Buenos días. Tres son hoy los temas principales de los portadas deportivas del día.
En primer lugar, Endrick llega a un acuerdo (también lo hacen el Madrid y el Palmeiras) para jugar en el Bernabéu a partir de julio de 2024.
A continuación viene lo de la Superliga y el informe del abogado del Tribunal de Justicia europeo, sobre cuya negatividad para el proyecto parece existir un cierto consenso que sin embargo no permea al Madrid, inasequible al desaliento respecto a la sentencia final, que puede o no coincidir con el informe, un informe que tiene buenas dosis de ambigüedad hasta para quienes lo han leído y son duchos en materia legal.
Por último, y curiosamente por parte de la prensa cataculé, nos llega la fanfarria relativa a la final del domingo, la que por fin pondrá fin (valga la redundancia) a este mundial en minúscula que será más recordado por los esclavos que murieron en la construcción de los estadios y por los sacos de dinero en las casas de los eurodiputados que por lo acontecido en el terreno de juego, que ha sido bastante plúmbeo.
Empecemos por lo de Endrick.
Erm… No, perdón, no era esta la portada que buscábamos.
O sí, no sabemos. Al fin y al cabo, como bien apuntaba un amigo tuitero, Madrid está más cerca del Camp Nou que el estadio del Palmeiras, por lo que técnicamente, geográficamente, no hay mentira alguna en esta reciente portada de Sport. Endrick llega al Bernabéu y, por lo tanto, físicamente se acerca al Camp Nou. Endrick no es que se acerque y llegue, que sería el tránsito natural, sino que primero llega (a Madrid) y con ello se acerca (a Barcelona). Endrick llega y se acerca.
Como bien subraya As, el Madrid se ha adelantado en el fichaje de la nueva perla brasileña (si aún no habéis visto vídeos, apresuraos en dirección a YouTube) a PSG, Chelsea y Barça. Xavi Hernández ya había admitido públicamente que andaban en conversaciones con el chico. Y eso es lo importante. El Barça habló con el entorno del chaval durante más rato que el Madrid y eso es lo que cuenta, aunque al final el contrato se firmara con los blancos. El tiempo de posesión, perdón, de conversación, fue superior en el caso de los culés, y el Madrid rubricó el acuerdo sin proponer. No estamos seguro de que valga, por tanto.
El caso es que Marca, por lo que sea, parece sin embargo otorgar validez a lo firmado entre los dos clubes y los representantes del futbolista, lo que permite concluir que Endrick vestirá de blanco. Las fotos que lo muestren de esa guisa, en todo caso, serán fotos impostoras, como el marcador cuando el Barça pierde. Con el fichaje de Endrick por el Madrid ha perdido el fútbol, qué duda cabe, y lloran los niños, llora cuanto hay de noble y puro en el corazón humano, a la sombra umbría de las torres de Florentino.
El otro gran argumento de Marca es el del informe europeo sobre la Superliga. Como antes indicábamos, las conclusiones de dicho documento son abstrusas y cuajadas de ambigüedad, parecen ser básicamente negativas hacia la Superliga pero nadie las entiende bien. Nadie las entiende bien excepto Tebas, perdón, excepto Marca, que las considera “un duro golpe” (no para ellos, ellos tan felices con una UEFA controlada por su amigo Al Khelaifi). A22 Sports, la empresa promotora de la Superliga, es sin embargo optimista, como veréis a continuación. Los jueces (que son los que cuentan) no se pronunciarán hasta la primavera.
En cuanto a la prensa cataculé, ya decimos que su preocupación es la final del domingo. Messi tiene que ganar para que al menos nos haya conducido a la bancarrota un campeón del mundo. En Sport se empeñan en que a Messi le haga un marcaje Tchouaméni para que, caso de ganar Argentina, se pueda decir un poco más que ha perdido el Madrid.
Por cierto, Sport ha premiado al Real Madrid. No, nos hemos tomado tres carajillos en el desayuno. Sport ha premiado al Real Madrid.
Es un premio de valors, como no podía ser de otro modo. Butragueño ha ido a recogerlo. Hemos preguntado en el club si ha vuelto sano y salvo a casa y la única respuesta han sido unas risas whatsapperas. Pero una señora de Castelldefels que iba a la capital a visitar a su hija por Navidad nos confirma que le vio en el AVE de vuelta. Emilio está bien. No era una trampa.
Sport nunca dejará de sorprendernos. Agradecemos su deportividad (en esto). No hacemos enmiendas a la totalidad, y si algo se hace bien se dice, lo mismo si lo ha hecho San Francisco de Asís que el rey Leopoldo de Bélgica.
¿Qué será lo próximo, amics? ¿Un premio a La Galerna?
Pasad un buen día.
Hoy, 1 de diciembre de 2022, se cumplen 24 años del aguanís de Raúl, el gol que a la postre —todo artículo deportivo ha de incluir un “a la postre”, “aledaño” o “prolegómeno”— sirvió para que el Real Madrid ganase su segunda Intercontinental, en esta ocasión frente al Vasco da Gama.
En 1998 este campeonato aún se conocía como Copa intercontinental —aunque oficialmente se denominaba Copa Europea-Sudamericana—, se jugaba a partido único, en Japón desde 1980, y su vencedor era el ganador del enfrentamiento entre el campeón de la Champions de la UEFA y el de la Copa Libertadores de la CONMEBOL. Después, al mundo le dio por jugar al fútbol más en serio y hubo que incluir más continentes.
Debido precisamente a que se celebraba en Japón, el horario en España era cuanto menos raro: las 11 de la mañana. Jueves, para más señas. Si Tebas hubiese sido presidente de la FIFA no habría habido problema, porque habría fijado la hora del partido con el objetivo de mejorar las audiencias en otros lugares, es decir, a las 21:00, hora española, las 5:00 de la madrugada en Japón. Café para todos.
Los madridistas adultos que ya estábamos vivos hace 24 años nos encontrábamos pletóricos, entonces era un acontecimiento jugar una Intercontinental, llevábamos 32 años sin ganar la Copa de Europa, por lo que nadie quería perderse el partido. Pero debido al horario y a que se trataba de un día laborable, quien más y quien menos se encontraba trabajando o estudiando, salvo que se dedicasen a tareas políticas, y el seguimiento de la final se antojaba complicado. Hubo quien prolongó el desayuno, quien sufrió una lumbalgia fulminante, a quien se le murió por tercera vez un tío abuelo del pueblo, o quien, como es mi caso, vio el partido mientras trabajaba gracias una solución audiovisual itinerante.
En 1998 era un acontecimiento jugar una Intercontinental, nadie quería perderse el partido. Pero debido al horario quien más y quien menos se encontraba trabajando o estudiando. Hubo quien prolongó el desayuno, quien sufrió una lumbalgia fulminante, a quien se le murió por tercera vez un tío abuelo del pueblo...
En la empresa éramos todos madridistas y alguien llevó una tele de las que por entonces se conocían como “teles de la cocina”, es decir, un armatoste con la pantalla como una tablet cuadrada, no más de 14 pulgadas, y más culo que un Seat 1500. Había que tirar un cable de antena de 10 metros desde la entrada y la señal era como poco mejorable. Lo recuerdo porque era la práctica habitual en eventos de este tipo, hacíamos lo mismo con los mundiales, que por aquella época me interesaban. Lo hicimos muchas veces hasta que dejamos de hacerlo.
