Las mejores firmas madridistas del planeta

Negreira entra en La Torrada con el pitillo en la mano. Se oyen rumores de que pronto prohibirán fumar en los bares, pero Enríquez no está preocupado por ello, incurrir en el delito que supone cobrar del FC Barcelona para ejercer su influencia como vicepresidente en el CTA le permite cometer infracciones menores con la conciencia tranquila.

—Pasad, chicos, hasta dentro. —Guiña el ojo al pronunciar «hasta dentro» porque lo sigue encontrando gracioso. Está pagado de sí mismo (y del Barça). Habla con la suficiencia que otorga la impunidad—. Cari, prepáranos algo rico de comer, no escatimes, y saca el vino bueno, el de la botella de cristal— ordena a su pareja acodándose un suspiro sobre la barra del antro, pero levantando la voz lo suficiente para que lo escuchen sus acompañantes.

Los tres colegiados que van esta vez con el jefe esconden miradas de bochorno entre la sordidez que gobierna el local.

—Como si estuvierais en vuestra casa, je, je, je.

Apenas a dos pasos del final de la barra, Negreira aparta unas cortinas de tiras sintéticas multicolor ennegrecidas que impiden que las moscas salgan del local e invita a pasar con gesto torero a la terna de trencillas a un patio interior. Está amueblado con mesas de camping coronadas por ceniceros acarbonados y servilletas antiabsorbentes. A veces caen pinzas de la ropa que se escabullen de los dedos de un vecino despistado o acaso impedido por la artrosis, sin interés, que ve en el trozo de plástico decolorado que se precipita una metáfora de su vida. También se ha despeñado alguna prenda, incluso interior, como el patio, que obliga a retirar cuando sucede la ración de empanadillas congeladas sobre la que aterrizó ante la queja de los clientes. Pero Enríquez tiene dada la orden de que no se tire nada. Se cambia la tapa por otra ración sobre la cual cayó un sostén la semana pasada, y se guarda la retirada para el siguiente incauto que atraviese la cortinilla y pida algo de picar.

Ropa tendida

—Qué bien tiene montado esto, jefe —adulan los árbitros.

—Nah, uno que tiene buen gusto. Doy ni toque, pero el mérito de La Torrada es de mi chica, yo me limito aquí a venir con vosotros. Me gusta llevar a los míos a sitios de categoría —dice mientras se prende otro Davidoff con un Dupont de rueda vertical.

Los árbitros saben que hay que pasar este trago y sonríen. Si quieren promocionar es lo que toca. Ya tuvieron que desembolsar un pastizal por unas charlas ridículas de su hijo Javier Enríquez. Pero quien no pasa por el aro cae empicado.

—Qué, ¿tranquilos, estáis preparados para el partido de mañana? —inquiere Negreira.

—Bueno, la verdad es que no nos podemos quej…

—¡Ah, mira! —interrumpe el vicepresidente del CTA—, si ya llegan las viandas. Gracias, cari, eres un sol.

Los árbitros agradecen a la pareja de Negreira con un gesto leve de cabeza. Están sentados sin apoyar la espalda, con las manos sobre los muslos, cerca de las ingles, con la misma relajación que un novio tímido en la primera visita a casa de los suegros.

—Este jamón es buenísimo, muchachos. Y la carne… la carne me la traen de Argentina los mismos que se la sirven a Messi. Comed, comed, que se enfría. ¡Saca pan, cielo! Y no os preocupéis, repetid si queréis, que luego os hago precio. Con el sueldo que os hemos puesto, esto es el chocolate del loro.

Cuando entraron por la puerta de La Torrada, la pareja de Negreira descongeló en el microondas unos filetes de tercera infestados de nervios mientras retiraba el plástico separador a unas lonchas de jamón de sobre que le deja a buen precio el del paki de la esquina cuando le caducan.

Carne en mal estado

—Como os iba diciendo, mañana juega el Barça, es un partido importante —masculla el vicepresidente de los árbitros con un trozo de jamón en la boca—. Ellos se están esforzando mucho para ganar todo este año y sería una lástima que cometiéramos algún error que echase a perder todo ese trabajo. Sabéis que los de arriba piensan igual, en ese aspecto no tendréis ningún problema. ¡Pero coged jamón!, no seáis tímidos. Y tú, parece mentira que seas pamplonica, no me comes nada. Venga, que eres uno de los nuestros. Si yo te contara lo que he disfrutado en tu tierra…

El colegiado, enjuto, de cejas pobladas y mirada de ratón, esboza una pose vivaracha e intenta tragar la bola de carne que tiene en la boca mientras hace las cuentas de la lechera con el sueldo que percibiría si le llaman para pitar el Mundial.

—En Camp Nou tenéis que estar más sueltos, eh, recordad que mandáis vosotros, contáis con nuestro apoyo. Que se note el coaching que os ha dado mi hijo Javier. Es una máquina el tío. El mejor. ¿Tú también has pagado lo de mi hijo, no? —sonsaca a uno de los asistentes.

