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El ciclo de la duda

El ciclo de la duda

Escrito por: Fred Gwynne15 noviembre, 2020
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Al famoso ciclo kármico de mi buen amigo y censor Pepe Kollins, ese que se lleva cumpliendo con más o menos regularidad desde la fundación del Real Madrid y que consiste en una secuencia de tres fases reactivas, a saber: un entrenador 'caudillo' como Capello, uno 'happy' como Del Bosque y un desgobierno en el Asador Donostiarra, le ha salido, posiblemente porque Zidane cumple en una sola persona lo de ser 'caudillo' y 'happy', una especie de subciclo, un ciclo dentro del ciclo.

A esta mini-etapa, que lleva cinco años ejecutándose escrupulosamente, la llamaremos el 'ciclo de la duda', por ser la duda, o el arrepentimiento, que en este caso no es más que la duda en estado de letargo, la que envuelve, por delante y por detrás, al otro elemento del ciclo, el más trascendental: los títulos.

Es tan simple que me da cierta vergüenza exponerla:

DUDO DE ZIDANE. TÍTULO. NO VOLVERÉ A DUDAR DE ZIDANE. DUDO DE ZIDANE. TÍTULO. NO VOLVERÉ A DUDAR DE ZIDANE. DUDO DE ZIDANE. TÍTULO…

Así llevamos más o menos un lustro, el tiempo que ha tardado Zidane, entre duda y arrepentimiento, en ganar 3 Champions, 2 Mundiales de clubes, 2 Supercopas de Europa, 2 Ligas y 2 Supercopas.

Zidane celebración

Dentro del 'ciclo de la duda', los aficionados, al no poder elegir el título, se conforman con escoger el tamaño de su desconfianza. Algunos, después de dudar, muchas veces por mor de una dolorosa derrota que les ciega el entendimiento y les extirpa (momentáneamente) la memoria, se arrepienten, incluso antes de la consecución de un nuevo triunfo, como se arrepintió San Pedro después de escuchar al gallo cantar tres veces.

Otros, menos numerosos pero mucho más ruidosos, no pasan de la primera premisa, la de dudar de Zidane in aeternum, llevan recelando del entrenador desde el primer día, son los 'Zidaplanistas' del fútbol, los que creen que los balones no son redondos y Zizou no es entrenador para el Madrid. Normalmente se les reconoce porque le han despedido 30 veces, que son las derrotas que ha cosechado en estos últimos cinco años. Su ciclo es un bucle, un D.D. perenne: derrota, despido, derrota, despido, derrota… El resto, los 11 títulos conseguidos, son meros accidentes, problemas coyunturales que lo único que hacen es estropearles ese "yoyalodije" eterno. Este grupo, abonado por las videoconsolas y la insatisfacción que produce la mediocridad, es muy variopinto: tenemos AIC, editores de televisión, estrellas de la radio y famosos tuiteros. Su gran ventaja es que, después de cada derrota (o empate), pueden alimentar su ego, cambiando compulsivamente de emisora, cadena o periódico hasta encontrar aquella en la que pidan el despido de Zidane de manera más lacerante.

Zidaplanismo

A veces tengo la impresión de que los optimistas, o los que intentamos no dudar en el 'ciclo de la duda', somos como el famoso entorno del Real Madrid, ese del que todo el mundo habla en las tertulias, pero nadie sabe dónde está.

El problema que detecto, al menos para una parte cada vez más significativa del madridismo, es que quieren que Zidane no sea Zidane, le piden, como si Zidane no hubiese demostrado a lo largo de estos años que solo obedece a su conciencia, que se convierta en un entrenador domesticado, de esos que transitan siempre por los mismos caminos de la racionalidad y la derrota.

Afortunadamente, Zidane seguirá siendo el mismo que, en una final de un Mundial, en el último partido de su carrera, se autoexpulsó dando un sonoro cabezazo; el mismo que ganó una Liga cambiando a diez jugadores en un partido trascendental; el que dejó el club después de conseguir lo que nunca antes nadie había conseguido; o el que alineó a Marcelo e Isco, por mucho que algunos no lo entendieran, en su última derrota. Nos gustará más o nos gustará menos, pero seguirá siendo el mismo, el mejor entrenador de la historia del Real Madrid, entre otras muchas virtudes por una que destaca sobre todas las demás: Zidane nunca duda.

 

Fotografías Getty Images