Habrá duelo de titanes en Manchester. Pep contra Carlo. Vini contra Haaland. Golpeó primero el Madrid con un zurriagazo memorable de Vinicius, pero en el mejor momento del campeón de Europa empató De Bruyne con un latigazo desde la frontal. Partidazo.
Con el único, unísono y madridista latido de la Plaza de los Sagrados Corazones en enésima busiana merengue, el madridismo recordaba al mundo, y desde las calles de la capital, quién es el Rey y cuál es su Copa. Enfrente, un viejo y nuevo enemigo. Antiguo por Josep Guardiola y su mal disimulada inquina blanca forjada durante décadas en Can Barça. Novedoso por el propio City, un ricachón de nuevo cuño, un equipazo, sí, supervitaminado y supermineralizado por una montaña de petrodólares del emirato, también. Los Intocables de Carletto para las grandes ocasiones afrontaban el reto, con la salvedad de Rüdiger titular por la sanción de Militao. Le tocó bailar con la más fea, una suerte de MegaStreisand de aquel inolvidable e irreverente capítulo de Southpark, y pronto, a los dos minutos, anunció a Haaland que nadie se da paseos por el Bernabéu arrojándolo por los suelos.
La efervescencia duró poco, tanto como una exigua cabalgada de Vini en los primeros compases, y el City comenzó a imponer su dominio, un yugo blue que, por momentos, un largo rato, aturulló sobremanera al Madrid. Courtois, tan seguro como Fort Knox, desbarató las aviesas intenciones de De Bryune y Rodrigo, desde lejos, y de Haaland más cerca, bien sujetado por Rüdiger durante todo el partido. Con Toni y Luka superados, el campeón de Europa no carburaba. Pep, hiperactivo, gesticulaba anunciando basculaciones pendulantes de su sistema táctico 4-2-3-1 que muta a 3-2-1-4 en segundos.
Carlo se comía otro chicle.
Durante más de 20 minutos, el Madrid no hizo otra cosa que sufrir sin balón, pero en un instante Vini aprovechó un error de Gundogan para robar y cuasi asistir a Karim y mostrar un Madrid still alive. Una zancadilla alevosa de Carvajal a Grealish, el de la anacrónica diadema, acabó por demostrarlo del todo. La falta, táctica la llaman, encendió los siempre inflamables ánimos de Sant Pep de Santpedor, que comenzó a hacer lo que mejor se le ha dado siempre: comer orejas. En este caso la del cuarto árbitro. Carletto por su parte seguía comiendo chicle.
Habrá duelo de titanes en Manchester. Pep contra Carlo. Vini contra Haaland
Para cerrar el círculo, poco después Gundogan chocó con Rüdiger, sólido como un peñasco, y rebotó como un crash test dummie. Así llegamos a la media hora, con un Madrid aturullado y fallón, desenchufado por el abrumador dominio blue.
Y de repente la magia.
A los 36 minutos, una lejana pared con Modric abrió la banda izquierda merengue, una suerte de Sunset Boulevard blanco de los 70. Y cabalgó Camavinga, esbelto. Cedió a Vini que sin pensarlo demasiado lanzó un disparo poderoso, un zurriagazo seco, certero, mortal.
1-0 el primer crochet del campeón había sido directo al mentón.
Un minuto después, Walker, el marcador de Vinicius que parece sacado de una película de Guy Ritchie, quiso felicitar al carioca por su gol con un buen leñazo. El primer tiempo agonizaba, pero aún hubo tiempo de que Modric descendiera con la espuela un balón de los cielos en delicada maniobra y el hoy menos merengón Jack Grealish dedicara un sonoro fuck-off a Carvajal después de que éste le mandara a contemplar las vallas publicitarias.
Parecieron invertirse las tornas en la reanudación con un Madrid más incisivo que nos regaló una deliciosa combinación entre los cariocas y Karim, que la defensa blue desvió a córner en el último momento. El City, por el contrario, comparecía más pastoso, una lentitud quizás impostada con la que los de Pep pretendían que el Madrid fueran a buscarlos y así provocar una estampida de Haaland. No cayó en la trampa el viejo zorro de Reggiolo. Sin embargo, el dinero de Dubai y el ingenio de Guardiola, todo hay que decirlo, han configurado un equipo ecléctico, capaz de adaptarse a nuevas circunstancias.
Así, a los 50 minutos, un pase profundo, que recibió De Bruyne por la derecha en línea —para este cronista eso jamás será fuera de juego — permitió un apasionante mano a mano entre belgas. Courtois salvó el empate con una mano firme, dura, asombrosa, que permitió el despeje de Rüdiger en espectacular cabriola. Thibaut se soplaba los dedos, sus yemas, en llamas. Ganaba este primer asalto flamenco.
Crecía el City en intensidad merced a la leña de Rodri que llegó a Manchester bien aprendido. Haaland pudo escaparse una vez —pero llegó Alaba — el City no encontraba rédito y el Madrid, vigoroso, a lomos de un Bernabéu enaltecidos por los brasucas, entraba en su mejor momento. Lo de los primeros 20 minutos parecía un mal sueño. Al filo de la media hora para el final, las espadas en todo lo alto.
Sin embargo, el Madrid —nos ha vuelto loco el inefable CTA de Medinah Singfar alias Catalejo— se distrajo reclamando, Fede primero y Vini después, incluso Ancelotti, dos manos ridículas que jamás habrían de ser penalti para cualquiera que haya pateado un balón. Así, un latigazo desde fuera del área De Bruyne, en una jugada aislada, propiciada por un buen robo de Rodri, permitió el empate del City. El duelo de belgas, esta vez lo ganó Kevin. 1-1 a los 66 minutos.
Entrábamos en el último cuarto de hora y no se anunciaban cambios de un Carletto protestón que se ganó una amarilla, el gol había revitalizado al City; el Madrid, alicaído, los jerarcas, sobre todo Modric, cansados, Karim, sin magia. Regresaba la pesadilla del primer tiempo.
un latigazo desde fuera del área De Bruyne, en una jugada aislada, propiciada por un buen robo de Rodri, permitió el empate del City
Y como entonces, el campeón se levantó. Primero avisó Valverde con un caño sobre Akanji de los de ponerse sotana por los siglos de los siglos —amen — y una malograda asistencia sobre Benzema. Después lo haría el propio Karim tras rematar de cabeza una falta de Kroos. La sacó Emerson.
Llegaba entonces la hora de la Zona Asensio. Marco, en la banda, con su cañón en la zurda, se disponía a aprovechar los diez minutos de Carlo. No podría. Se retiraba, ovacionado, un voluntarioso Goes. Poco después lo haría Tchouaméni en lugar de un exhausto Kroos. Modric, recién salido de lesión, aguantaba un poco más. Lo sustituía Nacho. Guardiola, supongo que pronto algún panenkita dirá que es una genialidad, no hizo ningún cambio.
Rugía el Bernabéu en la agonía del partido, máxime cuando Rodri, que repartió estopa a placer, se libraba de una clara amarilla tras una increíble robo de Camavinga, fichaje de última hora para la medular merengue. A empujones, trataba de achuchar el Madrid. A la contra, los de Pep —increíble ¿verdad?— llegaban hasta donde permitía un Rüdiger, eléctrico, sobremotivado, fabuloso en su mejor partido con la camiseta blanca.
Una formidable mano de Emerson en el descuento interceptaba un misil tierra-aire de Tchouaméni pero los goles milagrosos se reservaron en esta ocasión para Manchester, en lo que será un nuevo duelo de titanes entre el Rey de Europa y el Príncipe del Emirato.
