Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
De los goles de Cristiano al fortín de Courtois

De los goles de Cristiano al fortín de Courtois

Escrito por: Carlos Lumbreras2 julio, 2020
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

No es fácil que los minutos posteriores a la consecución de una Champions League puedan ser oscurecidos por nada. No hay nada comparable para un aficionado al fútbol que ver a tu equipo ganar una Copa de Europa. Dicho esto, los minutos que siguieron a la consecución en Kiev de la 13ª Copa de Europa por parte del Real Madrid nos dejaron un regusto amargo. Cristiano Ronaldo, el segundo jugador más importante de nuestra historia, líder del mejor Madrid tras el histórico de finales de los 50, anunciaba que se marchaba. A los pocos días, el entrenador que había conseguido 3 Champions consecutivas anunciaba que se iba por no sentirse capaz de volver a ganar. A partir de ahí, todo lo que recuerdo de ese verano del Real Madrid fue negativo. Se fichó a un nuevo entrenador que no era, ni de lejos, la primera alternativa del club, detalle que suele ser la antesala de problemas serios.

En ese maldito verano, la sustitución de Cristiano por algún jugador que pudiera acercarse a su nivel parecía el movimiento lógico por parte del club. De hecho, yo mismo argumentaba en Twitter mi absoluta seguridad de que el club no habría traspasado a Cristiano sin tener un sustituto en condiciones. Como muchas veces, me dejé llevar por mi optimismo en lo que tiene que ver con el Madrid. Los días pasaban y Mbappé se iba a París, Neymar y su padre organizaban una subasta que terminaba en nada, Kane cotizaba en libras y Hazard, tras un mundial fabuloso, se decidió que no era imprescindible en un equipo que contaba con Bale, Asensio y Benzema. En resumen, el último día de aquel mercado veraniego el mítico número 7 del Madrid se le adjudicó a un canterano de vuelta: Mariano. Ah, se me olvidaba, en ese “fatídico” verano (yo al menos así lo recuerdo) también se fichó a un portero belga, alto y narigudo, llamado Thibaut Courtois.

Courtois y Florentino Pérez

Si el verano fue malo para el madridismo, la temporada fue horrible. No recuerdo un peor Madrid que el de la temporada pasada desde los tiempos de García Remón y Luxemburgo. El equipo marcó 63 goles (la peor marca desde 1999) y encajó 46 (la peor marca de los últimos 10 años). Había consenso en la añoranza de los goles de Cristiano, y la cifra de goles encajados y alguna que otra “cantada” hicieron temer que al final nos hubiéramos equivocado también con el cambio de portero.

En la primavera de 2019, en una de esas cosas que hacen de Zidane un personaje indescifrable, el francés decidió volver a entrenar a un equipo con el que consideraba que ya no podía ganar. Yo era poco optimista con respecto al Madrid de la temporada 19-20. A pesar del fichaje de Hazard seguía pensando que el Madrid estaba en una rara transición hacia un futuro incierto, que nos faltaba mucho gol y que el nivel de nuestra plantilla estaba por debajo de los mejores equipos de Europa.

A pesar del fichaje de Hazard seguía pensando que el Madrid estaba en una rara transición hacia un futuro incierto, que nos faltaba mucho gol y que el nivel de nuestra plantilla estaba por debajo de los mejores equipos de Europa.

Y empezó, sin que lo supiéramos entonces, la temporada del coronavirus. Y como todo lo que ha pasado en estos meses, la temporada del Madrid ha sido extraña, a veces surrealista. Empezó como terminó la pasada: malas sensaciones en pretemporada, inmensas dificultades para hacer gol, el fichaje estrella lesionado y/o en baja forma, y resultados irregulares.

Poco a poco, el equipo empezó a mejorar en algo que se había esfumado con la marcha de Cristiano a Turín: el Real Madrid jugaba regular, pero competía. Para mi sorpresa, además, lo hacía desde la seguridad defensiva. El Madrid, empezó a encajar muy pocos goles, y a partir de ahí a ganar partidos y competir por los títulos en juego. Así se pasó con cierta holgura la fase de Champions y se ganó la Supercopa de España en Enero, y nos acercamos al liderato en la Liga. Digo más, a primeros de marzo ganamos con holgura un clásico al Barça de Messi y nos colocamos líderes. Éramos felices, pero no sabíamos que ese día un maldito virus ya estaba circulando entre nosotros para hacer nuestras vidas mucho más amargas. Del lamentable partido ante el Betis en el Villamarín antes del confinamiento he prometido a mi familia no escribir. Diría cosas de las que me arrepentiría en el futuro.

