Comunikado Hoficial 01/04/2024
El Real Madrid C. F. desea comunicar su malestar por lo sucedido ayer en el Santiago Bernabéu en nuestro partido ante el Athletic Club de Bilbao, en relación con la actuación del colegiado D. Javier Alberola Rojas.
Aunque no tuvo influencia final en el resultado, nos vemos en la obligación de denunciar lo acaecido ayer en el minuto 58 de partido. En el mismo, Alberola Rojas pitó fuera de juego tras un pase de un jugador del Athletic de Bilbao a nuestro jugador Rodrygo Goes, que, tras continuar la jugada, sufrió un claro penalti.
Se puede observar en la imagen que el Sr. Alberola Rojas observaba la jugada de frente, a sólo unos pocos metros y sin ningún obstáculo que interrumpiera su visión. Aun así, podemos entender que no pudiera discernir que fue el jugador del Athletic de Bilbao el que tocó el balón, lo que invalidaba el fuera de juego.
Sin embargo, nos sorprende que fuera Alberola Rojas el que señalara el fuera de juego, cuando su juez de línea se encontraba en una posición inmejorable, justo en línea con los jugadores. El juez de línea sólo levantó el banderín una vez que Alberola ya había pitado el fuera de juego.
Para más inri, como se puede ver en la imagen, Alberola no estaba mirando la posición de Rodrygo y su defensor, siendo prácticamente imposible que pudiera discernir si, por unos pocos centímetros, nuestro jugador se encontraba en posición adelantada.
Por otro lado, nos vemos en la obligación de denunciar y hacer público que, tras señalar el fuera de juego, nuestros jugadores nos transmitieron que el Sr. Alberola se dirigió a ellos diciendo “yo siempre he querido ser juez de línea, pero nunca me dejaron. Esta es la mía”.
Entendemos los deseos de D. Javier Alberola Rojas y animamos al Comité Técnico de Árbitros a que satisfaga sus deseos, pero creemos que no es lo más conveniente que se cumpla su sueño durante el transcurso de un encuentro, cuando tiene asignada la función de árbitro principal.
Por último, queremos comunicar que estamos convencidos de la honestidad del Sr. Alberola Rojas y que la actuación de ayer no tiene nada que ver con los pagos de más de 8,000 € que realizó al hijo de Enríquez Negreira por sus servicios de coaching, entre los años 2016 y 2019.
Llevaba dándole vueltas al asunto y el paso de Alberola y su tropa, pues solo no pita, me decidió: hay que ponerles música a los vídeos de Real Madrid TV. Los completaría. Imagen, música, voz, cabreo. Todo. Insuperable.
Para el de anoche se me ocurre la del famoso tango A media luz, ya saben: Corrientes, 348, segundo piso ascensor. Empieza a sonar cuando el Madrid recupera la bola y termina en el momento en que el árbitro decide no sé muy bien qué. ¿Estornudó Rodrygo? ¿Fue Bellingham, lo que descentró a Vesga y por eso le pasó la pelota al brasileño? Es que estoy oyendo la música: no hay porteros ni vecinos, lará, lará, larálará… Cierren los ojos, maravilloso.
Hay otros sonidos muy utilizables. La Marcha Triunfal de Aída vendría al pelo en asuntos relacionados con Vinícius. Giuseppe Verdi, italiano como Carletto, es una mina: cuando regrese Munuera, el Ritorna Vincitor, también de Aída, sería perfecto. Está el coro de Nabucco, el de los esclavos. Los italianos lo tuvieron como un canto contra la opresión extranjera que vivían. Puesto que opresión también vive el Madrid, paisana y no extranjera, eso también, podría ser incluso otro himno del club.
El de los gitanos de El Trovador, el del yunque. El Madrid también es un yunque, pam-pam-pam. Y nada. La donna è mobile, Rigoletto, cuando la arme eso una donna. Sí, claro. La Octava de Beethoven también valdrá. Y Mozart, el maestro Rodrigo. Gente tipo Julio Iglesias, claro: La vida sigue igual podría ser perfectamente otro el himno del Madrid. Un día las Mocitas, otro Plácido, el Hala Madrid, Verdi, Julio… ¡Una locura!
Serían muy utilizadas esas músicas de los videos en discotecas, verbenas populares y cosas así. Una música pegadiza, conocida. Habría una breve introducción, que también podría ser escrita, para los coleccionistas en plan estadio, fecha, rival, árbitro, torneo, y sucinta explicación de lo sucedido. Treinta segundos y la música. Oigan, lo que hacen los árbitros con el Madrid es una obra de arte y debe tratarse como tal. Conozco a mucho personal de la tele blanca, su sensibilidad artística, y sin duda agradecerán esta idea.
