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Los madridistas mostraron el camino

Los madridistas mostraron el camino

Escrito por: Athos Dumas16 mayo, 2020
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No sólo de fútbol ni de baloncesto vive el madridista. Hay muchas otras actividades, centrándonos tan solo en el deporte, que nos proporcionan momentos muy placenteros para practicarlos o para contemplarlos en directo o a través de retransmisiones televisivas.
Resulta curioso, o quizás no tanto – seguro que nada curioso, pensándolo mejor – que una serie de deportes prácticamente desconocidos en España se dieran a conocer gracias a pioneros, precursores, iniciadores – elijan su término predilecto – cuya característica común era el ser unos ardientes seguidores del escudo del Real Madrid.

En 1961, por ejemplo, cuando comenzaba el famoso periodo del “desarrollo” económico en España, cuando el Madrid había arrasado a todos sus rivales logrando ganar la Copa de Europa durante 5 años consecutivos, además del sexto – en el que se produjo el doble atraco de Mr. Ellis y de Mr. Leafe ante el Barcelona en octavos de final - , ya me dirán ustedes qué españolito de a pie sabía de la existencia de un deporte llamado tenis, jugado tan solo por miembros de las élites más exclusivas de Madrid y Barcelona. En aquel año, un chaval madrileño de 23 años, antiguo recogepelotas del Club de Tenis Chamartín, Manolo Santana, ocupó un pequeño espacio en la portada de Marca cuando se proclamó campeón del célebre torneo de Roland-Garros en París ante el italiano Pietrangeli. Es bien conocida la anécdota de cuando Santana, madridista acérrimo, jugó y ganó la final del torneo de Wimbledon en 1966 con un polo que lucía orgullosamente el escudo madridista. Cincuenta y tantos años después, el tenis es quizás el tercer o cuarto deporte más popular de nuestro país y han seguido apareciendo tenistas de súper élite muy merengones (Sánchez Vicario, Ferrero, Feliciano, Verdasco) incluyendo al mejor deportista español de todos los tiempos, Rafael Nadal, que además fue el primer español en conseguir vencer en los 4 Gran Slam (París, Londres, Nueva York y Melbourne) del mundo, amén de innumerables Masters 1000, 500, 250, Copa Davis, medallas de oro olímpicas, etc…

 

Un fenómeno similar ocurrió con el motociclismo. En la España de los años 60, las motos se conocían apenas por las que salían en las películas de Tony Leblanc (un inciso: era un enorme madridista también) y poco más. Tuvo que llegar a los circuitos un chaval de Zamora, Ángel Nieto, para que los niños de aquella época nos fijáramos en aquellas imágenes del No-Do o del blanco y negro de TVE en aquellas míticas y minúsculas motos de 50 cc en las que Nieto volaba siempre por delante de otros pilotos italianos y alemanes. Ángel, creador de una estirpe de grandes pilotos, hijos y sobrino, siempre presumió de madridismo allá donde fue. El palmarés de los pilotos españoles en motociclismo, todos ellos sucesores y herederos del gran Nieto, en donde arrasan en todas las categorías desde hace años, se debe en buena parte al sueño cumplido y realizado por el ilustre querido y malogrado héroe zamorano. Huelga decir que el motociclismo levanta hoy en día pasiones especialmente en España, donde se celebran anualmente hasta 4 GP (Montmeló, Valencia, Jerez y Aragón) del correspondiente campeonato mundial. Sin duda, con Ángel Nieto empezó absolutamente todo.

El esquí era otra de las asignaturas pendientes de los españoles. En un país tan montañoso como el nuestro, resulta que no había prácticamente ninguna estación de esquí. Las élites esquiaban en las elegantes estaciones alpinas de Chamonix, de Innsbruck o de Gstaad. Un joven madrileño criado en las laderas del puerto de Navacerrada, en la población serrana de Cercedilla, nos mostró el camino y a muchos críos de aquel momento nos dejó ojopláticos con su gesta madrugadora en el slálom especial de Sapporo, en 1972, cuando logró colgarse una medalla de oro olímpica y nos demostró a los españolitos que no sólo existían los Jean-Claude Killy, Toni Sailer y Gustavo Thoeni, ni las hermanas Goitschel o Marie-Therese Nadig. Paquito Fernández-Ochoa nos puso en el mapa de los deportes de invierno, y también abrió el camino a su hermana Blanca. A ambos era bastante habitual verlos por el estadio Santiago Bernabéu, presumiendo siempre de sus colores futbolísticos favoritos.