—Por supuesto, señor.

—Así me gusta. Pero échate vino, hombre, que mal no te va hacer.

El trio llena los vasos arañados por los años y el lavavajillas con el vino a granel que camuflan en botellas de marcas de esas que chiflan a los que solo hablan de vino para aparentar.

—Pues no hace falta que os diga nada, si cada uno hacemos bien nuestro trabajo todos saldremos ganando. Pagadle 35 euros por cabeza a la parienta y ya os podéis marchar. Suerte mañana. Me voy pitando que tengo el Mercedes en doble fila.

 

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El domingo por la noche, al empezar la segunda parte de su partido contra la Real Sociedad, el Madrid perdía 0-1, exactamente igual que el día del Getafe. De hecho, el encuentro era un calco y el espectador era sacudido por una sensación de déjà vu. La pelota volvió a rodar y el Madrid, como hace dos semanas, atacó la portería del fondo sur buscando remontar, que es un verbo ya consustancial a sí mismo: el estilo del Madrid no sólo es ganar, sino ganar remontando, que es como ganar dos veces, ganar ganar, hacer algo de épica incluso con un lluvioso domingo por la noche de mediados de septiembre.

Rodrygo culebreó por la banda izquierda en la primera jugada. Fran García lo dobló por fuera. El brasileño lo vio y le dio la pelota. García apuró hasta la línea de fondo pero pasó atrás, tenso y raso, hacia la frontal del área, por donde entraba Valverde montado en avión. Valverde reventó la pelota contra Remiro y puso el 1-1. Diez minutos después, Fran García volvió a planear por el carril izquierdo y esta vez centró al segundo palo. Fue una pelota suave que estaba sin embargo preñada de gol, predestinada a acabar entre las redes visitantes por la propia inercia cinética de la jugada, por el toque tan sutil pero firme de Fran al ponerla. Joselu no tuvo más que saltar y bajarla con toda la intención al palo largo, con un testarazo tan de manual que parecía recreado por una IA. 2-1. Acto seguido, Carletto quitó a los dos del partido y Fran, que el día del Getafe fue el más señalado, acabó ganando el MVP del encuentro por sus dos asistencias.

Fran García y Joselu Real Sociedad

Yo me alegré mucho por Fran. Está siendo muy discutido en este inicio de temporada porque, en el Madrid, alguien siempre tiene que cobrar. Es tradición. A Fran todavía se le ve verde, un poco blando, pero su actitud es buenísima, puro Real Madrid. Tiene casta y tiene pundonor, aptitudes clásicas que remiten a un pasado cercano, a los años ochenta, a un Madrid español, canterano y, también hay que decirlo, pobre. En el Rayo era un ciclón y aquí el puesto no le acobarda. Vino para sustituir al que, en mi opinión, era el mejor defensor puro que tenía el Madrid, Ferland Mendy, que es una pantera y que le daba a la banda una amplitud física enorme, transformándola en un fuelle de fragua.

Yo me alegré mucho por Fran. Está siendo muy discutido en este inicio de temporada porque, en el Madrid, alguien siempre tiene que cobrar

Fran García es otra cosa, su perfil es más Carvajal, bajito, fornido y duro como las piedras. Es un lateral ofensivo de manual, acompaña y dobla, no está perenne en la zona de ataque, sino que aparece, por oleadas, como en la vieja escuela. Cada vez que se equivoca corre como un condenado, buscando enmendar el error. Es verdad que con el espíritu, en el Madrid, no basta. Pero Fran tiene cualidades. No es Marcelo, pero tampoco es manco. Con el balón es correcto, adolece de la ambigüedad posicional de todos los laterales con exagerada vocación ofensiva, le falta cuajo a la hora de lidiar con extremos habilidosos llenos de recursos como se vio con Kubo, pero llega con extraordinaria facilidad hasta la línea de fondo y su recurrente proyección sobre la esquina izquierda del ataque asegura al equipo (que no va sobrado en eso) una zona de peligro permanente a la espalda de los centrales rivales, que tienen que cuidar todo el tiempo de ese ángulo muerto. Está por ver cómo se fragua su convivencia con Vinicius, apenas probada en un par de partidos, pero ese puede ser uno de los puntos de desequilibrio de la temporada, a favor o en contra.

