Decían que José Ángel Sánchez no quería al Leipzig como rival en octavos y tenía razón, el Madrid ha terminado clasificándose para cuartos de final de la Champions pero sufriendo un viacrucis ante un gran rival.
Llegábamos a este partido de vuelta con el ajetreo que todo cumpleaños provoca, 122 años nos cumplía la criatura blanca, menos mal que el Bernabéu es amplio para colocar una tarta que pueda alojar tantas velas. Dicen que los partidos en día de celebración no suelen terminar bien, pero en este caso las malas noticias llegaron antes, por la mañana: dos partidos de sanción a Jude Bellingham por definir en inglés lo sucedido en Mestalla sin atisbo de agresividad ni menosprecio, pero, parafraseando a Bernabéu, el antimadridismo es el precio a pagar por ser los mejores. Quizá algún día se arrepientan de haber tratado así al Real Madrid.
Ancelotti apostó por un once con el centro del campo reforzado: Kroos, Tchouaméni, Valverde y Camavinga; y menos efectivos en la delantera: Vinícius; con Jude Bellingham ora centrocampista, ora delantero, libre para atacar donde y sobre todo cuando estimara oportuno en ausencia de Gil Manzano. El sacrificado de inicio: Rodrygo, que junto a Brahim se presumían como las principales balas en la recámara del banquillo.
La primera presión del Madrid nada más comenzar el partido fue como la de un corcho de vino espumoso que sale disparado. Una vez disipado el efímero gas el encuentro se calmó y el Madrid ni fu ni fa. El primer ataque que intentó Vini fue detenido en falta por un recogido forzudo rubio llamado Schlager con aspecto de desayunar aizkolaris en su tinta, pero el colegiado no la sancionó.
En el minuto 9 Sesko se plantó solo frente a Lunin tras una carrera larga como un ataque de Oliver Atom en Campeones durante la cual todos pensábamos que era fuera de juego, pero ahora nunca se sabe si el árbitro de turno va a pitar antes, durante, después o nunca, y uno vive sin vivir en sí hasta que oye el silbato. Lunin realizó un paradón y acto seguido el trencilla señaló fuera de juego.
Decían que José Ángel Sánchez no quería al Leipzig como rival en octavos y tenía razón, el Madrid ha terminado clasificándose para cuartos de final de la Champions pero sufriendo un viacrucis ante un gran Leipzig
Poco después Vini remató con el hombro un centro templado de Tchouaméni. No se marchó muy lejos de la escuadra. Openda respondió, pero su tiro al segundo palo no encontró portería. Suerte, porque fue una gran ocasión para el Leipzig. El belga volvió a tener otra en el 15. El partido con más centrocampistas del Madrid y resulta que le estaban llegando con más facilidad. Kroos era el centrocampista más retrasado con Aurélien más adelantado que de costumbre. ¿Era el mejor día para cambiar el sistema?
A partir de ese momento pareció que los blancos estuvieran leyendo la presente crónica, porque durante los siguientes minutos consiguieron asfixiar los intentos alemanes de ataque. Kroos incluso se permitió fintar a Openda al borde del precipicio de la portería propia para sacar jugado el balón. Vini acababa de dejar otra delicatessen en el área contraria. Estaba abierto el club del gourmet.
Pero fue un espejismo, el Leipzig seguía combinando con criterio y dando sensación de robustez bien dirigido por su técnico Marcos Rose, quien de no haberse dedicado al fútbol habría sido un magnifico galán de telefilm de semana de Antena 3. Los alemanes apretaban cada vez más y en el 40' Lunin se vio obligado a despejar con un mamporro una pelota peligrosa. En la siguiente jugada, el trallazo de —una vez más— Openda salió desviado apenas unos centímetros del palo derecho del meta ucraniano. El Madrid solo tenía un gol de ventaja y no lo estaba pasando nada bien. El Bernabéu pitaba.
Se había añadido un minuto al primer periodo y el colegiado decretó el final unos segundos antes, no quería complicaciones. El Madrid debía mejorar en la segunda parte si no quería sufrir. Las sensaciones no eran nada halagüeñas, a pesar de la cantidad de centrocampistas, los de Ancelotti no controlaban, jugaban plano y varios jugadores no ocupaban sus posiciones habituales. Insisto, ¿era el mejor día para cambiar el sistema? A Carlo tampoco le estaba gustando lo que veía porque retiró a Camavinga en el descanso y dio entrada a Rodrygo.
¿Era el mejor día para cambiar el sistema?
La segunda parte comenzó con tremendo susto, Lunin salió del área con poco criterio para robar el balón a Openda, que venía escoltado por Nacho. El 17 del Leipzig lo regateó, pero el meta madridista pudo rectificar y ya en el área se hizo con el balón.
En el 54 quien actuó sin criterio alguno fue Vinícius, que tras cometer una falta en el medio del campo decidió también empujar al rival cuando este se levantó. La cosa se quedó en amarilla. El partido cada vez pintaba peor. El Madrid parece siempre desenvolverse mejor cuando tiene las eliminatorias cuesta a arriba que a favor.
El Leipzig presionaba más, tenía más fuerza, más actitud y jugaba mejor que el Madrid, cuyo logro superior hasta el momento era mantener el empate a cero. Justo entonces una buena combinación entre Carvajal y Rodrygo terminó con una gran intervención de Gulácsi a disparo de Goes. ¿Despertaría el Madrid?
Pues sí, porque poco después robó un balón Kroos en defensa, se lo entregó a Jude quien filtró de maravilla a Vini para que el siete marcase un golazo con la derecha. Contragolpe made in Mou. Se resarcía así el brasileño del mal partido que había realizado hasta entonces. 1-0. Minuto 65.
