El pasado domingo el Real Madrid ganaba al Celta de Vigo y mantenía la distancia con sus perseguidores. El partido fue algo plano por momentos pero siempre estuvo tutelado por el equipo merengue. Un Antonio Rüdiger imperial en defensa y trascendente en jugadas a balón parado fue quien marcó la diferencia. El marcador lo inauguró Vinicius cuando aprovechó la confusión creada por una acción del defensa germano. Cuarto gol del brasileño en solo tres partidos. Últimamente Vinicius anota muchos goles de delantero puro. Eso es una gran noticia porque una de las principales características de un atacante es saber estar en las acciones claves para aprovecharse de los despistes o vacíos y conseguir gol. Es algo instintivo que los que llevamos años viendo fútbol siempre reconocemos como una de esas virtudes innatas que tenía Raúl González Blanco. No se sabe la razón misteriosa pero el balón le caía a él. Eso marca la diferencia y a buen seguro hará que los números de Vinicius se disparen.
El cuarto y último gol lo conseguía Arda Güler. El gol es un golazo porque el ariete turco regatea con maestría a Vicente Guaita y con su pierna menos buena aloja el balón en el fondo de las redes. Todos sus compañeros corrieron a felicitar al jovencísimo jugador y el estadio entero se vino abajo y hasta llegó a corear su nombre. Hay muchas esperanzas puestas en Güler. Lo poco que hemos podido ver de él en directo deja claro que tiene muchos detalles de jugador crack. Cómo se mueve en el campo, cómo ordena a sus compañeros y lo fácil que lo ejecuta todo. Especialmente destacable cuando consigue el gol y lo celebra con semblante serio como si para él hubiera sido sencillo hacerlo. Ojalá cuente con más minutos de calidad y no tantos residuales.
El equipo venía de un partido duro frente al RB Leipzig. El empate frente al equipo alemán sirvió para clasificarse para cuartos pero las formas no fueron las más propicias. En el partido del pasado miércoles el equipo mostró ciertas dudas y dejó en el aficionado mal sabor de boca. En ningún tramo del partido el Real Madrid fue superior al rival. El planteamiento inicial de poblar el centro del campo para controlar el partido tal vez sirvió para anestesiarlo. Salir con un Vinicius solo arriba y con la sola presencia de Jude Bellingham en el papel de Little John no fue un éxito. Aunque en honor a la verdad, las dos estrellas del Madrid se fabricaron un golazo a la contra que definió a la perfección Vinicius. La buena estrella quiso que ambos se entendieran. Esta dupla va a más. Vinicius y Bellingham mezclan tan bien que funcionan juntos mejor que el café con leche.
Hay muchas esperanzas puestas en Güler. Lo poco que hemos podido ver de él en directo deja claro que tiene muchos detalles de jugador crack
Afrontamos ahora un próximo partido que debemos sacar los tres puntos sin ningún problema e irnos con margen al parón por selecciones. Podemos preparar el encuentro con todo el tiempo del mundo pues tenemos la semana limpia de partidos entre semana. La visita al Sadar para medirnos con el Club Atlético Osasuna siempre puede complicarse, pero este año los pamplonicas se han mostrado más vulnerables que las últimas temporadas. Física y anímicamente estas semanas sin partidos de Champions son muy oportunas para recuperarse. Tras el parón, jugamos ante el Athletic Club y volvemos a tener un descanso por la final de Copa del Rey. Ese fin de semana libre ayuda a recargar pilas y tener la energía suficiente para afrontar el periodo de eliminatorias en primavera. Y en Liga, ocho partidos para el final. Es decir, encaramos el último tercio de la temporada y debemos hacerlo con garantías.
Es muy normal vivir subidas y bajadas a lo largo de una temporada. Seguramente venimos de protagonizar una serie de partidos sacados adelante con más pena que gloria. Pero el oficio de todo gran equipo es seguir sumando incluso en los momentos más bajos. La participación sorprendente de jugadores como Brahim o Joselu nos debe dejar un gran sabor de boca. En un principio, ambos estaban destinados a ser jugadores con una participación más residual, pero el devenir de la temporada ha querido que siendo jugadores de roles muy concretos hayan aportado al equipo infinitamente. Esto habla muy bien de la planificación deportiva y aún mejor de ellos mismos. En todos estos jugadores podemos confiar sobradamente. La Liga está cada vez más cerca.
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A hard day's night de los Beatles se tradujo en España como Qué noche la de aquel día, y así recordaremos la velada de ayer quienes tuvimos la fortuna de asistir. Y no por dura, precisamente, sino todo lo contrario. El maestro Pepe Begines, cuando se disponía a cantar unos temas anoche, dijo —con la guasa que le caracteriza— que procedía a amenizarnos un rato porque todo el mundo sabe que las galas son un tostón. Sin embargo, no lo fue, más bien lo opuesto. Gran parte del mérito lo tuvo Manolo Castro, que la condujo con fluidez ayudado por los jefes del cotarro: Jesús Bengoechea, Ramón Álvarez de Mon, Athos Dumas y Joe Llorente.
Es muy complicado congregar a tanta leyenda madridista y más difícil aún que se encuentren tan cómodos como para compartir anécdotas y curiosidades impagables con todos nosotros. En este aspecto, brillaron especialmente Clifford Luyk y Juan Luis Arsuaga.