Vinícius, Rodrygo y Fran García

Francisco José García Torres es un chaval de Bolaños de Calatrava, provincia de Ciudad Real. Tiene cara de español de la postguerra, rostro duro de boxeador, de hombre de campo, de pastor, de bracero, de personaje de La venganza de Antonio Bardem. Su forma de correr tiene algo de mozo que corre un encierro en día grande del pueblo, a veces, cuando pierde la posición, acelera para recuperarla como si llevara, detrás, cuesta bajo por el empedrado, el toro de San Marcos. Que juegue en el Madrid devuelve algo de reconocible terrenalidad al equipo. El vuelo galáctico de este Madrid cuya media es pura fuerza cosmopolita (Bellingham, Valverde, Tchouaméni, Camavinga…) recupera, de pronto, algo muy próximo culturalmente al español de a pie: un lateral bajito y corajudo que evoca a Camacho, que llega “hasta la línea de cal” como se decía antes y que pone centros que remata con gracia Joselu, otro superhéroe de la gente normal. Es un poco la España que madruga, el reconocimiento del Madrid, que es lo universal, a esa nación que subsiste todavía en el esfuerzo ordinario, en el levantarse todos los días para pagar las facturas, o al menos intentarlo. Es un regreso a los 80, y más, al Madrid de los García, pero con el cohete espacial de un estadio futurista, brutalista, y dos o tres iconos internacionales cargados de Copas de Europa conquistadas (y otras por conquistar).

Que Fran García juegue en el Madrid devuelve algo de reconocible terrenalidad al equipo. Es un poco la España que madruga, el reconocimiento del Madrid, que es lo universal, a esa nación que subsiste todavía en el esfuerzo ordinario, en el levantarse todos los días para pagar las facturas, o al menos intentarlo

Fran García salió del Campo de Calatrava para jugar en el Madrid. Los niños sueñan con ser como Benzema, Vinicius o Bellingham, pero la mayoría acaba, con suerte, en Fran García. Y sí, pueden llegar, pueden ocupar, con suerte y esfuerzo, un sitio en el Olimpo. Fran hizo la mili en Vallecas como Carvajal la hizo en Leverkusen o Modric, allá en los Balcanes, en Mostar, con el Hrvatski športski klub Zrinjski, en la liga más dura de la antigua Yugoslavia. Vallecas, con K en el fútbol, también tiene algo de zona de guerra. Su pradera fue las vías del Cercanías y cuando levantaba la cabeza en los partidos de casa sólo veía el trozo de cielo gris que se colaba por entre las altas torres y los bloques de viviendas que rodean el Teresa Rivero. Le debía recordar seguramente a los páramos calcinados de La Mancha. Viene de una zona de frontera histórica durante la Reconquista, señorío de órdenes militares, siempre al socaire de incursiones musulmanas. Eso imprime carácter a través de los siglos. Fran García puede ser tranquilamente un melonero manchego de cualquier novela de Plinio, el detective de Tomelloso inventado por García Pavón. Parece, desde luego, uno de esos dueños del hambre, el sudor y el hacha que cantaba Miguel Hernández.

Fran García y Bellingham

Dentro del mediocampismo amorfo, versátil, de mil matices y posibilidades, que ofrecen futbolistas tan modernos y extraordinarios como los que le rodean, Fran García, como Joselu, ofrecen certezas probadas, algo viejas, pero de utilidad incuestionable. Zidane consiguió que su equipo le metiera cuatro goles a la Juventus de Turín en la final de Cardiff, en 2017, pidiéndoles que llegaran a línea de fondo y luego pasaran atrás. Parece una táctica simple pero, hasta ese día, al equipo de Allegri, que parecía impenetrable, sólo le habían metido tres goles. Este sentido primitivo del juego desatasca multitud de pequeños y molestos partidos como el del Getafe o la Real Sociedad, que no pasaran a la Historia, seguramente, pero que son en los que si bien no se ganan las Ligas, sí que suelen perderse.

Cada centro que ponga Fran García y remate Joselu es una victoria de la decencia

De Fran, como digo, se teme que su espalda sea un coladero y que las más de las veces necesite ayuda extra de los mediocentros y de los centrales. Es posible, desde luego. De Carvajal se decía un poco lo mismo, hace diez años. Debutó y no le gustaba a nadie. Menos de un año después se comió a Ribery, que era el tercer mejor jugador del mundo, y fue indiscutible en la Décima. Nadie sabe lo que puede deparar el futuro. Ancelotti probó hace dos años a Miguel, un canterano elegante y espigado, y no le gustó. Con Fran, la cosa parece distinta. El club apostó por su vuelta y el mercado tampoco ofrece demasiado. El Barcelona, quebrado, dicen, ficha laterales del City y delanteros del Atlético con dinero trampeado gracias a la Liga. En la acera de la honestidad, el Madrid rescata a Joselustelrooy y confía en Fran aguardando, en la autarquía, que cambien los vientos del mundo. Cada centro que ponga el segundo y remate el primero es una victoria de la decencia.