No voy a decir que recuerdo el desarrollo del partido perfectamente, pero sí que el Madrid se adelantó con un gol en propia puerta de los brasileños. Roberto Carlos había propinado un centro —porque muchas veces Roberto los centros los propinaba— similar a los que ahora ejecuta Fede Valverde y un defensor había rematado sin querer a gol.
En aquella época no estábamos acostumbrados a ganar torneros internacionales y vivíamos las finales aún más al filo del infarto, un infarto que a punto estuvimos de sufrir cuando Juninho Pernambucano marcó un golazo tras una parada meritoria de Illgner.
Avanzaba la segunda parte, aquello seguía empate y el Vasco da Gama creaba ocasiones de peligro, nos iba a dar algo. El partido se acababa y entonces Clarence Seedorf, que jugaba al fútbol como los ángeles, pasó a Raúl desde su propio campo y el resto es historia. El siete, vestido con la camiseta brillante post-Séptima, mató el balón con la punta del pie izquierdo sobre la línea del área grande, recortó a un primer defensor que se deslizó ante nuestros ojos como un vagón perplejo a la deriva, ejecutó el aguanís y colocó el balón dentro de la portería con la derecha. El deliro del mediodía. No voy a decir que gritásemos el gol como el reciente de Mijatovic frente a la Juve, pero la alegría fue formidable.
Soy capaz de describir el gol con cierta fidelidad tras haberlo visto en incontables ocasiones, porque en mi cabeza Raúl dribló a no menos de veinticuatro futbolistas rivales antes de anotar. Esta hipérbole memorística también me ocurre con el tanto que marcó al Atleti en el que volvió loco a Juanma López, mi sensación fue que regateó a todo el Vicente Calderón.
Como a todo el mundo, el cerebro me engaña constantemente, como es el caso de ahora, que terminando de escribir este artículo me doy cuenta de que en el año 1998 yo estaba en la universidad y probablemente fuera la Intercontinental del 2000 la que acabo de sumar al palmarés del Real Madrid en esta pieza. Ruego que me disculpen, no ha sido adrede, se lo prometo.
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Buenos días, amigos. Llegó. Ya está aquí. El gran parón del mundial de los 6500 esclavos muertos, el de la negación de los derechos de la comunidad gay y de las mujeres, nos ha engullido. La liga (con minúscula, como el mundial, aunque su bochorno sea de mucha menor escala) cerró ayer su primer acto con un partido entre el Madrid y el Cádiz donde se impusieron los de Ancelotti por 2-1. Leed la crónica de Ramón Álvarez de Mon. Va a ser la última crónica de nuestro equipo en mucho tiempo. A cambio NO encontrareis aquí crónicas del mundial ese. Nos referiremos a él porque no habrá más remedio, pero la atención que le dispensemos será tangencial.
Seguirnos hablando de lo que nos gusta: el Real Madrid C. de F.
La liga puso el broche de vitriolo a su penoso devenir como subproducto con un nuevo atentado contra la equidad, con una nueva manifestación de desvergüenza. Las portadas del día apenas aluden a ello, pero vivimos un escandaloso episodio de ocultación de la verdad no solo al espectador, que ya está acostumbrado a tener que buscar de estraperlo en las redes sociales las imágenes de las agresiones a futbolistas del Real Madrid, sino lo que es infinitamente más grave: un episodio de ocultación de la verdad a quienes tienen que juzgar, a los colegiados, en concreto a los del VAR.
As pone con toda justicia el acento en el golazo de Kroos, pero por fortuna tiene espacio para un recordatorio sobre la jugada: “El VAR ignoró una agresión de Fali a Rodrygo”. Agradecemos a As que por lo menos mencione el incidente, aunque su aseveración no parece del todo correcta. Por lo que se está filtrando desde el CTA, no es que el VAR ignorara la agresión, sino que no le llegaron las imágenes correctas para poder juzgarla.
Oh. Vaya. Y ¿por qué demonios no le llega al árbitro que está en el VAR la imagen que aclara la jugada? Se nos había vendido que Mediapro (es decir, Roures, es decir, el avalista y socio de Laporta, el proveedor de palancas) ya no llevaba el VAR. Se nos había vendido que Mediapro ofrecía en bruto todas sus imágenes de las jugadas al VAR, pero parece ser que no. Parece ser que Mediapro selecciona aquellas imágenes que hace llegar al VAR y aquellas que no.
Vamos a refrasearlo. Vamos a verbalizarlo de nuevo, ya que casi nadie más parece interesado en hacerlo.
A través de su empresa Mediapro, Jaume Roures, socio y avalista de Jan Laporta y administrador de palancas financieras al Barcelona, selecciona las imágenes que llegan al VAR, y de este modo influye en los arbitrajes del propio Barcelona y de su rival, el Real Madrid.
Lo repetimos porque pensamos que hemos dado con la forma exacta de explicarlo. Quedaos con esto, por favor.
https://twitter.com/DAZN_ES/status/1590837796444377088?s=20&t=U52KVwXqqulhSPHS5Rp7xA
¿Cómo lo veis? ¿Hay alguna forma de tomar esta competición en serio?
Marca pasa de todo esto. Es el periódico de todas las aficiones, lo que para ellos supone, en términos prácticos, que el Cádiz de las agresiones de Fali y las 718 patadas impunes de Alejo es “un gran Cádiz”. OK, José Luis. A Marca le preocupa más la lista de Luis Enrique para el mundial de los 6500 esclavos muertos que niega los derechos de las mujeres y de la comunidad LGTBI. OK también. Lleve Luis Enrique a quien le dé la gana. Esto es en cambio lo que a nosotros nos da completamente igual.
Sport y Mundo Deportivo honran al alimón a su Fali particular, Gavi, el chaval cuyo padrino deportivo -Roures otra vez- acaba de comprar a través de socios.com un premio Kopa a despecho de jugadores como Bellingham o Camavinga. Dice Gavi en Sport que “vamos a luchar por todos los títulos”. Erm… ejem…
Hombre, Gavi. Por todos-todos, lo que se dice todos, no vais a luchar.
Pasad un buen día.
Se va Piqué de manera precipitada y todos nos quedamos un poco así. Se sospecha que se fuga huyendo de la nueva Ley del Deporte, que sus trapicheos como businessman han precipitado este adiós anticlimático. Hace tiempo que Piqué ya no era un jugador de fútbol, sino un mercader. Cuanto más evidente se hacía su decadencia física y técnica en los terrenos de juego, más hechuras tomaba de Tom Cruise en Jerry McGuire. Al final ha dado un portazo a principios de noviembre y a casi nadie le ha resultado extraño. No hay peor derrumbe que el que no causa ningún ruido.
Hace tiempo que Piqué ya no era un jugador de fútbol, sino un mercader. Cuanto más evidente se hacía su decadencia física y técnica en los terrenos de juego, más hechuras tomaba de Tom Cruise en Jerry McGuire
Piqué pertenecía a ese linaje nuevo de barcelonistas que prefiguraban, o eso creímos, un adversario nuevo. Creció a los pechos de Guardiola, cuyas ubres estaban colmadas de rencor. Piqué fue de los que creció soñando con volcar la faz del mundo, como los godos de Ataúlfo, de los que soñaban con borrar el imperio del Madrid para levantar en su lugar el suyo propio. Nadie nunca estuvo tan cerca de lograrlo como ellos, por eso su despedida resulta tan fría ahora, tan vulgar, tan alejada de aquellos días furiosos en los que la tierra temblaba.