Pero el gol espoleó al Leipzig. Primero, a punto estuvo de marcar tras un error en el pase de Carvajal y, poco después, Orbán anotó de cabeza anticipándose a Nacho a centro de Raum. 1-1. Minuto 68. La alegría había durado un suspiro. El Madrid se había despertado para acto seguido volverse a dormir.
Los de Ancelotti seguían mal, apenas podían contener al Leipzig mientras Tchouaméni y Kroos se cargaban con amarilla. Modric sustituyó a este último en el minuto 77. Rodrygo iría a la banda y Valverde más al centro.
En el minuto 80, un taconazo de Vini brindó una buena oportunidad a Jude, pero el defensor anduvo más rápido y le birló el cuero. Mientras tanto, Lunin paraba todo lo que le llegaba, porque el Leipzig, mejor que el Madrid, no dejaba de bombardear la portería blanca.
El Madrid parece siempre desenvolverse mejor cuando tiene las eliminatorias cuesta a arriba que a favor
En el minuto 84, Bellingham dejó su lugar a Joselu, cuyas prestaciones aéreas podían ser aprovechadas en ambas áreas. En el 86' la tuvo, pero no se desenvolvió con la velocidad necesaria para conseguir rematar encimado por dos defensores.
A falta de dos para el 90 Rodrygo gozó de una ocasión inmejorable, se escabulló hasta dentro pero su disparo fue débil y a los pies del guardameta.
Restaban 4 minutos de tiempo añadido y el Madrid hacía equilibrios sobre la resbaladiza piedra del precipicio de cuartos.
En el minuto 91, Dani Olmo la posó en el larguero y el infarto fue general. El Madrid se defendía como podía mientras el Leipzig lo embotellaba.
Así se llegó al final. El viento de Galerna sopló las 122 velas de la tarta del cumpleaños del Real Madrid para celebrar también el apurado pase a cuartos de final de la Champions.
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Estamos de aniversario. Y no es un aniversario cualquiera, pues se trata de una efeméride capital para millones de personas. Las efemérides nos recuerdan hechos noticiosos que jalonan nuestra existencia con fechas importantes por diversos motivos. Hoy no es un día cualquiera. Hoy es un día señalado para todos los madridistas. Este miércoles 6 de marzo el Real Madrid cumple 122 años. 122 años de grandeza, victorias y felicidad. El Real Madrid es sinónimo de grandiosidad. Sin duda, y parafraseando al escritor austríaco Stefan Zweig, la fundación del Real Madrid es uno de esos momentos estelares de la humanidad. En un mundo cada vez más corrupto en el que las instituciones más vigorosas hacen aguas, el Real Madrid permanece inalterable en su atalaya de dignidad. Pues aunque parezca poco relevante, el Madrid sigue siendo un club de sus socios y este hecho supone un desafío en una etapa plagada de sociedades anónimas poco deportivas e infectadas por el petrodólar. Sin ir más lejos, en nuestro país solo comparten este estado equipos históricos como el Club Atlético Osasuna, el Athletic Club y el Fútbol Club Barcelona.
A lo largo de estos 122 años, el Real Madrid como institución deportiva ha transitado por todas las etapas necesarias para llegar a la excelencia más absoluta. En el fútbol, como en cualquier disciplina, no todo el monte es orégano. Hasta el club más poderoso y ganador de la historia del fútbol ha pasado por etapas en el desierto. Para el Madrid, los 32 años sin ganar la Copa de Europa supusieron un gran estigma. Etapas más cortas, como el declive del proyecto de Los Galácticos, conmocionaron las coordenadas emocionales de los madridistas más jóvenes, pues tras años de esplendor llegaron temporadas grises que muchos recuerdan como años de plomo. Sin embargo, este camino en el desierto desembocó en la segunda etapa de mayor esplendor que el club ha conocido con el Madrid de Los Jerarcas y ganando una Champions detrás de otra. Pues si bien es cierto que no todo en la vida es coleccionar trofeos al máximo nivel, el Madrid ha cimentado su intrahistoria en ganar más que ningún otro club e inculcar en sus jugadores y aficionados que todos juntos como un solo hombre somos capaces de salvar cualquier adversidad y proclamarnos justos vencedores en la contienda más cruenta.
Hoy no es un día cualquiera. Hoy es un día señalado para todos los madridistas. Este miércoles 6 de marzo el Real Madrid cumple 122 años. 122 años de grandeza, victorias y felicidad
Así pues, no se me ocurre mejor propuesta para soplar las velas que disputar un partido de Champions y así refrendar este idilio entre la Copa de Europa y el Real Madrid. Pues lo del Madrid y la Copa de Europa es una historia de amor. Es nuestra razón de ser disputar partidos como el de esta noche. La vuelta de octavos de final frente al RB Leipzig no será fácil pues el equipo germano viene encadenando una buena racha en la Bundesliga y ya en la ida resultó ser un hueso duro de roer. El archiconocido algoritmo de Google nos da un 62% de probabilidad de victoria, pero todos sabemos que en esta competición jamás puedes confiarte hasta certificar de manera tajante tu pase a la siguiente fase. Confiarse va en contra de cualquier lógica.
En la ida, el RB Leipzig salió a buscarnos muy arriba. El club sajón demostró ser un rival agresivo en el buen sentido del término, pues desplegó un fútbol vertical que por momentos nos llegó a asfixiar en buena parte de la primera mitad. Jugadores como Sesko, Baumgartner o el internacional español Dani Olmo dejaron detalles de calidad. Particularmente, Xavi Simmons me sorprendió porque se mostró eléctrico y jamás se escondió. Me gustan estos jugadores que la piden y se la juegan. El holandés es uno de los que trazan esas contras peligrosísimas con las que el Leipzig castiga a sus rivales.