El mito del baloncesto, español y americano, fue galardonado junto al no menos mito Wayne Brabender con el Premio Fernando Martín de La Galerna, entregado por Jesús Calleja, de Kiriland. Resalto lo de español porque Luyk le espetó a Joe Llorente: «Yo soy más español que tú, porque yo elegí serlo». Como argumento, irrebatible.
El propio Joe pidió un micrófono con temporizador cuando cedió la palabra a Clifford, afortunadamente le entregaron uno sin límite de tiempo, lo que propició que contara la anécdota de la noche: recordó Luyk que tras ganar con el Madrid de baloncesto un trofeo importante, el equipo, incluido también Brabender, fue recibido en el Pardo por Franco. Se colocaron en fila. Cuando llegó su turno, el último, Bernabéu avisó a Franco de que Clifford era muy bueno, pero un poco chuleta, y, desde abajo, Franco miró a Luyk y le preguntó:
—¿Tú has votado a Eisenhower?
—Sí.
—Entonces te va a ir muy bien.
Brabender también agradeció con mucho cariño el premio recibido. Fue especialmente grato contar con una leyenda tan grande como su propia humildad.
Por si fuera poco, otro mito madridista como Juan Corbalán subió a la palestra junto a Luyk y Brabender para presentar el galardón.
El primer premio había sido entregado por Ángel Bernárdez, de People, a un madridista que nos hace a todos pasar buenos ratos desde hace muchos años, Álvaro Urquijo, cuyas canciones, bien en solitario, bien con Los Secretos, forman parte de nuestra vida.
El músico confesó que cuando programa los conciertos tiene siempre un ojo puesto en el calendario del Real Madrid. Álvaro estuvo acompañado por otro pedazo de la historia musical de este país: Ramón Arroyo, a quien no ceja en el empeño de intentar convertir a la causa madridista.
Urquijo fue llamado a escena por otro maestro, Pepe Begines, autor como sabéis del himno de esta casa, Viento de Galerna. El andaluz, que actuará junto a Toreros con chanclas en el Bernabéu el 26 de abril, se encargó de amenizar la gala interpretando, además del citado himno, éxitos como Bolillón y Japón. Con este último tema, Roberto Carlos —y el resto de asistentes— a punto estuvo de llorar de risa.
Si el premio Fernando Martín se entrega a leyendas ya retiradas del Real Madrid de las canastas, el galardón Forja de la Gloria Baloncesto distingue a un jugador en activo. En esta ocasión el elegido fue Rudy Fernández, en palabras de Joe Llorente, el baloncestista español más completo.
El premio fue entregado por Óscar Barrios, iluminador de extensa y duradera vinculación con New Order Light, patrocinador del galardón, reconocido productor de luminarias, empresa líder internacional y consultora de referencia para importantes proyectos de iluminación.
Junto a Joe, acompañó en el escenario al premiado Felipe Reyes, tres ídolos juntos. Rudy nos emocionó confesando que la mejor decisión de su vida fue recalar en el Real Madrid.
Esta edición añadimos una categoría más, el Premio Pioneras, entregado por Roberto Marcos, de Clínica Miró, a una futbolista del Real Madrid femenino, ganado con todo merecimiento por Olga Carmona, excelente jugadora que ejerció un papel fundamental con la selección española en la conquista de la Nations League y de la Copa del Mundo, anotando en este último caso el único gol de la final.
Quién mejor que otra pionera, Coral Bistuer, para entregar el trofeo a Olga Carmona. Si Coral abrió el camino para muchas deportistas de su época practicando taekwondo, una disciplina que, según confesó ella misma, poca gente conocía entonces en este país, Olga está haciendo lo propio con el fútbol, promoviendo que muchas jóvenes se animen a practicarlo.
Olga Carmona se mostró orgullosa de ser la primera en recibir este galardón y destacó que le suponía un honor recibir el premio entre tanto referente del madridismo, del mundo del deporte y del arte.
Olga Carmona y Pepe Santamaría nos regalaron la imagen de la gala.
El Premio Antonio Escohotado posee un cariz especial por homenajear a un pensador absolutamente irrepetible de quien tuvimos la inmensa suerte de disfrutar en La Galerna como autor, el único medio donde escribió sobre su querido Real Madrid.
El galardonado, Juan Luis Arsuaga, al igual que el maestro Escohotado, hace gala de una exacerbada curiosidad por el conocimiento que le ha llevado a la cima de la paleoantropología.
Destacaba antes que junto al de Luyk, el discurso de Arsuaga fue el que más trufado estuvo de anécdotas y curiosidades. Quizá algunos aún no sepan que Pedro María Arsuaga, padre del premiado, fue el antecesor de Paco Gento en la banda izquierda del Real Madrid. Además, sacó pecho al recordar que Jude Bellingham fue el segundo debutante en marcar dos goles contra el Barça, porque el primero había sido su padre en 1947. Por cierto, uno de aquellos tantos fue olímpico.
Juan Luis Arsuaga destacó que Antonio Escohotado fue el último librepensador de este país, porque ha habido otros que eran libres, pero no pensadores y otros pensadores que sin embargo no eran libres.
Tuvimos el honor de que Jorge y Álex Escohotado, hijos del maestro, acompañaran a Juan Luis Arsuaga en escena para recibir el premio de manos de Alfonso Sáez, de Luxury VIP.
En ese momento, Jesús Bengoechea, el mayor responsable tanto de La Galerna como de la que se montó ayer, saltó a la palestra para agradecer la presencia de ilustres madridistas como Pepe Santamaría, Emiliano, Vicente Ramos, Vicente Paniagua, Álvaro Arbeloa, Rubén de la Red, Juanjo Maqueda o Alberto Angulo, entre otros. Ruego que me disculpen si he omitido alguno, pero fueron muchos y no estoy adornado con el don de la memoria.
