Arbitró Juan Martínez Munuera del Comité valenciano. En el VAR estuvo Medié Jiménez.
Partido al final de mucho contacto y varias amarillas, pero así son los encuentros ante el Getafe que siempre va muy duro e intenso a los duelos.
La primera jugada polémica llegó en el 12' cuando a Mitrovic le dio el balón en el brazo pero lo tenía pegado y no era penalti. Luego hubo dos amarillas por jugadas idénticas, concretamente por un pisotón. Mata estrenó las cartulinas al pisar a Valverde en el 27' y Camavinga le siguió por el mismo gesto a Gastón en el 40'.
En la segunda mitad Alderete en el 59' derribó a Hazard en la frontal del área y vio tarjeta. En el tramo final, Iglesias realizó una durísima entrada a Camavinga al pisar por detrás al francés en el talón y el empeine. Amarilla justa para el lateral azulón. Su compañero Seoane agarró a Nacho en el 92' y fue el último amonestado del encuentro.
Además, se anuló un tanto a Vinicius en el 75' por fuera de juego y Munuera también se comió un córner claro a favor de los merengues tras acción entre Iglesias y el brasileño.
Munuera Montero, DISCRETO. Sin grandes problemas.
Courtois: 6,5. La que tuvo la paró con bastante mérito.
Lucas: 6,5. Se incorporó bastante al ataque.
Militao: 6,5. Más entonado que en las últimas ocasiones.
Nacho: 6. Estuvo correcto. Sin errores.
Mendy: 5. Cumplió después de mucho tiempo de inactividad.
Tchouaméni: 7. Bastante fluido. Sobre todo en la segunda parte.
Camavinga: 6. Pudo disfrutar un rato en el centro del campo, pero acabó en el lateral. Se marchó por un golpe en la rodilla.
Ceballos: 5. No logró darle ritmo al equipo.
Valverde: 4. Apenas intervino.
Hazard: 5,5. Algunos detalles de clase, pero falto de físico.
Asensio: 6,5. Marcó el gol del partido.
Kroos: 6,5. Mejoró el juego del equipo.
Vinicius: 6. No forzó en exceso.
Modric: 6. Le dio continuidad al juego.
Mariano: 5. Lo intentó y le puso ganas.
Odriozola: sin tiempo.
Ancelotti: 6. Alineación lógica.
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El Madrid ganó 1-0 al Getafe con gol de Asensio. La mala noticia fue la posible lesión de Camavinga.
Fiel al sentido común, Ancelotti dispuso un once completamente alternativo priorizando la batalla del miércoles en Manchester. Lucas y el recuperado Mendy harían de laterales. De centrales Nacho y Militao.
En el centro del campo la combinación más física posible con Camavinga, Tchouaméni, Ceballos y Valverde como falso extremo. Arriba estarían Hazard y Asensio.
Lo cierto es que la primera parte no dejó nada. De hecho el Madrid sólo pisó tres veces el área del Getafe pese a tener un 70% de posesión. Se puede tener mucho el balón y que no sirva para nada. Lo único rescatable fue un centro de Lucas que estuvo a punto de rematar Asensio. Muchas imprecisiones a pesar de la lentitud en el juego.
Por su parte el Getafe llegó algo al principio, pero sin ninguna ocasión clara. Parecía valerle el empate en el feudo madridista.
Tras el descanso salió Kroos al campo por Mendy. Camavinga volvería al lateral izquierdo.
Lo cierto es que el segundo tiempo empezó con algo más de ritmo por parte de ambos equipos. El Getafe dispuso de dos ocasiones en los primeros cuatro minutos.
El Madrid ganó 1-0 al Getafe con gol de Asensio. La mala noticia fue la posible lesión de Camavinga
El Madrid trataba de meterle más intensidad y el volumen de ataque crecía. En el 60’ salieron al campo Vinicius, Mariano y Modric por Hazard, Ceballos y Valverde. Hazard se había marchado del campo provocando una falta peligrosa. Dejó un actuación con algunos detalles de clase, pero al jugador le falta motor.
Juan Iglesias puso a prueba a Courtois en el minuto 65. Los cambios de Ancelotti adivinaban la intención de tratar de ganar el partido. Vinicius había comenzado su andadura en el partido desbordando.
En el 69 Asensio marcó un gol al estilo Asensio. Lucas le cedió un balón y el golpeo del balear fue desviado por un defensor del Getafe haciendo imposible la estirada de Soria.
En el 76 Vinicius marcó gol, pero fue anulado por fuera de juego. El pase de Mariano fue demasiado tardío.
En el 77, un maravilloso centro de Kroos dio con la cabeza de Asensio. El remate fue bueno, pero la parada de Soria fue aún mejor.
En el 83 entró Odriozola por Asensio, pero justo antes de consumarse Camavinga pidió el cambio aquejado de un fuerte golpe por una fea entrada de Juan Iglesias.
El partido terminó con el sabor amargo que genera la lesión de Camavinga.
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El señor decano, cuando todavía no lo era pero estaba cerca de serlo, subió las escaleras que conducían a la terraza de la cervecería luciendo una camisa blanca y un jersey gris anudado al cuello. Le acompañaba su inseparable yerno Tito y le esperaban, ya sentados en una de las mesas, a la sombra, su hijo Nelson, el omnisciente Alberto Cosín y yo mismo.
Habíamos dado al señor decano el Premio Paco Gento de La Galerna pocos días antes, y el motivo de la cita era celebrar el Premio pero en realidad seguir celebrando su carrera y su vida, que es lo único que uno se siente capaz de hacer cuando está con él. Cualquier encuentro con Pepe Santamaría es una lucha enconada —y en última instancia frustrante— por hacerle ver que fue uno de los jugadores más importantes de la historia del fútbol. Su rocosa modestia le impide concederse el menor mérito, y uno acaba agotado a la vera del camino, sentado en un mojón de la senda de éxitos que Pepe ha previamente pintado de blanco (todo es blanco), borrando todo resto de su nombre.