El partido de esta noche servirá para celebrar nuestros primeros 122 años de gloria y también servirá para olvidar las malas experiencias en el campeonato casero
El partido de esta noche servirá para celebrar nuestros primeros 122 años de gloria y también servirá para olvidar las malas experiencias en el campeonato casero. La actuación del señor Gil Manzano el pasado sábado en Mestalla ya no sé ni cómo calificarla. Más allá de la chifladura de su actuación, cabe preguntarse si quedará impune. El tema ya no está en dejar se sumar dos puntos, lo lastimoso es tener la sensación de que se nos chotean en la cara. Pero en fin, eso obedece ya a la galería de los horrores cada vez más poblada de personajillos que tratan de tener su minuto de gloria. Así pues, felicidades a todos los madridistas por el aniversario de nuestro club y no olviden pedir un deseo deportivo a la hora de apagar las velas. ¡A por otros 122 años más! ¡Hala Madrid!
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Buenos días. Muchas felicidades, Real Madrid. Hoy es el cumpleaños de nuestro queridísimo club, amigos madridistas. Felicitémosle y felicitémonos, que en este caso es lo mismo, porque el Real Madrid somos nosotros. ¿Sientes ese anhelo de dar lo mejor de ti? Eso es el Real Madrid. ¿Se te eriza la piel con la belleza, con la amistad, con el afán de superación? Eso es el Real Madrid. 122 años después, ya no hay cuenta atrás: el Real Madrid eres tú y tú eres el Real Madrid.
¿Consideras que nadie es tan bueno en la búsqueda de una meta como el colectivo en su conjunto? Eso es Di Stéfano. ¿Se te saltan las lágrimas con lo excelso? Eso es Zidane. ¿Te vuelcas casi obsesivamente en el proceso de mejorarte en cualquier proceso o cometido? Eso es Cristiano. ¿Tienes 6 Copas de Europa y el resto de los jugadores que han existido te miran con envidia? Eso seguro que no, porque entonces serías Gento y Gento sólo hay uno.
122 años, amigos. Qué suerte tenemos de ser vikingos y, por vía interpuesta, qué suerte tiene el Madrid de tenernos por seguidores. ¿O acaso no hemos dicho que nosotros mismos somos el Real Madrid?
Formulémoslo bien, entonces: qué suerte tiene el Real Madrid de tenerse.
Y hoy, en el día de nuestro cumpleaños, tenemos un reto por delante. Es una coincidencia feliz, porque se trata de un desafío consustancial a la entidad, uno que la conforma y le brinda un propósito existencial. Se llamaba Copa de Europa, se llama Champions League y se llamará Superliga. Todo es lo mismo: el camino simbólico —y por lo tanto hiperrealista— a tu propia realización personal. El Madrid es la Champions. Habiendo quedado establecido que todos somos el Real Madrid, quédete claro que tú eres Champions también, por la propiedad transitiva, y que por tanto tu objetivo del día es eliminar al Leipzig. Antes tendrás que recoger basuras, o diseñar puentes, o poner un cabestrillo al brazo de un niño. Da lo mejor de ti en cada una de esas tareas, pero no pierdas de vista en ningún momento de la jornada (sabemos que no lo harás) el horizonte de las nueve de la noche. Lo que a esa hora suceda entre los de blanco y el Leipzig no depende de ti, pero.
Está bien. Borra la frase anterior. Claro que depende de ti. ¿No eres Real Madrid, como ya ha sido dicho, y no eres dueño de tu destino? Recoge la basura. Traza las líneas del puente. Cura al niño. Esa es tu contribución y, aunque no sea simultánea, constituye la antesala de lo importante, y contará tanto como tus buenas vibraciones cuando el balón eche a rodar, porque si el Real Madrid eres tú entonces el Real Madrid es tu vida también. La vida tiene vida propia, y se llama Real Madrid. Los católicos más fervorosos nos permitirán la discreta irreverencia de hablar del cuerpo místico del mejor club de fútbol del planeta.
Las portadas del día mencionan lo del cumpleaños por encima y en diminuto, en el mejor de los casos. Tratan de distraernos con la exhibición de Mbappé en Donosti, y sus reverberaciones futuras. Pero el futuro ya está aquí, como cantaba Radio Ídem. No hay más futuro que el de esta noche. Ya habrá tiempo de hablar de ti y si Dios quiere de disfrutarte, Kylian. Pero ahora no nos distraigas.
Tenemos un trabajo que hacer, y vamos a hacerlo bien.
A las 21, sé tú. Sé Real Madrid y vence.
Pasad un buen día.
Lo sucedido el sábado en Mestalla es un escándalo digno de que Raphael le pusiese banda sonora. Por tanto, era lógico que los amigos de fcQuiz lo eligieran para el cuestionario de esta semana.
¿Eres capaz de responder a las ocho preguntas antes de que Gil Manzano pite el final del quiz?
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Buenos días, amigos. Hace unos días, el equipo de La Galerna al completo decidimos visitar el museo del Prado, a veces nos gusta sacar la cabeza del tórrido mundo del fútbol y cultivarnos un poco, ya sea yendo a una pinacoteca, viendo un documental de La 2 o comprando la revista Pronto. Incluso en ocasiones, pocas, porque es muy peligroso, leemos en el metro.
Cuando nos hallábamos por las salas de tan magna galería paseando con las manos cruzadas detrás de la espalda y mirando los cuadros al pasar con los ojos entornados, como si hiciésemos fuerza, para parecer más inteligentes, nos detuvimos ante un óleo de Goya y Lucientes, Francisco de.
Caza con reclamo era el lienzo. Se trata de un puesto de caza con reclamo de dos pájaros enjaulados: un mochuelo con cara de haber visto a Gil Manzano pitar el final de un partido cuando Bellingham marcaba gol, y un jilguero en actitud más pasota. Ambos observados por un perrete agazapado. Completa la escena una red sobre un árbol y un pajarillo volando.