Piqué fue un rival formidable porque fue un futbolista formidable. Era un tipo de barcelonista ex novo. Juntaba en su ser la arrogancia congénita del pijo burgués catalán y la chulería desacomplejada, nueva en aquella orilla mediterránea, una percepción de sí mismo impropia del natural victimismo catalanista y por tanto, culé, que tenía más que ver, curiosamente, con lo castizo castellano, con la imagen cliché del madridista y madrileño echao palante. Piqué, al principio, parecía a salvo del estigma loser que perseguía al barcelonismo pre-Cruyff. Fue quizá el molde del nuevo producto estrella de la factoría norcoreana de La Masía, el reflejo humano y futbolístico del decorado cinematográfico en que Pujol y el PSOE y el año de nuestro señor de 1992 transformaron Cataluña. Un nuevo chico catalán, guapo, joven, que se fue de Erasmus a Inglaterra, que sabía idiomas, un nuevo tipo humano diseñado para destruir al Gran Postor, al rostro del Leviatán: al Real Madrid.
Sacaba la pelota jugada con exquisita elegancia, era sucio sin parecerlo, al contrario que Ramos, que lo parecía sin serlo. Esa presunción de inocencia, que tan generosamente reparte la prensa española con lo catalán y con lo vasco, tapaba excesos grotescos que en un madridista habrían supuesto la condena
Piqué era tan bueno como Xavi y tan camorrista como Stoichkov. Su talento tenía el don de ser transversal: igual que Iniesta, caía bien en toda España. Esto, más o menos, se debía a que Piqué era uno de esos ángeles redentores con los que sueña siempre el amargado, el infeliz y el paria de la Tierra. Su segundo apellido remitía directamente a la vieja aristocracia del barcelonismo nuñista, Bernabéu, pero el primero evocaba la pureza de sangre del país. Piqué era el upgrade definitivo del querubín diabólico que poblaría la república independiente de Cataluña y su desenvoltura, en aquel Barcelona ganador y apabullante de Guardiola, se correspondía con los ademanes del nuevo hombre catalán. Era “europeo” jugando y hablando. Sacaba la pelota jugada con exquisita elegancia, era sucio sin parecerlo, al contrario que Ramos, que lo parecía sin serlo. Esa presunción de inocencia, que tan generosamente reparte la prensa española, sobre todo la deportiva, con lo catalán y con lo vasco, tapaba excesos grotescos que en un madridista habrían supuesto la condena: escupitajos por la espalda, humillaciones públicas a compañeros (Arbeloa) y otras barrabasadas que ya anunciaban al niñato dentro de la superestrella.
Con Ramos se estableció desde muy pronto una dualidad forzada porque Ramos es mejor en todos los órdenes y la prueba última (por si hiciera falta) es que siendo más viejo y estando más cascado se ha ido del Madrid a un aspirante a la corona europea y ahora mismo es titular. Pero Ramos era un purasangre sevillano capitán del Madrid en carne y en alma que representaba una verdad antigua y poderosa absolutamente opuesta, antitética, a la impostura de la que Piqué era estandarte. Una impostura triunfante en una España deplorable donde la fantasía soez ya se enseñoreaba sobre la verdad.
Detrás del gesto desafiante y de la apariencia de enfant terrible lo único que había era un adolescente caprichoso
Pero Piqué, que lo tenía todo para suceder y prolongar ese maquiavelismo guardiolista, carecía, como Iniesta y como Xavi, como Messi y como Busquets, de esa inteligencia superior y de ese talento para la alevosía que siempre adornaron al Pep. A todos les ha faltado altura. Xavi es demasiado tonto, Iniesta es una criatura sensible que habita dentro de sí mismo, Busquets sólo quiere, genuinamente, jugar al fútbol (probablemente sea el más listo de todos ellos) y Messi es un niño que ha vivido toda su vida sentado encima de una cabeza nuclear. Cuando arreció la tormenta y llovió sobre el escenario se descubrió que el palacio estaba hecho de cartón y que al otro lado de la bruma asomaba el monstruo blanco de siempre reforzado por una década de tragar sangre, sudor y lágrimas.
De modo gradual y en paralelo al eclipse de la estrella del Barcelona de Messi Piqué empezó a postularse como una figura que trascendía el césped, como una especie de presidente en potencia. Porfiaba en el tercer tiempo mediático pero ni era Guardiola ni tampoco Mourinho. Incapaz de asumir la jefatura dentro del vestuario en el tardomessismo, con la espantada del dios el apagón fue general y se reveló que Piqué alumbraba tanto como una farola estropeada. El problema, para él, es que su carácter resulta tan fatuo y vacío como casi todo lo demás en aquella región otrora llena de energía y potencia creativa. Piqué fue durante años un jerarca en el verde. Su botín de títulos habla por sí solo, pero no ha sido suficiente. A la descomposición financiera y social del Barcelona asistió como de lejos, sin implicarse emocionalmente y, como se sospecha, incluso sacando tajada del desbarajuste y el caos general.
Levantó la manita una vez, hace ya más de diez años, y al final aquella foto fue una profecía: cinco lobitos, cinco Copas de Europa que ha visto levantar al Madrid
Que de uno de los referentes de la edad de oro de la Historia del Barcelona y del fútbol español, al final, lo más obvio que se pueda decir es que le aplica aquello de Dalí, avida dollars, causa incluso tristeza. Detrás del gesto desafiante y de la apariencia de enfant terrible lo único que había era un adolescente caprichoso. Su vis folclórica se queda en pataleta de tonadillera menor: divorcios televisados, declaraciones inanes acerca de la independencia, el Procés, Madrid o las elecciones de turno para ir de moderno y conversaciones de wasap aireadas en público donde emerge el fenicio más auténtico, el chalán que tira de contactos por un millón más en la cuenta, al más viejo estilo español, caciquista, de casino, puro y tratos en la trastienda del boticario. Ésta es una época dura para la grandeza, pero desde luego Cataluña parece la tierra más yerma de todas en ese y en muchos otros aspectos. Levantó la manita una vez, hace ya más de diez años, y al final aquella foto fue una profecía: cinco lobitos, cinco Copas de Europa que ha visto levantar al Madrid al final de una carrera a la que, da la sensación, llegó demasiado pronto, que es justo lo contrario de lo que pasa con los verdaderos titanes, cuyo esplendor se alarga como un crepúsculo del verano: con rayos de luz que atraviesan las entrañas de la noche.
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Buenos días, amigos. Por si os habéis despistado, os recordamos que esta madrugada se cambió la hora y a las 3 fueron las 2 (y así sucesivamente), como el Cádiz-Atleti. Cierto es que actualmente casi todos los dispositivos que utilizamos tienen la suficiente inteligencia —de hecho suelen llevar el prejifo smart— como para cambiarse ellos mismos la hora, pero probablemente si tenéis un reloj no smart o de pared o de una catedral que ocupe medio edificio, por ejemplo, tendréis que mover las manillas a mano, valga la redundancia. Ah, y el reloj de la cocina, ese que miráis cuando cocéis tallarines, ajustadlo también, aunque sea un engorro descolgarlo.