—El Madrid lo es todo —había dicho al recoger el premio—. El Madrid es el mundo entero.
Pepe solo quiere diluirse en el Madrid y, aunque sabemos que todo esfuerzo por resaltar su mérito personal es en vano, seguimos insistiendo. El mismísimo Andrés Amorós se le acercó al final de la entrega de premios para confesarse fan.
—Yo te vi jugar. Eras buenísimo.
—Y bueno… Tú sabes… Cuando juegas en el Madrid…
—Déjate de Madrid. Aquel Madrid era grandioso, no lo vamos a descubrir ahora. Pero yo te hablo de ti. Fuiste el primer defensa central que se empeñaba en sacar el balón jugado desde atrás. Ese mérito se lo atribuyen a Beckenbauer. Pero el auténtico pionero fuiste tú.
Santamaría solo quiere diluirse en el Madrid y, aunque sabemos que todo esfuerzo por resaltar su mérito personal es en vano, seguimos insistiendo
Tenemos entendido que fue el propio káiser quien, también a la entrega de algún otro premio, confirmó exactamente eso. “Yo no era malo, pero el primero que empezó a interesarse por tratar bien a la pelota desde la guarida defensiva, en lugar de aplicar por sistema el patadón, fue el legendario José Emilio Santamaría, del Real Madrid”.
Le pregunté a Nelson si nunca han indagado por ahí en la veracidad de estas palabras del viejo Franz, y me dijo que no. Alguien tiene que preguntarle, le insistí, es necesario confirmar a ciencia cierta que esa es la opinión de Beckenbauer, y Nelson asintió mientras Alberto Cosín le enseñaba a Pepe unas fotocopias de viejos recortes de prensa relativos a partidos de su época. Pepe bebía agua mineral y Cosín Coca-Cola Zero. Los demás no.
Pepe y Cosín hablaban de aquel Hungría-Uruguay de la semifinal del Mundial del 54, lo que aprovechamos para comunicar al mito la vice-buena-nueva, que habíamos logrado saber por Alberto. En aquel momento, Pepe era el vicedecano de los mundialistas, es decir, el exfutbolista vivo que ha jugado el segundo partido más lejano en el tiempo en un Mundial.
“El decano es Tota Carbajal, portero mexicano que es el único jugador que jugó en el Mundial del 50”, le detallaba Alberto, cuyas palabras ha hecho la parca perder toda vigencia. Entre nuestro encuentro y el momento en que escribo esto, Tota Carbajal ha pasado a otra dimensión y el vicedecano ha pasado a ser el decano. Nadie vivo ha jugado un partido de un mundial más lejano en el tiempo que el partido de Pepe Santamaría en su debut del 54. Así pues, a su palmarés como líder de la defensa del legendario Madrid de los 50, ganador de 4 Copas de Europa y Dios sabe cuántos títulos más, D. José Emilio añade ahora este decanato mundialista.
Nadie vivo ha jugado un partido de un mundial más lejano en el tiempo que el partido de Pepe Santamaría en su debut del 54
Pero aquel día era solo el vicedecano, el mismo que mostraba una delectación morosa en el examen de las fotocopias de Alberto.
—No voy a decir que aquella semifinal contra Hungría la perdiéramos por aquello, pero alguien de nuestro equipo hizo algo feo. Nadie lo ha revelado hasta ahora.
—¿Quién? ¿Qué? —se revolvió Cosín, reconocido futbolhistorisexual sin freno. En el fondo sabe que es un afán baldío. Nadie ha logrado nunca que Pepe Santamaría traicione su proverbial discreción. Jamás ha hablado mal de nadie, ni siquiera cuando el país más cainita del mundo le crucificó porque su selección de medio pelo no había sido capaz de ganar un Mundial en casa. Por no hablar mal, ni siquiera habla mal de Peñarol, aunque una vez recortara un gato Garfield de un guante de cocina porque los colores del felino coincidían con los del gran rival charrúa.
—¿No le vas a dar el regalo? —intervino Tito.
—Ah, sí —asintió Pepe, aproximándome con el brazo el paquete que llevaba un rato encima de la mesa, y haciéndome entender que era para mí. Di un trago a mi cerveza para exorcizar la impresión y procedí a desbaratar el envoltorio. Era un papel liviano como la vida. Se deshizo entre mis dedos. La fragilidad del papel y de la existencia, la fortaleza del señor decano y sus noventa y tres primaveras frente a mí.
—Díganos quién fue —porfiaba tímidamente Cosín—. Bueno, no le pido tanto. Ya sé que no va a decirnos qué hizo aquel compañero. Pero yo le doy la alineación de Uruguay, que la tengo aquí, en esta fotocopia, y usted con el dedo señala quién fue. Ya averiguaré yo de qué se trataba.
—No lo averiguarás, nadie en setenta años lo ha contado —le desincentivó cariñosamente Pepe, mientras yo extraía el contenido del envoltorio y lo extendía ante mis ojos—. No digo que perdiéramos por eso. Pero.
Era una camiseta de Pepe. Sin publicidad, claro. Sin su nombre, claro, en homenaje a la humildad innegociable. Blanca. Con el escudo bordado. Con el número 5 bordado a la espalda. Con una dedicatoria. Calcula Nelson que es del año 57. Yo pugnaba por no llorar y Cosín pugnaba por sacar algo de información para su vicio turbio, algo, lo que fuera. A mí no me salían las palabras.
—Esta es la alineación.
Pepe tomó entre sus dedos huesudos la fotocopia de Alberto y examinó cuidadosamente la lista con once nombres uruguayos. Pareció ponderarla durante un instante.
—Está ahí —confesó finalmente. Lo malo o lo buenísimo es que no lo confesó apuntando con el dedo a ninguno de los nombres sino moviendo la mano en el aire, como espantando una mosca incómoda, antes de dar un nuevo trago a su vaso de agua y mirarme con sus ojos transparentes.