En ese momento se nos acercaron dos personas: una, ataviada con la elástica de Messi; la otra, apocada como si hubiese sufrido una apropiación indebida y servil con su acompañante messiánico.
—¿Y ese cuadro, de quién es? —preguntó el acoquinado ser.
—De Goya y Lucientes, Francisco de, lo pone en esa plaquita sita junto a la obra —respondiole nuestra jefa de maquetación.
—Pero si Goya no pintaba nada —replicó el tipo con la camiseta azulgrana.
—Ah, no, entonces ¿La maja vestida, La maja desnuda, La lechera de Burdeos, Saturno devorando a su hijo, El aquelarre, Los duques de Osuna y sus hijos, El 3 de mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos de patriotas madrileños o La gallina ciega qué son, acaso palancas y no obras pictóricas? —inquirió nuestro editor Jesús Bengoechea.
—Nada, nada, él andaba por allí, se comía unas anchoas y se daba una vuelta mientras otros hacían el trabajo, pero Goya no pintaba nada, se limitaba a realizar asesoramientos verbales —intervino el culé.
—Claro, claro, ¿y todas estas pruebas que veis colgadas en las paredes con su firma? —prosiguió nuestro corrector mientras el redactor jefe intentaba sin éxito pedir un vino en las taquillas.
—No tenía ninguna responsabilidad, era un florero, se limitaba a firmar y punto. ¿A que sí, a que sí, a que lo he dicho bien? —apostilló el pelotilla, que vestía un extraño jersey que recordaba a un colchón antiguo.
—Y también nos vais a decir que Goya y Lucientes, Francisco de no tuvo ninguna influencia en la pintura española pese a haber estado realizando obras, y cobrando por ellas, durante los reinados de Carlos III, Carlos IV o Fernando VII, ¿no es cierto? Sois tan previsibles… —concluyó el encargado de las comas del vocativo de La Galerna.
—Ninguna, como os he dicho, Goya estaba ahí para asesorar y con el ánimo de equilibrar un poco, por si había algún pintor que se pasaba de bueno y había que pararle los pies, perdón, quiero decir las manos. Además, los emolumentos que percibía eran un argucia para blanquear dinero, luego devolvía una parte a sus pagadores.
Os contamos esta historia del mismo modo que las portadas del día versan sobre temas que probablemente os importen un pimiento. No obstante, os las mostramos, porque, en el fondo, es uno de los propósitos de esta pintoresca sección.
La diferencia es que nuestra historia nos ha venido a la cabeza al leer anoche la noticia del día que, como ya sabíamos, no aparecería en la primera plana de ningún diario deportivo. Se trata de una nueva exclusiva de Miguel Ángel Pérez en Libertad Digital y que vuelve a demostrar algo tan obvio como que un vicepresidente de una institución, en este caso Negreira del CTA, atesoraba funciones ejecutivas.
La prueba que aporta Miguel Ángel en Libertad digital es un documento intervenido por la Guardia Civil durante el registro llevado a cabo en la sede del Comité Técnico de Árbitros a finales de septiembre pasado. Se trata del acta de la Junta Directiva del CTA de la temporada 2010-2011 en la que se demuestra por escrito que Enríquez Negreira, José María fijaba los criterios para evaluar a los árbitros de Primera División, Segunda, y Segunda B. Mirad:
Había un punto único: la evaluación técnica arbitral, y el motivo de la reunión era «determinar las circunstancias y requisitos que deben reunir los árbitros y árbitros asistentes de la Primera, Segunda y Segunda División “B” del fútbol español para su evaluación». Para que no quepa duda, el acta viene firmada por Enríquez Negreira, José María, además de por el jefe de todo, Sánchez Arminio, q.e.p.d., y los otros dos vicepresidentes del CTA.
A la vista de los hechos, queda claro de nuevo que Negreira no pintaba nada, solo pintaba como Goya.
Lejanísimo el recuerdo de Zanussi. Cada uno tiene la imagen de una camiseta que le devuelve a los días felices, donde la vida era el fútbol, visto y jugado, y poco más. La mía es la de Parmalat, larga la triple línea morada del cuello al puño sobre el blanco dominante; qué poco me gustaba cuando nos tocaba jugar fuera de casa con el morado, algo faltaba en esa identidad.
Eran días de ver, a menudo, el fútbol en el salón, padre a la izquierda, abuelo a la derecha, la voz de aquellos comentaristas era un martilleo monótono, por más que el Buitre quebrara las normas del espacio y tiempo en sus fogonazos de genialidad, que eran nuestros golpes de euforia. No eran la indolencia hecha locución, como se ha dicho, sino que era la sobriedad del viejo estilo, que en las grandes victorias también se volvía solemne. Día de partido era tarde de camiseta blanca, odiosa memoria —eso sí— de los picores de la costura del escudo, y la consulta constante al reloj, acechando la hora de ver rodar el balón.
Fue, como te cuento, la Parmalat, fabricada por Hummel, la camiseta destinada a marcar una época inolvidable, que todos relacionamos inevitablemente con la Quinta del Buitre. Pronto la triple línea morada se volvió hilera de chevrones y, entretanto, alzar títulos ligueros se nos había convertido ya una costumbre anual. Lo nuestro, vamos.
Fue la Parmalat, fabricada por Hummel, la camiseta destinada a marcar una época inolvidable, que todos relacionamos inevitablemente con la Quinta del Buitre
Con todo, resulta imposible evitar la mención a la camiseta de la liga de los 107 goles: 38 de Hugo Sánchez —los tiene de todos los colores en aquel año—, seguido de Martín Vázquez, con 14, y del Buitre, con 10. En el verano de 1989, la comidilla mediática era el cambio de Parmalat por Reny Picot, un nuevo patrocinador que, aunque duró un año… ¡qué año!