Jesús también agradeció el apoyo de los patrocinadores, de Casa Club por albergar el evento, la presencia del vicepresidente de la entidad Fernández de Blas y en general de todos los presentes y aquellos que hicieron realidad la celebración de la Gala. También tuvo unas palabras de reconocimiento a la labor de quienes escriben y hacen posible La Galerna, una nutrida representación de ellos se reunieron anoche por allí.
Especial ilusión nos hizo la presencia de Paco Gento, hijo del ídolo del madridismo la Galerna del Cantábrico, en cuyo honor se fundó esta publicación.
No faltaron tampoco compañeros de los medios y personas del mundo de la empresa, de la política y de la cultura —de la cultura de verdad—, como el maestro Andrés Amorós. Tuvimos la suerte de contar también con Íñigo de Carlos, que además de creador del excepcional documental La Leyenda Blanca, es nieto del presidente Luis De Carlos.
El show continuó con uno de los momentos cumbre de la noche, el Premio Madridista, presentado por Emilio Dumas y patrocinado por Enrique Tomás, a Carlos Sainz, en palabras de nuestro querido mosquetero, «el mejor piloto de rallyes de la historia», cuyo palmarés es epatante.
Agradecemos encarecidamente a Carlos que acudiese personalmente a recoger el premio, más aún si tenemos en cuenta la reciente operación, afortunadamente satisfactoria, a la que fue sometido su hijo en Arabia.
El último ganador del Dakar agradeció el premio a La Galerna y el tremendo aplauso recibido a los asistentes. Reconoció que este galardón le hace especial ilusión porque todos conocemos el corazón blanco que alberga. Carlos Sainz destacó que era un orgullo recibir el trofeo en presencia de tantos madridistas, tanto de fútbol como de baloncesto, a quienes iba a ver de niño y que son un ejemplo para todos. Él mismo, ya veterano, trata de ser a su vez también un ejemplo para las nuevas generaciones. Vaya si lo es.
El momento más emotivo y divertido, reflejo de como es él, fue cuando Roberto Carlos subió al escenario reclamado por Ramón Álvarez de Mon para recoger el Premio Paco Gento de manos de Diego Suárez de COEUS.
Roberto, además de ser el mejor lateral izquierdo de la historia, es un ídolo total y absoluto del madridismo y está tocado con la varita mágica del carisma como pocos, y no hablo solo de deportistas.
El brasileño comenzó reconociendo que no sabía de qué hablar. Ramón, entre risas, le preguntó que si el mítico gol en Tenerife fue voluntario, «el portero creía que yo iba a centrar. Hacía unas locuras a veces en los partidos…, pero lo más importante es que yo me divertía jugando al fútbol» fue la respuesta del tres. A los aficionados, desde luego, nos divertiste mucho.
Continuó reconociendo que haber pertenecido al mejor club del mundo le ha permitido obtener este premio Paco Gento y acto seguido se giró con sonrisa pícara hacia Jesús Bengoechea: «Gracias, Jesús, creías que no venía (carcajadas generales). No, que voy de viaje, no puedo ir —se imitó a sí mismo—. Es que el Madrid me hace trabajar. Más ahora que antes».
Roberto prosiguió diciendo que ser del Madrid es estar feliz, saber que todos los años hay que ganar todo y no es fácil.
«No voy a hablar mucho porque la gente sabe lo que es vestir esta camiseta ante 80.000 personas. ¿Son 80.000? —preguntó y Fernández de Blas le respondió que 83.000—. Es que conté el otro día y me salieron 80.000 (más risas)».
Se despidió agradeciendo el galardón: «He tenido la suerte de ganar trofeos importantes, pero este tiene un nombre muy especial (Paco Gento), una referencia para todos los jugadores. Lo voy a guardar con muchísimo cariño en mi museo».
Aquí se nos estallaron las costuras del orgullo y las compuertas de los lagrimales.
El fin de fiesta, con los cuatro socios de La Galerna en escena, fue para otorgar a Luka Modric el Premio Forja de la Gloria de Fútbol, el diez blanco no pudo acudir a la Gala, pero nos envió un vídeo de agradecimiento. El trofeo se lo entregó Juanjo Castro, de Hermanos Castro, a Eduardo Fernández de Blas, quien lo recogió en nombre del croata.
El vicepresidente del Madrid felicitó a esta casa por la excelente Gala y nos dedicó unas alentadoras palabras que le agradecemos de corazón: «Aun siendo una fantástica noche, no es lo que mejor hacéis. Hacéis madridismo todos los días, defendéis los valores del madridismo. Sois un ejemplo y cualquier madridista que se precie tiene que ser seguidor incondicional de La Galerna. Enhorabuena».
Fernández de Blas quiso felicitar a todos los premiados, leyendas madridistas elegidas con mucho tino, según afirmó.
Por último, agradeció el galardón en nombre de Luka Modric, cuyas palabras fueron: «Es un premio especial, por favor, recógelo que me hace mucha ilusión».
Parecía difícil repetir el éxito de la primera edición, pero esta II Gala de Premios de La Galerna ha puesto el listón muy alto de cara al año que viene.