Getty Images.
Real Madrid y Manchester City se verán las caras de nuevo esta noche en el Santiago Bernabéu en otra semifinal de Champions.
En la última visita de los pupilos de Guardiola ya sabéis lo que ocurrió: Rodrygo, otro centro lateral se prevé, Rodrygo de nuevo y Benzema. Una de las grandes noches del madridismo.
Pon a prueba tus conocimientos sobre los enfrentamientos en Copa de Europa entre Real Madrid y Manchester City con estas ocho preguntas que han preparado los amigos de fcQuiz.
Getty Images.
Buenos días, amigos. Tal vez hayáis dormido mal, quizá sintáis ese cosquilleo en el estómago que tan bien conocéis, es probable que sufráis dificultades para concentraros y realizar vuestro trabajo, que vuestra pareja os haya dicho preguntado que si queréis ternera o merluza y hayáis contestado “yo también, cariño”, o que alberguéis esa incertidumbre ilusionante solo comparable a los instantes previos a desvirtualizar a aquella persona de Twitter que os tiene sorbido el cerebro. Es la Champions, el desafío total. Es la premonición de la gloria, es el maldito Real Madrid.
Ha llegado el momento clave de la temporada, las semifinales de Copa de Europa, que debido a su impenitente reincidencia, año tras año, el madridismo ya incluye en su calendario santoral incluso antes de comenzar la competición.
Espera el City, que es como decir que aguarda una selección de los mejores futbolistas y entrenador que el dinero puede comprar. Queremos recalcar “que el dinero puede comprar”. Y también queremos matizar que hablamos de dinero no generado por el club con recursos propios (hola, demagogos), sino sobrevenido de estados cuyas instituciones no se eligen democráticamente, no tienen partidos políticos, donde no se respetan gran parte de los derechos humanos e intentan blanquear sus dictaduras mediante inyecciones ilimitadas de dinero —procedente de la explotación de recursos fósiles— en clubes de fútbol de Occidente, como el PSG o el rival de esta noche, el Manchester City de Pep Guardiola, que curiosamente se autoerige en faro de moralidad.
Afortunadamente hay clubes que resisten en esta desigual lucha que pretende conservar esencias de derechos y libertades que van más allá del fútbol, y el Madrid se halla a la cabeza de ellos.
De la selección de mejores futbolistas “que el dinero puede comprar”, el que más asusta es Haaland, sin duda, y así lo enfatiza Marca.
“Un monstruo viene a verme”. El diario de Gallardo utiliza la película de Bayona para titular hoy en referencia a Haaland, a quien tilda de ogro. Resalta que es el mejor duelo posible entre el campeón y el gran aspirante. No viene mal recordar que el Madrid es el campeón ni tampoco dejar de dar fe que el City es el eterno aspirante. Deseamos que ese “eterno” sea literal, aunque sabemos de la dificultad que entraña ponerle puertas al dinero ilimitado.
Es cierto que Haaland impone respeto, pero no en mayor medida que a ellos les asusta Vinícius. Son los dos jugadores más desequilibrantes del planeta y así lo plasman, en mayor o menor medida, las otras tres portadas deportivas patrias.
La apariencia del frontispicio de As provoca un rechazo instintivo salvo que uno carezca de gusto, sea un amante de los flyers de discoteca chabacana o un enfervorizado aficionado al tuning de cinturón industrial. Pero equipara en importancia a Vini y Haaland.
Los mismos protagonistas acaparan el principal espacio en Sport. Duelo total. Desafío total, que era una película de Paul Verhoeven en la cual al bueno de Schwarzenegger le implantaban recuerdos falsos. Y recuerdos falsos es lo siembra el diario del tal Iván San Antonio, que en la franja superior titula: “Messi, rey del deporte”.
Messi no fue rey del deporte ni cuando era un grandísimo futbolista.
Curiosamente la banda sonora de Desafío total era la sintonía de los partidos de Canal + en los inicios de la implantación masiva de recuerdos falsos en la audiencia que ayudó a forjar el relato allá por los tiempos en los que comenzaban las andanzas de Enríquez Negreira como vicepresidente de los árbitros españoles.
Tras la ausencia de comas del párrafo anterior, coged aire, aquí es martes y sí se puede respirar, a diferencia de lo que sucedía en el Marte de Desafío Total.
Mundo Deportivo va un paso más allá en la implantación de recuerdos falsos y hoy, 9 de mayo de 2023, titulan: “El mejor” refiriéndose a Messi, de quien se ha hartado ya hasta uno de esos clubes que fichan todo lo “que el dinero puede comprar”, como es el PSG.
No os entretenemos más, seguid con vuestras tareas, vuestros ritos, supersticiones. A nosotros nos va a dar algo ya y aún quedan muchas horas para el partido. Todos a la busiana y luego a dejarnos el alma animando.
Pasad un buen día y ¡hala Madrid!
El Manchester City de la 2022-2023 que ha construido Guardiola no es el más vistoso, bonito y atractivo de ver desde que el catalán dirige al conjunto skyblue, pero sí probablemente el más práctico, eficiente y peligroso. Con la posibilidad muy vigente del triplete con Premier, FA Cup y Champions es el equipo más en forma del continente y lleva un año 2023 prácticamente inmaculado.
En la competición europea ha exhibido una contundencia imponente pasando por encima del Leipzig y el Bayern en las rondas anteriores. La gran variante táctica esta temporada es el distinto esquema con el que defiende y ataca el Manchester City. Cuando se colocan para defender, la estructura es en 1-4-4-2 mientras que en fase ofensiva se mueven varias piezas para formar un 1-3-2-2-3.
Con la única baja del neerlandés Ake por una lesión muscular, se espera en la portería a Ederson, en defensa a Walker de lateral derecho, Akanji por el izquierdo, Dias y Stones como centrales, en el pivote Rodri y a sus costados Gundogan y De Bruyne, mientras que arriba por la izquierda se situaría Grealish, por la derecha Bernardo Silva y en la punta Haaland. En el banquillo otros jugadores de talla mundial como el argelino Mahrez, el argentino campeón del mundo Julián Álvarez o el inglés Foden.
Una característica fundamental del librillo de Guardiola que este curso no está realizando con tanto ahínco e intensidad como en campañas previas. El equipo presiona arriba sobre todo en los primeros minutos pero a medida que avanza el partido, y en función mucho del resultado, bajan la energía y el empuje en este aspecto. Siguen mostrando agresividad y actividad para originar pérdidas cerca de la frontal del área rival pero al duelo ya no van con tanta prestancia ni viveza.
El movimiento en forma de acordeón permite que los citizens se hagan un equipo muy corto, juntando líneas, presionando con coordinación y con la orden de ahogar al poseedor del balón u obligando a que se escore a los costados. La primera línea de presión a saltar será la que marque especialmente Haaland, mientras que la segunda es la que comanda Rodri, que roba más por posicionamiento e inteligencia táctica que por poderío físico. El pie de Alaba y la conexión Kroos-Modric-Benzema deben ser los resquicios merengues para superar esta presión y coger al City corriendo para atrás, que es cuando más sufre y sus problemas se multiplican.