Hablábamos en el anterior párrafo del Atleti, que tiene una relación cruel —como diría Xavi— con el reloj, con la hora, con el tiempo, con la justicia, con el fútbol y con la vida en general. Ayer se volvió a llevar otro palo —como en Milán— bastante después del minuto 90. El otro día contra el Leverkusen, en lugar de un palo fue un larguero. En Lisboa, un cabezazo. En la variedad está el gusto. Desafortunadamente para ellos, por mucho que ajusten del reloj van a seguir perdiendo con retraso.
El desastre del 98, y no nos referimos al de la España del siglo XIX, sino al minuto del partido en el que el Cádiz anotó el gol de la victoria, levantó el ánimo de algunos en Twitter. Tal es el caso de Fran Martínez (@La LigaenDirecto), miembro de @relevo, que poco después de que el árbitro hiciese sonar su pito nos aportó un #DATO que trajo cola:
En realidad no es un #DATO, sino muchos, podríamos decir que fue un bukkake de #DATOS los que nos proporcionó Fran, que se apoya en la estadística para recordarnos los últimos goles introducidos con el pene en las porterías de la Liga española. Llama la atención que el Getafe esté presente dos veces, de lo cual se deduce que en la citada localidad madrileña se utiliza más que en otros lugares de la geografía española el pito, el micrófono, la flauta travesera, el plátano, el darth Vader, el cogote de ganso, el kojak, la nutria, el medidor de oquedades, la puntita, el que se interna, la palanca, el salmón, la tercera pierna, el que tengo aquí colgado, el chino tuerto, el manubrio, el cimbel, el trabuco, el leño, el ciruelo, el dedo sin uña, el mandoble, el joystick y etcétera, etcétera, porque tiene nombres mil el miembro viril, como cantaba LeoNardo Dantés.
El flujo de datos aportados por Fran excitó la red y otro miembro de la misma no dudó en declararle su admiración. La réplica de Fran también fue de envergadura:
Fran Martínez mostró su estadística referida a la Liga, porque en Champions ya sabemos que el Madrid está en lo más alto tras conquistar la pasada Champions con el pene fuera y haciendo surco.
Alguno podrá tildar este Portanálisis de grosero, de infantiloide, o tal vez de banal, pero el pollaviejismo en ocasiones se yergue en La Galerna con fuerza, sobre todo en las mañanas de gloria.
Solicitamos, eso sí, que no se escandalice nadie, la relación entre el nabo y el fútbol viene de lejos, hace más de una década que Vicente del Bosque recibió el Nabo de Oro, y el acto fue cubierto por muchos medios, medias y medies. Tenemos también el caso de Lubo Penev, que anotó muchísimos goles enfundado en la camiseta del Valencia, Compos, Celta o el propio Atlético de Madrid.
Marca se hace eco del “final diabólico” del partido de los colchoneros, dice que la última jugada, en el 98’, vuelve a tumbar al Atleti. Le tumban y le marcan con el pene. Gloria poética. Aunque el hecho de que quien hiciese penar a los del Cholo fuese Sobrino enturbia de manera incestuosa el asunto.
As prefiere titular “La semana cruel”, que no es periodo de rebajas de El Corte Inglés, sino este lapso de días penosos del equipo de Cerezo, que no ciruelo, que lo han llevado a caer en Champions y a protagonizar la chirigota de ayer.
Los chicos, chicas y chiques de Sport y Mundo Deportivo están hoy exultantes tras ganar al Valencia también en el tiempo de descuento gracias a un gol de Lewandowski en postura acrobática con el pie, no con la palanca.
Nos despedimos volviéndoos a recordar que esta madrugada se cambió la hora y que ajustéis el reloj del coche, de la cocina, etc. Aunque bueno, haced lo que os salga del pene. O de la pena. Porque en La Galerna somos inclusivos e, inclusive, inclusivas.
Pasad un buen día y no os echéis la siesta, que a las 16:15 juega el Madrid contra el Girona.
El penalti de Carrasco ha provocado que corran ríos de tinta en algunos medios y en redes sociales, no por el resultado del mismo, sino por si el partido debió acabar ahí o tras los rechaces posteriores.
La pena máxima se produjo en la última jugada del encuentro, en un córner ejecutado por los rojiblancos cerca del minuto 95. El colegiado francés Turpin señaló el final al ver que la jugada acabó sin peligro. Sin embargo, unos segundos más tarde se echó la mano al pinganillo porque su colega Jerome Brissard en el VAR estaba viendo la jugada. Finalmente le avisó y fue al monitor para comprobar si una mano del central ecuatoriano Hincapié era punible. Después de cotejar las imágenes decretó los once metros. Para aclarar esta situación hay que decir que desde la instauración del VAR se puede volver atrás, sin ningún problema, aunque se haya señalizado el final del partido o pongamos por caso el del primer tiempo. En el fútbol alemán, por ejemplo, los protagonistas llegaron a estar ya en el vestuario en el descanso y tuvieron que regresar porque el trencilla, tras unos minutos de comprobación, acabó por pitar un penalti.
La gran polémica de la jugada del pasado miércoles entre Atlético de Madrid y Brujas viene a continuación. ¿La última acción debía ser la ejecución de Carrasco o podía permitirse un rechace?
La regla 14 del reglamento oficial de la IFAB dice lo siguiente:
De esas palabras se entiende que si el tiempo ha finalizado solo se permite el disparo del lanzador y nada más. Acabe en gol, fuera o parada del portero es la última acción del choque. También es cierto, como ha sucedido ya con otros artículos, que la redacción es mejorable y podría ser bastante más clara. En Argentina, por cierto, hubo un caso similar en un Talleres – Unión hace diez días pero el árbitro advirtió primero a los jugadores de campo y luego al arquero que “patea y termina”.
Aquí están las imágenes:
— Alberto Cosín (@albertocosin) October 28, 2022
Sin embargo, Turpin no indicó nada ni al portero ni al resto de jugadores. Y todos se colocaron fuera del área esperando la resolución del lanzamiento. Es aquí donde entra la teoría de que el trencilla consideró que el penalti se produjo con más tiempo todavía por jugarse. La famosa interpretación del colegiado tantas veces declarada y buscada para las acciones más polémicas que se vienen dando en el fútbol últimamente.
Varios árbitros analistas en diferentes medios han dado su opinión y estaba más inclinada a que solo debió de tirar Carrasco y lo que llegó a continuación ya no valía. Mientras que otros han dedicado su tiempo y sus palabras a comentar más la parte de que el penalti debió de repetirse por invasión de jugadores del Bayer Leverkusen en el área rojiblanca.
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Buenos días, queridos amigos.
No es habitual que un deporte distinto al fútbol cope alguna de las portadas de los medios aquí portanalizados, y resulta mucho menos normal si además ese día juega nuestro Real Madrid, pero hay ocasiones que lo merecen, deportistas cuyas hazañas pretéritas los hacen acreedores de esa portada completa.