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Este sábado el Real Madrid vuelve a la competición de liga después del éxito de la Copa de España y del partidazo ante el City jugando contra el Getafe en el Estadio Santiago Bernabéu que, por cierto, cada día se parece más a la inmensidad que va a ser.
Mi padre (q.e.p.d.) decía muchas veces que no hay que poner el parche antes de que salga el grano, o sea, que no hay que adelantar acontecimientos. Pues bien, nada más acabar el partido de Copa de Europa, ya se han apresurado a saltar las voces antimadridistas de la prensa deportiva contra el hipotético equipo que pueda salir al campo el sábado, un equipo que, según estos medios, cambiará mucho respecto al del pasado martes porque Ancelotti quiere reservar jugadores importantes para la batalla del City of Manchester.
Pues lo normal en estos casos, digo yo. Te juegas la temporada el miércoles contra el otro equipo más fuerte de Europa y lo natural es reservar jugadores para que no se lesionen o se fatiguen. Lo hacen todos los equipos, pero no nos engañemos, saque el equipo que saque el entrenador transalpino, todos serán (salvo quizá alguna excepción) jugadores de la primera plantilla del Real Madrid.
Parece que el equipo blanco es el único conjunto del mundo que no puede permitirse el lujo de reservar jugadores para un objetivo mayor, el Real Madrid siempre tiene que jugar con sus estrellas, no como Osasuna, que revolucionó el equipo en el Camp Nou para preparar la final de Copa. No como muchos equipos de mitad de la tabla para abajo que, en ocasiones, (contra el Madrid no, por supuesto) reservan muchos de sus titulares contra grandes porque no es nuestra liga, sobre todo cuando se acerca el momento caliente del campeonato. No, resulta que el Real Madrid va a sacar una alineación pensando en perjudicar al Valencia. Jamás he leído una tontería más tonta. Que el Real Madrid va a jugar con otros jugadores (insisto, de la primera plantilla, que no son del juvenil) no para preparar mejor el partido del año en Manchester sino para hacer que el Valencia baje a segunda. Es el nivel del antimadridismo patrio, amigos.
Resulta que el Real Madrid va a sacar una alineación pensando en perjudicar al Valencia. Jamás he leído una tontería más tonta
Ya lo dijo don Santiago: el antimadridismo es el precio que hay que pagar por ganar tantas ligas y tantas Copas de Europa. Una frase de hace más de 50 años sigue siendo válida en nuestros tiempos. El antimadridismo es enfermizo. Todo lo que hace el Madrid está mal. Que sale con los titulares, mal porque los arriesga, que sale con teóricos suplentes, mal porque perjudica a terceros, siempre mal, siempre hay que decir algo para desestabilizar a esta plantilla, siempre así.
Pues el miércoles, el equipo de baloncesto dio más carnaza al antimadridismo logrando una hazaña que nunca se había conseguido antes: ganar una serie de play off de Euroliga después de ir perdiéndola por 0-2 y, más aún, ganar el quinto partido después de ir perdiendo por 18 puntos de ventaja en el tercer cuarto. A veces pienso que es que debemos dar algo así como asco, porque cuanto más difícil es el objetivo, cuanta más dura es la escalada, más nos empeñamos en conseguirlo y, en muchas ocasiones, se logra. Lo del baloncesto ha sido de una épica inigualable. Toca rubricarlo con una victorias en la final four de Kaunas y traer al nuevo y flamante museo blanco la undécima Copa de Europa de la canasta blanca.
Ahora, como siempre, mirando de reojo a lo que pueda pasar el miércoles, unos datos del partido y ¡hala Madrid!
Efectivamente, en partido oficial, los nuestros y los azulones sólo han disputado partidos de liga, exactamente han jugado 35 encuentros, con un balance de 25 victorias, 4 empates y 6 derrotas, con 76 goles a favor y 38 en contra.
El último balance del Real Madrid contra el Getafe no puede ser más alentador, puesto que El Real Madrid sólo ha perdido uno de los últimos 18 partidos de liga jugados contra ellos y sólo ha encajado un gol en los últimos 9 partidos disputados. Además, El Real Madrid ha ganado los últimos 13 partidos jugados contra el Getafe como local.
Nuestro Balón de Oro ha marcado 9 goles al Getafe en los encuentros que ha disputado contra ellos, siendo el máximo goleador contra los azulones de la actual plantilla y el segundo histórico, después de Cristiano Ronaldo (23).
Benzema es el mayor asistente del Real Madrid entra el Getafe, habiendo dado 6 pases de gol contra el equipo madrileño.
El resultado típico de un R. Madrid-Getafe es de 2-0, que se ha repetido en tres ocasiones.
Nos toca Martínez Munuera una vez más (qué fijación, por Dios). Este trencilla tiene los siguientes números contra el Real Madrid: ha arbitrado 33 partidos oficiales, con un balance de 20 victorias, 6 empates y 7 derrotas, con 68 goles a favor y 35 en contra, lo que significa que el Real Madrid ha obtenido un resultado desfavorable (empate o derrota) en, nada más y nada menos, que el 39,39% de las ocasiones. Esto es, en casi 4 de cada 10 partidos que juega el Real Madrid, el resultado no es el de victoria. El dato no debía ser significativo (o sí) si no fuera porque desde la temporada 2013/14, que es cuando el ínclito asciende a primera división, el Real Madrid ha jugado sin él al chifle 531 partidos oficiales, obteniendo un resultado desfavorable en el 34,46% de los mismos, o sea, 5 puntos menos que con el valenciano. Además, este señor fue el nefasto árbitro del R. Madrid-Sevilla de la liga 2020/21 que propició con sus decisiones que el Real Madrid no ganara esa edición y del Rayo-Real Madrid de esta temporada, donde el amigo Balliu le dio un pescozón a dos manos a Vinicius en el que no pitó ni falta. Que Dios nos coja confesados.