Una salida limpia, depurada, ordenada y eficiente es lo que pide siempre Guardiola con balón a sus hombres. Y se le nota a disgusto cuando no logran realizarla y deben quitarse el cuero de encima con un pelotazo. Una de las dudas del choque será si el Real Madrid se atreve a presionar arriba con brío y actividad o prefiere esperar en bloque medio. Pocos equipos se atreven con el City con una presión muy alta, pero conseguirla con éxito abre varias puertas al triunfo, con el Liverpool de Klopp como máximo exponente en los últimos años.
Guardiola prioriza no rifar el balón, jugar por bajo con constantes apoyos, combinaciones en corto o paredes hasta dar con el espacio para avanzar y hacer girar al rival. Tanto Ruben Días como Stones tienen un magnífico pie y buena precisión para conectar con Rodri, que es líder de las operaciones en el medio. El español trata de llevar lo mejor posible el cuero para los creadores de juego ofensivo, De Bruyne y Bernardo Silva. Amplitud, profundidad, circulación de balón y a mover el esférico de lado a lado hasta encontrar la grieta por la que entrar. Muchas veces lo consiguen porque sus jugadores son de alta precisión y calidad técnica individual.
Un equipo camaleónico ha edificado Guardiola esta temporada renunciando a algo de porcentaje de posesión para ganar en rotundidad, contundencia y más verticalidad. Sigue priorizando el dominio y el control del encuentro a través del balón, con circulaciones largas y precisas buscando siempre el hombre libre. A partir de tres cuartos del campo es cuando deciden meter una marcha más para penetrar en el área con paredes, balones filtrados o el desborde de sus jugadores talentosos por banda.
Sin embargo, este curso con el fichaje de Haaland la forma de jugar también ha sufrido modificaciones en este aspecto. El Manchester City puede ceder algo de iniciativa y esperar atrás para en cuanto recuperan el esférico salir en estampida y en pocos toques arriba. La sucesión de pases es corta pero directa y vertiginosa siendo el objetivo que el balón le llegue a De Bruyne y el belga lance en carrera y con espacios a Haaland.
Esta campaña, por ejemplo, también se ha resentido la importancia de los laterales en el equipo. Anteriormente el despliegue era grande y constante pero con la colocación de centrales en esa posición del equipo se perdió vocación ofensiva. Solo lo que pueda aportar Walker en alguna subida contada sería digno de reseña.
Una batería de jugadores de calidad exquisita, desborde, talento, visión de juego y efectividad. Los citizens cuentan con numerosas piezas ofensivas de una calidad sublime y que casi todos pueden decidir un partido en una individualidad. Véase: Haaland, De Bruyne, Bernardo Silva, Mahrez, Foden, Grealish y Julián Álvarez.
En la Premier son el primer máximo realizador del campeonato (89 goles) y este año en Champions ya han realizado varias goleadas como los siete goles anotados ante el RB Leipzig, los cinco frente al Copenhague o los cuatro al Sevilla en el Sánchez Pizjuán.
Haaland monopoliza el sistema de ataque, siempre bien surtido por las bandas y los jugadores de la media con De Bruyne y el llegador Gundogan como principales exponentes. También se debe tener cuidado a sus disparos desde la media distancia, incluyendo además a Rodri, que ya ha marcado de esa factura.
En el juego aéreo todo se basa en el poderío de Akanji, Stones, Dias y Haaland que son magníficos cabeceadores. Atrás, la línea con Rüdiger y Alaba debe empujar al equipo arriba y tapar todas las vías del agua. En las bandas también se verá unos bonitos emparejamientos con el de Carvajal ante Grealish en la derecha y el de Bernardo Silva ante Camavinga en la izquierda.
Una de las claves de la 2022-2023 es la solidez que ha conseguido el cuadro citizen atrás. Otras temporadas eran más vulnerables en la retaguardia y por eso cada verano gastaban una cantidad indecente de dinero en muchos fichajes de defensas. Jugando con cuatro centrales gracias a la polivalencia de Akanji y Aké han conseguido ser más compactos, firmes y sólidos. Con la baja del neerlandés, tal vez el costado izquierdo con el suizo Akanji sea una vía a explotar. Por la izquierda, Vinicius se medirá a uno de los laterales con mejor físico y más potencia del planeta en lo que se espera como un duelo apasionante.
Otro detalle a explicar es la función hibrida de Stones. El inglés actuía como central en fase defensiva, pero cuando el City inicia su transición defensa-ataque eleva su posición y se sitúa junto a Rodri para ejercer como pivote y permitir más vuelo al español. Así ganan un jugador más en el centro del campo buscando la superioridad. En su defecto, si el Real Madrid lograse recuperar en esa zona el balón de manera rápida podría coger al equipo inglés descolocado, con más huecos atrás y con dos autopistas por las bandas.
En la Premier han recibido 31 tantos en contra en 34 partidos y en la Champions solo cuatro en toda la competición (uno el Borussia Dortmund, uno el Sevilla, uno el Leipzig y uno el Bayern). Guardiola demuestra que no son necesarios jugadores físicos para un trabajo intenso, fuerte y oscuro en la destrucción del juego rival. Basta con futbolistas mentalizados, bien dirigidos, inteligentes tácticamente, solidarios, trabajadores y agresivos en la marca. Ejemplos de ello son Mahrez, Bernardo Silva, Gundogan o Foden. Arriba si cuenta con el sacrificio y la batalla de un Haaland que es un incordio y una pesadilla por lo pegajoso y agresivo que se muestra cuando el balón lo tienen los centrales.
El cyborg noruego Erling Haaland. El fichaje estrella del Manchester City el pasado verano y el mejor artillero del planeta. Una auténtica máquina para facturar goles en cualquier posición, ángulo y distancia. Acumula un total de 51 tantos entre todas las competiciones y en la Premier League batió hace pocos días la marca de Shearer con 34 en un mismo curso.
Un portento físico, con una velocidad y una zancada primorosa que en carrera y con espacios es devastador. A todo ello hay que sumar su ambición, carácter y competitividad. Nunca está saciado y busca hacer más y más daño. Con una zurda muy precisa, también maneja la diestra y el juego aéreo gracias a su altura y potencia de salto. Es listo, intuitivo, oportunista y eficaz. La portería rival está entre ceja y ceja los noventa minutos y nunca parece estar cansado.
Getty Images.
Sevilla estaba llena de jacarandas y eso ya era una señal. El sábado, al mediodía, la ciudad más hermosa del mundo estaba tan bañada en una luz blanca de primavera como cubierta con lunares morados, que parecía una mujer vestida de flamenca. Eso, a Dios gracias, tapaba el rojo burdeos de los navarros, un rojo gritón y desagradable, más cercano al marrón que a la sangre.
Los de Osasuna estaban desparramados por todo el centro y chillaban como si aquello fuera San Fermín. Lo inundaban todo con el atrezzo portátil con el que viajaron a Sevilla, un forillo de la navarridad con el que dar la lata todo el fin de semana. Contrastaban vivamente con el transitar apacible de las familias que marchaban hacia las muchas bodas y comuniones que estaban a punto de celebrarse, y con el pasar de los madridistas, ataviados la mayoría sencillamente con una camiseta.
Esa es de las cosas que más chocan: el madridista, por lo general, va por el mundo como mucho con la zamarra, como tímidamente, sabiendo que los cojones hay que enseñarlos después, con la copa delante. Sin embargo, para el resto de aficiones de España estas ocasiones son como verbenas de barrio: escenarios para exhibir chovinismo de aldea, para meterte por las narices lo mucho que quieren su tierra.