 

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La frase, claro, no es mía sino de Casemiro, que definió con esas palabras, hace ya tiempo, la importancia crucial del manejo de los partidos de Toni Kroos en el Real Madrid. Lo que sí es mío es el paréntesis, donde trato de matizar que el entendimiento futbolístico del alemán no está siempre al alcance cognitivo del resto de sus compañeros. No es su culpa, son grandes jugadores pero no tienen el partido en la cabeza como lo tiene Toni. Allí dentro se dan cita un sinfín de flechas y cifras entre sonidos burbujeantes, como sucede en el ordenador de Simon Pegg en cualquier entrega de Misión Imposible, pero lo que para nosotros sería ininteligible, aun en el improbable supuesto de tener acceso a esa pantalla, para Kroos es de una simpleza casi redundante.

Lo que para nosotros es ininteligible, para Kroos es de una simpleza casi redundante

Toni Kroos es un futbolista sabio en el más moderno sentido de la palabra. Sabe lo que hay que hacer, y sabe hacerlo porque sus botas están provistas de sensores que envían toda la información a la computadora de Pegg. Yo vivo en la contradicción de estar de acuerdo con los que opinan que ha llegado el momento de que la nueva guardia releve a la vieja mientras, con el otro ventrículo del corazón, sigo muriendo de devoción por Toni. Si esa devoción sobrevivió a sus tatuajes, que no le pegan lo más mínimo, no veo por qué no va a sobrevivir a Camavinga.

Las notas del Real Madrid, 2 - Getafe, 1

Leo con asombro a mucha gente diciendo que Toni jugó mal contra la Real. Para mí fue el mejor del partido junto a Carvajal y Kepa. Lo malo es que entiendo sus razones, que es lo que me tortura, aunque me asombra que traten de aplicarlas a este partido concreto. Sus normas son juiciosas, pero deben tener la honestidad intelectual de admitir que el encuentro del domingo fue una excepción clamorosa, de las que hacen replantearse las cosas.

El Madrid está ensayando ahora una presión alta que no encaja con el juego minucioso, poco físico del 8 blanco. Yo aplaudo rabiosamente ese nuevo estilo, sobre todo porque ahora tenemos los jugadores para llevarlo a cabo, pero no tengo fuerza para prescindir del metrónomo. Contra los de Imanol, es verdad que Toni no ayudó a Fran contra Kubo, como la magnitud balompédica del japonés probablemente aconsejaba. Es seguro que Camavinga lo habría hecho mejor.

Kroos Kubo

Pero hay una parte de mi ser que responde sin pudor: ¿y qué? ¿Ustedes vieron cómo en muchas fases sus balones largos fueron el único modo de superar la presión realista? ¿Vieron cómo todo lo que hacía tenía sentido, cómo el balón se dirigía milimétricamente, en cada jugada, al único punto aconsejable para un desmarque eficaz, o para descargar el juego de la única manera exigible? Nadie en el planeta juega así. Casemiro, en efecto, proclamó que el Madrid juega a lo que quiere Kroos, aunque hay partidos en que dan ganas de responder: “Más quisiera el Madrid”.

Casemiro proclamó que el Madrid juega a lo que quiere Kroos, aunque hay partidos en que dan ganas de responder: “Más quisiera el Madrid”

Va a haber sitio para todos. Los entusiastas del cambio de paradigma en el centro del campo —entre los que diría que me incluyo— debemos templar los ánimos, atemperar la jugada como hace el propio Toni, ponderar y domar las estridencias. Él sabe y respeta que hay compañeros jóvenes, dotados de una calidad y pujanza desbordantes, que tienen que asentarse a despecho a veces del propio Kroos, pues sólo caben once. Esos compañeros saben y aceptan que ese señor es el mismísimo Toni Kroos, y que habrá que tenerlo muy claro para dictaminar que uno merece jugar tal o cual partido en su lugar. Aprovechemos esa armonía para explotar tanta variedad de opciones, y gocemos mientras se pueda de la poesía futurista del robot más reluciente del mundo.

Pese a los tatuajes.

 

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Sí: como toda persona honesta, Pepe Domingo Castaño es del Madrid. Es. Porque sigue estando sin estar aquí. Y me encabrona hablar de ellos en pasado. No quiero.

Mis padres, claro. Con papá pasa algo extraordinario: siendo del Barça, también es una persona honesta. Del Barça, no culé. Ese es el secreto, el obligado matiz. Mi madre fue una de las pocas mujeres que estuvieron en la inauguración del Bernabéu, 1947. La honestidad le venía de serie.

Pepe es eso, madridista. Entre sus muchas virtudes, una inalcanzable para mí: que no se le notara en directo, tantísimos años. Habrá vivido tres partidos del Madrid por semana muchas veces, tuvo campo para pecar y nunca se le escapó siquiera un pecadillo venial. El respeto al anunciante, claro.  Pues aunque parezca mentira hay anunciantes que no son madridistas. Buenas gentes. Tanto como imperfectas. Su ejercicio de contención siempre me pareció sobrehumano.