Por alguna extraña razón, soy incapaz de recordar la imagen de la camiseta de Otaysa que lucimos durante dos temporadas, quizá porque la memoria futbolística es sabia por selectiva, y se entremezcla con las lágrimas vertidas en la crueldad de la liga robada y perdida en Tenerife en la tarde del 7 de junio de 1992; todo madridista recuerda exactamente dónde estaba aquel día.
La siguiente que me viene a la cabeza, por ser la última de la niñez, es la que llegó en el 92 —ya ni mencionaré la noche oscura de Tenerife, segunda parte— para quedarse hasta el cambio de siglo: Teka, por supuesto. Sabor agridulce en el inconfundible logotipo de azulón sobre sobre fondo blanco, porque fueron también las camisetas que vieron partir a la Quinta del Buitre y alumbrar un cambio generacional que, al menos en lo sentimental, resultó el más duro de todos los que he sido testigo.
De las ligas no pudimos resarcirnos hasta 1995, grato recuerdo si no fuera porque anticipaba la temporada siguiente, que no solo fue la primera sin el Buitre, al Celaya, y Martín Vázquez, al Depor, sino fue una especie de homenaje a la melancolía deportiva. Y, andando en el tiempo, la siguiente camiseta de gloria, y última de este túnel del tiempo, ya fue la galáctica, con Siemens y Adidas y todo lo que ya recuerdas.
En todas hay parte de mi madridismo y, en todas, la imagen es nítida y está ligada a grandes euforias y pequeños sufrimientos; supongo que esto es la constatación de que la inversión publicitaria, cueste lo que cueste, es un éxito indiscutible para la marca. Y, en todo caso, si he de elegir una para el recuerdo, una para adornar el escritorio de la memoria, ahí queda la de Parmalat, que en el póster oficial del Real Madrid se completaba con el lema, un poco menos trabajado que el diseño, “Leche de campeones”.
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Dicen que los países tienen los gobiernos que merecen. Con las ligas de fútbol profesional pasa un poco lo mismo. España, que es el reino de la suciedad y de lo mezquino, tiene una liga de granjeros, que es como llaman en la furbosfera a las ligas supuestamente menores como la francesa o la portuguesa. Farmer League. La de aquí, la española, ahora de Tebas, era, antaño, La Liga de las estrellas. ¿Se acuerdan ustedes? Tanto se lo creyó el personal que hasta se convirtió en un eslogan, usado y repetido hasta la náusea.
De un país que consintió leyes absurdas en base a criterios científicos espurios dictados en nombre de comités inexistentes mientras el mundo estaba patas arriba con la pandemia y el gobierno aprovechaba para desviar ríos de millones hacia empresas opacas, ¿se puede esperar que su campeonato nacional de liga sea otra cosa que una bazofia corrompida hasta la médula? Al menos en las ligas de granjeros que dicen que tienen los franceses y los portugueses, el videoarbitraje se esfuerza por ser transparente, los árbitros no se conducen como gángsters en el campo, las organizaciones no toleran el racismo, la prensa deportiva, si es que existe, no jalea el acoso al hombre durante meses y sus federaciones no están siendo investigadas por fraude deportivo continuado. El sábado por la noche, en Mestalla, asistimos a la guinda de un vodevil que dura ya desde las ligas de Tenerife.
El sábado por la noche, en Mestalla, asistimos a la guinda de un vodevil que dura ya desde las ligas de Tenerife
Al Madrid, lo dije aquí, a poco que cediera un palmo de terreno, iban a despeñarlo con toda la fuerza de los rencorosos, que es uno de los motores de la Historia. Yo no soy partidario de la Superliga, de hecho no me gusta que esté concebida para transformar de raíz la Copa de Europa, que es uno de mis lugares felices, pero es obvio, manifiesto y claro como el agua que la liga española es un circo. Así no se puede seguir. ¿Cuál es la solución? Yo no lo sé pero como madridista y futbolero, la liga es una ofensa personal, un oprobio continuado, un insulto a la inteligencia de las personas.
El equipo de Ancelotti regaló la primera parte y el Valencia le metió dos goles. Luego jugó para remontar y en efecto lo hizo, pero el último gol, el que culminaba la remontada, fue anulado porque a Gil Manzano se le ocurrió pitar el final del partido cuando la pelota marchaba en pleno vuelo hacia la cabeza de Bellingham desde el pie de Brahim. Yo sólo había visto algo así una vez, precisamente al Valencia, en la Copa de Europa del año 2000: en un partido de liguilla frente al Bayern, en Múnich, un árbitro impidió que el Piojo López terminara un mano a mano con Oliver Khan pitando el final de manera escandalosa.
Aquello, que en la Champions fue una extravagancia, aquí en España es la estación final de un tren de la vergüenza. Menos mal que está grabado porque con la desfachatez con la que suele orearse aquí el personal al mando y los medios de comunicación, algún día habrá que jurar que esto sucedió realmente. Gil Manzano saltó al campo como empeñado en desmentir la fama de madridista que la prensa le había adjudicado a lo largo de la semana. Se empleó a fondo en la tarea y a fe que lo hizo. Ese pitazo final es la agresión más sucia al fútbol que desde las autoridades competentes se le ha realizado a este antaño bello juego, por incomprensible, por irracional. Fue un hachazo, una amputación, precisamente cuando el partido, que como todo juego es un organismo vivo, alcanzaba uno de esos clímax que se dan cuando un equipo está volcado sobre el área del adversario en busca del gol. ¡Además, en el último suspiro!