1.- El Getafe Club de Fútbol jugó por primera vez en Primera División en la temporada 2004/05. Actualmente es el 22º en la clasificación histórica del campeonato con 805 puntos.
2.- La actual es la 18ª temporada del Getafe en primera división.
3.- El último ascenso del Getafe a primera división fue la temporada 2017/18.
4.- El Getafe quedó en la 15ª posición de Primera División la temporada pasada con 39 puntos.
5.- Sus últimos 5 partidos de liga los ha saldado con 1 victoria, 1 empate y 3 derrotas.
6.- El Getafe, en sus últimos 5 partidos como visitante en liga, ha empatado 2 y perdido 3.
7.- En sus últimas 5 temporadas en Primera División, Jorge Molina, Portillo y Unal (1) son los goleadores del Getafe al Real Madrid en liga.
8.- Jugadores del Getafe que hayan jugado en el R. Madrid y le ha marcado gol en partido oficial: Parejo (2), Riki, Tena, Soldado, Pedro León y Sarabia (1).
9.- José Bordalás se ha enfrentado 10 veces como entrenador al Real Madrid (8 con el Getafe y 2 con el Valencia) con un balance de 2 empates y 8 derrotas. Nunca ha ganado al Real Madrid como entrenador.
10.- Los goleadores del Getafe esta temporada en todas las competiciones son: Enes Unal (15), Borja Mayoral (9), Munir (6), Gastón Álvarez y Aleñá (2) Juan Iglesias, Damián Suárez y Latasa (1).
11.- Actualmente, El Getafe es 18º en la clasificación de la Liga con 34 puntos.
7 victorias, 2 empates y 1 derrota, 14 goles a favor (1,4 goles por partido) y 4 en contra.
Goleadores: Varane (2), Benzema, Bale, Modric, Özil, Carvajal, Sergio Ramos , Mendy, Casemiro y Lucas Vázquez (1).
Asistentes: Marcelo y Vinicius (2), Isco, Benzema, Kroos, Marco Asensio, Mendy, Fede Valverde, Rodrygo y Modric (1).
Tarjetas: Nacho, Mendy, Fede Valverde y Casemiro (2), Marcelo, Isco, Jovic, Carvajal, Sergio Ramos, Militao, Mariano, Modric, Rodrygo y Ancelotti (1).
Expulsados: Ninguno.
Primer tiempo: 6 goles; segundo tiempo: 8 goles.
Gol más tempranero: Militao (minuto 3).
Gol postrero: Modric (minuto 96).
El R. Madrid no ha remontado un gol para ganar el partido y no le remontaron.
Mayor goleada: 4 de enero de 2020, Getafe-R. Madrid, 0-3, goles de David Soria (p.p.), Varane y Modric.
1 gol de penalti marcado y uno recibido.
1 doblete o más (Cristiano Ronaldo).
Partido con más goles (4): 3 de marzo de 2018, R. Madrid-Getafe, 3-1, goles de Cristiano Ronaldo (2) y Bale.
El R. Madrid ha marcado en 7 de los 10 últimos partidos jugados frente a Getafe en liga.
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Buenos días, amigos galernautas. Por decir algo. Ocurre que cuando paladeas el bouquet del mejor partido moderno del viejo continente balompédico, el postmodernismo guardioliano de un Pep de disseny frente al costumbrismo folk y socarrón del viejo zorro de Reggiolo, un Manchester City del sirimiri constante y jeques con paraguas contra un Madrid floreciente y florentino, recibir a un Getafe liguero, perdido en el desván mugriento de un campeonato maloliente resulta como llevar Flores en el Ático.
Si a la visita del desdichado Getafe —pobre, ellos no tienen culpa de nada, salvo de padecer a Ángel Torres— le añadimos el poso semanal de una épica desbordante en el Palacio de los Deportes, la guinda de una de las mejores series de playoffs de la historia del baloncesto europeo, tanganas incluidas, teatro del bueno, Chus contra Zeljko y Tavares contra todos, lo de esta noche en el Santiago Bernabéu nos resulta descafeinado y lo de esta mañana en las primeras planas de la prensa deportiva cañí constituye todo un Jardín Sombrío. 
Pensando en el City, dice Marca. Si les parece nos ponemos a pensar en Barto. O en Negreira. O en Padremany. O en Joan Kennedy Laporta. Si algo ha caracterizado al Real Madrid a lo largo de su historia es en poner el foco en sí mismo, en sus conquistas, en la Historia que tú hiciste, en la Historia por hacer. Otros clubes funcionan, precisamente, al contrario; alimentándose del odio al vecino, envidiando sus logros, celebrando sus derrotas y olvidando sus propios (y escasos) triunfos. Así andan los Mossos, que no saben aún si acordonar Canaletas, ante la previsión de que el Madrid pudiera cargarse al City y fastidiarles la rúa. El Atleti ni qué decir tiene. Su brazo intelectual, el Frente deprimente, estará evaluando a qué muñeco ahorcan de un puente próximamente.
A propósito de la visita del Getafe esta noche, otro de nuestros adversarios instalado en el rencor —y ofendidito habitual— es el Valencia, su afición y su trompetero aparato mediático levantino encarnado en ese periódico de bajos vuelos llamado Superdeporte. Andan los Pulitzers que por allí anidan soliviantados por la posible alineación que dispondrá Carletto esta noche ante sus vecinos madrileños, en tanto que se trata de un rival directo del equipo valenciano con sede en Singapur en la lucha por evitar el descenso.
Tanto es así que no se han cortado un pelo con escatológicos titulares como “Ancelotti se la juega al Valencia”, coronadas con encuestas online como la de ayer en su página web. Cemento armado. Hormigón duro. El que les falta, parece, para levantar el nuevo Mestalla.
Está el Valencia, su afición y sus medios para pedir favor alguno al Real Madrid, ¡al Real Madrid! Sí, al mismo al que se le niega el pan y la sal a las orillas del Turia, el mismo al que un futbolista che le sale por un testículo y parte del otro mientras que si el comprador viste de blaugrana el comprado viaja a ciudades condales envuelto en papel celofán con lacito multicolor y dos gotas de Chanel Nº5. A ese le pide favores Superdeporte.