Courtois contra el Barça

Nunca sabremos si este Madrid 19-20, claro aspirante a ganar la Liga, es producto de la casualidad o de un plan preconcebido. Vamos, me pregunto si alguien en el club diseñó el Madrid post-Cristiano pensando que el plan para no echar de menos a un goleador de esa categoría era diseñar un equipo muy fiable en la parcela defensiva, virtud muy poco habitual en el Madrid. La última vez que un portero del Real Madrid había sido el menos goleado de la Liga fue hace 12 años con Iker Casillas en la portería blanca. Tampoco sabemos si este hubiera sido el plan si Hazard se hubiera parecido al del Mundial 2018 o Jovic a aquel chico que las enchufaba en Frankfurt. Si el plan era preconcebido, mi enhorabuena a Zidane.

¿Cuáles son las claves de esta sorprendente fiabilidad defensiva del Real Madrid 2019-20?. Son varias, en mi opinión, y van desde aspectos colectivos a actuaciones individuales muy brillantes.

En un tramo de la primera parte de la temporada, el vigor y la capacidad defensiva de dos piezas nuevas introducidas por ZZ en el equipo: Mendy y Valverde fueron claves en mejorar la competitividad del Madrid. Cuánto necesitaba ese Madrid que languidecía en 2019, las piernas frescas, el hambre y el entusiasmo contagioso del uruguayo y el francés. Ellos fueron durante el mes de Octubre y parte de Noviembre el alma del equipo y permitieron ganar confianza a varios de sus compañeros. En particular a uno que la necesitaba con urgencia: Courtois.

Mendy y Valverde, fueron claves en mejorar la competitividad del Madrid. Cuánto necesitaba ese Madrid que languidecía en 2019, las piernas frescas, el hambre y el entusiasmo contagioso del uruguayo y el francés.

No creo que pueda explicarse este Madrid 19-20 sin ensalzar la figura del portero belga. Courtois, para mucho más de lo que parece, y en varios partidos de esta temporada ha parecido que paraba mucho. Un equipo grande necesita un portero que gane partidos, que evite ese 1-0 que cambia la dinámica de los partidos, que permita al equipo jugar con soltura sin preocuparse de que la primera aproximación se va a convertir en gol en contra. Sin eso no se ganan títulos. El belga es un portero que se adorna poco, llega fácil a los rincones y lo hace todo con naturalidad. No es un portero espectacular, pero cuando está en forma, y ahora lo está, transmite una seguridad apabullante. Es un tipo de portero que me gusta mucho y que ha sido poco habitual en la portería del Madrid.

Varane y Sergio Ramos

El triángulo Casemiro-Varane-Ramos es la base sobre la que el Madrid está sustentando su juego. Tras una temporada nefasta, los tres han recuperado su nivel y permiten al equipo defender muy arriba y ganar casi todos los duelos aéreos y los balones divididos. La presión alta que este Madrid ha empezado a practicar con asiduidad en varios tramos de la temporada no se puede entender sin ese triángulo.

Casemiro lo juega todo, lo barre casi todo, compite siempre, llega al gol y está realizando su mejor temporada desde que llegó al Castilla cedido por el Sao Paulo hace 8 años.

Varane es, con permiso de Benzema, el mejor jugador del Madrid en este tramo de la Liga post-COVID. Por fin, estamos viendo de nuevo a ese fenomenal central que siempre hemos intuido que podía ser pero no siempre ha sido. Rapidísimo, extraordinario por alto, mejorando mucho con balón, y sobre todo en agresividad y determinación, virtudes que no siempre le han acompañado.

Varane es, con permiso de Benzema, el mejor jugador del Madrid en este tramo de la Liga post-COVID.

Sergio Ramos es un mito. Lo malo es que él lo sabe. Esa conciencia de su transcendencia y su apabullante seguridad en sí mismo le hace cometer, a veces, errores impropios de un jugador de su categoría. Dicho esto, su temporada está siendo muy buena. Concentrado, atento, físicamente impecable, clave en la salida de balón y segundo goleador del equipo tras Benzema. A pesar de sus 34 años, sigue siendo un central mayúsculo y esa personalidad que, a veces, le traiciona, es un elemento imprescindible para entender estos años dorados del equipo que él, a su manera, intenta prolongar.  Si hay que jugar un partido importante, Ramos y diez más.

Mendy contra el Barça