Buenos días, amigos. Permitidnos que hoy acusemos la resaca del gozo, que es una de las mejores resacas posibles, porque ayer celebramos nuestra II Gala de Premios de La Galerna y, modestia aparte, salió a pedir de boca, aunque no fue de Modestia Aparte, sino de Los Secretos, nuestro galardonado con el premio Viento de Galerna, el excepcional Álvaro Urquijo. Viento de Galerna, como sabéis también es nuestro himno, compuesto por Pepe Begines e interpretado anoche, como no podía ser de otra manera.
La celebración fue un éxtasis madridista con un palmarés difícilmente mejorable: Roberto Carlos, Rudy Fernández, Olga Carmona, Luka Modric, Clifford Luyk, Wayne Brabender, Carlos Sainz, Juan Luis Arsuaga y Álvaro Urquijo. Además, contamos con la presencia del vicepresidente del Real Madrid Eduardo Fernández de Blas y madridistas top como Pepe Santamaría, Emiliano, Vicente Ramos, Vicente Paniagua, Felipe Reyes, Juan Corbalán, Arbeloa, De la Red, Alberto Angulo o Juanjo Maqueda, entre otros. Tuvimos el honor de ser premiados con la presencia de Paco Gento y su familia, hijo del único futbolista que atesora seis Copas de Europa y además da nombre a nuestra publicación, Gento.
Manolo Castro presentó el evento con su maestría habitual apoyado por los jefes de todo esto: Jesús Bengoechea, Ramón Álvarez de Mon, Emilio Dumas y Joe Llorente, otro madridista ilustre.
Mostramos nuestro agradecimiento al Real Madrid, a los premiados, a los patrocinadores, a Casa Club, a las leyendas presentes, a los compañeros de los medios, a los invitados y a vosotros, que al fin y al cabo sois nuestra razón de ser.
Nos hallamos ante la disyuntiva de catalogar la gala como éxito o triunfo. Pero no queremos caer más en la autocomplacencia y procedemos a comentar, siquiera brevemente, las portadas del día.
Tanto Marca como As titulan también con disyuntivas, aunque con opciones no tan felices como la noche de ayer. «Los cuartos o la ruina» es el titular marquista, en referencia, claro a está, al Barcelona, que se juega hoy continuar en la Champions. Hay un pequeño problema, y ese pequeño problema es que el Barça ya está en la ruina, con independencia de que este año caiga eliminado antes o después en la máxima competición.
La disyuntiva de As es «Victoria o desastre». Aplica lo mismo que para Marca. El desastre ya es patente, y si el Barça no estuviese sostenido por la Liga, Federación y Gobierno se hallaría descendido, como corresponde a quien se compra durante lustros al estamento arbitral.
También aparece en las portadas de la prensa madrileña el ínclito De la Fuente, seleccionador nacional y palmero mayor de Luis Rubiales (y de quien corresponda en cada ocasión). En referencia al caso Brahim, ninguneado por España, Luis cumplió con lo esperado y culpó a la víctima de todo esto: «Importa querer venir, sin exigencias», declaró el director técnico español. Habría que recordarle que Brahim no participó con Marruecos ni en el Mundial de Rusia ni en el de Catar a la espera de ser llamado por nuestra selección.
La prensa cataculé está a lo suyo. Y hacen bien, porque para ellos sí es todo un acontecimiento poder clasificarse para cuartos de la Champions, habida cuenta de su trayectoria en los últimos años.
Acaso lo más llamativo de ambas portadas sea la condición de yogur confesada por Xavi Hernández: «Lo importante es el club, yo tengo fecha de caducidad».
Pasad un buen día.
El madridismo cinéfilo está de enhorabuena, pues Oppenheimer, la película que triunfó anoche en la gala de los Óscar obteniendo 7 de ellos, incluyendo los de mejor película, director y actor principal, es madridista, como no podía ser de otra manera. El dominio con puño de hierro de Oppenheimer en esta carrera de premios recuerda sobremanera a la superioridad del Real Madrid en la liga española, donde tampoco hay rival que se le acerque (CTA al margen), pero no es la única semejanza.
Aunque se trata de una película compleja con varias premisas, la principal parte de la creación de un grupo que reúna a los mejores físicos tanto del país como de otras partes del mundo para llevar a cabo el proyecto Manhattan, consistente en la fabricación de una bomba atómica que pueda salvar al mundo de la amenaza de la Alemania nazi o destruirlo, según a quién se le pregunte. Si eso no les suena a ustedes a la creación de una competición internacional en la que participan los mejores equipos de diferentes partes del mundo para salvar o destruir el fútbol, de nuevo, según a quién se le pregunte, no sé yo a qué otra cosa les puede sonar.
El dominio con puño de hierro de Oppenheimer en los Óscar recuerda sobremanera a la superioridad del Real Madrid en la liga española, donde tampoco hay rival que se le acerque (CTA al margen), pero no es la única semejanza
La sensación de grandeza que rodea a Christopher Nolan en el mundo del cine es sólo equiparable a la que desprende Florentino Pérez en el del fútbol. El rey Midas del siglo XXI es una verdadera mina de oro para sus productoras y convierte en éxito taquillero cada proyecto en el que se embarque, incluso uno aparentemente menos comercial como podía ser Oppenheimer, sin que eso mine la calidad cinematográfica de sus trabajos.