Y como en Sevilla gravitaba sobre las cabezas de la gente el color de la nieve y de la pureza, las camisetas del Madrid se fueron infiltrando poco a poco en la fotografía general, confundiéndose con el ambiente y apoderándose cromáticamente del paisaje. El rojo vociferante de los que desde el jueves llevaban haciendo ruido debajo de la Giralda se apagaba lentamente a medida que se acercaba la hora del partido. Que son las horas en las que el Madrid crece como el miedo hasta hacerse gigante y monstruoso en la imaginación de los rivales, que empiezan las finales como si desearan perderlas pronto, en una cosa rápida que termine con la angustia.
Eso es lo que le pasó a Osasuna. Al minuto dos ya había marcado Rodrygo. Hola, qué tal, verán ustedes, somos el Madrid, toda esta parafernalia está muy bien, pero nosotros hemos venido aquí a ganar. Las sombras se hicieron corpóreas sobre el césped de La Cartuja: eso era el Madrid en una final, al fin y al cabo, una pesadilla que se hace presente justo al despertar. El fenómeno sobrehumano que no canta ni anima en las finales, pero que las gana. Como si fuera inevitable. Como si fuera la muerte.
El Madrid crece como el miedo hasta hacerse gigante y monstruoso en la imaginación de los rivales, que empiezan las finales como si desearan perderlas pronto, en una cosa rápida que termine con la angustia
El Madrid salió decidido a finiquitar el asunto en la primera parte, y a poco lo consigue, pero el portero, el larguero y la precisión atrofiada de sus delanteros permitieron a Osasuna sobrevivir. Gobernaba el partido la voluntad econométrica de los madridistas, y eso es siempre un riesgo en las finales. En el descanso, probablemente, sobrevolaron Haaland y Guardiola por la cabeza de todos los jugadores de Ancelotti, pero en cuanto lo necesitaron, es decir, tras el empate de Torró, los jerarcas apretaron de nuevo el acelerador y en un cuarto de hora se acabó el partido. De nuevo lo ineluctable. De nuevo la muerte.
Me quedé pensándolo al final del partido. El Madrid había ganado la Copa del Rey, la Copa de España, otra vez y para siempre, después de nueve años. Pero es curioso: los que pierden contra el Madrid siempre acaban cantando, y están orgullosos de ello. La grada de Osasuna cantaba sus cosas, sus himnos, se jaleaba a sí misma, con sus banderitas de apoyo a los presos etarras, con su vasco artificial, mientras sus jugadores recibían las medallas de subcampeones y el capitán del Madrid, Benzema, se preparaba para recoger el trofeo de manos de Felipe VI.
Los navarros cantaban sin parar y yo pensé en cómo reaccionaría yo mismo si el Madrid, en vez de ellos, hubiera perdido el partido. ¿Tendría cuerpo para cantar? En absoluto, concluí. Sólo querría morirme, llegado el caso. Como mucho, a las dos horas de luchar sin posibilidad alguna de victoria contra ese apocalipsis interior que sucede dentro del madridista a toda derrota (¡y más en una final!), sólo entonces, hubiera podido escupir al cielo y pensar en el siguiente partido. Pero cantar y aplaudir, ¿a qué? ¿por qué? Pensé admirado en qué capacidad de resignación y de predisposición a la entrega hay que tener para aplaudir a quienes han perdido. Yo no la tengo. No creo que haya muchos madridistas que la tengan.
Hola, qué tal, verán ustedes, somos el Madrid, toda esta parafernalia está muy bien, pero nosotros hemos venido aquí a ganar
En Sevilla, había también madridistas cantando y gritando antes del partido. La Alameda de Hércules estaba llena de ellos. Debajo de las estatuas de Caracol, Chicuelo y la Niña de los Peines, muchos grupos de cientos de tíos vestidos de blanco encendían bengalas y cantaban también. Pero había pocas banderas que no fueran estrictamente blancas, aunque por supuesto también había tontos con simbología estúpida: como del Madrid hay más aficionados en todo el mundo que de ningún otro equipo, también hay una cuota de tontos mayor, eso es inevitable, un fenómeno puramente humano.
Llegué también a la conclusión de que la identidad madridista se fundamenta en las ideas de libertad, ambición y orgullo, mientras que casi todas las demás, por ejemplo la de Osasuna, son simples proyecciones del arraigo territorial. Y no hay ninguna idea que arraigue más en el pueblo, en cualquier pueblo, que el sueño de ser libre y el orgullo de imponerse a los demás en la buena lid de una justa pelea: por eso, hasta ahora, los pueblos libres han logrado imponerse, en el decurso de la historia de Occidente, a los pueblos siervos, casi siempre, aunque como en todo en esta vida, hay excepciones y matices.
Al madridista lo empodera su deseo enfermizo de ser mejor que los demás, no el santo patrón de una ciudad, y la emoción íntima de conectarse a una tradición limpia y clara como el agua que abaja del monte. La tradición más ilustre, que es la de los hidalgos de los de lanza en astillero. Por eso Morante, que es de La Puebla del Río, y no de Chamberí, siempre quiso torear como jugaba Zidane. El sábado estaba entrando él también en el estadio como un paisano más, yendo a ver a su Madrid, con una camisa blanca y una boina de campo. Eso también era una señal.
Eso es el Madrid en una final, una pesadilla que se hace presente justo al despertar. El fenómeno sobrehumano que no canta ni anima en las finales, pero que las gana
Así es como se tenía que llegar al Manchester City: ganando. Cualquier otro planteamiento distinto, cualquier consideración de la Copa de España como algo menor y por lo tanto, prescindible (esa estupidez de que “lo importante es lo del martes”) habría conducido a un escenario siniestro: el Madrid embocando la ida de las semifinales de la Copa de Europa lleno de dudas, señalado por la derrota ante un equipo menor y, en frente, un tremendo campeón inglés cuyo entrenador ansía transmutarse en el Madrid con todas las partículas de su ser y cuyo 9 es un cyborg creado por una inteligencia artificial. Por encima de todas las cosas, cualquier otro pensamiento habría sido profundamente antimadridista. No anti de odio, sino de negación esencial del madridismo, que es embestir siempre a la muleta del destino sin pensar en otra cosa.
Por suerte, Ancelotti no es un tuitero. Ancelotti conoce a las personas. Lleva veinte años entrenando como si cada partido fuese el último de su carrera deportiva. Como si cada final fuese la última. Pues en efecto, eso es lo que pasa: cada final es un regalo que la vida nos hace a los hombres, un milagro que nadie asegura se vaya a repetir, y que por lo tanto hay que disfrutar con el espíritu ancho de las grandes victorias.
Madridismo es embestir siempre a la muleta del destino sin pensar en otra cosa
La final consagró a los niños, que ya lo han ganado todo en el Madrid. Vinicius, Valverde, Rodrygo y Camavinga son ya jerarcas de pleno derecho aunque apenas superen los veinte años. Es una cosa extraordinaria, pues si se piensa en frío, sólo Kroos, en el Bayern, brillaba así con esa edad. Modric o Ramos rompieron a gigantes entre los veintiocho y los treinta. A lomos de esos pequeños grandes hombres, el Madrid afronta el martes otro partido encima del abismo, porque si para el osasunista promedio llegar a una final de Copa es motivo de satisfacción suficiente y oportunidad de exaltación regional única, para el madridista, todo lo que no sea derrotar temporalmente la amenaza del olvido, es una cesión insoportable frente a la dictadura del tiempo.
