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Artesanos y alineadores

Artesanos y alineadores

Escrito por: Marizombi11 febrero, 2020
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Empecé a ser cinéfila antes que futbolera, cosa normal en una familia en la que a nadie -salvo a una tía bisabuela que era del Athletic de Bilbao- le gustaba el fútbol y sí el cine. Mi madre era gran lectora y peliculera, así que me crie desde muy pequeña viendo películas hasta que, rondando los catorce años, me empezó a picar el gusanillo del fútbol gracias a los paradones espectaculares de Luis Miguel Arconada. Seguí más los periplos del guardameta donostiarra que a la Real Sociedad, y cuando empecé a espabilar en el mundillo futbolero decidí hacerme forofa del Real Madrid. No creo que esto necesite demasiadas explicaciones.

Así, empecé a ver partidos sin abandonar mi gusto por el cine mientras me compraba los primeros libros decentes que estaban a mi alcance sobre el séptimo arte, amén de revistas especializadas, combinando todo esto con los As, Marca y una impresionante colección encuadernada de la revista Don Balón que hizo poco a poco Carmen, mi tía bisabuela. Sigo conservando esta colección, que es una joya.

Como joven aficionada y principiante intentaba ver, leer y escuchar todo lo que podía en relación con el cine y el fútbol. Comparado con la cantidad de información, material de lectura y audiovisual que existe hoy, lo de antes era una tarea minuciosa de ratón de biblioteca. Como joven aficionada y principiante, además de ingenua, respetaba con casi veneración lo que escribían los críticos de cine y lo que opinaba José María García, quien por aquel entonces era referente del periodismo deportivo radiofónico. No sé si es que no había más donde comparar, que no me gustaban las otras alternativas o que yo no supe buscar, pero la cuestión era que lo que decían los gurús del cine y García iban a misa, cosa que a lo largo del tiempo comenzó a no cuadrarme demasiado. Vamos, que se me fueron cayendo los mitos poco a poco a medida que iba encajando las piezas.

Todo esto me lleva al meollo de la cuestión: los balbuceantes pasos de una novata pasaron a otro nivel cuando comenzaron a chirriarme las opiniones de todos mis incuestionables. Leí a críticos (e incluso a cineastas) tildar de artesano a William Wyler en tono condescendiente, como si su obra fuera una cosa menor. ¿Artesano? Al gran John Ford o al brillante Billy Wilder no los llamaban artesanos. ¿Por qué? Ah, porque según el fútil criterio de los expertos, Wyler no tenía "estilo". Y yo empecé a barruntar qué demonios significaba lo de artesano y lo del maldito estilo.

 

 

Todavía hoy no he acabado de comprenderlo tras ver gran parte de la filmografía de estos tres maestros. Centrémonos en el artesano, porque al parecer los otros dos son cineastas. Wyler y su filmografía carente de estilo cuenta con películas como Ben-Hur, Los mejores años de nuestra vida, La heredera, La carta, Horizontes de grandeza, Vacaciones en Roma, Jezabel, La señora Miniver, La loba y un largo etcétera. Más de algún director de cine amante y versado en cuestiones de estilo se habría dejado amputar las dos piernas por rodar al menos una de las películas citadas. De los críticos no hablo, porque los acabé arrinconando a todos y a su pedantería igual que terminé por aborrecer al periodismo deportivo, empezando por García.

El estilo, el artesano, el ALINEADOR. Zidane es el alineador al igual que Wyler es el artesano. Con mucho más desprecio se ha tratado a Zidane desde que llegó como entrenador al Real Madrid. Que si la flor, que si la carencia de estilo, que si la gestión del vestuario. "Es un gestor de vestuarios", decía, dice y seguirá diciendo la lastimosa prensa deportiva cuyo mísero estilo -este sí- consiste en una conmovedora mezcla de cotilla-macarra- barriobajero con toques aquí y allá de pesebrismo servil más cero información fiable. Hasta los que no se dedican a la prensa deportiva dicen cosas tales como que ahora (¿ahora?) Zidane ya no es alineador, sino entrenador. Sí, lo dijo hace poco Federico Jiménez Losantos en su pequeña -tanto en extensión como en contenido- sección de deportes de su programa matinal. Federico sabe mucho, pero no lo sabe todo y nunca se dará cuenta. Cosas del ego, supongo.

En resumidas cuentas, caramba con el palmarés del alineador y caramba con lo filmado por el artesano. El primero gana todo lo ganable en poco tiempo y el segundo tiene en su haber varias obras maestras del cine absolutamente indiscutibles.

Wyler ya no está, pero seguiremos disfrutando con su humilde artesanía filmada. Y espero que Zidane siga deleitándonos a base de ganar títulos mientras alinea. El triunfo, niños y niñas, no se puede disfrazar con eufemismos.

P.D. Agradezco la valentía de @AthosDumasE por animarme a escribir esto.