Pepe Domingo Castaño

Hubo una noche singular en estas lides. La del Tamudazo. El ¡qué locura! de Pepe cuando el jugador del Espanyol, ese santo, empató en el Camp Nou segundos después, 17 creo, de hacer lo propio Van Nistelrooy en La Romareda. Aquel ¡qué locura! fue la expresión de la felicidad más pura y máxima. Pónganselo y me dirán.

Algo, la felicidad que Pepe persiguió siempre. Para los demás, también. Conseguirlo lo considera obligación. En una de sus últimas apariciones dijo que se sentía la persona más feliz del mundo. Lo merece porque se lo trabajó.

Como toda persona honesta, Pepe Domingo Castaño es del Madrid. Es. Porque sigue estando sin estar aquí

Y sí, claro. La última Champions. Pero eso puntúa menos. Emocionó incluso a los antis. No sé si les conté que hice una encuestilla al respecto con amigos. Ninguno se quedó mudo aquellas noches. Todos gritaron, Pepe el primero. Un rugido, uno tras otro. De éxtasis en la victoria, la mayoría, y en la derrota inesperada el resto. Me comentó: chico, esto no lo había visto nunca. Y resumió: el Madrid…

Valverde Real Sociedad

Que ganó su primer partido con Pepe en la gloria. Con suspense. 2-1 a la Real, como ante el Getafe. Remontado también. Saliendo ‘atontolinao’ otra vez. Partido postselecciones, buen rival delante. Bueno. El equipo sigue trabajando en su nueva identidad. Ahora estoy en fase de espera. A Vinicius y Güler. Me ponen.

Pues nada más. Pepe. Un líder raro: siéndolo en lo suyo es capaz de ejercer desde la normalidad. Tipo generoso, leal, vital, fiable. Amigo. El mismo con el grande que con el chico. Esa grandeza la tienen pocos. Muchos en su condición acostumbran a ser tiranos, gente inaguantable, o sea. Pepe, no. Es uno más. Tan grande que ha puesto a España de luto. ¡Qué arte!

 

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El Real Madrid cumplió con éxito cierto su primera y corta etapa de una larguísima temporada. La plantilla se comportó con el rigor necesario, salpicado por la irregularidad que acompaña los inicios y la conjunción inconclusa. La mayor novedad, la vuelta de Campazzo, cumplió las expectativas sobradamente, pues el base argentino recordó sus mejores días en el equipo. Del resto, casi lo mejor que podríamos decir fue que cumplieron con lo que de ellos se esperaba, con puntualidad llamativa por estar aún comenzando. Y lo peor fue la recaída de Deck, magnífico como estaba frente al Barcelona, que esperemos sea leve.

Facu Campazzo Supercopa Unicaja

Como en cada apertura oficial de curso, la curiosidad rondaba en torno a las novedades y al picante que siempre ofrece la eterna rivalidad. Al tiempo, la Supercopa no deja de ser el primer título oficial de la temporada, menor, es cierto, pero con el extra que impone el esfuerzo de la oficialidad a los participantes. Así, el test contra el Barça debe mirarse con todos los condicionantes referidos, incluido su cambio de entrenador.

El Real Madrid cumplió con éxito cierto su primera y corta etapa de una larguísima temporada

En cualquier caso, la prueba fue satisfactoria para el Real Madrid, que dominó con suficiencia el encuentro, mayor de la que señalaron los diez puntos finales a favor. La rotación madridista dio sus frutos y, en ella, destacó Musa, al que le espera la temporada de la confirmación. La pareja de bases vaticina un futuro creativo y feraz, mientras los grandes se complementaron muy bien, con Tavares espléndido contra los azulgrana, más cansado en la final contra el Unicaja. Aquí fue donde apareció Poirier para imponer su fuerza en la recta final del encuentro. Muy bien, asimismo, Mario Hezonja en la final, recordando al que brillaría tanto en el término de la Euroliga, y con más minutos por la ausencia de Deck.

Hezonja Supercopa

En definitiva, el Real Madrid cumplió con su compromiso de luchar por todos los títulos y sumar uno más a su palmarés. Es elogiable la avidez de este equipo que no cesa en su ambición. La prueba más fehaciente fue el ánimo de los jugadores en el banquillo, siempre activo, alentando sin pausa a los que estaban en la acción. El blanco estuvo más activo que el del Unicaja, demasiado estático para tratarse de una final, en mi modesta opinión, que incluye la certidumbre de que los banquillos también juegan. Dicho esto con el respeto para un equipo que batalló hasta el final, a pesar de ir casi todo el encuentro con el marcador en contra.

Se abre una temporada compleja, con más encuentros programados de los que la lógica señala, con un calendario cargadísimo que dificulta la emisión de pronósticos.  Pero por lo visto en la Supercopa, las perspectivas son inmejorables. Un equipo compensado y extenso, con jugadores de talento sobrado y experiencia contrastadísima. Y con la vuelta de un jugador que contribuirá de forma decisiva al equilibrio defensivo y ofensivo, Facundo Campazzo, que al terminar el encuentro declaró, seguro de sus palabras, «estoy muy contento porque hemos conseguido otro título para el Real Madrid». Punto final.