Hay que poner música a los vídeos de Real Madrid TV, lo que hacen los árbitros con el Madrid es una obra de arte y debe tratarse como tal
Por lo demás es verdad que vivimos tiempos movidos pues son muchas las voces que reclaman cambios en el arbitraje. Entiendo que no es fácil y me alegra que el Madrid esté colaborando en el asunto. Que es el equipo que más hace por el cambio no se discute. Pasa una jornada sí y otra, también.
En asuntos modernos y en antiguos, fíjense. De niños aprendimos que si un tío está en fuera de juego y le pasa la pelota un rival… lo habilita. Bueno, pues ayer no. Está bien. Claro que hablando de estar: ¿Rodrygo estaba en fuera de juego? No hubo repetición, luego no sabemos. Me extrañó, pues no poco antes entró en el área, la otra, un jugador del Athletic, se cruzó Mendy y el de blanco, oh, se fue al suelo. No pidió penalti ni su padre, el del muchacho de blanco, pero la repetición no faltó. Bueno. Es probable que el tiro de cámara de ese lado fuera mejor que el del otro, algo pasaría.
Más cosas. El árbitro del Getafe-Sevilla paró el partido y se fue a por el delegado local pues al futbolista argentino Acuña lo insultaban ferozmente. Se nos dijo: ¡qué bien el árbitro! Que después puso en el acta del partido lo sucedido. OK. Cuando Pamplona, que el colega no escribiera nada en la suya no tenía la menor importancia pues ya lo hace el delegado arbitral. Eso dijeron. Y que no hiciera caso a Carvajal y Rüdiger cuando lo del ”Vinícius, muérete” y demás, pues tampoco. Podemos confirmar que el hombre sordo no es. Que estos tíos pasan unas pruebas físicas imponentes.
Entonces, ante dos actitudes opuestas, ¿quién acertó? ¿El de Pamplona, don Tancredo, o el de Getafe? ¿Los dos? ¿Ninguno? Pues eso, que el Madrid colabora como nadie en los cambios. Su contribución a la causa, mejorar el fútbol, está probada. Ah. Sobre lo de Getafe y Sestao. Como se dirigieron solo a Sarr, Acuña y Quique Flores, al que gritaron ¡gitano!, algo debieron hacer, su culpa tuvieron, pues sí, sólo se lo gritaron a ellos. A la espera también de la sanción que le va a meter la Federación al portero del Rayo Majadahonda. Será la guinda de porro que nos invade.
son muchas las voces que reclaman cambios en el arbitraje. El Madrid es el equipo que más hace por el cambio. En asuntos modernos y en antiguos, fíjense. De niños aprendimos que si un tío está en fuera de juego y le pasa la pelota un rival… lo habilita. Bueno, pues ayer no
Por lo demás, 2-0 y para casa. Un buen y corto resumen de lo que fue el partido. Pronto vimos que las cabezas de los 22 estaban en otros compromisos cercanos. El Athletic se portó como un padre con el Madrid y el Madrid, lo mismo. Ya sabemos que sus relaciones son excelentes. Le ganó porque no tenía más remedio. El Barça aprieta y está fenomenal no, lo siguiente. Y el Girona no se rinde. Y no les cuento si el Atleti toma hoy Villarreal. Pero vamos, si al Madrid no le hubieran tangado tres o cuatro de los muchos puntos que no tuvieron a bien concederle, lo de ayer acaba 0-0 y no se habla más. Suerte tú con el City; lo mismo te deseo, en la final de Copa, tronco.
Rodrygo metió dos goles casi al tiempo que Luis Enrique mandaba a Mbappé al vestuario en la segunda parte. Otra vez. Yo creo que lo hace por Francia. Por los Juegos. Le quita minutos, le cuida, cumple. Ahora vas, le dice a Kylian, y le cuentas al Madrid que estás como si fuera febrero. Que puedes jugar Eurocopa y la cosa olímpica sin problemas. Que si acaso dejad la presentación para septiembre. Que eso sí desgasta, emocional y físicamente. En fin y nada. Nueve días de suspense y la Champions. Cinco partidos para la 15. ¡Qué cosas!
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Llevará pasándome año y medio. Llega el minuto 40 de cada partido en el Bernabéu y mis ojos dejan de seguir el balón o al jugador de turno para centrarse en una parte de la grada a la que la duración de 45 minutos por cada tiempo le debe parecer excesiva. La zona en cuestión, situada en el córner del fondo sur con el lateral oeste y perfectamente reconocible en la retransmisión televisiva, se vacía con una urgencia primitiva. Para cuando el árbitro pita el descanso no queda allí más que un par de aficionados desubicados.