En La Cartuja, que ni siquiera está en Sevilla, sino en Santiponce, a un salto de las ruinas de Itálica, no sólo se vio la diferencia entre una grey que va a los sitios a disfrutar y a ganar y otra que ampara manifestaciones ruidosas y visibles de desprecio a los españoles, a sus símbolos y a sus muertos. También se volvió a ver lo poco que le importa el aficionado, que es el que sostiene el tinglado, a las organizaciones clientelares de reputación dudosa que lo explotan, como la Real Federación Española de Fútbol.
La Cartuja es un estadio bonito por dentro y horrible por fuera que se hizo por capricho de un alcalde andalucista que tuvo Sevilla cuando en la Junta se vivía en pleno virreinato socialista y en Madrid gobernaba todavía Felipe González. La ocurrencia era concurrir a unos Juegos Olímpicos y que Betis y Sevilla vendieran sus estadios y se fueran a jugar juntos. Está completamente desconectado de Sevilla y a su vera sólo llega el C2, que es el autobús circular en el que van a los campus universitarios de la Cartuja la mayoría de sus estudiantes. Como recinto deportivo es un estadio fenomenal, aunque como escuché el sábado por la noche, mientras nos marchábamos en manada rumbo al puente del Alamillo, “es un edificio tan feo que parece de La Castellana”. Antes estaba rodeado por un poblado chabolista, ahora parece que sólo hay ruinas.
Para el madridista, todo lo que no sea derrotar temporalmente la amenaza del olvido, es una cesión insoportable frente a la dictadura del tiempo
Al terminar, como siempre, a los VIPS los recogieron en la puerta, mientras que la plebe tuvo que caminar más de una hora hasta la avenida de Torneo, que es la ribera del río en la que termina Sevilla. La Cartuja, que se adecentó para la Expo del 92, vegeta desde entonces como un híbrido extraño y semiabandonado de polígono industrial de alto nivel y campus universitario, aunque ni está habitada ni parece que vaya a estarlo próximamente, y en una ciudad en la que su aeropuerto y su principal estación ferroviaria no están conectadas por ningún tren de Cercanías, la incorporación de este inmenso hábitat al pulso urbano general parece todavía una quimera. Por lo tanto, es el lugar adecuado para que Rubiales se lleve a sesenta mil desgraciados una vez al año, a disfrutar de su modernización y saneamiento del estamento federativo del fútbol patrio.
Getty Images.
Hoy no hay Negreiras, Negreiritas, Negreilonas ni gaitas, hoy sólo hablamos del Real Madrid. El sábado se consiguió, ante un enorme Osasuna, el vigésimo entorchado nacional de la historia blanca. Con este título, el Real Madrid es el actual campeón de Liga, de España, de Europa, del Mundo y de la Supercopa de Europa, hito que nunca se había conseguido en la historia del club. Además, nuestro equipo ha conseguido alcanzar los seis títulos seis posibles de clubes en la friolera de 15 meses y 20 días, plazo que tampoco se había conseguido antes.
Este Madrid, denostado por muchos, machacado por la prensa acosadora de chavales (Vinicius es el paradigma), criticado por muchos madridistas, que no tiene gestión deportiva, en el que manda la dinojunta, que no ficha a nadie, que tiene un entrenador trasnochado, que tiene jugadores cojos, viejos y desarraigados, ha conseguido lo que ningún Madrid de la historia había obtenido antes. Cosas veredes, Sancho amigo, que diría el manco.
Este Madrid ha alcanzado el cénit de la excelencia, como lo alcanzó el Madrid de leyenda de Di Stéfano. Curiosamente han seguido patrones similares; una serie imparable de Copas de Europa, una concatenación de títulos (el Madrid de antaño también fallaba en Copa, sólo hay que ver que GENTO sólo tiene 2 en su palmarés) y, además, se ha puesto la guinda del pastel, golear al Barcelona en su casa, igual que aquél, por cuatro goles (igual diferencia que el 1-5 de 1963) con la misma autoridad en Europa que el de ayer y con las mismas críticas (se decía que el Madrid tenía una defensa de alpargata). Triunfando contra el poder establecido y contra los favores políticos y públicos al Barcelona (recordemos las tres recalificaciones de Franco para salvarles de la desaparición, las condecoraciones y el reguero de títulos nacionales que tuvieron en su época).
Este Madrid ha alcanzado el cénit de la excelencia, como lo alcanzó el Madrid de leyenda de Di Stéfano
También se ha repetido un patrón histórico del que nadie habla. Cuando el Barcelona eliminó al Real Madrid en la sexta edición de la Copa de Europa (1960/61) con los infaustos arbitrajes de Mr. Ellis y Mr. Leafe (anulando 4 goles legales al Madrid en Barcelona), acto seguido se jugó el partido de liga en el Camp Nou y ganamos 3-5. Ahora, después del robo con premeditación, alevosía (no nos podíamos defender) y nocturnidad del Camp Nou en liga, tocó jugar la Copa de España y les endiñamos un glorioso 0-4.
Los mismos patrones, las mismas hazañas, los mismos hitos futbolísticos separados por 60 años de historia. Este Madrid de Kroos, Modric, Benzema, Cristiano, Bale, Casemiro, etc será igual de recordado que el de Di Stéfano, Rial, Santamaría, Puskas, Gento y compañía. A los vinagres de las derrotas en Girona (Di Stéfano también perdía en Valladolid) a los amantes de los cromos, a los viudos de tal o cual posición, a los canteranistas de porque hay que subir chavales sí o sí), y a todos los madridistas les pido una cosa por su bien… DISFRUTEN, disfruten de este equipo, porque es muy posible que pasen otros 60 años hasta poder ver otro igual.
Disfruten de esta generación de jugadores, disfruten de la regeneración juvenil de Vinicius, Rodrygo, Camavinga, Militao y demás chavales (igual que pasó con los Pirri, Amancio, Velázquez, Betancort, Grosso…), disfruten del Real Madrid. Les voy a dar otro argumento para el goce y el disfrute general. El Madrid de los gloriosos 50/60 consiguió 6 Copas de Europa en once temporadas (1955/56 a 1965/66). Si por un casual del destino (y por jugar a esto del fútbol, vaya) el actual Real Madrid consiguiera la orejona esta temporada, habrá obtenido 6 Copas de Europa en DIEZ temporadas (2013/14 a 2022/23) con lo que no sólo habría igualado al recordado y añorado Madrid, sino que incluso lo habrá superado. Una cosa de locos que sólo nos queda disfrutar mientras dure porque, amigos míos, esto no será para siempre, algún día fallarán y dejarán de ganarlo casi todo siempre, y hay que estar preparados para ello.
Disfruten de este equipo, porque es muy posible que pasen otros 60 años hasta poder ver otro igual
Mañana la penúltima etapa antes de la final, el City de Guardiola y Haaland (recuerdos a sus viudos/as) acecha Chamartín en la ida de la semifinal de nuestra competición fetiche. Eliminatoria difícil, muy difícil (como las últimas cinco), que será competida y que no creo que se resuelva en Madrid. Máxima confianza en el equipo, apoyo incondicional (la busiana del martes debe ser gloriosa) y si no se gana… NO PASA NADA. La temporada blanca ya es sobresaliente, no hagan caso a la canallesca y al antimadriismo. Tres títulos en el curso y seis en 15 meses y 20 días es para celebrar, no para criticar.
Ahora, como siempre, unos datos del partido y ¡hala Madrid!
El Real Madrid ha jugado 5 eliminatorias de semifinal de Copa de Europa contra equipos ingleses, ganando 3 y perdiendo 2.