Que no se preocupen que el Madrid saldrá a por todas esta noche, aunque juegue Mariano. Diaz, que no Rajoy, aunque es posible que no notáramos excesiva diferencia entre ambos.
Así que como diría la Pantoja flanqueada por inefable Cachuli, dientes, dientes que eso es lo que les jode. Por tanto, nos quedamos con la sonrisa de los incansables que propone el diario As en su portada. Y lo hacemos por varios motivos. El primero, sonreír a la vida como hace Vini con su fútbol. El segundo, por lo de La Pantoja y Cachuli. El tercero, para olvidar a la recua de envidiosos y malintencionados que acaban de palmar más de cien boniatos haciéndose con la camiseta de un club inglés sufragado por dinero de un emirato teocrático. Español y mucho español, ya saben, que diría Mariano. La primera plana nos resulta refrescante en tanto que en cuanto viajemos a la esquinita de allí arriba a la derecha se nos va aflojar la risa.
No parecen en Can Barça ni en absoluto escandalizados por el execrable Caso Negreira, ni tampoco excesivamente entusiasmados por el inminente título de Liga que habrían de celebrar en Canaletas, incluso, es posible, Dios del balompié no lo quiera, en el campo del Real Club Deportivo Espanyol mañana mismo.
Sin embargo, por lo que sea, la prensa de combate culé no parece estar para mucha fiesta, quizás porque en el fondo saben que todo esto ya es una mierda.
Así se entretienen, palanca, palaquita, palanbirurí, barajando fichajes a cada cual más random, a ver si sopla la flauta, cae alguno, Messi se forra con los sauditas y Laporta con turbio agente FIFA. Todo esto si no se les cae antes el estadio, claro.
Llegados a este punto, amics galernautas, disfrutemos de nuestro Madrid esta noche, incluso del Getafe, y si el valencianismo nos da permiso —buena victoria de los de Chus Mateo anoche en la Fonteta por cierto— preparemos el partidazo del miércoles contra el Manchester City de Dubai.
¡Hala Madrid!
El fútbol está lleno de subespecies pintorescas y peligrosas. El gran Fred Gwynne, colaborador de esta santa Galerna, ya catalogó en su día al AIC, Analista Internacional Calvo, que es un experto futbolístico cuya capacidad de acierto a la hora de hacer diagnósticos deportivos suele ser directamente proporcional a su frondosidad pilosa craneana.
Otro intrigante miembro de la fauna futbolera es el “Periodista Experto Arbitral” de los medios de comunicación, que suele ser un señor con aspecto de figurante de película de Ozores y cuyo principal mérito para sentar cátedra en lo suyo es que en tiempos de Maricastaña expulsó a Fernando Hierro en un Madrid-Sevilla y los “biris” le hicieron la ola; o algo por el estilo.
La variante del Periodista Experto Arbitral (Arbiter Rabilius Oculae) es la del Árbitro Incorruptible o “Tronista con Pito” (Burgalensis Baengoetxeus Egomaniacus). El desmedido afán de protagonismo de esta subespecie la hace muy peligrosa e impredecible; salvo que seas el Real Madrid, que en tal caso puedes predecir sin ningún temor que va a putearte siempre que pueda. Otra especie de la zoología futbolística con la que conviene guardar distancias es el Representante Comisionista (Latro Maximus Maximus), y, si se da la circunstancia de que dicho Representante Comisionista es, además, pariente del representado, lo mejor es echar a correr sin mirar atrás.
Según Linneo, el Pariente Representante Comisionista se divide en dos subespecies: por un lado, el Hermano Representante (Minus Ramus Hispalensis), y por el otro, el Padre Representante (Latro Pater Impressentabilis)
Según Linneo, el Pariente Representante Comisionista se divide en dos subespecies: por un lado, el Hermano Representante (Minus Ramus Hispalensis), del cual el único que debe tener miedo es su propio representado, ya que acostumbran a liársela parda; para el resto de personas son inofensivos. Por el otro lado está el Padre Representante (Latro Pater Impressentabilis), más dañino que una mamba negra.
Le tengo mucha manía al Padre Representante (vulgarmente conocido como “Pai”). Cuando meten la zarpa de por medio, normalmente para llevarse una cantidad obscena de dinero, nunca hacen prisioneros. Al Pai lo único que le interesa es la pasta gansa y no conoce escrúpulos a la hora de llenarse los bolsillos. No tendrá problema en cargarse la carrera de su cliente si con eso logra un buen porcentaje de comisión, lo cual resulta especialmente terrible en la medida en que el cliente es su propio hijo. Pero eso al Pai le da lo mismo: cuando mira a su vástago ve más bien una herramienta para satisfacer su resentimiento vital.
En el Real Madrid tuvimos a Mesut Özil, que era un grandísimo jugador. Pero su padre, un tipo cuyo único talento fue sangrar a su hijo hasta dejarlo seco, consideró que el Madrid le pagaba poco dinero y, en consecuencia, decidió reventar la carrera profesional de su cliente. Por una cochina comisión. Creo que por eso le tengo tanta tirria a los Padres Representantes, porque Özil me gustaba mucho y hacía cosas muy bonitas y divertidas cuando jugaba de blanco.
Con la marcha de Özil el Madrid perdió a un gran jugador, pero también se libró de su representante. No hay mal que por bien no venga. Un Padre Representante sin escrúpulos es una de las mayores lacras del mundo fútbol, y pueden incluso llevar a la ruina a clubes de gran solera. Que se lo digan al Barça de Jorge Messi. En el Madrid, por suerte, nuestros jugadores son huérfanos de cara al público. Nadie tiene ni idea de quienes son ni a qué se dedican los padres de Vinicius, Valverde, Toni Kroos o Camavinga.