El pionero en nuestro país de otro deporte minoritario y súper exclusivo como era el golf en los años 70 no podemos decir que fuese un seguidor madridista, ni mucho menos – habló algunas veces de sus preferencias culés -, pero Severiano Ballesteros tenía sin duda un elevado porcentaje de ADN merengue por todo su cuerpo. Además, no olvidemos que la mayor exhibición popular de golf urbano la protagonizó el mítico Sevvy en 1983 cuando logró superar los 45 metros de altura del estadio para colocar su bola muy cerca del círculo central del terreno de juego madridista ante los atónitos ojos de los espectadores y de la prensa convocada. El golf alcanzó unas cuotas de popularidad increíbles en España gracias al de Santoña, y sin duda que marcó los pasos para que un madridista de pro como el castellonense Sergio García fuera picado por los gusanillos de los greens y se convirtiera en 2017 en el vencedor de la chaqueta verde logrando alzar el Masters de Augusta.

Un deporte minoritario que alcanzó bastante repercusión mediática en los años 70 – por desgracia, lleva varios años en horas bajísimas hoy en día en España – fue el llamado turf, las carreras de caballos, sobre todo las del Hipódromo de la Zarzuela de Madrid. Con mi padre o con mis hermanas mayores solíamos ir los domingos en los que no jugaba el Madrid en casa. Las tribunas y la pelouse se abarrotaban tanto en la temporada de primavera como en la de otoño, y había una sanísima rivalidad entre los partidarios de los dos mejores jockeys de la historia del turf español: el francés españolizado Claude Carudel, y el toledano Román Martín. Prácticamente, entre los dos se repartían todas las victorias cada domingo (corrían 4 o 5 de las 6 carreras de cada día) y el resto de jockeys (José Antonio Borrego, Cristóbal Medina, Ceferino Carrasco, Florentino González, Hernanz) apenas ganaban 2 o 3 en cada temporada. Pese a su rivalidad, un amor les unía a ambos: su pasión por el Real Madrid. Carudel logró más de 1.500 victorias en su carrera, Román más de 1.100. Además, Román Martín fue durante años el jockey titular de la cuadra Mendoza (propiedad de Ramón Mendoza) y también montaría años después los de la cuadra Madrileña, propiedad de Lorenzo Sanz, mientras que Carudel fue muchos años fiel a la mítica cuadra Rosales.

Otro deporte de motor desconocido que empezó a tomar consistencia en España fue el de las carreras de rallyes. Apenas habíamos visto algún documental del célebre Rallye de Montecarlo pero nos sonaba a algo de otro planeta. Tuvo que llegar Carlos Sainz, otro madrileño y madridista ilustre – estuvo en la candidatura de Villar Mir en las elecciones de 2006 como posible vicepresidente – para que aquellos dominios insultantes de los pilotos escandinavos, especialmente finlandeses pero también suecos, acabaran en parte con la irrupción de Sainz y su inefable copiloto Luis Moya, a los mandos del Toyota Celica en 1990. Dos campeonatos del mundo, segundo piloto de toda la historia con mayor número de victorias (26, tras Sébastien Loeb). Para poner la guinda, a sus cincuenta y tantos años nos ha dado una lección a todos ganando 3 veces el complicadísimo y peligroso Dakar. Un auténtico fenómeno en todos los sentidos.

Siguiendo con el motor, la F1 era tan solo un espectáculo que tenía repercusión en España una vez al año, con el GP de España que se corría alternativamente en el Jarama de Madrid o en el circuito urbano de Montjuic en Barcelona. Además, se seguían por televisión las hazañas de Fittipaldi, Jackie Stewart o Niki Lauda, pero a excepción del gran Emilio de Villota (madridista entrevistado en este blog), no acababan de llegar pilotos españoles a la élite. Hasta que, una vez más, la sangre madridista logró lo que nunca se había conseguido: que un piloto español puntuara, primero, ganara una carrera después y finalmente se alzara con el campeonato mundial de pilotos de F1 por dos ocasiones, nuestro Fernando Alonso, orgulloso Socio de Honor y quien verdaderamente creó una afición inaudita y multitudinaria al deporte de la Fórmula 1 en España. Pasamos de no saber ni lo que era una chicane a que cada lunes, en las tertulias de las oficinas, muchas veces se hablase más de los cambios de los neumáticos o de la Q1-Q2-Q3 que de los partidos de fútbol de la víspera. Tras unos años de cierta monotonía, nos despertamos esta semana con la sensacional noticia del fichaje de Carlos Sainz Jr. por el Madrid de la F1, la scuderia Ferrari, y como no podía ser de otro modo, nuestro Carlitos es un fan incondicional de los merengues e incluso hace poco debatió por twitter contra el culerismo de Lewis Hamilton, al que estamos seguros acabará desbancando de su trono y podrá convertirse, como su padre y como Alonso, en un futuro campeón del mundo a los mandos del bólido rojo más emblemático y co