La dos semifinales de Copa de Europa jugadas contra el Manchester City fueron las de 2016 y 2022, que acabaron con la conquista de la Copa de Europa por el Real Madrid.
El R. Madrid ha jugado 31 eliminatorias de semifinal de Copa de Europa, ganando 17 y perdiendo 14.
El Real Madrid ha jugado 20 eliminatorias de semifinal de Copa de Europa jugando el 1º partido como local, ganando 12 y perdiendo 8. Además, ha jugado 21 eliminatorias de semifinal de competición europea jugando el 1º partido como local, ganando 12 y perdiendo 9. Pero para más información, ha jugado 48 eliminatorias de semifinal de competición oficial jugando el 1º partido como local, ganando 28 y perdiendo 20. Por lo que jugar el primer partido en Chamartín no ha sido tan malo.
Benzema ha marcado 4 goles en los últimos 4 partidos de Copa de Europa jugados y ha marcado 15 goles en los últimos 15 partidos de Copa de Europa disputados.
Nuestro balear puede jugar su partido total (amistosos incluidos) nº 300 on el Real Madrid.
1.- El Manchester City Football Club participó por primera vez en Copa de Europa en la temporada 1968/69, cayendo en 1/16 de final contra el Fenerbahce turco.
2.- La actual es la 13ª temporada del Manchester City en Copa de Europa.
3.- El Manchester City cayó la temporada pasada en semifinales contra el Real Madrid. Aún no ha ganado la competición.
4.- El Manchester City ganó la Premier League la temporada pasada.
5.- Actualmente es 1º en la clasificación de la Premier League con 82 puntos, con una diferencia de 1 punto frente al Arsenal.
6.- El Manchester City, en sus últimos 5 partidos oficiales, ha ganado 4 y ha empatado 1, con 12 goles a favor y 4 en contra. Lleva una racha de 17 partidos consecutivos sin perder.
7.- El Manchester City, como visitante, de los últimos 5 partidos, ha ganado 4 y ha empatado 1. No ha perdido en los últimos 8 partidos jugados como visitante.
8.- En Copa de Europa, Gabriel Jesús (3), De Bruyne (2), Dzeko, Kolarov, Agüero, Sterling, Foden, Bernardo Silva y Mahrez (1) son los goleadores del Manchester City al Real Madrid en Copa de Europa.
9.- La fase de grupos del Manchester City en Copa de Europa: 4 victorias y 2 derrotas.
10.- Josep Guardiola se ha enfrentado al Real Madrid como entrenador en 21 encuentros (14 con el Barcelona, 2 con el Bayern Munich y 5 con el Manchester City) con un balance de 12 victorias, 4 empates y 5 derrotas.
11.- Los goleadores del Manchester City esta temporada en todas las competiciones son: Haaland (51), Julián Álvarez (16), Mahrez (15), Foden (14), De Bruyne (9), Gundogan (7), Bernardo Silva y Grealish (5), Stones, Rodri, Aké (3), Joao Cancelo (2), Rubén Días, Lewis y Palmer (1).
12.- Jugadores que han jugado en Real Madrid y Manchester City: Anelka, McManaman, Robinho, Adebayor, Javi García, Brahim Díaz, Danilo y Negredo (no llegó a debutar en partido oficial con el Real Madrid pero jugó 7 partidos amistosos).
9 victorias y 1 derrota, 24 goles a favor (2,4 goles por partido) y 7 en contra.
Goleadores: BENZEMA (10), Rodrygo (5), Marco Asensio (4), Vinicius y Fede Valverde (2), Kroos y Modric (1).
Asistentes: Vinicius (6), Carvajal (3), Rodrygo (2), Kroos, Modric, Benzema, Fede Valverde y Lucas Vázquez (1).
Tarjetas: Carvajal (5), Militao (3), Fede Valverde, Nacho y Camavinga (2), Casemiro, Vinicius, Lucas Vázquez, Mendy y Benzema (1).
Expulsados: Ninguno.
1º tiempo: 9 goles; 2º tiempo: 15 goles; prórroga: 2 goles.
Gol más tempranero: Modric (minuto 6).
Gol postrero: Benzema (minuto 96).
El R. Madrid ha remontado 2 veces para ganar el partido y no le remontaron.
Mayor goleada: 2 de noviembre de 2022, Copa de Europa, R. Madrid-Celtic, 5-1, goles de Modric, Rodrygo, Marco Asensio, Vinicius y Fede Valverde.
2 goles de penalti marcados y ninguno recibido.
1 hat trick (Benzema).
3 dobletes o más (Benzema —2— Rodrygo ).
Partido con más goles (6): 2 de noviembre de 2022, Copa de Europa, R. Madrid-Celtic, 5-1, goles de Modric, Rodrygo, Marco Asensio, Vinicius y Fede Valverde.
El R. Madrid ha marcado gol en los 10 últimos partidos de Copa de Europa jugados como local.
Getty Images.
La vida es una sucesión de ciclos encargados de recordarte cada mañana que sigues vivo. Para saber si eres feliz tienes que haber sido infeliz y viceversa, si no, no puedes ser realmente consciente de que lo que sientes es mejor o peor que lo que sentiste.
En nuestro ciclo vital blanco hemos habitado en las profundidades varias veces y no fue nada cómodo. Unos recordarán los durísimos años setenta, otros los treinta y dos sin Copas de Europa. Yo, Álvaro Martín Gallego, millennial, recuerdo la época tras la Novena como ese lugar al que no quieres volver y sabes que volverás; el segundo día de guardería; el próximo entierro; el próximo ciclo vital. Diez aterradores años en Europa donde Morientes nos hizo llorar, Nedved descabelló un glorioso proyecto o Rafa Benítez nos chorreó.
Nada mejor que volver a lo oscuro para celebrar la luz del presente. Reminiscencias que nos hagan disfrutar mucho más el ahora, ya que el después, sea antes o después, nos traerá de nuevo los monstruos y fantasmas. Es ley vital. Volvamos a 2003.
Ronaldo, que venía de silenciar Old Trafford en una noche mágica, medio lesionado en el banquillo. Del Bosque titubeando. Si Nazario sale antes, ganamos. Un palo y aquel penalti fallado por Figo. La imagen de Hierro corriendo tras Nedved nos anunció el inicio del fin de los Galácticos. No volveríamos a pisar semifinales hasta la llegada de Mourinho.
Un Morientes cedido y Giuly parecían Benzema y Vinicius dopados. Nosotros con Borja y Guti en el medio, Mejía en la defensa. No sé quién defendía en ese equipo. El ilusionante Madrid de Queiroz se venía abajo. Entrábamos de lleno en el túnel.
Gravesen como único mediocentro, Beckham desplazando a Figo de la banda derecha. Raúl Bravo de lateral derecho. La última bocanada de Del Piero y nos elimina Zalayeta en la prórroga. Es un partido que, literalmente, he borrado de mi mente como Jenny borró esa infancia en Alabama.
Lo siento como el peor año de fútbol de mi vida, salvo por el debut de Robinho. Florentino acabó dimitiendo y el entorno alrededor del equipo era Chernobyl. No le conseguimos meter un gol a un triste Arsenal en 180 minutos. Todo se resume en Gravesen de pivote y Raúl Bravo de central. Fin de la era Galáctica.
Entramos en la era Calderoniana con Cassano, Ronaldo y Beckham fuera del equipo. Capello con el látigo y un trivote mágico con M. Diarra, Emerson y Gago.