Si la trilogía del caballero oscuro fue su particular “etapa galáctica”, podemos decir que Inception, Dunkirk y Oppenheimer han supuesto esa segunda etapa más madura y sobria, pero igualmente exitosa, extrapolable al segundo mandato de Florentino en el Real Madrid. Al igual que Florentino, haga lo que haga Nolan, tiene una horda de irreductibles detractores que hasta hace poco hacían mella en su carrera de premios. Mientras que siempre ha sido un director valorado por los gremios de directores y guionistas, los premios de la industria no le valoraron como se merecía hasta que no ha realizado películas en géneros más académicos como el bélico o el drama histórico. Aquello del estilo y tal.
Mientras que el sindicato de directores le otorgó 3 nominaciones por películas como Memento, El caballero oscuro e Inception (entendemos que películas que pregonaban el contraataque de Mourinho), los Óscar le dieron el mismo valor a dichos trabajos que el que la prensa patria le ha concedido siempre a Florentino Pérez y su equipo de trabajo por su labor en la dirección deportiva.
La sensación de grandeza que rodea a Christopher Nolan en el mundo del cine es sólo equiparable a la que desprende Florentino Pérez en el del fútbol
Volviendo a la película, al igual que Florentino Pérez, Christopher Nolan confió como cara visible del proyecto en un chico irlandés, semidesconocido para el público general, pero que dejaba un paso imborrable en cada proyecto por el que pasaba y que se volvió una auténtica celebridad y orgullo local de la ciudad de Birmingham. Cillian Murphy, el Jude Bellingham del cine, conocido por su papel televisivo en la serie Peaky blinders, se había limitado a pequeños proyectos o papeles secundarios y no había protagonizado hasta ahora una película de semejante envergadura como Oppenheimer. Como ha ocurrido con el fichaje de Jude Bellingham por el Real Madrid, que ha terminado siendo un éxito tanto deportivo como comercial, el resultado no ha dejado indiferente a nadie.
Como Bellingham, Murphy se ha echado el equipo a la espalda y sostiene una señora película durante sus tres horas realizando un trabajo menos vistoso y más contenido de lo que se acostumbra a premiar en la temporada de galardones, pero tremendamente efectivo. Su interpretación como Robert Oppenheimer es magistral, sin necesidad de alardes ni excesos, sin alzar la voz ni sobreactuar, transmitiendo todo el debate interno que sufre el personaje a lo largo de su vida acerca de las consecuencias del trabajo por el que siempre será recordado.
Si Jude ha sorprendido a conocedores y ajenos por su capacidad goleadora cuando todo el mundo del fútbol coincidía en que el Real Madrid “simplemente” estaba firmando a un gran “todocampista”, con Cillian (que por cierto, se pronuncia como todos ustedes piensan…) ha ocurrido algo similar: todos sabían que era un buen actor, pero nadie esperaba un trabajo de semejante calidad y con tanto impacto en los premios de cine.
Como Bellingham, Murphy se ha echado el equipo a la espalda y sostiene una señora película durante sus tres horas. Su interpretación como Robert Oppenheimer es magistral, sin necesidad de alardes ni excesos
Murphy ha arrasado sobradamente en la temporada de premios, dominando primero los de la crítica y posteriormente haciendo lo propio con los de la industria (Globos de Oro, Bafta y SAG, in that order) para acabar llevándose un trofeo que, siendo sinceros, la verdad es que le importaba poco. Ha resultado francamente divertido ver en Cillian a la antítesis de Joan Laporta en las fiestas, pues en cada gala en la que le enfocaban, su cara denotaba que si por él fuera llevaría ya dos horas en la cama de una cabaña escondida en el lugar más recóndito de una aldea de la Irlanda profunda.
Mientras que la primera parte de la película se vale de la clásica fórmula de reclutamiento tantas veces vista en el séptimo arte desde Los siete samuráis en películas como por ejemplo Ocean’s eleven o, sin ir más lejos, la propia Inception de Nolan; tras la creación de la bomba y su uso en Hiroshima y Nagasaki, la película vira bruscamente para escindirse en dos vertientes temáticas que nos recuerdan tanto al club blanco como a otras dos grandiosas películas: JFK y Amadeus.
La comparación con JFK resulta evidente principalmente por el espectacular montaje que hace Jennifer Lame en la película, casi tan bueno como el del film de Oliver Stone y que va de aquí para allá controlando perfectamente el ritmo e intercalando continuamente escenas de pasado, presente y futuro para dilucidar si realmente J. Robert Oppenheimer fue comunista. Comunista no lo sabemos, pero madridista fue un rato el bueno de Robert, o al menos sufrió en sus propias carnes aquello con lo que el club blanco y su afición conviven a diario: una agresiva campaña de desprestigio en la que se le intenta relacionar con una determinada ideología política sin aportar más pruebas que el puro relato.
Robert Oppenheimer sufrió en sus propias carnes aquello con lo que el club blanco y su afición conviven a diario: una agresiva campaña de desprestigio sin aportar más pruebas que el puro relato
Poco importa que Oppenheimer nunca se afiliara al partido comunista o que las relaciones del club blanco con Franco no fueran precisamente idílicas (más bien todo lo contrario, no fueron pocos los encontronazos con el caudillo). Lo verdaderamente importante se resume en una frase que Richard Dees usa casi a diario en su programa El Radio para referirse al periodismo deportivo patrio: “tú enmierda, que algo quedará”.
El origen de esta campaña de desprestigio viene originado por el personaje que protagoniza la particular Amadeus en la película de Nolan, cuyo nombre no revelaré para no destripar la películas a los incautos que vayan a leer esto sin haberla visto, pero al que claramente se puede considerar como el Javier Tebas de esta historia. Las similitudes son casi infinitas, considerando esta vez a Oppenheimer como el Florentino/Mozart de la historia.