Erling Haaland, que no juega en el Real Madrid, tiene un Padre Representante llamado Alfie. De Alfie Haaland no tengo un gran conocimiento ya que era futbolista en la época en la que a mí el fútbol me importaba un pimiento. Me cuentan que jugaba en el Manchester City hasta que una entrada criminal de Roy Keane lo retiró por las bravas de los terrenos de juego. De modo que el señor Haaland es exfutbolista del City (strike uno) con carrera prematuramente rota (strike dos) y además representante de su hijo (strike tres). Lo que se llama una tormenta perfecta.
Alfie Haaland es exfutbolista del City (strike uno) con carrera prematuramente rota (strike dos) y además representante de su hijo (strike tres). Lo que se llama una tormenta perfecta
A Alfie Haaland lo invitaron el martes pasado al palco del Bernabéu y su comportamiento no fue, digamos, ejemplar. El estado de Alfie era similar al de Agustín de Foxá en aquella fiesta de la embajada, cuando quiso sacar a bailar un vals a una bella señorita y esta le respondió:
—No, señor Foxá, no voy a bailar con usted por tres razones. La primera, porque está usted borracho. La segunda, porque esto no es un vals sino el himno nacional del Paraguay. Y la tercera, porque yo no soy una “hermosa señorita” sino el nuncio de su Santidad el Papa.
Sospecho que Alfie Haaland en el Bernabéu portaba un tablón nivel Agustín Foxá, con la diferencia de que el señor Haaland no tenía la gracia del escritor madrileño y en vez de sacar a bailar a un clérigo se puso a insultar y a tirar cacahuetes a sus vecinos de palco. Lo de tirar frutos secos es muy de primate; lo de comportarse como un impresentable en el palco del Madrid ignoro si es una costumbre noruega. Los madridistas ya estábamos familiarizados con los piperos del Bernabéu, pero lo de los cacahueteros es un fenómeno nuevo y fascinante que merece catalogarse.
Gracias a Alfie Haaland podemos colegir que el cacahuetero es el asistente al palco del Bernabéu que, en vez de respetar la sacralidad del espacio, se conduce como un salvaje hasta que las fuerzas de seguridad tienen que desalojarlo. El primer cacahuetero ilustre sería Millán Astray, al cual el 23 de mayo de 1950, el propio don Santiago le mostró la puerta del estadio debido a su comportamiento inadecuado. En fin, que como no sabemos si Millán Astray se hizo un Alfie Haaland o Alfie Haaland se marcó un Millán Astray, lo mejor es que inventemos un término (“cacahuetero”) para describirlos a ambos y a todos los que decidan imitarlos en el futuro, que esperemos que sean pocos.
Alfie Haaland no sé qué méritos reúne para creerse con derecho a portarse como un animal cuando le invitan al palco del Bernabéu
Millán Astray fundó la Legión y tradujo el Bushido al castellano. Simpatías o antipatías aparte, es una figura histórica. Alfie Haaland no sé qué méritos reúne para creerse con derecho a portarse como un animal cuando le invitan al palco del Bernabéu. Tampoco sé si algún día su talentoso hijo acabará vistiendo de blanco, pero mucho me temo que, desde el pasado martes, sus posibilidades de hacerlo se han visto reducidas por culpa del comportamiento de un mal representante. Llámenme quisquilloso, pero no me gusta que en mi equipo haya jugadores cuyos padres se dedican a tirar cacahuetes al respetable. Eso indica o falta de modales o enajenación mental, rasgos que no me parecen los mejores para gestionar la carrera de un futbolista cuyo pecho ha de lucir el escudo de las 14 Copas de Europa.
Llámenme quisquilloso, pero no me gusta que en mi equipo haya jugadores cuyos padres se dedican a tirar cacahuetes al respetable
Me encanta Erling Haaland. Es un jugadorazo, un monstruo goleador con motosierra. Un vikingo que por lógica pura debería vestir de blanco. Es probable que este año se convierta en campeón de Europa, siempre y cuando Antonio Rüdiger y el Real Madrid se lo permitan el próximo miércoles. Pero su padre no me cae nada simpático. Si el precio para que Haaland sea madridista es dejar que su representante se pasee por Valdebebas como Alfie por su casa, no sé hasta qué punto compensa. El Madrid ya tiene a Vinicius, a Valverde y a Rodrygo; y prefiero mil veces al padre de Rodrygo, que es Luka Modric, que tener que soportar al cacahuetero noruego.
Prefiero mil veces al padre de Rodrygo, que es Luka Modric, que tener que soportar al cacahuetero noruego
Jesús Bengoechea, fundador de esta santa Galerna, cuenta que el día de la final de Cardiff tuvo la suerte de compartir unas pintas con doña Debbie, la madre de Gareth Bale. Esta le dijo que, naturalmente, le gustaría que su hijo jugara aquel partido, pero que lo más importante, por encima de todo, era que ganase el Real Madrid con o sin Gareth en el césped.
Alfie Haaland debería aprender bastantes de cosas de doña Debbie, que es una señora cojonuda. Puede que, de esa forma, algún día vea a su hijo ganar cinco copas de Europa.
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Buenos días. Seguimos demasiado embelesados por el recuerdo reciente de la hazaña del Real Madrid de baloncesto como para facturar hoy un portanálisis normal. Nos vais a disculpar.
Por lo demás, las portadas del día son estas. Pasadlo bien.
Hola de nuevo:
Para aquellos a los que en demasiadas ocasiones nos supera la incertidumbre propia de la vida, los rituales constituyen un asidero necesario. Más de una vez hemos comentado cómo ofrecen una lenitiva ilusión de orden en medio del caos cotidiano. Si ocurre, además, que estos rituales se concentran periódicamente en unas fechas específicas, en ese caso la sensación de equilibrio aportado, de punto de referencia, se convierte en mucho mayor. Esta es la razón por la que mayo es uno de mis meses preferidos, no en vano se trata de la hoja del calendario que acumula mayor cantidad de ritos reiterados. A estas alturas de nuestra relación epistolar, no creo que haga falta que te detalle a cuáles me refiero. Eres el primero que sabe que, en mayo, la eterna condición de oasis y refugio que supone el Real Madrid alcanza sus mayores cotas. Son los días del todo o nada, en los que se afrontan los instantes cruciales que marcan el destino de la temporada. Los días en los que se apunta el balance final de resultados, único sentido admisible para el eterno retorno de ese fénix blanco condenado a renacer perennemente de sus cenizas con idéntica hambre.