Makaay era de esos delanteros que te hacían dormir peor que cuidando un bebé con gases. Equipo feo con el archienemigo Van Bommel haciendo de las suyas. ¡Qué mal me caían esos alemanes! Eso sí, ese año nadie olvidará aquella maravillosa y loca Liga.
Seguía la maldición de Octavos. Yo me ilusioné con Schuster, como muchos otros madridistas. Ese año, el Barcelona nos hizo el pasillo. Pero la de Champions fue una de las derrotas más duras dadas las expectativas creadas. Ni el gran Drenthe nos salvó. Robinho ya no parecía tan bueno y Aquilani parecía Roberto Baggio.
Boluda haciendo el boludo. Chorreo. Inolvidable Xabi-Mascherano-Gerrard frente a nuestro Gago-Lass. Creíamos que Sneijder era el nuevo Di Stéfano, pero le gustaba demasiado la noche. Fin de Calderón, vuelve Florentino.
Algo estaba cambiando, Cristiano y Kaká… pero tampoco. Equipo raro, nadie atacaba por la derecha y unos jóvenes Garay y Albiol eran nuestros centrales. Higuaín y su maldición en Champions. Lass seguía siendo nuestro timón. Lisandro parecía Benzema y Pjanic Beckenbauer.
Año 1 de Mourinho y volvemos a semifinales, las primeras en ocho años. Fue durísimo perder contra el Barcelona. En la ida, Negreira se puso el uniforme negro para expulsar a Pepe por una falta sobre Alves que no era. Sigo sin entender cómo pudo durar tanto tiempo Lass como mediocentro titular del Real Madrid en las grandes citas. La máquina de Mou todavía no estaba 100% engrasada.
El Madrid de los 100 puntos. Esto ya era otra cosa. Equipazo con Xabi, Di María, Ozil, Benzema y Cristiano. Alaba y Kroos andaban por ahí haciéndonos daño. Aquella tanda de penaltis con el balón de Ramos al quinto anfiteatro. La derrota más dolorosa de Mourinho. De rodillas, no lo merecimos.
La máquina de Klopp nos pasó por encima en la ida con cuatro goles de Lewandowsky y estuvimos a punto de pasar con un remate final de Ramos. Tercer y último año de Mourinho, él nos enseñó el camino. Muchos pidieron la cabeza de la mayoría de aquellos jugadores que después esculpieron una década de ensueño.
Diez años… y después… después llegó Ancelotti, el minuto 93 y aquel famoso testarazo; once de trece semifinales y cinco de nueve trofeos. ¡Quién me lo iba a decir a mí aquella noche que me emborraché sólo en la cocina de la casa de mi novia tras la derrota frente a la Roma! ¡Qué bonitos se ven los años felices tras diez años de fracasos!
Un nuevo ciclo lúgubre y temible me está esperando tras la puerta, no sé cuando vendrá pero tardará en borrarme esta amplia sonrisa.
Getty Images.
Cayó la Copa y hubo final. No la habría, nos decían. Mitad porque así lo pensaban quienes tras marear con flechas y pizarras daban campeón al Madrid. Empezó la cosa inmediatamente después de ducharse en el Camp Nou cuando aquello del 0-4. Muchos veían inevitable, y dolorosísimo, el desenlace del torneo. Les había fallado su Barça. Osasuna era un equipo de waterpolo.
La otra mitad porque no hay título del Madrid sin ninguneo del adversario. Previo o posterior. Aquí y en Europa. Sin necesidad de flechas ni pizarras. Los vencidos son equipos viejos. O tiernos. O de señores gorditos. Buenos futbolistas, y no siempre, que no estuvieron a la altura. Acumulaban bajas y enfermedades. El Madrid tuvo suerte. El árbitro… Incluso eso.
Total, que pocos pensábamos que pasaría lo que pasó. Que el campeón debió arremangarse para ganar la 20. No se dejen engañar: han sido contadísimas las finales que se han ganado con la gorra. El Madrid, los Lakers, todos.
Y vuelve la Copa de Europa. Bueno, el Madrid. El otro juega la Champions. En estas semifinales hay tres equipos de Copa de Europa, el Madrid y los italianos, y uno de la Champions, invento posterior. La realeza, la historia son otra cosa. No se compra: se tiene o no. Lo que sí tiene el rival es un magnífico equipo que representa a las fuerzas del mal. Y conviene recordarlo.
El City son los jeques, el fútbol dopado, el abuso, el vivir al margen de la Ley. Como su primo el ejemplar PSG, no vive de sus recursos propios. No camina pues sujeto a las mismas reglas. Y no hay manera de que reinen en Europa. Por dinero y por consentimiento, la final de la Champions debería ser siempre City-PSG, en plan bucle. El mal consentido. El Madrid sale pues en defensa de la Humanidad futbolística. Una vez más.
El City son los jeques, el fútbol dopado, el abuso, el vivir al margen de la Ley. Como su primo el ejemplar PSG, no vive de sus recursos propios. No camina pues sujeto a las mismas reglas. Y no hay manera de que reinen en Europa
La Cátedra vuelve a dar favorito al City. Un día acertarán. La inversión es enorme y cada año se juega el torneo. Ser fuerza del mal te permite disponer de formidables futbolistas, reforzarte sin pestañear un año sí y más el siguiente. Es un gran equipo lo que le permite disputar al Madrid el partido de Europa. Tradicionalmente lo juegan el Madrid y otro. El año pasado fue el Liverpool. El Madrid y otro. Pues eso.
La incógnita en el Madrid es qué pasará con Camavinga, si seguirá de lateral o pasará al centro del campo. Rodrygo ha reventado el tablero. El 4-4-2 triunfal de hace un año ha cedido ante la magia del brasileño que aúna fútbol y goles. Camavinga lateral supone disponer de tres en el centro entre Valverde, Kroos, Modric y Tchouaméni. Camavinga centrado da paso a Nacho y permite dos entre esos cuatro. No veo fuera a Rodrygo. Decisión interesante.
La incógnita en el Madrid es qué pasará con Camavinga, si seguirá de lateral o pasará al centro del campo
A Guardiola le gusta inventar. Lo más sería que juntara arriba a Haaland y Julián Álvarez, estupendo delantero. Supondría sentar a Bernardo Silva o Grealish, pues De Bruynne, Rodri y Gundogan parecen inamovibles. Y estará Vinicius que probablemente sería más feliz en Inglaterra. Está tremendo el tío, bordó la final de Sevilla. Esta eliminatoria es también un gran mano a mano entre él y Haaland, tan letales, tan distintos. Los dos delanteros de moda en Europa.
El otro sigue siendo Mbappé, claro. ¿Qué pensará estas vísperas? Que es joven y llegará su momento será un buen consuelo. Podía andar por Valdebebas preparando esta semifinal. No se animó. Su realidad fue marcar ayer un gol al Troyes, en la Liga francesa. Ganaron los suyos 1-3.
Felicidades. A él, su cuenta corriente, su mamá, su papá, su abogada, el presidente Macron —eres el ejemplo de la Francia multicultural, no puedes irte, le dijo — los jeques dopadores… Felicidades también pues en nada todos juntos volverán a ganar su Liga.
Getty Images.
Buenos días. Parece que fue ayer. Bueno, es que de hecho fue anteayer, aunque ya apenas queden restos mediáticos de la Copa del Rey ganada por el Real Madrid ante Osasuna. Las portadas de hoy lo pasan prácticamente por alto, en parte por el triunfo de Carlos Alcaraz en el torneo de Madrid, en parte porque la inmediatez de las semifinales de Champions borran las referencias al pasado por cercano que sea, y mayormente porque todo esto le viene pintiparado a la prensa para escaquearse de loar al Madrid, cosa que por lo general evitan. Les encanta hablar del Madrid, pero odian hablar BIEN del Madrid.