 

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Buenos días. Vaya por delante nuestra felicitación a Carlos Sainz, muy ilustre madridista, por su victoria en Singapur, que prácticamente copa las portadas del día. Estas reflejan también, les guste o no, la gozosa jornada dominical disfrutada ayer por el madridismo, que entró al nuevo y espectacular Bernabéu sabiéndose campeón de la Supercopa de baloncesto y salió habiendo agregado a esta dicha tres nuevos puntos en la Liga de Negreira.

¿Que por qué seguimos llamando a esto La Liga de Negreira? Pues hombre, ayer en el Bernabéu se vivió una escena insólita que representa mejor que ninguna otra la ignominia inherente al régimen. Un linier llamado Pau Norbert Cebrián se metió en el campo para devolver una pelota a Kepa, a fin de evitar que el guardameta blanco tardase más de lo debido en sacar de puerta. ¿Habéis visto alguna vez algo así? Quizá no sea algo grave, pero sí tremendamente significativo. Luego se supo (a través de las redes sociales, claro, la prensa no te va a informar de esto) que Pau Norbert Cebrián fue en el pasado suspendido durante varios partidos por ser demasiado cercano a varios jugadores del Barça y tratarlos, digamos, con excesiva camaradería sobre el campo. Imaginad cómo sería el compadreo para que el régimen, que es en sí mismo puro compadreo con los manejos corruptos del FC Barcelona, lo encontrase excesivo.

Linier campo Kepa Pau Norbert Cebrián. Asistente del Barça

A todo esto Clos Gómez sigue siendo investigado por la Guardia Civil por haber aumentado espectacularmente su patrimonio (y pagado numerosos inmuebles a tocateja) en lo más profundo del negreirato, lo cual no le impide continuar siendo el hombre que rige los destinos (y desatinos) del VAR.

Por cierto, ¿sabéis quién fue el linier de confianza de Clos Gómez durante mucho tiempo? Exacto. Pau Norbert Cebrián.

Por eso, hasta que toda esta aberración se subsane y se haga justicia, seguiremos llamando a esto la Liga Negreira.

Portada Marca

Al margen (literalmente) de Carlos Sainz, Marca informa de la victoria blanca ante la Real, destacando la importancia crucial de Joselu, cuyo golazo de cabeza resultó decisivo. Joselu ha vuelto al club en el que se formó con el objetivo de hacer historia, y tiene pinta de ser capaz de lograrlo a despecho de cierta tosquedad técnica que compensa con una inmensa capacidad de remate. Cuidado con reírse de Joselu. Se ha curtido en campos arduos y ha retornado goleando con la misma naturalidad con que lo hacía años ha en el filial. Es como Fray Luis de León en su mítico retorno a la cátedra de la Universidad de Salamanca tras años de prisión. “Decíamos ayer…”

Resulta que, según algunos historiadores, en realidad Fray Luis de León jamás dijo eso, pero quien seguramente sí lo ha dicho, aparte de Joselu, es el Facu Campazzo, que aparece en Marca en el mismo margen que Joselu, justo debajo de él, unidos ambos hombres por la vuelta a ese afán incontenible de victoria que es el Madrid. El Facu, MVP de la Final supercopera ante Unicaja, condujo con mano maestra a los de Chus Mateo al logro de la sexta Supercopa consecutiva, la novena en los últimos 12 años. Son registros absolutamente bestiales que hablan de un idilio lúbrico entre equipo y competición.

Junto a Campazzo, brillaron en el Madrid hombres como Musa, Hezonja y el propio Tavares, cuya renovación esperamos que pueda darse pronto. En poco rato tendréis en La Galerna el mejor análisis de este fantástico comienzo de temporada por parte de los de Mateo, de la mano de nuestra leyenda particular Joe Llorente Gento. La Supercopa no es el más importante de los títulos, pero sí uno que da una idea del estado de forma y conjunción táctica con que comienza la andadura del curso, y su solera como torneo —por así decirlo— de “apertura” es indiscutible.

Portada As

As ilustra (en pequeñito, junto a Sainz) la remontada ante la Real subrayando el mérito de haberla conseguido frente a Takefusa Kubo, que cuajó un soberbio encuentro y fue un dolor de muelas para Fran García primero, y para Nacho después. A Kubo sólo le faltó aquello de “Yo, aquí” mirando al palco, como en su momento hizo Eto’o, pero es un chico más discreto que el camerunés. Esperemos que no veamos con él una historia similar a la vivida con Eto’o. Si sigue así, Kubo debe volver algún día a Concha Espina. El Madrid tiene la mitad de los derechos del jugador, y es legítimo soñar con que en algún momento los haga valer.