A priori, puede parecer paradójico tratar de buscar la felicidad a través de la reincidencia en la máxima exigencia. Así considerado, en frío, posiblemente nueve de cada diez psicoanalistas estarían tentados de aludir al comodín de la neurosis. Sin embargo, el misterio no es tal: la armonía nos la da la rutina, ese reconocimiento de un paisaje familiar. El desenlace importa, desde luego, pues el Madrid nunca se permite las coartadas retóricas para justificar el fracaso; pero eso viene después. Durante este mes, su afición se alimenta de un mientras tanto mil veces repetido. De ahí que la presión no suponga un peso fatigoso sino el panorama acostumbrado y, por tanto, reconfortante. Ni siquiera novedades menos frecuentes como la Copa del Rey, torneo históricamente tratado con cierta condescendencia por parte del club, y cuya final fue colocada un poco con calzador, perturban el estado de serenidad. Como pudo comprobar Osasuna, se les despachó con la ambición propia de estas fechas, más allá del inevitable plan de administración de los esfuerzos que Ancelotti no negocia jamás.
En mayo se apunta el balance final de resultados, único sentido admisible para el eterno retorno de ese fénix blanco condenado a renacer perennemente de sus cenizas con idéntica hambre
Las rondas finales de la Copa de Europa en el Bernabéu son otro de los principales lugares comunes de mayo. Resulta poco relevante que el rival sea asequible o, como este año, el equipo más poderoso de la década en Inglaterra, comandado por el estratega más maquiavélico imaginable y apuntalado por un arma de destrucción masiva made in Noruega. La emoción de los días previos se mantiene intacta, y uno puede recordar todas las ocasiones que le permitieron construir un refugio inesperado a partir de convertir lo extraordinario en lo cotidiano. Una vez entrados en faena, el ritual puede acabar en medio de la apoteosis o la decepción, o incluso con las espadas en todo lo alto si acaso queda el encuentro de vuelta. Pero todos los mayos empiezan con esa sensación vitalizante y rejuvenecedora, there was something in the air that night, the stars were bright, Fernando, they were shining there for you and me. Por cierto, aunque los que cantaban eso son más de tu época que de la mía, creo que no me equivoco si atribuyo su salto definitivo al estrellato a una participación en un festival de Eurovisión. Ritual que, casualmente, ahora también suele celebrarse en mayo.
Por último, no quisiera acabar esta carta sin mencionar que los ritos de mayo no involucran meramente al equipo de fútbol. Hace ya más de diez años que un madridista añorado acuñó aquello de “no hay Madrid de fútbol o baloncesto. Hay Real Madrid. Una camiseta blanca, un escudo redondito y muchas copas de Europa”. Convendrás conmigo en el carácter inapelable de la sentencia. Así como en considerar las eliminatorias de cuartos y la Final Four de la Euroliga como citas decisivas comparables a las que enfrentan sus homólogos del césped. Tan propicias para la épica como has podido comprobar este puñado de noches históricas frente al Partizan de Belgrado. Liturgias compartidas que se vinculan en una emoción común.
Pasará lo que tenga que pasar, pero nadie podrá impedirnos disfrutar de este mes.
Cuídate. Volveré a escribirte pronto.
Pablo
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La patada y huída hacia delante como forma de vida. La mentira, el engaño, la triquiñuela y la impostura como recursos rutinarios para hacer de la frase “el fin justifica los medios” una seña personal para conseguir cualquier objetivo. La trampa, la improvisación y el ardid como herramientas naturales para salirse continuamente con la suya ante cualquier situación que se presente. Todos estos elementos son, más que necesarios, imprescindibles para describir las aventuras y desventuras del personaje principal de la película “El talento de Mr. Ripley”, que aunque no se lo crean, no es Joan Laporta, por mucho que el argumento y los sucesos de esta obra adaptada puedan parecer estar aludiendo constantemente al presidente del club más negreiro de España y sus peripecias por los despachos de las competiciones españolas.
Estrenada en 1999, la película del legendario director Anthony Minguella, The talented Mr. Ripley, narra la historia de cómo un joven cuyo mayor talento es la imitación (de voces, gestos y firmas, entre otros) conoce a un magnate empresarial que, confundiéndole con un compañero de universidad de su hijo, le encarga la misión de viajar a Italia para convencerle de que vuelva a casa a hacerse cargo del negocio familiar y estar presente en los últimos momentos de vida de su madre. Ripley, en cambio, viaja con una idea muy diferente: aprovecharse de sus talentos para construir una forma de vida en Italia a través de engaños y mentiras. Y es aquí donde comienza el baile de personajes y sus semejanzas con Laporta y compañía.
El personaje principal de la película “El talento de Mr. Ripley” no es Laporta, por mucho que el argumento y los sucesos de esta obra puedan parecer estar aludiendo constantemente al presidente del club más negreiro de España y sus peripecias por los despachos de las competiciones españolas
En Italia, conoce (o más bien finge conocer) a Dickie Greenleaf (la Liga) y a su novia Marge Sherwood, que vendría a ser el Real Madrid de esta historia, representando la pureza y los sentimientos más pulcros que aparecen en toda la película. Como sucede con el equipo blanco (ganador del mayor número de títulos) y la máxima competición nacional, la relación es turbulenta, pues si bien inicialmente se muestran como la pareja perfecta, poco a poco se va descubriendo que Dickie la engaña con prácticamente medio pueblo italiano y que sus escarceos con las lugareñas son parte de la rutina diaria del joven playboy americano. Pero volvamos a Joan, digo, a Ripley.