Ese pitazo final es la agresión más sucia al fútbol que desde las autoridades competentes se le ha realizado a este antaño bello juego, por incomprensible, por irracional
En España hemos visto de todo, desde al Barcelona, con Guardiola de capitán, negarse a jugar un partido de Copa, ser sancionado por ello y luego indultado (ahí está ya el precedente de los indultos a los golpistas del 1O, (¡toda la historia política de la Cataluña contemporánea tiene en el Barcelona una precuela!); el Camp Nou ser cerrado por el lanzamiento de botellas y una cabeza de cerdo, sanción jamás cumplida; equipos descendidos administrativamente a Segunda B y después readmitidos en una Primera División de 22 equipos…pero lo de Gil Manzano al Madrid en Mestalla es algo que por lo instantáneo y abrupto, provoca un rechazo primitivo, instintivo.
Cuando, hace unos años, la Premier validó un polémico gol que le metieron al Liverpool tras dar el balón en una pelota de playa arrojada desde la grada a los pies de Pepe Reina, castigó también al árbitro mandándolo a pitar a Segunda. ¿Qué va a pasar aquí con Gil Manzano? Ya se lo adelanto yo, querido lector: nada. Gil Manzano, según un amigo periodista, “reconoce su error” en lo íntimo, como cuando Aznar hablaba catalán. Pero “está tranquilo”, y tanto: ya no le van a dar la murga en la prensa, pues aquí en España es mejor pasar por mal profesional que por supuesto madridista, que es de lo que se le acusaba.
Gil Manzano reconoce su error pero “está tranquilo”, y tanto: ya no le van a dar la murga en la prensa, pues aquí en España es mejor pasar por mal profesional que por supuesto madridista, que es de lo que se le acusaba
Habría que hablar, también, de la persecución ad hominem al que los medios valencianos han sometido a Vinicius desde mayo del año pasado. Sin escrúpulos, sin vergüenza y sin honor, Superdeporte, ese panfleto que no vale ni para envolver pescado, también otros periodistas de medios generalistas, en fin, aquí en defensa del orgullito mugroso local se suma hasta el apuntador, se han encarnizado con un veinteañero brasileño cuyo delito es tener un talento fabuloso para jugar al fútbol y la desenvoltura tan poco hispánica de presumir de ello. Vinicius ofendió al país valenciano, fue una injuria imperdonable que conlleva inevitablemente la muerte civil: no se dejó denigrar por negro.
Valencia, que es la tierra de Sagunto, donde empezó la Segunda Guerra Púnica, o sea, la invasión de Polonia del mundo antiguo, y la tierra de las glorias de Jaime I, del Cid ganando batallas muerto sobre el caballo, de Sorolla…y resulta que se proyecta hacia el mundo como una Gotham llena de histéricos empeñados en jibarizar a un chaval al que en el resto del mundo lo adora como lo que es, una superestrella, un icono, la máxima expresión de la alegría y del éxito. ¡Qué pena más grande! El juicio a unos tipos que le gritaron cosas racistas se convirtió, de repente y como por milagro, en el juicio a Vinicius, no se sabe si por ser en efecto negro o por que le hirviera la sangre al oír esos insultos. Así es este país, el de la liga de las estrellas, el país donde a Luis Suárez, el tipo más marrullero que ha pisado un campo en España, nunca se le enseñó una tarjeta roja. El país donde a Bellingham se le expulsa implacablemente por mostrar su enfado al ver anulado un gol legal.
El juicio a unos tipos que le gritaron cosas racistas se convirtió, de repente y como por milagro, en el juicio a Vinicius, no se sabe si por ser en efecto negro o por que le hirviera la sangre al oír esos insultos
Era digno de ver el porte inequívocamente altivo de Gil Manzano, en el centro del campo, rodeado de los madridistas, que no podían entender nada, que sólo querían una explicación. ¡A buen sitio has llegado tú, Carletto, para pedir cuentas! Ancelotti, con las manos en los bolsillos de su abrigo, elegante, siempre discreto, pero firme, pretendía que el trencilla le explicara lo inexplicable. Para que Gil Manzano se hubiese hecho entender de Ancelotti y de Bellingham en esos momentos finales del partido en Mestalla, habría hecho falta que empezara retrotrayéndose al desembarco de los fenicios en las costas de Cádiz.
De la Farmer League española el Madrid pasa, en tres días, a la Champions League europea. Es como pasar de un planeta a otro, de una realidad ontológica a otra. Dice Mateu Lahoz, que no es precisamente sospechoso de ser adicto a la causa, que los árbitros españoles cada vez pitan más pensando en las reuniones de los viernes del Comité Técnico Arbitral que en cualquier otra cosa. En Europa los árbitros también tienen sus mierdas, por supuesto, ¿cómo olvidar a Obrevo y De Bleckeere? Pero las cosas, aún, tienen su procedimiento, lo obsceno canta y debe ser explicado. ¿Quién explica en España alguna cosa? Aquí te atropellan y encima no te quejes. La culpa la van a tener, después de dos décadas de adulteración arbitral en instrucción judicial, los vídeos de RMTV.
Aquí te atropellan y encima no te quejes. La culpa la van a tener, después de dos décadas de adulteración arbitral en instrucción judicial, los vídeos de RMTV
Este país minúsculo e irrelevante que hace tiempo abdicó de su proyección universal y de entender y amar el mundo más allá de los ridículos límites de la parcelita local vuelca sobre el Real Madrid todo el rencor profundo y animal que instintivamente el hombre siente hacia la alteridad. Un rencor basado fundamentalmente en el miedo, que aquí se trufa con la envidia. Un país degradado como España no merece otra cosa que una liga de granjeros cuyo crédito internacional hace más aguas que la virtud pública de José Luis Ábalos. Tampoco merece que, en la Copa de Europa, el Madrid cabalgue representándolo, pues al fin y al cabo todas las autoridades deportivas españolas llevan desde principios de los 90 trabajando por exiliarlo. En estas circunstancias se puede decir que el Madrid competirá contra el Leipzig en una orgullosa condición de apátrida.