Al igual que le sucede al Salieri de la película con Robert Oppenheimer, Javier Tebas considera a Florentino como un igual a pesar de estar a niveles completamente diferentes. Florentino preside el mejor club del mundo de la manera más exitosa posible, habiendo elevado al mismo a la máxima categoría y habiendo llevado a cabo, a día de hoy, el mejor proyecto deportivo que existe en el mundo del fútbol; mientras que Javier Tebas comenzó su periplo por la liga en su momento más álgido (la rivalidad Messi-Cristiano) y a lo largo del tiempo ha conseguido que la competición vaya perdiendo poder, prestigio, dinero y su puesto en la cima frente a la Premier League.
La envidia engendrada por la frustración hace que nuestro Salieri tome la misma resolución que Javier Tebas con Florentino y se sirva de todos los medios a su disposición para tratar de desacreditar y hacer caer a quién considera su rival. Mientras que Tebas trata de volcar todo el poder de los medios de comunicación sobre Florentino, en Oppenheimer el antagonista es consciente de la buena prensa del físico e intenta usar el poder judicial en primer lugar para que posteriormente la prensa haga el resto del trabajo.
Mientras que Tebas trata de volcar todo el poder de los medios de comunicación sobre Florentino, en Oppenheimer el antagonista es consciente de la buena prensa del físico e intenta usar el poder judicial en primer lugar para que posteriormente la prensa haga el resto del trabajo
La importancia de los secundarios es otro de los aspectos en los que convergen Real Madrid y Oppenheimer. Si bien es cierto que Cillian Murphy y Jude Bellingham han sido los respectivos protagonistas de la temporada y que el resto de premios los haya ganado Robert Downey Jr. sin oposición alguna, es de justicia decir que entre el reparto de estrellas de ambas entidades han destacado actores inesperados.
Al igual que Rüdiger y Brahim partían esta temporada como suplentes y han acabado siendo indispensables para la temporada blanca, en Oppenheimer destacan varios actores que apenas disponen de minutos en pantalla pero que aprovechan al máximo sus escenas para adueñarse de ella durante ese tiempo, como son los casos de Gary Oldman, Jason Clarke o Casey Affleck. El miedo que inspira este último en su escena es sólo comparable al que sienten los jugadores blancos cuando anotan un gol y ven cómo se acerca Rüdiger a felicitarles con su particular estilo.
Otra gran secundaria a destacar es Emily Blunt, cuyo personaje empieza pareciendo algo apático pero que en la última hora de la película pareciera que oyera la música de la Champions para robarse todas las escenas en las que aparece para defender a su marido con la misma fiereza con la que vemos hacer lo propio con el escudo a jugadores como Valverde o Carvajal.
El último secundario a destacar es sir Kenneth Branagh, que cumple eficientemente en la película y que en los premios del Sindicato de Actores demostró que es el Toni Kroos del cine amén de su presencia, su porte (igual que una camiseta del Madrid sólo puede ser juzgada en su totalidad cuando se la prueba Toni Kroos, lo mismo sucede con los trajes y el actor británico) y su potente discurso con el que repartió tanta empatía como palos por la huelga de actores con la misma elegancia y solvencia con la que se desenvuelve Kroos tanto en el campo como ante el micrófono del podcast de su hermano.
El miedo que inspira Casey Affleck en su escena es sólo comparable al que sienten los jugadores blancos cuando anotan un gol y ven cómo se acerca Rüdiger a felicitarles con su particular estilo
“Me he convertido en la muerte. Destructor de mundos”. Esta cita del libro sagrado hindú Bhagavad-Gita es sin duda la que más se recordará de esta película, al atribuirle a Oppenheimer, creador de un artefacto con la capacidad de destruir el mundo, esa semejanza con Prometeo, que robó el fuego de los dioses para entregárselo a los humanos, y al que también comparamos hace poco con Florentino en el texto en el que repasamos sus etapas como presidente del club blanco. A fin de cuentas, es muy posible que Florentino haya reventado el fútbol, no sólo a nivel nacional, sino quizá también a nivel mundial.
Replicando la escena final de la película en la que se revela la naturaleza de la conversación entre Oppenheimer y Albert Einstein, sería plausible imaginar un diálogo similar en el que nuestro presidente inquiriera a su segundo al mando, José Ángel Sánchez: “¿recuerdas cuando nos propusimos pasarnos el fútbol?” mientras mira con orgullo el videomarcador de 360º del estadio que va a multiplicar los ingresos del club permitiéndole de nuevo mirar al resto de clubes de lo más alto de este planeta al tiempo que el coliseo blanco ruge con fervor en la multitudinaria presentación de un esperado jugador que recuerda con nostalgia a la de un tal Cristiano Ronaldo. Tras esto, un Florentino henchido de orgullo al pensar tanto en su estadio como en la plantilla blanca que ha conseguido formar, devolvería de nuevo la mirada hacia su fiel mano derecha y le diría: “creo que lo hicimos”.
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Buenos y espléndidos días, amigos. A pesar de no atravesar su mejor momento de juego, los de Ancelotti le endosaron cuatro tantos ayer al Celta. Los de Aspas fueron molinos, no gigantes, y el Madrid no repartió ningún gol con ellos. Sobre los celtiñas se cernió una galerna madridista comandada por Camavinga y Luka Modric, precisamente el flamante Premio Forja de la Gloria de Fútbol de La Galerna, el cual, junto al resto de galardones, será entregado en la Gala de esta noche de la cual os daremos buena cuenta.