Es el caso del protagonista de la portada del As de hoy, Valverde. No, no hablamos de Ernesto, el que da famosos OK a Bellerín. Tampoco de ese Pajarito convertido en halcón resolutivo de nombre Fede. Ni siquiera de Loreto. Hay que ser muy viejuno para recordar que Loreto Valverde presentó en su día Estudio Estadio cuando Estudio Estadio era Estudio Estadio, un programa de referencia y no un muladar. Loreto era maja, aplicada y voluntariosa, pero sabía de fútbol lo mismo que demuestra Maldini cada vez que hace pronósticos. Qué cosas hemos visto en el periodismo deportivo de este país, a Loreto Valverde diciendo “Real Gijón 2 – Osuna 1” y a Manolo Escobar presentando Goles son amores. Los programas eran penosos, alcanzaban grados de patetismo bochornosos. Casi tanto como cualquiera de GolTV, para que se hagan una idea.
Pero ya nos hemos ido del protagonista, D. Alejandro Valverde Belmonte, que con ese nombre no podía haberse dedicado a otra cosa que el ciclismo profesional, pues lo mismo va al verde de las praderas que al monte.
Alejandro Valverde se retira hoy del ciclismo profesional en el Giro de Lombardía tras 21 temporadas en activo. 21 años dando guerra sobre una bicicleta, planteando batalla en cada repecho, descenso o escaramuza. 133 victorias como profesional, entre las que se incluyen una Vuelta a España, un Mundial en ruta y decenas de clásicas de prestigio. Se retira uno de esos Madridistas icónicos, como en su día nos recordó Athos Dumas.
Cierto es que puestos a dedicarle una portada podían haberse esmerado en la foto escogida. Parece una vieja del visillo versión persiana de lamas (no Manolo).
—¿Qué haces, Bala?
—Nada, aquí, viendo a los chavales salir con la bici y mordiéndome las uñas de envidia.
Se retira “el Bala”, “Balaverde” y no serán pocos los que respiren en el pelotón internacional. El mismísimo Tadej Pogacar tuvo que esforzarse al máximo para quitarle la victoria al Bala en la clásica de los Tres Valles Varesinos hace apenas tres días. Al murciano le queda una última bala en la recámara, como a Harry el Sucio, y le deseamos lo mejor (a Harry también), tanto en la carrera de Lombardía como en su vida a partir de hoy.
La vida de todo deportista llega a su fin y toca dejar paso a los jóvenes. Como Rodrygo, a quien Marca dedica hoy su portada, que nos lo muestra en acrobática postura, a medio camino entre el remate imposible y la patada de kárate.
Rodrygo mejora a cada partido que disputa, y su idilio con la Champions se prolonga una jornada más, como se vio el pasado miércoles, razones más que suficientes para que esta noche lidere el ataque de los blancos en la visita a los vecinos de Getafe. No será un partido fácil, como no lo ha sido en los últimos años en el Coliseo.
Las portadas recogen también el acuerdo entre el Barcelona y el Atleti por Griezmann: 20 millones de euros. Curioso. De afirmar vehemente que comía en la mesa de Cristiano y Messi a presenciar una disputa por ver quién no se lo quedaba. Como reza el titular, ahora ya podrá “desde el minuto 1” lanzar penaltis al larguero.
Sorprende que apenas haya hueco en las portadas para el meritorio empate de la selección femenina de Jorge Vilda ante las suecas, ante el tercer mejor equipo del mundo. El fútbol femenino solo fue noticia con la polémica y no con el buen juego. En Marca ni aparece y para As se trata de “La otra España”. Claro, porque hay una España oficial, culé, y luego está “la otra”. Igual que algunos tipos tenían a su mujer y luego a la querida, “la otra”. El titular no puede ser más desafortunado.
Como siempre, lo más hilarante suele venir de la prensa cataculé.
Mundo Deportivo nos cuenta que “Xavi corrige errores” mientras revisa una lista escrita en papel. Mas, si uno revisa sus ruedas de prensa, el Barça de Xavi nunca se confunde ni merece la derrota, así que creemos que esa lista contiene más bien el ideario de excusas a las que acudir:
O bien podría tener la lista de la compra:
Para Mundo Deportivo, la selección de Vilda, con su once titular repleto de madridistas, es solo “el plan B”.
Les dejamos con la portada de Sport sobre Diogo Dalot, un lateral derecho en la agenda del Barça.
Lo cual no podemos entender, dado que Valverde (no Alejandro, ni Loreto) dio el OK a Bellerín y hoy forma parte de la plantilla.
Pasad un buen día.
Buenos días, amigo. Si eres español, estás de enhorabuena. Tu selección de fútbol se ha clasificado para la Final 4 (también conocida como F4) de la Nations League. ¿Qué es la Nations League?, dices mientras clavas en mis pupilas tu pupila azul. Y, ya que estamos, ¿qué es la F4? Lo cierto es que ya has tenido tiempo para haberte enterado, dado que es la segunda presencia de la Roja en ello.
-¿En qué?
En la F4. En la F4 de la Nations League, para ser exactos. Es que no estás atento, lo reconocerás. El que todavía no se haya enterado de qué es ni de cómo funciona la F4 es porque no le ha puesto interés. También te digo que estás en tu perfecto derecho de no ponerle interés si no te presta hacerlo. A los amistosos de antes no se lo ponías, y esto son los mismos amistosos pero con un nombre mucho más molón. Imagínate qué diferencia. Dices: “Hemos ganado a Portugal 0-1, gol de Morata”, y está bastante bien. Pero es que dices: “Hemos ganado a Portugal 0-1, gol de Morata, y gracias a eso jugaremos la F4 de la Nations League”, y no veas cómo flipas. Lo puedes celebrar como si hubieras ganado un Mundial y vender como algo épico.
Épico. ¿Y por qué no? Lo que no se sabe lo que es puede uno adjetivarlo como quiera. La foto de portada de Sport es suficientemente significativa respecto al grado de euforia que se desató entre jugadores y cuerpo técnico al término del choque. No seremos nosotros quienes pongamos puertas al júbilo, ni siquiera aunque se nos escapen las razones del mismo. Arrimando el ascua a su sardina, con perdón, nos hace notar Sport que “La entrada de los azulgrana revolucionó al equipo”, y a lo mejor es eso lo que pone tan ufano a Sport, que tiene el corazón contento y lleno de alegría, por definición, ante el menor estímulo que permita soltar propaganda de la causa. Pero no es Sport el representante del culerío mediático que más lo goza ante la hazaña (?) de los de su Lucho. Ved si no el juego de palabras que perpetra hoy en primera plana Mundo Deportivo. Se conoce que corrió el cava en abundancia en esa redacción a partir del momento en que el árbitro decretó el final del encuentro en el Estadio Municipal de Braga. De otro modo, jamás habrían llegado a este hallazgo de titular.
Toma ya. Pues hombre, por lo menos nos hemos reído, aunque es un juego de palabras un poco boomer, no sabemos si las nuevas generaciones saben lo que es un “braguetazo”. A ver, un braguetazo es por ejemplo cuando te enrollas con la hija de tu seleccionador nacional para asegurarte de que estás en la lista. (Insertar GIF del Capitán América diciendo I Understood That Reference). Un seleccionador, por cierto, que dejó fuera del partido a Eric García, su central titularísimo, para que su Barça (el del seleccionador, no el de Eric, aunque también) no afrontara el riesgo de más lesiones. Luis Enrique es un señor que hace precisa y rigurosamente lo que le sale de las narices. Como los resultados le acompañan (nada para tirar cohetes, pero siempre cubre el mínimo y un poco más), es de esperar que seguirá haciéndolo mientras sus narices quieran.