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A menudo me recuerdas a mí. Mi corazón en la glotis, en ese preciso instante supe que era el fin de un tiempo viejo, el de la guardia y la custodia. Introvertido pero seguro, la audiencia te observaba. Tu discurso me desarmó. Preciso y parco en palabras, nunca tendrás estanterías llenas de palabras vacías.
Como un prólogo, el otro día descubrí tu minúscula camiseta en un cajón. ¡Hace tantos años y a la vez tan poco! No hizo falta ningún "Método Ludovico". Con un siete y un "Ronaldo" en la espalda, testarudo y desafiante, te defendías frente a todos. Aquello, igualmente, me desarmó.
Tu primera vez en el Bernabéu fue, en cierto modo, también la mía. Aquel sábado, un humo ligero nos hacía sentir, literalmente, en una nube. Sincopados, nuestras voces se esparcían al viento como pavesas. Un "tú y yo", dos puntos en un mar de gente. La misma sintonía, el mismo vértigo. Llevo tatuada en algún sitio esa tarde.
Una vez fui como tú. Cat Stevens no se equivoca: estarás aquí mañana pero tus sueños posiblemente no. Creo que nadie ha cantado mejor que él lo que te quiero decir ahora. Pero, son los gajes del oficio, hoy afronto tu partida, tu primer adiós (¡tu destino queda tan lejos de todo!).Son dos meses, lo único que tengo que hacer es sobrevivir. Disfruta la fiesta sin mirar atrás, una fiesta de besos y sal. Grita desde balcones que, hasta ahora tímidos, se engalanen para ti.
Los meses que siguen son una pesada cortina negra. Miraré, como un furtivo, tu habitación vacía. Solo espero un "estoy bien" y un "¿cómo va el Madrid?". Contaré las horas hasta tu regreso ("I can see the red tail lights heading for Spain"). Y cumpliré mi promesa, no lo olvido. Desgañitados, encararemos otra vez el vomitorio abrazados.
Te espero a finales de mayo en el Bernabéu, como aquella primera vez. Ese día, pase lo que pase sobre el césped, tú y yo otra vez, juntos de nuevo donde siempre soñamos estar, habremos ganado.
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Pues que basta de vídeos. Después de lo de Valencia (y aquí “lo de” lo sustantiva todo lo que sucede cuando no hay palabra que recoja el nivel de rabia que nos ahoga), basta ya de vídeos. A la vista de los fríos números, los manidos vídeos no consiguen más que dañarnos y predisponer a todo árbitro de campo, de VAR, linier y secuaces mediáticos varios en nuestra contra en cada partido a cambio de nada de nada. Basta de vídeos, repito. Son una respuesta imperfecta y, lo peor de todo, ineficiente ante el mayor asalto jamás perpetrado contra la limpieza de una competición en el deporte profesional. Porque sísísí, ya lo sabemos: el Real Madrid es el único club personado en el mal llamado “caso Negreira”, que no es sino el “caso Barcelona”, en sus tres versiones parasitarias de club, ciudad y capital de la ex-Dinamarca del Sur. Y en respuesta a esa personación y a la campaña anti-CTA y —más a lo grande— anti anti-España, encarnada en su marco mediático por los vídeos de Real Madrid TV y alguna que otra diatriba de Ferreras en La Sexta (habrá que consolarse con aquello de la universalidad del madridismo sociológico...), los árbitros en particular y el fútbol ¿español? en general han reaccionado redoblando los ataques.
Apriétese el botón rojo de una vez. Fíltrese que, cuando la Superliga se apruebe, el Real Madrid no volverá a participar en ella hasta que esta haya sido completamente desratizada. Sigamos malcompitiendo dos o tres años, ok, aguantemos sus desfalcos un poco más, lo que sea, pero metámosles el miedo en el cuerpo
Basta de vídeos, una vez más. O al menos no basta con los vídeos. Estamos en cifras de Negreira. Más alto por si no se ha oído: ¡¡¡Estamos en cifras de Negreira!!! Siendo nosotros el segundo de los equipos que más faltas recibe de la liga, ninguna tarjeta roja les ha sido mostrada a nuestros rivales. El mayor de ellos, el que tuvo a sueldo al vicepresidente de los árbitros durante —al menos— diecisiete años, no ha recibido un solo penalti en contra en toda la competición. Y con todo y con eso, con ese Negreira sin Negreira, con el vuelo FCB7MIL destino el centro de la indecencia en piloto automático, con semejantes numerazos, insisto, al ver que se les escapaban Liga, Champions, Supercopa y las alegrías para el cuerpo y el bolsillo que con ellas vienen, el Barcelona no dudó en mandar a los generales al frente a reclamar lo suyo. Xavi y Laporta, Laporta y Xavi, que tampoco en este caso el orden de los factores altera el subproducto, bramaron contra el efecto blanqueador que en el alma de los árbitros tenían los vídeos de Real Madrid TV. Desde entonces, “lo de Valencia”. Lo de siempre, en realidad. ¿Y nosotros entretanto? Más vídeos. Gil Manzano desencadenado y de postre roja para Bellingham. Pues esta semana vais a ver: ración doble de vídeos. Laporta debe de estar temblando. Y el tercero de los Morancos también mientras se ajusta el Rolex. O Tebas.
