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Diario de un madridista confinado (días 20, 21 y 22)

Diario de un madridista confinado (días 20, 21 y 22)

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4 de abril de 2020

Sábado, toca ducharse otra vez, cómo pasa el tiempo. Ahora en cuarentena se recomienda lavarse una vez a la semana en lugar de cada quince días, como era la tónica general prepandémica. Salgo a realizar la compra semanal aseado y arreglado como Laudrup para el baile de graduación. Me he vuelto a echar agua de colonia de la buena, por supuesto, motivo por el cual no recibo ninguna amonestación ni reprimenda arbitral durante el trayecto.

Cocino unos tallarines con atún y salsa de tomate. Todo casero: los tallarines los he hecho planchando espaguetis y el atún, a partir de un bonito que no era tan guapo. Están deliciosos, pero como cada vez que cocino lo hago de una manera, no volverán a salir igual de buenos. Tal vez mejor, eso sí.

Después de comer, mi hermano y yo vemos el 5-1 al Inter del 86 que servía para jugar la segunda final consecutiva de Copa de la UEFA. Ya de niño me parecía bueno Ricardo Gallego, pero cada vez que reviso algún partido suyo me reafirmo más. Jugaba veinticinco años adelantado a su época y aun así no caía en fuera de fuego. Mención aparte merece Butragueño, que parecía un caballito de mar doblegando tiburones. En esa época no había dorsales fijos y los titulares portaban números del uno al once, pero me pareció un feo detalle que Hugo Sánchez no le cediese el nueve Santillana, que jugó con el once. Por respeto y educación. Míchel comentó una vez que Hugo era un futbolista portentoso con el que no se iría de vacaciones.

 

5 de abril de 2020

Domingo. Procede un día de descanso tras seis sin parar apenas. Aunque no esquivo la cocina, pero por afición. Aso unos cuartos de pollo con patatas que superan por goleada a los tallarines del día anterior.

El resto del tiempo lo pierdo, que es la mejor manera de ganar salud. Hemos aguantado una semana más.

 

6 de abril de 2020

Otra vez lunes. Estamos lejos de que termine esta situación, pero parece que se atisba una luz al final del túnel. Esperemos que no sea el cebo de alguna compañía eléctrica y al acercarnos nos dé calambre. Con la esperanza, convive una sensación de fragilidad que hace temer que se vuelva a desmoronar todo. Estamos en una recuperación tipo Ancelotti; lo mismo encadenamos veinte victorias seguidas que al menor tropiezo se diluye la confianza y se hunde el proyecto.

Hoy le toca fallecer a Radomir Antic. Descanse en paz. A toro pasado, es fácil criticar su destitución cuando tenía al equipo líder a finales del 91 o principios del 92, no recuerdo con exactitud. Lo que no he olvidado es el partido. Lo vi junto con mi tío y mi primo. Entre el sopor de partido y que ese día fuimos a tribuna, el aburrimiento era insufrible. En el segundo tiempo, mi primo y yo nos bajamos al fondo Norte y lo pasamos pipa, aunque no nos enteramos de nada del juego. Por suerte.

Tal vez fuese un enojo de Mendoza que afectó a su orgullo y le mermó el raciocinio, porque era experto y competente como para saber que las segundas oportunidades futbolísticas no funcionan —a excepción de Capello— y Beenhakker patinó, por poco, pero de manera cruel. De todos modos, analizando esa situación del pasado con los ojos del presente, que es justo cómo no hay que hacer los análisis, resulta curiosa la suficiencia que se desprende de prescindir del entrenador que ha hecho campeón de invierno al equipo. Sobre todo, en el tiempo de carencia en el cual nos encontramos.

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