Marca aprovecha la celebración de los Óscar, que han pretendido —sin éxito— pisarnos nuestra Gala celebrando la suya apenas un día antes, y titula «¡Esto es Hollywood!». Ayer Modric se llevó la estatuilla a la mejor película; Camavinga, al mejor director; Rüdiger, al mejor protagonista y Güler, al mejor actor revelación, categoría inexistente que otorgamos porque nos place.
El turco es especial, todo el mundo lo siente y ayer pudimos palparlo. El tanto que se marcó destiló clase por los cuatro costados. Con su juventud y pese a no haber podido jugar casi, Arda ya ha provocado un penalti, chutado a la madera y anotado un gol. Se encuentra a solo tres tantos de la superestrella Lamine Yamal, por la cual dicen en Can Barça que el PSG pone 200 kilos sobre la mesa.
Cómo no, tras tomar la alternativa en el Bernabéu en esto de los goles, Rüdiger lo felicitó a su manera, fustigándolo a empellones y estrujándole las incipientes muelas del juicio. Instante que aprovecha As para ilustrar su portada.
«Güler alegra la fiesta» es el título del diario madrileño, aunque, como leímos ayer en X, bien podría haber sido «Dios aprieta, pero no ahoga». El alemán de nombre Antonio, además de propinar cordiales mamporros a sus compañeros, completó un partidazo con dos sublimes testarazos que supusieron sendos goles, aunque desafortunadamente ninguno de ellos llevó su firma; el primero lo remachó Vinícius tras dos buenos rechaces de Guaita, y el segundo lo terminó anotando el propio guardameta al empujarlo sin querer con la espalda tras rebotar en travesaño y suelo.
El Madrid de ayer fue más reconocible y Ancelotti no se anduvo con experimentos. Planteó una alineación y un esquema sin excepcionalidades, como destaca Ramón Álvarez de Mon en su crónica, y el desarrollo del encuentro acompañó. Sabemos que los blancos no se encuentran en un momento físico óptimo y se aprecia en los partidos. Aun así, le sigue bastando para imponerse a los rivales de esta liga: resto de equipos, colegiados y VARES, RFEF, Tebas, medios, etc.
No obstante, no conviene relajarse, sino todo lo contrario, el Madrid debe mejorar ciertos aspectos, sobre todo de cara a la vuelta de la Champions.
En la azotea, As se hace eco del suculento premio que ofrece el presidente del Nápoles a sus jugadores por dejar fuera de combate a los de Xavi: «Diez millones de prima (en singular) por eliminar al Barça».
No hemos comentado hasta ahora una noticia que aparece en ambos diarios, la confirmación de que Brahim elige jugar con Marruecos. La intención del madridista era defender la camiseta de España, pero la —habitual— gestión deplorable de la RFEF ha empujado al 21 blanco a cambiar de idea. La ojeriza a todo lo blanco que reina en la Federación ha desembocado en un error histórico.
Todo el mundo sabe que si Brahim fuese el cuarto portero de un segunda división de Islandia, pero criado en La Masía y con padrinos, habría debutado con la selección con unos 16 o 17 años aproximadamente y sin haber jugado aún en Primera.
En Sportivo siguen con Vinícius, que representa al Madrid, atorado en la garganta. Según Sport, «Vinícius, gol y polémica con Mingueza»; y según Mundo Deportivo: «Vinícius la vuelve a liar». Ayer, además de la habitual ración de patadas, a las cuales ya nadie hace mención por ser la norma, se sumó que Mingueza lo agarró durante aproximadamente el tiempo que dura el film Oppenheimer. El brasileño se hartó y empujó al canterano culé. Amarilla justa. Y nada más. Ante la imposibilidad de competir deportivamente, el antimadridismo busca subterfugios para atacar todo lo relacionado con el club merengue.
Nos marchamos a ultimar nuestra II Gala de Premios de La Galerna. Os recordamos el centelleante palmarés de este año: Luka Modric, Olga Carmona, Rudy Fernández, Roberto Carlos, Clifford Luyk, Wayne Brabender, Juan Luis Arsuaga, Álvaro Urquijo y Carlos Sainz.
Pasad un estupendo día.
Bueno, pues fue el Madrid y le metió cuatro al Celta. ¿Exagerao? Sí, miaja. ¿Qué pensará Aspas? Pues que si a esto le añades a Mbappé, casi jugamos por teléfono el año que viene. Y el dinero que se ahorran en el viaje, el Madrid no abriendo el Bernabéu, todo eso, una pasta, a repartir entre el resto de equipos de la Liga. El Barça, el primero. Por la necesidad, digo.
—¿Os va bien el 2-0?
—Bueno, vale.
4-0 al Celta. ¿Qué pensará Aspas? Pues que si a esto le añades a Mbappé, casi jugamos por teléfono el año que viene. Y el dinero que se ahorran en el viaje, el Madrid no abriendo el Bernabéu, todo eso, una pasta, a repartir entre el resto de equipos de la Liga. El Barça, el primero. Por la necesidad, digo
El Madrid en lo mejor de temporada no está. Cosas de la preparación física con vistas a lo serio, cuentan. La Champions, o sea. Pero empata o gana, lo cual encabrona a los antis que esperan el gran momento: que un equipo con una derrota en 28 jornadas acumule tres o cuatro en las últimas diez. Y sus equipos lo ganen todo o casi. Encima eso. Puede pasar, claro.