Como todo buen impostor, lo primero a lo que dedica sus esfuerzos Ripley es a averiguar todo lo posible acerca de la vida y los intereses de Dickie para poder amoldarse a ellos y sacarle todo el partido posible. Algo semejante a lo que vino a hacer Laporta cuando preguntó aquello de “¿a qué candidato apoya Florentino para la presidencia de la RFEF? Pues nosotros al contrario”. De manera similar a cómo Ripley se acercó a Dickie (y al dinero y poder de su familia), Joan Laporta hizo lo propio con los estamentos de poder de las competiciones futbolísticas españolas, fingiendo intereses comunes y entrando en el juego de favores. Hoy ya sabemos que hizo mucho más que eso.
Ripley se acercó a Dickie (y al dinero y poder de su familia), Joan Laporta hizo lo propio con los estamentos de poder de las competiciones futbolísticas españolas, fingiendo intereses comunes y entrando en el juego de favores
Se suele decir que las mentiras tienen las patas muy cortas pero los charlatanes las tienen muy largas, de manera que, conforme va avanzando la trama, Dickie va descubriendo poco a poco la verdadera naturaleza de Ripley y sus auténticos intereses. A pesar de los esfuerzos de Ripley y su habilidad para crear un entramado cada vez más elaborado de mentiras, resulta imposible mantener en pie su particular castillo de naipes, principalmente porque el problema de contar tantas mentiras es que luego hay que tener muy buena memoria para acordarte de todas ellas y mantenerlas (esto también va por ti, Joan). La solución de Ripley ante el enfrentamiento con Dickie nos lleva de nuevo tanto al inicio de este texto como a la actitud habitual de Laporta ante cualquier contratiempo que se le interponga: patada hacia delante y a seguir. Ripley y Laporta saben que la gente hará preguntas cada vez más insidiosas e incómodas respecto a lo acontecido, pero en fin, son preguntas que requerirán de las soluciones de los futuros Ripley y Laporta. Algo se les ocurrirá y la suerte estará de su parte, como siempre.
Tras quedar Dickie fuera de la ecuación, la solución de Ripley es la más evidente dentro de su retorcida mente: suplantarlo. Y para ello le basta con mentir, seguir inventando historias cada vez más rocambolescas y falsificar cartas y documentos de identidad de su amigo sin ningún tipo de pudor. La bola de nieve se va haciendo cada vez más grande. No importa que la mirada del amigo de Dickie o de Marge (que empezó como Florentino, mantenido una buena relación con Joan y acaba la película siendo la única que lucha en voz alta contra las mentiras de Ripley) sean suficiente prueba de que su falacia no es creíble. Sólo importa esta historia que ha creado y en ella que se sumerge y se esconde, creyendo que nadie va a ser capaz de verle debajo del agua cristalina, y que cuando salga de ella, todo habrá pasado.
La solución de Ripley ante el enfrentamiento con Dickie nos lleva de nuevo tanto al inicio de este texto como a la actitud habitual de Laporta ante cualquier contratiempo que se le interponga: patada hacia delante y a seguir
Es imposible no acordarse en este momento de la famosa rueda de prensa de Joan y sus infinitos informes arbitrales del hijo de Negreira, que con tal orgullo agitaba en su mano y que nada tenían que ver con aquellos por los que se le preguntaba realmente, que eran los del padre. Lo importante para Laporta nunca ha sido la verdad, sino su historia. Porque él vino a hablar de su libro. Y de los DVD. Esos DVD ordenados tan meticulosamente en las cajas y que a día de hoy no podemos descartar que no fueran más que atrezo. No es por dudar de la palabra de Joan, faltaría más, pero es que resulta que para poder ir a realizar grabaciones de este tipo de partidos, a los que se acogió Laporta para justificar el aumento de los emolumentos de Negreira, se precisa del permiso y la acreditación de la FIFA. Es una pena que no hubiera ningún periodista en la sala al que se le ocurriera preguntarle al presidente por esos emails de FIFA concediéndoles esos permisos, o por los gastos de viaje y entrada para dichos partidos (deducibles ante Hacienda). No digamos ya por la existencia de programas y herramientas digitales de los que disponen prácticamente todos los equipos de élite desde hace casi 20 años para poder acceder a todos los partidos, así como descargarlos, sin necesidad de enviar a nadie de manera presencial.
Pero eso nos lleva a la última pieza del entramado creado por Ripley: la complicidad de la policía, la prensa española en esta película, aprovechada al máximo de sus posibilidades para dar rigor y credibilidad a las mentiras del joven impostor. A la ineficacia inicial de la policía italiana se suma un pequeño filón que halló Ripley en el mal inglés del agente italiano que llevaba su caso. Ripley finge sentirse ofendido por una expresión mal utilizada del pobre policía, incómodo e indefenso en un idioma que no es el suyo, y tira de la carta del victimismo con un descaro tal que sería capaz de dibujar un gesto de profunda y sincera admiración en la cara del mismísimo Joan Laporta y del barcelonismo en general. A la complicidad de la policía italiana se le une la de los detectives americanos que llegan a investigar el caso, contratados por el padre de Greenleaf. Estos últimos, con la familiaridad propia de la prensa culé, directamente no sospechan en ningún momento de Ripley, ni valoran siquiera la posibilidad de que pueda haber un atisbo de maldad en el alma del joven, que se escapa de esa manera de entre los dedos de la justicia, dispuesto a seguir inventando la historia que sea necesaria y pasando por encima de quien haga falta para sobrevivir. No sabemos cómo continuará la historia de Joan, de la misma forma que tampoco sabemos cómo continúa la de Ripley. Sólo sabemos que seguirán huyendo hacia delante, como siempre han hecho, tratando de no volver nunca la vista atrás, sin comprobar de esa manera que de lo que nunca podrán escapar es de los fantasmas de su pasado.
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