Para más información sobre el partido, podéis leer la crónica de Ramón Álvarez de Mon. Fue el clásico encuentro de vuelta de parón de selecciones, con un equipo algo desmadejadlo física y/o mentalmente que volvió a encajar un gol a los pocos minutos de juego, algo que Ancelotti debe estudiar en profundidad, pues hay otras formas de ganar que no pasan por la remontada y son igualmente dignas. Kepa paró impecablemente lo que le llegó, que no fue poco ni exento de peligro, Fran García compensó cierto atolondramiento con dos magnificas asistencias, Carvajal reina en la cal marginando el gluten, Joselu golea como Fray Luis y Toni Kroos demuestra que el Madrid juega a lo que quiere él, como célebremente sentenció Casemiro. Hay quien considera que la necesidad de músculo que demanda la nueva presión que ensaya el Madrid debería descartar al alemán, y es cierto que dicha presión se resiente y el rival se encuentra más suelto que cuando juega (digamos) Camavinga, pero el manejo del tempo y la precisión en corto y largo del pase de Toni no tiene rival. Ayer reinó majestuosamente sobre el césped, que luego bajará al hipogeo en señal de humildad por su magisterio.

Os dejamos con la prensa cataculé, que quizá querréis ver. Tenéis estas cosas.

Pasad un buen día.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Arbitró César Soto Grado del Comité riojano. En el VAR estuvo Prieto Iglesias.

Arbitraje acertado en términos generales. Se dejó alguna amarilla por sacar, por ejemplo a Zubimendi y Nacho, y se equivocó al dar solo dos minutos de añadido en el primer tiempo, pero por lo demás llevó de forma correcta el choque.

En el 11' se anuló un gol a la Real Sociedad porque el disparo de Kubo tocó en Oyarzabal (en claro orsay) antes de entrar en la meta de Kepa. La otra jugada polémica del primer acto fue una caída de Rodrygo ante Tierney en el 37'. El escocés toca la pierna del brasileño pero era insuficiente para pitar penalti. Solo pedimos que este año sea así para todos los lados si queremos que las penas máximas tengan un listón cabal y proporcionado y no se pongan de moda los 'penaltitos'.

En el apartado disciplinario vieron amarilla Tchouaméni, Fran y Alaba en el Real Madrid. El francés en el 32' por una entrada abajo a Kubo, el lateral en el 71' por derribar cuando se iba el japonés y el austriaco en el 93' al agarrar de forma alevosa a Sadiq. Por parte donostiarra, se llevaron tarjeta Merino en el 67' por una patada dura a Bellingham y Traoré en el 76' por protestar.

Soto Grado, BIEN.

 

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Kepa: 6,5. No pudo hacer más en el gol y después salvó otro.

Carvajal: 6,5. Ha comenzado bien la temporada.

Rüdiger: 6. De menos a más.

Alaba: 6. Igual que su compañero de defensa.

Fran García: 7. Su partido a nivel defensivo no fue bueno. Sufrió mucho con Kubo, pero dio dos asistencias y compensó de sobra.

Tchouaméni: 5,5. Algo más gris que en las últimas semanas.

Valverde: 6,5. Marcó un golazo.

Kroos: 5,5. Se le vio falto de energía.

Bellingham: 6. Algo más discreto que en el resto de partidos.

Rodrygo: 5. No fue su mejor encuentro, no logró aprovechar sus oportunidades.

Joselu: 6. Se fue tras el gol. Hizo lo que se le pide a un 9, aunque pudo marcar más goles.

Modric: 6. Entró para controlar.

Camavinga: 6. Aportó energía.

Nacho: 6. Cerró bien la izquierda.

Brahim: sin tiempo.

Lucas: sin tiempo.

Ancelotti: 5,5. El equipo volvió a salir despistado.

 

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El Madrid ganó un partido muy complicado ante la Real Sociedad.

La alineación no contenía tantas rotaciones como las anunciadas en la rueda de prensa. Sobre el once tipo que ha dibujado el italiano en este inicio de temporada, la única novedad era la presencia de Kroos en el lugar de Camavinga. Modric estaría en el banquillo, por tanto.

El comienzo de partido dejó el gol de rigor del visitante. En esta temporada se está volviendo un patrón peligroso comenzar perdiendo, aunque en el caso del Celta el gol fue anulado. Kubo entró muy fácil por la derecha y Barrenetxea, en dos intentos, batió a Kepa.

El Madrid reaccionó con energía, pero antes recibió otro susto por mediación de Kubo. Suerte que su disparo tocó en Oyarzabal que estaba en fuera de juego. Habría sido el 0-2.

Kubo y Rodrygo. Real Sociedad

A raíz de ese momento, el Madrid comenzó a encadenar ocasiones. Alguna sumamente clara. Rodrygo tuvo un par de disparos con la izquierda que no sorprendieron a Remiro. Joselu fusiló desde la derecha pero también se encontró al portero de la Real. La más clara fue para el propio Joselu, que se topó con el larguero tras una gran jugada de Carvajal.