La cosa también invita a pensar que pronto volverá a salir el sol de entre ciertas nubes, que haberlas haylas. Y cuando no las hay aparece quien aparece y eso... Pintus a los mandos, el Madrid volverá a volar y, si lo hace, mejorará. Paciencia. No es natural que salga con el freno puesto. Se le corre el rímel. O que teniendo seis marchas se meta en tercera por la M-40. Pues eso, paciencia. Ahora mismo, también con Rodrygo. Sobre todo con él.
En el fondo, su próximo partido serio será el sorteo de la Champions. Por lo demás le queda un marzo flaco por aquí: Pamplona y recibir al Athletic en el Bernabéu, pues entre un partido y otro habrá el apasionante parón de selecciones. No saben ustedes cuánto lo añoro. Por cierto. A Bellingham lo expulsaron el día 2, volverá el 31. Un mes 'out'. No pasa nada: a la Liga le sobran 'cracks'. Con corbata y barriga mayormente.
A la espera del PSG, que sí, que la vida es esto, el Madrid está jugando al tiro al plato, ya saben. Sale el tirador, grita ¡plato!, vuela y le dispara. Le faltan diez, puede que le sobre alguno y lo amnistíe, al plato, o intente derribarlo ‘mamao’, lo cual no es olímpico, pero sí interesante.
A Bellingham lo expulsaron el día 2, volverá el 31. Un mes 'out'. No pasa nada: a la Liga le sobran 'cracks'
Diez platos. El Girona, segundo con 62 puntos puede llegar hasta los 92 si derriba todos los que le quedan. El Madrid, primero con 69, bonito número, con hacer 23 campeona. 23 de 30. 69+23, 92. Y el 'average', 93. Eso supone ganar siete partidos y empatar dos. O ganar ocho, más directo o sea.
Parece asequible, pero a mí más que si el Madrid ganará la Liga, me excitan estas dos cosas. Se las esquematizo.
A: ¿Cuántos partidos de esos diez jugará Bellingham?
B: Al Barça no le han pitado un penalti en contra transcurridas 28 jornadas. ¿Llegará el día?
Me extiendo. Sobre la pregunta A, ni idea. Sobre la B, tampoco. La A. Uno de los diez restantes se lo pierde seguro. Los otros nueve, váyase usted a saber.
Agresivo le vio Gil de las Calzas Verdes en Mestalla y lo puso en el acta. No hay que descartar que un día se cabree el agresivo Jude por una patada, una mano, un pitido a destiempo… y acaben metiéndole cuatro u ocho.
Para resumir: sería un gran logro que a Bellingham no le sancionaran con no subir a la Cibeles si el Madrid es campeón. ¿Pueden hacerlo?
Sería un gran logro que a Bellingham no le sancionaran con no subir a la Cibeles si el Madrid es campeón. ¿Pueden hacerlo?
La B. El Barça dejó en 78 jornadas/0 penaltis en contra en la flor del negreirismo. Dos temporadas largas. Lleva 28, puede acabar el curso con 38. Más o menos la mitad de su récord. ¿Batible? Perfectamente. Ah. Entonces la milonga era que le llegaban poco. Este año, 34 goles en contra lleva. Igual me da que me da igual.
La otra noche pareció que hubo falta de Lamine a Muriqi. Y digo pareció pues vimos la jugada y no más, Santo Tomás. Seamos sinceros: es difícil saber si los jugadores del Barça cometen faltas en su área. Las repeticiones son más bien escasas. Es como si estuvieras en el campo. Parece. Pero certeza, poca. La presunción de inocencia, por encima de todo.
Lo cual me molesta como abonado al fútbol de pago. Lo de la falta de imágenes. No está bien perder el hilo. Imagínense un abonado al cine, el tío se pone Ben Hur y le cortan en plena lucha con el pérfido Messala Severus. O le dan solo una vuelta de tan magnífica carrera. Una broma.
Lo que no va a serlo es Arda. Ya dije en cierta ocasión que Dios me libre de aconsejar a Ancelotti, pero sí le comento que el turco está para más. Justicia y alineaciones, y más ganando, no casan bien. Pero este chico es muy especial, muchísimo. Tiene el ángel de los elegidos.
No por un gol, que fue un golazo. Porque lo tiene. Me encantaría verle de titular junto a diez tíos que salieran a lo de antes, a lo de la tarde con el Girona por fijarnos en algo grande y próximo. Arda Güler sería un espectáculo. Ah. Como lo fue ayer Camavinga. Y Modric. Y Rüdiger, ¡qué fenómeno este!
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Arbitró Mario Melero López del comité andaluz. En el VAR estuvo Prieto Iglesias.
El malagueño en líneas generales no llevó mal el partido, pero encrespó al respetable con la amarilla a Camavinga al borde del descanso. Una acción en la que robó el balón y con la inercia de su pie de apoyo derribó a Bamba.
También tuvo unos errores de apreciación en saques de banda y un par de córners, pero nada alarmante.
La única jugada polémica fue un balón dividido en el 30' entre Starfelt y Brahim. Las varias repeticiones no aclararon mucho y finalmente pitó córner. No pareció suficiente para penalti aunque el celtiña tocase balón y también a Brahim.
El resto de amonestaciones se las repartieron De la Torre por derribar a Camavinga en el 34', Mingueza por agarrar a Vinicius en el 54', al brasileño por revolverse y empujar al defensa y Manquillo por una dura entrada a Modric en el 81'.
Melero López, DISCRETO.
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