los banquillos, y a la luz de sus gestos desde que fichó de nuevo por el Madrid, de las expresiones de su rostro, de sus palabras, me parece que se podría rebautizar a Mourinho, a este Mourinho que regresa al Madrid trece años después, como The Quiet One.

Por primera vez desde que nació al mundo como un fenómeno de la naturaleza, Mourinho parece humano, tranquilo, en paz. Lo hemos comprobado en la primera jornada de liga. Nunca había visto a Mourinho tan locuaz con la prensa, de buen rollo: explicando y no confrontando, incluso bromeando. La rueda de prensa previa al debut y sobre todo, en el postpartido, y mira que hubo polémica, Mou lidió con todo ello sin aspereza, haciendo uso de su magnífica capacidad intelectual, de su elocuencia superior. Y eso que en el documental confiesa que no tiene aficiones, que su vida sólo es el fútbol: algo imposible de creer viendo cómo se desenvuelve en varios idiomas, a una distancia académica sideral del homo futbolensis promedio.

Hemos de pensar que Mou nos suelta una mentirijilla, pues eso también forma parte del personaje. Ahora torea igual a los periodistas, muchos de los cuales son los mismos de antaño, pero con pases naturales y de pecho, como un maestro de escuela se quedaría con sus ingenuos alumnos de parvulitos.

Es como si estuviera por encima de todo, como si lo hubiera visto todo y por lo tanto fuera consciente del valor real de todas las cosas. Omnia fui, nihil expedit. Todo lo fui y nada merece la pena.

Tampoco esta España es la misma que la de hace dieciséis años. El Procés comenzó, en realidad, con el choque del catalano-barcelonismo con el primer Madrid de Mou, trasunto de un régimen a batir por el catalizador que fue el binomio Guardiola-Messi. Hoy todo el mundo está más cansado y es más viejo, las vibras son las de que se están jugando, en todas partes y en todos los órdenes, los minutos finales de todo.

Hay dos fotos que he visto juntas con frecuencia a lo largo de los últimos días: Mourinho, con Florentino, en el verano de 2010, el día de su presentación, y los mismos protagonistas hace unos cuantos días, en el acto privado organizado por el club para escenificar la vuelta del portugués. En la primera fotografía, Mou parece Don Draper y Florentino, un niño entusiasmado con un regalo de Reyes. Se ven dos hombres aún jóvenes, enérgicos, flamantes, con aura de los mejores en lo suyo. En la segunda, en cambio, Mourinho posa junto al presidente como lo haría un hijo junto a su padre anciano. Los estragos del tiempo son evidentes. Hay un detalle revelador que impregna la foto de una ternura rara en el fútbol profesional: la mano de Mou sobre el hombro de un avejentado Florentino, una mano protectora, que cuida.

Con Espí, sobre el mismo césped de Cornellá, de igual modo parecía un padre orgulloso hablando de su hijo.

José Mourinho es mi entrenador

También es evidente el amor. En el documental, Mourinho parafrasea a Nietzsche y recuerda que todo lo hecho por amor no es jamás algo equivocado. Muchas veces a lo largo de estos trece años el entrenador portugués ha recordado su relación de afecto con el presidente Pérez, vínculo preservado de los avatares del cruel y volátil mundo del fútbol de élite. En sus primeras declaraciones «oficiales» como entrenador del Madrid, a la tele del club, menciona el cariño recibido por los hinchas en Wembley «cuando ganamos la final al Borussia».

Nadie resiste el desgaste de los años, ni siquiera los colosos. Mourinho se parece al Odiseo que regresa a Ítaca encorvado, apergaminado pero mucho más sabio. Quizá está ante el mayor desafío de su carrera, justo cuando ésta parecía declinar indefectiblemente. Es, de hecho, el Odiseo del poema de Kavafis. Este Madrid es su Ítaca, una Ítaca a la que regresa enriquecido de cuanto ganó por el camino. Mourinho lleva casi una década fuera del gran fútbol, alejado del círculo exclusivo donde los grandes equipos se reparten el reducido pastel de la gloria. No hace ni dos años, entrenaba en la liga turca. Es emocionante que al héroe caído le ofrezcan de pronto la posibilidad de resurgir, precisamente en el sitio de su faraónica obra incompleta.

Es como si estuviera por encima de todo, como si lo hubiera visto todo y por lo tanto fuera consciente del valor real de todas las cosas

El Madrid de Florentino es, desde luego, un ecosistema único, en lo que a entrenadores se refiere. La experiencia prueba que el número de los candidatos válidos es muy reducido: hombres con carisma homérico (pastor de hombres, se dice de Agamenón en La Ilíada), ganadores probados y que conozcan la casa. Si tomamos el período completo de la presidencia de Florentino Pérez, los últimos veinticinco años, nos quedarían Del Bosque, Mourinho, Ancelotti y Zidane. Si acotamos más el rango temporal y nos ceñimos a «la segunda venida», sólo cuentan los últimos tres. Los tres entrenadores que han dirigido al Madrid, más o menos, catorce de los últimos dieciséis años.

Este carácter circular implica por fuerza el cambio que el tiempo opera en las personas, empezando por el propio Florentino. Desde que Mourinho se fue la primera vez, el Madrid ha ganado seis copas de Europa, cinco ligas y dos copas. Mou reconoce que, si bien la primera vez el Madrid fue un reto para sí mismo, para su ego, ahora es distinto. Ahora quiere «construir» para el futuro, dejar las bases de algo. Habría que decirle que ya lo hizo (¡y de qué modo!) la primera vez, prefigurando el mejor Real Madrid de nuestras vidas. Ahora Mourinho parece muy consciente del momento delicado por el que el club, como institución, atraviesa, a medio camino de una transformación global que definirá su futuro. Y, como un madridista más, está dispuesto a asumir su responsabilidad para que las cosas salgan bien.

 

Getty Images

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Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

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