El Madrid ganó un partido muy complicado ante la Real Sociedad

Por su parte, la Real también dispuso de un par de acercamientos muy peligrosos. Mikel Merino estuvo a punto de dejar el partido muy complicado, pero Kepa reaccionó bien.

La sensación de la primera parte es que el Madrid sufría mucho para contener a un genial Kubo que superó a Fran García. Camavinga habría ayudado más que Kroos en ese emparejamiento.

La segunda parte no pudo empezar mejor. Una gran combinación permitió que Rodrygo recibiera en la izquierda. Fran García le dobló bien y puso un balón a Valverde en la frontal. El uruguayo fusiló y empató el partido.

Las notas del Real Madrid, 2 - Real Sociedad, 1

La Real reaccionó bien y se hizo con el balón. Tanto que Ancelotti miró al banquillo en busca de Camavinga y Modric. Sin embargo el Madrid recuperó el esférico y Fran García dio su segunda asistencia de la noche, esta vez a Joselu, que remató muy bien de cabeza. Sería lo último que hiciese el delantero, quien junto con Tchouaméni dejó el campo para que entrasen los jugadores antes citados. Con los cinco centrocampistas el Madrid recuperó control.

Kubo le forzó una tarjeta a Fran y Ancelotti reaccionó en seguida metiendo a Nacho.

En el minuto 85 Valverde estuvo a punto de sentenciar el partido a pase de Kroos. El Madrid quería que pasase el tiempo, parecía cansado. Brahim y Lucas sustituyeron a Rodrygo y Valverde.

La primera jugada de Brahim fue realmente buena ya que le puso un gran centro a Bellingham, pero Remiro estuvo genial con su parada. Así terminó el partido.

El Madrid encadena cinco victorias de cinco en liga. Tercera remontada tras las de Getafe y Almería. En esta ocasión frente a una buena Real Sociedad comandada por Take. Remontada al Kubo.

 

Getty Images.

Domingo de septiembre, llueve en Toledo, y es raro el sitio en el que no, lo dijeron los expertos los días previos y lo confirma hoy el mapa de la Agencia Estatal de Meteorología. Fértiles nubes en pleno parto vomitan un agua dinámica o traviesa, ligera o alegre. Finas gotas apenas perceptibles que, a base de feliz empeño, han conquistado las aceras, el asfalto, las tapas de alcantarillas, los muros de ladrillos caravista, los toldos recogidos, las tejas sucias, las llantas, las vallas de madera, los árboles, la tierra. A escasos metros de mi ventana, en un lugar indeterminado, alguien está escuchando la radio. La otra noticia del día nadie la había previsto: ha muerto Pepe Domingo Castaño, la voz que amamantó la afición al periodismo deportivo de los de mi generación en aquel pasado en el que soñar, que diría aquel, aún era gratis.

Pepe Domingo Castaño

El cielo es hoy un lienzo en blanco que invita a dibujar recuerdos. Me veo a mí, hace unos años, en la soledad de mi cuarto, con la radio puesta, siguiendo, seguramente, algún partido del Madrid en el antiguo Carrusel de la Ser, y oigo a Lama gritando paradón del Santo, oigo a Paco haciendo de Nostrapacus, prediciendo la debacle madridista segundos antes de que Raúl selle la victoria merengue, y oigo a Pepe Domingo, estilo desternillante e inconfundible, cantando las bondades de los tractores Massey Ferguson, afirmando que Banesto es el banco del deporte y pichichi nacional, alabando los Chaskis de Facundo y recomendando las encimeras Silestone de Cosentino. Cuñas pegadizas como defensas italianos de los noventa que convertían cada retransmisión en una fiesta. El Madrid podía llevarse los tres puntos o no, pero, cuando acababan los partidos, uno tenía la sensación de que con Pepe siempre salía ganando.

Como el agua incesante en una mañana de lluvia, Pepe Domingo Castaño seguirá dibujándose en todos los sitios cada vez que alguien se ponga a escuchar la radio

Alberto Olmos, en 'A bordo del naufragio', dice que "la única forma de ser sabio sería poder leer decenas de veces todos los libros, y ver decenas de veces todas las películas, y descubrir el sexo decenas de veces a lo largo de una sola vida", algo que resulta imposible —"eso sólo podría hacerlo Dios", acota—, pero la capacidad de recordar nos permite, en cierto sentido, reconciliarnos con nuestras primeras veces, y eso es también una clase de sabiduría. De alguna forma pienso que aquella época de continuo descubrimiento no se ha ido, que el yo de antes y el de ahora coexistimos. Los años se llevan muchas cosas, pero hay otras que nunca mueren a pesar del tiempo. Como el agua incesante en una mañana de lluvia, Pepe Domingo Castaño seguirá dibujándose en todos los sitios cada vez que alguien se ponga a escuchar la radio.

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