Derroche de imaginación (o de espionaje industrial) en As y en Marca, que salen con exactamente la misma portada, foto y titular. Final feliz. Pues muy bien. Os dejamos con un rápido recordatorio de cómo ha quedado la Nations League, aunque os sabemos al tanto de ello, por supuesto.
España, Croacia, Países Bajos e Italia jugarán la F4, sea lo que sea, dado que todos ellos se han clasificado para ello haciendo algo, no nos pidan que seamos muy específicos.
Bajan a la Liga B Gales, Austria, República Checa e Inglaterra. ¿Qué es la Liga B y qué deméritos acumulan esas selecciones para hacerse acreedoras a tal escarnio? Os lo miramos si queréis, en un rato os lo decimos.
Armenia, Rusia, Rumanía y Suecia bajan a la Liga C, que deben de ser ya las calderas de Pedro Botero, el infierno de Dante. Liga C, suena como el culo, ¿no? Suponemos que a Rusia la han descendido a esa fosa abisal por un quítame allá esas invasiones, pero lo de Armenia, Rumanía y Suecia nos parece una crueldad intolerable. Son países que no han hecho mal a nadie, en particular los suecos que han dado al mundo a Abba, IKEA e Ingmar Bergman. La Liga C tiene que ser un lugar horrible donde las cremalleras se encasquillan todo el rato a ritmo de reggaetón. Nadie merece eso, pero nosotros tampoco nos merecemos los parones de selecciones y aquí nos tenéis.
Resistiendo.
Pasad un buen día.
Maffeo y Raíllo son dos futbolistas del Mallorca que tienen nombre (no me fastidiéis que no) como de malos de opereta. Cada uno por su cuenta suena a villano de tebeo, pero el efecto conjunto de ambos nombres no puede ser de mayor maldad chusca. Dan ganas de sugerir a Ibáñez que les haga un spin-off de Mortadelo y Filemón, a pesar de que ellos nunca salieran originalmente en Mortadelo y Filemón. Nadie es perfecto, ni siquiera Ibáñez.
Maffeo y Raíllo. Podría ser al revés, Raffeo y Malillo, tanto daría. Maffeo (o en su caso Raffeo) sería el malo oficial, el que sin dejar de dar risa por sus constantes fracasos en incontables iniciativas pérfidas tiene un más elevado rango villanil. Raíllo (o Malillo en la otra variante) sería el malo vicario, el lugarteniente de lo lúgubre, el contramaestre torpe y cobarde que se arrastra, muerto de miedo, ante Maffeo o Raffeo, cagándola con frecuencia de puro temblor ante la autoridad. Cuando la avioneta de siete alas paralelas (o cacharro loco equivalente) se les estrella invariablemente contra el pajar, del que salen renegridos y bufando, Maffeo se quita el sombrero de copa, cuyo tope ha quedado chamuscado, para golpear con él a Raíllo. La culpa siempre es de Raíllo en la perpetua apoteosis del slapstick que protagonizan. Visten de negro y lucen perillas y/o gafas de pioneros de la aviación.
Cuando aparecen en escena, en la película suena siempre la misma música de farsa triste, con trombones que se lamentan despacio, como paquidermos renqueantes de una orquesta bufa, y el espectador se regocija ante el guiño, tan familiar. Cuando Maffeo y Raíllo entran en plano, precedidos siempre por los trombones, sabemos que asistiremos enseguida a un descacharrante fracaso de lo lóbrego. Prepararán un artefacto explosivo que detonarán por error en sus mismísimos bigotes, tratarán de secuestrar a la chica para darse cuenta al desenmascararla de que en realidad raptaron al anciano mayordomo, se autoenvenenarán tratando de matar al héroe y solo les salvará el antídoto que habrán de inhalar en las posaderas de la soprano gorda. Todo será un festival de merengues (sí: merengues) estrellados contra sus caretos hirsutos, de apariciones involuntarias en paños menores en el frenético vodevil, de caídas interminables por barrancos, a horcajadas sobre bicicletas imposibles.
Maffeo y Raíllo son dos futbolistas del Mallorca que tienen nombre como de malos de opereta. Cada uno por su cuenta suena a villano de tebeo, pero el efecto conjunto de ambos nombres no puede ser de mayor maldad chusca
El héroe, mientras tanto, no sólo sobrevivirá impoluto, sin un rasguño y sin despeinarse, a los hilarantes ataques de Maffeo y Raíllo, sino que es muy posible que la película finalice sin que haga acuse de recibo de la existencia de su doble némesis. Maffeo y Raíllo hacen como que quieren aniquilar al héroe, que siempre se parece a Tony Curtis, pero en el fondo se contentarían con que el protagonista supiera que están ahí, que son muy malos. Se conformarían con que el héroe les considerase una mínima amenaza capaz de rozarle. Pero al héroe ni le suenan los nombres de Maffeo y Raíllo, por sonoros que sean, dado que está demasiado ocupado en sortear obstáculos de cierto calibre.
Al final, el héroe gana la Gran Carrera, besa a la chica y deslumbra con el brillo de su sonrisa perenne. Maffeo y Raíllo, por su parte, hacen mutis por el foro con las orejas gachas y su tristeza de pareja de hecho, dejando que los trombones hablen en nombre de la mediocridad venida a más mientras Maffeo vuelve a golpear a Raíllo con el sombrero y le culpa de todo.
PD: Estoy en deuda con The Great Race (Black Edwards, 1965) tanto por las fotos como por la inspiración.
José Ángel Sánchez sudaba copiosamente subiendo (o más bien saltando) los escalones de dos en dos, tan rápido como le permitían sus pies. Llegó a la puerta de acero tras la cual se encontraba el Hombre en el Castillo. Se permitió detenerse un minuto antes de entrar con la intención de bajar el ritmo de sus pulsaciones, aceleradas tanto por la carrera que acababa de hacer como por las noticias que traía. Una vez recuperado el aliento, José Ángel estiró la mano, giró el picaporte y se apresuró a entrar.
La puerta se cerró automáticamente apenas un segundo después de que pasase al interior de la sala. La amplia habitación que se expandía ante él estaba casi a oscuras, apenas iluminada por una pantalla que había al fondo de la sala en la cual se proyectaba en esos momentos un partido que enfrentaba al Real Madrid con un equipo cuya equipación no era capaz de reconocer. Frente a la pantalla, sentado en una butaca acolchada, se encontraba el mismísimo Hombre en el Castillo: Florentino Pérez Rodríguez.
—Presidente, presidente, te traigo…
—Por favor, José Ángel, pasa, pasa. No permitas que el hecho de que la puerta estuviera cerrada y las luces apagadas te haga pensar, aunque sólo sea por un instante, que quizás no sea el mejor momento para venir a interrumpir mi ritual.
José Ángel se mostró algo avergonzado, pero enseguida recuperó su aplomo habitual.
—Es urgente, presidente —se justificó.
