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Zidane y el perímetro

Zidane y el perímetro

Escrito por: John Falstaff31 octubre, 2020
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Ahora que todo es perimetral, se impone un Real Madrid perimetral. Lo perimetral, lo periférico, manda. El Real Madrid ha de abrazar el perimetrismo, que es una palabreja que no existe pero urge inventar. Yo me declaro perimetral desde ahora mismo, faltaría más. Lo importante es el perímetro, más aún en este estado de alarma que siempre rige en el Real Madrid sin necesidad de aprobación parlamentaria. Si usted, despistado lector, no sabe a qué estado de alarma me refiero, o piensa que exagero, es porque no presta suficiente atención al perímetro. O sea, que no está usted ni al plato ni a las tajadas, disculpe que se lo diga. Fíjese en el perímetro. Compre periódicos deportivos. Vea chiringuitos. Y sobre todo, asómese a Twitter.

Yo entraba poco en Twitter. Una cosa como a salto de mata, de Pascuas a Ramos, o de Ramos y Santas Pascuas, que es más madridista. Y es que Twitter es una riada que se te cuela por la pantalla del móvil como el golpe de mar que hunde el barco, que eres tú. No es una ventana al mundo, es el boquete del Titanic. A mí me agota y me apabulla esa sensación de náufrago arrastrado por el aluvión de opiniones en no sé cuántos caracteres. Pero es el perímetro, y ya hemos dicho que el perímetro manda. Además Twitter es el perímetro lapidario, que es como la aristocracia perimetral, porque es un perímetro en el que no caben los matices ni los contornos borrosos. Así que hay que hacerse a la idea. Yo ahora me pongo las gafas de cerca y no despego la nariz de Twitter. Todo está ahí. Y si no está no importa, porque es como si no existiera. Twitter es el caldero en el que la realidad hierve y hace chof, chof para que nos la comamos mientras ella nos devora a nosotros. Si no está en Twitter no está en el mundo. No es perímetro.

mucho madridismo, madridismo esencial, en la fidelidad a las propias convicciones

Han pasado ya varios días y en mi cabeza continúa el runrún de Twitter cuando juega el Madrid. Para ser más preciso, cuando el Madrid estaba jugando con el Borussia de Moenchengladbach, ese equipo cuya tortuosa ortografía aprendimos en los 80 para no olvidar jamás. El martes pasado el Real Madrid se reencontró con su historia y yo con mi adolescencia. Bien es verdad que en mi adolescencia las gestas del Madrid tenían el alma manchada de barro, y ahora son asépticas, frías como el césped impecable, como la grada vacía, como el cartón piedra de ordenador, como ese trampantojo que ya no tapa la desnudez de la Cantudo sino la del cemento. Pero no importa, porque nos queda Twitter, y ahora el fútbol hay que verlo con un ojo en la tele y otro en Twitter.

Y el otro día Twitter no era frío ni aséptico. Twitter bramaba. El eterno estado de alarma del Real Madrid ya no cocía a fuego lento sino en violenta ebullición, y el móvil ardía entre convulsiones febriles. El acabóse. El Madrid perdía. Y Twitter salpicaba improperios, insultos, maldiciones y blasfemias. Los mismos que tres días antes celebraban extasiados la victoria en Barcelona profetizaban ahora las peores calamidades con esa clarividencia única que sólo está al alcance de los que viven en el perímetro. "¡Por favor, que quedemos cuartos y no tengamos que jugar la Europe League!", suplicaba un tuit entre sollozos desesperados. "Este equipo está sin entrenar", sentenciaba otro tuit con aire profesoral. Todo era un pesimismo negro e histérico, una fatalidad aterradora y arrolladora. No es menos cierto que el partido aún no había concluido, pero eso era un dato esencial y lo esencial no importa en el perímetro.

Logo Twitter Negro

En el perímetro lo que más importaba en ese momento era Zidane. Zidane no sabe. O sabe gestionar egos, pero nada más. Ignora los rudimentos básicos de estrategia que tantos doctores alumbran en el perímetro. Es un analfabeto que no sabe leer un partido. Un alineador incapaz de hacer los cambios que en el perímetro todo el mundo considera de cajón. Un tipo con suerte al que le llueven Copas de Europa y Ligas como el señor que se encuentra un maletín de dinero en un banco del parque. El madridismo perimetral aprendió de un antiguo jardinero que el resultado es un impostor. Y si el jardinero de la antigüedad utilizaba la máxima para explicar sus derrotas, el madridismo perimetral la emplea, castizón y farolero, para justificar sus victorias. Quiere decirse que Zidane es el principal obstáculo para sus propias victorias, y por ello también para el verdadero madridismo, para el madridismo periférico. Zidane y sus resultados son unos impostores. En el perímetro lo tenemos muy hablado.

Y ello aunque haya mucho madridismo, madridismo esencial, en un equipo empeñado en la victoria pese a perder por dos goles a cero en el minuto 87. Aunque haya mucho madridismo, madridismo esencial, en un equipo que decide olvidar sus propias y evidentes limitaciones y busca la victoria contra toda razón y contra toda lógica. Aunque haya mucho madridismo, madridismo esencial, en la figura elegante de Zidane, en su expresión serena, en la luz de su mirada. Aunque haya mucho madridismo, madridismo esencial, en esa fe tranquila en la victoria que Zidane inspira con su sola presencia, con ese verbo hecho carne que habita entre nosotros. Aunque haya mucho madridismo, madridismo esencial, en la fidelidad a las propias convicciones, en ese seguir su propio camino pese a la incomprensión, pese a la soledad y pese a las críticas. Aunque en ningún lugar haya más madridismo, madridismo esencial, que en esa grandeza que parece ser el segundo apellido de Zidane.

Zidane elegante

Pero todo eso son distracciones. Tentaciones propias de espíritus débiles. Para qué empeñarse en el madridismo esencial pudiendo abandonarse al perimetral. El perímetro es la fe, es la luz y es el camino. El perímetro desprecia lo esencial, lo reflexivo, lo mediato. El perímetro es movimiento, es agitación, es inmediatez. El perímetro es lo fácil, lo aparente, lo rápido, lo instintivo. Así pues, procede confinar perimetralmente a Zidane, ese disidente. A la mayor brevedad. Lo exige el bien común del madridismo perimetral. El pueblo, el madridismo perimetral, Twitter ha dictado sentencia.

Sí, por fortuna he abrazado la fe perimetral. Sólo los ilusos y los imbéciles se empeñan en ir contra el signo de los tiempos. Y a pesar de todo, a veces, en la soledad de la noche, me despierto sobresaltado por un pensamiento que me atraviesa como un aguijón: ¿y si el confinamiento perimetral fuese una trampa para que no veamos más allá de nuestras narices?, ¿y si resultara que la verdadera grandeza, esa grandeza personificada por Zidane, jamás podrá quedar confinada en el estrecho perímetro que ciertos líderes de opinión pretenden establecer?

 

Fotografías Getty Images