Entonces qué. Ahora qué. En mi opinión, hay otro camino: el del medio. Apriétese el botón rojo de una vez. Fíltrese que, una vez la Superliga se apruebe y el criterio de selección para participar en la competición y, por ende, conseguir el dinero necesario para seguir existiendo temporada tras temporada ya no dependa del rendimiento en la competición doméstica, el Real Madrid no volverá a participar en la Liga hasta que esta haya sido completamente desratizada por una empresa independiente y que, hasta que el sistema no ofrezca las mínimas garantías constitucionales, se acabó la diversión. Sigamos malcompitiendo dos o tres años, ok, aguantemos sus desfalcos un poco más, lo que sea, pero metámosles el miedo en el cuerpo. A los tres de arriba y a todos los que, por callar, asienten y asisten a la tropelía. ¿Que perderíamos nosotros también en el envite? Seguro. Pero juguemos. Veamos quién nos ve el órdago. Y en fin, seamos sinceros: ¿quién sobreviviría en un futuro postapocalíptico, perdón, postSuperliga? ¿El Real Madrid o la Liga? ¿En serio es necesaria la pregunta? Y de hecho, ni siquiera es imprescindible que la Superliga exista, tan solo que pueda existir. Y, por supuesto, la conciencia y consciencia en todos ellos de que si eso ocurre —y nadie apostaría mucho a que no lo vaya a hacer—, nosotros nos piramos de la fiesta y de paso nos llevamos la música con nosotros. Que allí siempre les quedará Cantalejo para cantarse un fandanguito.
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Sí, sí. Ayer se vivieron horas de gritos, desazón y locura entre los árbitros jefe, esas gentes imaginarias. Pues imaginación tienen. Entre seis y media y once de la noche por concretar. Tuve acceso a montones de audios. He seleccionado los más tremendos.
—Medina Salmorejo, sobre las siete y cuarto: Estos del Girona...
—Plos Pómez: Es para matarlos. ¿A que no meten un gol?
—Salmorejo: A cuatro del puto Madrid se pueden poner y nada.
—Plos Pómez: Y esos del Mallorca, ¿no tienen bastante con la Copa?
Acabó el partido y volvieron a conectarse.
—Salmorejo: Nada, no podemos fiarnos de estos.
—Plos Pómez: Tranquilo, Valverde ha puesto al Bilbao Athletic, están derrengaos. Ya nos ocupamos de Nico y Vivian. Nuestro Barça no fallará.
Dieron las nueve y empezó lo de San Mamés. Durante el primer tiempo, silencio. El descanso lo dedicaron a llamar a un tal Gil.
—Plos Pómez: ¿Qué tal estás, amigo?
—Gil de las Calzas Verdes: Bien, gracias por tu llamada. Estaba repasando el partido de Mestalla: me gusté.
—Plos Pómez: Debiste pitar el final antes de que Modric sacara el córner. Que ese la lía a menudo desde ahí y lo sabes.
—Gil de las Calzas Verdes: Ese fue mi error. Me confié. Te dejo, voy a cenar. Se me pasa la paella. Recuerda que me hace mucha ilusión la final de Copa.
—Plos Pómez: Lo sé, lo sé. No descartes tampoco la de la Champions, Europa League, Conference y Copa Libertadores de América.
—Gil de las Calzas Verdes: ¡Me abrumas!
Y empezó el segundo tiempo en el formidable partido en Bilbao. Conté quince guasaps de Salmonarejo: ¡No puede ser! Veinte de Plos Pómez: ¡Es que Hernández no puede intervenir, no llegan al área! Se coló uno de Burgos: Nada, que no marcan. También María José Montero: Estos tíos no son serios. En cuanto me los pongáis les pito diez penaltis en contra por bobos.
El final fue duro y rápido.
—Salmorejo: ¡Hala, a la mierda!
—Plos Pómez: Y el panocha alargó sólo tres minutos.
—Salmonarejo: Ni jugando hasta las cinco de la mañana marcaban. Es indignante: nosotros no podemos hacer más.
Es la frase resumen. El mando arbitral está indignado con Girona y Barça. Les fallan de manera la mar de lamentable. No pueden hacer más y no tienen respuesta. Ni un gol ayer Girona y Barça. Ni uno. Y una jornada menos. Esta era buenísima y se cerró con el segundo un punto más lejos del pérfido primero, el tercero a los mismos y el cuarto, ese sí, recortó dos. Ojo que son solo once abajo.
«Es indignante: nosotros no podemos hacer más». Es la frase resumen. El mando arbitral está indignado con Girona y Barça. Les fallan de manera la mar de lamentable. No pueden hacer más y no tienen respuesta
Y esa es las cosa. Tras el numerazo del sábado, las Fuerzas del Mal no se salieron finalmente con la suya. Hay veces que el puntito del sábado se acaba dando por bueno, buenísimo. Y es que fue tan gordo lo de Mestalla que alguien movilizó a varios ángeles. Amancio, Sanchis padre, Alfredo por supuesto, Puskas, Gento... ¡Ángeles, porfa! Hombre, que equipazos como Girona y Barça no ganen es raro, pero que apenas tiren a puerta... Es para sospechar. El Madrid sí tiene quien le protege, quien vela por él. También el fútbol, claro. Oigan que incluso prensa de Barcelona, no toda, faltaría más, pero sí alguna varia calificaron de mangazo lo que vivimos en Mestalla.
El Madrid vio cómo sus males quedaron en rasguños. No debería fiarse. Volverán a intentarlo e igual los ángeles tendrán otras tareas. Normalmente ganará la Liga. No le bastará con jugar bien, con presentar las cifras que presenta. Deberá superar al rival de turno y lo que le rodea. Es algo titánico. Sus títulos aquí le exigen un esfuerzo extra lo que se dice enorme. Quizá eso le descentró el sábado de salida. No fue el Madrid, apareció temeroso, reservón. Y no sabe jugar a eso. Cuando fue el Madrid, desde el último minuto del primer tiempo, el 2-1, al final, ganó 0-3. Que el tercero lo anularan confirmó que todo está preparado para que la gane. ¿Vinicius? Es un genio, Tengan ustedes un gran día. Ah. Y en nada, el Leipzig. A los muchachos: piensen que la cosa está 0-0. No se fíen. Es el partido del año. Ahora sí, buen día a todos.
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