—¿No lo es siempre? Preferiría por otro lado que en esta sala no me llames presidente. Soy el Hombre en el Castillo. No me paso ocho horas diarias leyendo y visionando informes y partidos de otras realidades y rompiéndome la cabeza para ayudar al Madrid de otras dimensiones para que te refieras a mí como el mero presidente de un club de fútbol.
—Lo siento, presidente, pero ya te he dicho varias veces que es un título muy largo como para usarlo continuamente —repuso JAS. Y añadió rápidamente al ver que Florentino se disponía a protestar— Estamos de buen humor hoy, ¿eh?
El rostro de Florentino se ensombreció aún más.
—La marcha de Case… —se limitó a contestar, mientras miraba en otra pantalla más pequeña que había en el suelo junto a su butaca un fragmento sin sonido del acto oficial de su despedida.
José Ángel sacó su teléfono con una sonrisa amable.
—Bueno, tengo algo que puede animarte. Traigo un informe de uno de nuestros agentes de otra realidad.
Florentino alzó las cejas.
—¿De cuál? —preguntó con curiosidad.
—De la realidad L0l3R14S, presidente.
Esas palabras causaron en el Hombre en el Castillo el efecto que José Ángel esperaba. En la hasta entonces apesadumbrada cara de Florentino surgió una sonrisa que iba más allá de su mismo ser. La dimensión L0l3R14S era con diferencia la favorita del presidente. Era prácticamente la misma realidad que aquella en la que vivían con sólo una diferencia: la prensa. Se trataba de una realidad curiosa, pues a pesar de los éxitos deportivos del Real Madrid, la prensa vivía empeñada en vender que una sombra infinita de dudas acechaba permanentemente al club. Por motivos evidentes, la llamaban la realidad LOL para acortar. En la realidad que ellos vivían, la prensa podía ser dura en algunos momentos, pero en líneas generales era bastante coherente. Sin embargo, en la realidad LOL todo lo que hacía el club vikingo estaba mal, pero lo más molesto de todo era el agravio comparativo que se producía cuando uno veía el tratamiento de esa misma prensa hacia clubes como el FC Barcelona o el Atlético de Madrid.
—¿Pero por qué no lo has dicho antes, hombre? —dijo Florentino levantándose de la butaca emocionado para dirigirse a un armario de cristal del cuál sacó un par de copas y un licor. Le ofreció una de las copas a su mano derecha—. Vamos allá, ponte cómodo y sorpréndeme.
—Quizá deberías sentarte antes, presi. – dijo JAS, aunque él mismo prefirió permanecer de pie.
—Empieza fuerte la cosa entonces.
—Empezó muy fuerte la semana, en efecto. El informe comienza con la semana del 8 de agosto hasta el día de hoy. La primera jornada de varias ligas europeas.
—Me vas a matar de curiosidad. Suéltalo ya, hombre.
—Marca habló de “chilena histórica” de Messi…
Pese a que el Hombre en el Castillo estaba acostumbrado a las noticias de la realidad LOL, no estaba preparado para algo tan fuerte, y escupió el licor que ya se había llevado a la boca con una carcajada seca.
—¿La de la primera jornada?, ¿ese churro de chilena?
—Sí, señor.
—¿Es en serio? —preguntó Florentino lo más seriamente que pudo.
—Te lo aseguro, señor. Además, pusieron una encuesta en redes sociales sobre qué chilena era mejor: esa o las de Bale, Cristiano o Lewandowski.
—¿Cómo es esa expresión que utilizan ahora los jóvenes para expresar sorpresa?
—“A mí me están grabando”.
Florentino asintió con aparente tranquilidad, mientras reponía su copa y tras una respiración profunda dijo:
—Esa era. ¿A mí me están grabando, José Ángel?
—No lo sé. Probablemente sí, ya lo sabes.
Otra carcajada del presidente.
—Menudo bandido estás hecho, JAS. En fin, continúa. ¿Qué más me traes?
—Marca también pregunta: “¿Y si el Barça le gana la Champions al Madrid gracias a Florentino?”.
—Pues que les estaría dejando igualarme en Champions. Solo faltaría. ¿Qué más?
—Marca también habla de que el domingo 7 de agosto fue un día negro para la rumorología que rodea al Madrid.
—Eso me lo vas a tener que explicar, que yo me entere —dijo Florentino incorporándose un poco para prestar mayor atención.
—Al parecer, varios de los fichajes que no teníamos pensado acometer, pero que la prensa nos estaba atribuyendo, estaban firmando por otros equipos.
—Entiendo… Va a haber que darle un buen tirón de orejas a nuestro Urbano. El pobre se va a caer de la silla cuando le contemos lo de su homónimo. Oye, todo sobre nosotros, ¿qué hay sobre el Barça?
—Son un equipo imparable. El mejor de la historia si atendemos a la prensa española.
—Me refería al escándalo De Jong. ¿Cómo se han tomado por allí que el Barcelona amenazara a un jugador de su propia plantilla con emprender acciones legales contra él, alegando que su propio contrato con ellos tenía indicios de ilegalidad?
Una mirada de complicidad de José Ángel bastó para que el Hombre en el Castillo comprendiera.
—No sé ni para qué pregunto —dijo Florentino—. ¿Qué ha sido esta vez: silencio mediático o normalización de una situación escandalosa?
—Ambas. No fue hasta que el escándalo comenzó a ser destapado por un medio inglés y se empezó a viralizar que a la prensa española no le quedó otra que hacerse eco de la información de la manera más neutra posible. Bueno, ya escuchaste a Xavi en el trofeo Gamper pedir ayuda a su afición, a los socios… y a los medios.
—Sí, bueno, en nuestra realidad esa petición tuvo sentido, pero en la realidad LOL….
—Allí acostumbran a pedir lo que ya tienen para ver si consiguen algo más. Y generalmente lo logran.
En ese momento, Florentino se levantó, sacó un mando y pulsó uno de los botones. La sala comenzó a iluminarse levemente mientras las paredes de la misma empezaron a girar sobre sí mismas hasta revelar una serie de pantallas y cuadros con imágenes y recortes de periódicos del pasado de la realidad L0l3R14S. El Hombre en el Castillo fue paseando tranquilamente hasta detenerse delante de uno de ellos, en el que Alfredo Relaño calificaba la consecución de la novena Copa de Europa del real Madrid como “vergonzante”.
—¿Qué me dices de nuestro último título? ¿Han criticado de alguna manera nuestra victoria en la Supercopa de Europa frente al Eintracht?
—De hecho no. Por extraño que parezca, no han encontrado nada criticable… de momento.
—Eso no es propio de ellos. ¿Les estará fallando la imaginación a estas alturas de la vida?, ¿nada?, ¿no criticaron siquiera los minutos en los que el míster realizó los cambios o que dejara en el banquillo a un jugador de 80 millones?
—100 —le corrigió José Ángel.
—¿Cómo dices? —inquirió ciertamente confuso Florentino.
—Recuerda que en la realidad LOL, los variables en los fichajes del Real Madrid siempre se cuentan.
—¡Pero si aún no ha dado tiempo a que los cumpla siquiera! —exclamó escandalizado Florentino.
—Siempre. Sin importar cuáles sean o que la prensa los desconozca —aclaró JAS—. Y cada año, por algún motivo que aún desconocemos, nos intentan computar de nuevo los 45 millones del fichaje de Rodrygo.