Esta tendencia se refleja en las portadas del día, donde las referencias a la Copa son tangenciales y las del gran choque ante el City, ¡que ya es mañana!, solo adquieren caracteres de primera plana en uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis, y puede que no sea ninguno de los que estáis pensando.
Sí, amigos. Mundo Deportivo es el único de los cuatro que va con todo con la gran cita de Champions de mañana, y que lo hace tomando partido no por el equipo español en liza, lo cual quedaría peligrosamente cerca del fascismo, sino por el Manchester City de su idolatrado Guardiola, cuya calva reluciente copa el Mundo Deportivo de hoy en instantánea que no hace justicia al de Sampedor, quien normalmente es mejor parecido que Crispín Klánder.
Habla Mundo Deportivo en todo caso de “El reto de Pep”, que es exactamente el que todos tenéis en mente, sin que quepa por tanto otorgar a Mundo Deportivo el menor mérito en materia de originalidad: el reto es eliminar al Madrid y llegar a su segunda final de Champions para poder aspirar a ganar dicha competición después de un cholón de miles de millones invertidos. Ya le toca. Al fin y al cabo, el petróleo no es para siempre, y en algún instante se cerrará el suministro inagotable de dólares procedente del mismo. La comunidad científica lleva décadas alertando acerca del peligro de agotamiento de los combustibles fósiles. Estos son por definición no renovables, lo cual aboca al género humano a la búsqueda de formas alternativas de energía y al Manchester City a coronarse en Europa de una puñetera vez.
Para lograrlo, Guardiola ha dejado a un lado la fidelidad a ese estilo futbolístico al que juró fidelidad eterna cuando el modelo lo era todo y el marcador era un impostor. Ahora el marcador es lo que manda y el modelo es a lo sumo Sean O’Pry. En esa búsqueda de réditos deportivos fehacientes, más allá de relatos efectistas, Pep ha abrazado un estilo distinto, directo y práctico, el que mejor se acomoda a esa bestia parda que es el motosierras noruego. Sí, digámoslo sin ambages: Pep ha abrazado el mourinhismo. Eso está muy bien si le sale bien (ya es hora), pero tendrá que hacer el pino puente dialéctico para justificar la renuncia a sus dogmas si no hay fruto en el cese del talibanismo.
Para que no haya fruto, está el Madrid, desahuciado una vez más para el choque de mañana por prensa y exfutbolistas ingleses como Wayne Rooney pero con la ilusión de volver a dejar en la cuneta al máximo favorito (¿por qué no admitirlo?), es decir, al City. Rooney y otros acrecientan la pose de matones cuanto más miedo les da el Madrid, y en esa escala del pavor a lo blanco están las agujas a punto de estallar.
Marca se felicita por el triunfo de Alcaraz al que antes aludíamos (le felicitamos nosotros también, porque es de ley y por su madridismo), al tiempo que dedica su espacio superior a elogiar el Madrid de Florentino como un ejemplo de “rentabilidad deportiva, económica y social.” No podemos estar más de acuerdo, pero entonces ¿por qué se trata diariamente al club como si fuese un desastre?
Os dejamos con el resto de portadas de la jornada. Pasad un buen día.
Benzema toma la Copa de las manos de Felipe VI, se gira parsimoniosamente y la eleva con la naturalidad propia de quien se ha limitado a cumplir con su deber. Medio estadio ruge, el otro medio asiente con lo que se antoja aceptación de un fatum inexorable.
Apenas cinco minutos antes, el último arreón rojillo ha salido fuera, aún no sé cómo, y Rüdiger ha espoleado a las masas con un gesto de rabia. Está justificado el gesto del alemán porque el segundo tiempo ha sido un padecimiento, con un Madrid dominado por los de Arrasate y la angustia de un sinfín de centros lloviendo desde una y otra banda, y Alaba, Militão y Carvajal multiplicándose en los despejes. Tras un pase genial del recién ingresado Asensio, Vinicius se ha quedado solo ante Herrera y ha pecado de exceso de generosidad, que es algo de lo que es posible pecar en el fútbol y en la vida, sin que Benzema haya llegado al remate. Habría sido el gol de la tranquilidad que el partido nunca llegará a tener, ni siquiera con el segundo gol de Rodrygo, que ha subido al marcador como saliendo de la nada. En el Madrid salir de la nada es salir de las botas de Vinicius, que por enésima vez había apurado la línea de fondo para que la cosa desembocara en un rechace que el otro brasileño embocó.
Antes de eso, denuedo sin pericia por parte del Madrid y chutazo desde fuera del área de Torró, que casi no celebró (?) en virtud de su condición de canterano. Ni cotizaba el gol del canterano del Madrid al Madrid, como también entraba en las apuestas que al comienzo del segundo tiempo el Madrid sufriría. Siempre lo hace, diluyendo en este caso el buen hacer de una primera parte jugada espléndidamente por Osasuna pero en la que los blancos perdonaron. Registramos en ese apartado la impecable falta de Alaba al travesaño (mi hijo no había podido verlo porque una señora insistió en pasar a su asiento justo cuando el austriaco se disponía a lanzar) y la sensacional jugada de Vini con deslumbrante dejada de Rodrygo a Karim y el paradón de Herrera. Del lado pamplonica ya sabemos: Militão resbalando aparatosamente -se diría que exageró las volteretas para subrayar que había sido un resbalón- para que Abde la picara y Carvajal la sacara providencialmente.
Todo esto había tenido lugar ante la efervescencia de un fondo blanco incansable con media Galerna desgañitándose en júbilos desafinados, con Athos Dumas y Jorgeneo, con el escribidor que nada más sentarse por primera vez tuvo que volver a ponerse de pie para celebrar el tempranero tanto de Rodrygo. Se había escapado Vini por la banda con dos culebreos furiosos y se la había dejado limpia a su compatriota, que había inaugurado el marcador nada más comenzar para que el escribidor se preguntara cómo era posible la suerte de empezar tan bien y sin que pudiera preguntarse cómo era posible acabar tan bien porque aún no conocía el final por simple incapacidad para interpretar la señal.
Solo ahora, volviendo a Madrid en el coche de Athos, es de hecho capaz de interpretarla. El fondo blanco donde se diluye, los cánticos iniciales, la expectativa y los nervios en todo lo alto. Es antes aún de que suene el himno y el Rey salude desde la tribuna de autoridades. La gente aún se acomoda en los asientos y de pronto esa cara. Topan las miradas y sabes que le conoces de algo pero no sabes de qué. Las redes sociales tienen estas cosas, y desembocan en el abrazo de muchas conversaciones que aún no habían sido selladas en el mundo físico. Va de blanco, como todos, pero él lo luce con una legitimidad incontestable porque es el hijo de Juanito. Solo ahora comprende el escribidor que está todo hecho, que los nervios y los temblores posteriores son accidentes por los que vale transitar porque son parte del viaje, pero han sido innecesarios, superfluos. Omisibles. El madridismo de las redes tiende a aludir de manera tópica al espíritu de Juanito. Solo ahora comprendo que no teníamos nada que temer estando como estaba a nuestro lado algo mucho mejor: la sangre y la carne de Juanito.
Para mí, esta siempre será la Copa de Roberto.
Getty Images