El Hombre en el Castillo tuvo que volver a sentarse después de eso mientras soltaba una risa irónica y negaba con la cabeza.
—A veces pienso que esa realidad no existe y te la has inventado sólo para echarte unas risas a mi costa, pero nadie tiene imaginación para tanto. En fin, hablando de fichajes, ¿cómo se han tomado allí el escándalo de la última palanca del Barcelona para inscribir a los fichajes? No hay escándalo alguno, ¿verdad?
—Como en el asunto De Jong, fuera de España sí que hay periodistas que comienzan a alucinar con la situación, pero dentro es harina de otro costal. A ningún periodista patrio le parece extraño que el que fuera avalista del FC Barcelona salvándolos en el último minuto y dueño de Mediapro (empresa que posee los derechos televisivos de La Liga) haya sido el que les haya comprado, de nuevo en el último minuto y ante la imposibilidad de inscribir a sus fichajes, el 24,5% de Barça Studios por 100 millones después de que la empresa con la que iban a acordar la venta se retirara del trato. Y todo esto a través de una empresa cuyo capital social apenas supera los 3 millones de euros. Nada raro para el periodista medio español, por supuesto.
Florentino volvió a suspirar sonriendo irónicamente.
—No seas mal pensado, hombre. Deben de andar aún ocupados buscando irregularidades en el fichaje de Militao.
—Tampoco se considera escandaloso que Koundé aún no haya sido inscrito en liga y pueda, según su contrato, quedar libre si no lo hacen antes del 31 de agosto, debiéndoles pagar incluso 2,5 millones de euros en variables al Sevilla.
—Es una situación normal que se da cada verano, José Ángel —murmuró—. Ya sé que la respuesta es no, pero aún así te lo pregunto: ¿allí también se han llevado las manos a la cabeza ante la escasez de imágenes de calidad llegadas al VAR y a los espectadores del codazo de Dembélé?
—¿Qué codazo de Dembélé? —dijo JAS seriamente.
—¿Nadie ha comentado el codazo? —preguntó el Hombre en el Castillo absolutamente incrédulo.
—No hay codazo alguno, presidente —dijo JAS dirigiendo sus ojos hacia su teléfono—. Te equivocas porque, y cito textualmente, “no hay recorrido suficiente como para que sea un codazo. Una advertencia es lo mejor”. Palabra de Pérez Burrull.
—Me estás tomando el pelo.
—Te aseguro que no. Es más, puedo seguir citándote a Pedro Martín, que aseveró que: “Estaba muy pegado Aihen a Dembélé, se gira un poco y le da con el codo en la cara. Es muy poca cosa.”
—¿Me estás diciendo que dos periodistas en dos medios distintos han negado la realidad de un codazo que puede ver cualquiera que tenga dos ojos?
—Me gustaría poder responderte que sí, presidente, pero…
—¿Pero? —preguntó Florentino, de nuevo confundido.
—Pero es que no han sido solamente dos. Aquí el amigo Iturralde dice: “Es cierto que le lanza el brazo, pero si fuese con ánimo de agredir sería roja. No lo es, pero si le amonesta tampoco pasa nada”.
Florentino tuvo que volver a sentarse para procesar todo aquello. Generalmente disfrutaba de las noticias de aquella realidad, pero llegaba un punto en el que escuchar tantas barbaridades seguidas acababa por resultar extenuante. José Ángel trató de continuar:
—Y aún no te he leído la opinión de…
—No —dijo Florentino levantado una mano—. Suficiente LOL por hoy. Solo una última cosa. ¿han tratado de embarrar la salida de mi Case?
José Ángel respondió con más seriedad esta vez.
—No demasiado, la verdad. La mayoría de medios han sido bastante respetuosos con su salida. Por supuesto hay excepciones.
—Oigámoslas —dijo Florentino resignado.
—¿Seguro?
—De perdidos al río, José Ángel.
—Desde Sport se dice que “el Madrid no tiene corazón…”.
—No lo tenemos —respondió Florentino con un leve asomo de sonrisa.
—…cuando se trata de renovar a sus leyendas.” —continuó JAS—. Que no importa que sea un jugador de club, de los que hace vestuario y da la cara y se la parte. Que no importa el nombre, pues todos aceptan que nadie es más importante que tú.
—Así es, me alegro de que ya lo vayan pillando —dijo Florentino, divertido.
—Que eres valiente y despiadado... —siguió enumerando José Ángel.
—Así soy yo.
—…que echaste a Ramos…
—Todo eso hice y más… —repuso querendón el presidente.
—… y que le enseñaste la puerta de salida a Casemiro fichando a Tchouaméni, y ya desde el año anterior fichando a Camavinga, lo cual hizo que Case estuviera molesto y poco cómodo en el club.
—Pues menudo año y finales se ha marcado Case disimulándolo —murmuró Florentino exasperado. El presidente exhaló un largo suspiro— En fin…
José Ángel se incorporó y, con un tono incluso más serio, le preguntó al Hombre en el Castillo:
—¿Qué vamos a hacer con esta realidad, presidente?
Florentino lo miró como si no le comprendiera.
—¿Cómo que qué vamos a hacer, José Ángel? Pues nada, como siempre. En esa realidad en concreto ocurre lo mismo dentro del campo que en esta. No hay por qué hacer nada.
—¿Pero no deberíamos mostrarles algún tipo de apoyo o ayuda?
—Las críticas son su ayuda, JAS. Lo ves todo desde la perspectiva de nuestra realidad. Hemos ganado lo mismo que ellos con una prensa tranquila, coherente y objetiva. Ellos han ganado esos mismos títulos viviendo en un perpetuo entorno de críticas, presión, incertidumbre, asomo de fracaso y catastrofismo. Saben mejor que nadie cómo lidiar con eso. Es más, se hacen más fuertes gracias a esas circunstancias. Nada que podamos decirles les va a ayudar más de lo que se ayudan a sí mismos. Además, hay otras situaciones más urgentes. Tenemos una realidad en la que el Nottingham Forest tiene más Champions que nosotros y otra en la que Cristiano Ronaldo sigue en el club y es capitán, entrenador y presidente del mismo. Por no hablar de aquellas en las que las obras del Nuevo Santiago Bernabéu y el asunto de la Superliga siguen parados —Florentino se detuvo durante un segundo, se sacudió el cuerpo con un pequeño escalofrío y acto seguido le sonrió amplia y tranquilamente—. Pero, tranquilo, ya tengo ideados unos cuantos de mis planes para cada una de esas dimensiones…
Poco satisfecho con la respuesta, José Ángel continuó:
—Pero, Hombre en el Castillo —dijo JAS, y en ese momento supo Florentino cómo de desesperada estaba su mano derecha para referirse a él con ese nombre—. Creo firmemente que deb…
Florentino alzó una mano.
—Ay, JAS, JAS… sabes que odio citarme a mí mismo, pero…
—Pero estás a punto de hacerlo.
—José Ángel, mírame.
JAS hizo lo que se le pedía. Florentino se levantó y en ese momento, quizá por la iluminación de la sala, que proyectaba una sombra inmensa por detrás del Hombre en el Castillo, a José Ángel su jefe le pareció más alto y grandioso que nunca.
—¿Me ves preocupado? —inquirió Florentino, sonriendo de nuevo—. Pues tranquilo.
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