La cosa no mejora cuando el segundo tiempo arranca, más bien al contrario. Durante no menos de 10 minutazos nuestra grada permanece semidesierta, llenándose poco a poco, gota a gota. Cuando al Madrid le da por atacar por ese flanco, la realización nos regala un plano como de partido de pretemporada, protagonizado por un mar de butacas azules que contrasta con las gradas vecinas, estas sí, perfectamente pobladas. Tal es mi grado de fascinación con este fenómeno que durante unos meses el principal tema de conversación entre mi hermano y yo consistía en tratar de hallar una explicación lógica. ¿Qué sucede en las tripas del estadio en la media hora que comprende desde el minuto 40 hasta el 55, que es cuando por fin acaba de llenarse la tribuna, descuento y descanso incluidos?
La teoría que, medio en broma medio en serio, más predicamento ha cogido en la familia responde a las necesidades miccionales del respetable. Intuíamos que, justo en esa zona, los baños deben estar averiados y el proceso de reparación se está alargando más de la cuenta, con lo cual debe haber uno o como mucho dos urinarios disponibles para ese reducido grupo de gentecilla, quien, de manera ejemplarmente cívica, huye del graderío con antelación para que la zona (y la vejiga) no colapse en el interludio.
Debido a tal explicación, a todas luces inmaculada, hemos bautizado esa tribuna con el castizo término de “Los Meones”. Así, como si fuese un bar de Prosperidad de toda la vida.
Hemos bautizado esa tribuna con el castizo término de “Los Meones”. Así, como si fuese un bar de Prosperidad de toda la vida
Incluso cuando comentamos por WhatsApp los partidos de nuestro equipo, ubicamos de este modo tan simpático cualquier jugada que suceda en esa orillita del campo. “Vaya control que ha hecho Brahim pegadito a la banda de los meones” o bien “¿qué me dices del caramelo que ha puesto Kroos? No, ese no, yo me refiero al de la segunda parte, el del córner de los meones”.
Pero no, el motivo de la desafección de esa esquinita no tiene nada que ver con los problemas de próstata del graderío, sino con una razón mucho más elemental. La navaja de Ockham siempre tan certera. En esa esquina se ubica una de las Áreas VIP del Bernabéu, con una lujosa zona de Hospitality, catering de lujo y demás comodidades de esas que los paletos como yo primero rechazamos con cara de menuda ordinariez esto pero luego si tenemos la posibilidad de disfrutar de la ordinariez en cuestión arramblamos con todo por delante. Un poco como lo de los hoteles con buffet libre en el desayuno, pero con más purpurina y sofisticación.
Resumiendo, que la peña prefiere estar tranquilamente a su bola entre cañitas, embutido ibérico y postres de cocina vanguardista antes que volver al asiento y desesperarse con algún jugador o gritarle a Carletto que haga cambios de una vez, que estamos en el 50 y el equipo sigue igual que en el primer tiempo. No les culpo. El problema, más de fondo que de forma, es la idea general que hay detrás del concepto de “Los Meones”, tendencia absoluta en toda la industria deportiva y que encuentra en el Madrid, como punta de lanza de la misma, su máximo exponente. Esto es, convertir al aficionado en consumidor.
Vaya por delante que debido a mi formación conozco de sobra cómo funciona el deporte profesional del más alto nivel, las entretelas del marketing deportivo y las tendencias de la industria sobre las que orbitan las diferentes estrategias de cualquier trasatlántico de impacto global. Incluso el año pasado tuve el privilegio de trabajar para el club y comprobar de primera mano preocupaciones, deseos y pautas establecidas sobre las que trabajar, más allá de lo que acontezca sobre el terreno de juego.
La idea general que hay detrás del concepto de “Los Meones”, tendencia absoluta en toda la industria deportiva y que encuentra en el Madrid, como punta de lanza de la misma, su máximo exponente, es convertir al aficionado en consumidor
El fenómeno de los meones ayuda a comprender muchas cosas. Nada tiene de malo establecer una zona del estadio diseñada para gente a la que no le gusta el fútbol necesariamente sino el acto social, el enseñarse y ser visto, el subir doce fotos a Instagram para presumir. Pagar por hacer la foto, vaya. Pagar (y mucho) por poder decir “yo estuve allí”. Simple cuestión de estatus.
Subyace de todo esto la tendencia universal e imparable de nuestro tiempo: Todo evento tiene que ser una experiencia única, inolvidable, transversal. E insisto, esto no tiene que ser malo per se. Pero esta americanización del producto constante, este querer convertir en un partido de la NBA todo lo relacionado con el fútbol europeo, que ni es el mismo deporte ni somos el mismo público ni tenemos la misma cultura ni los mismos hábitos, todo ello me causa rechazo, incluso en mi condición de madridista (creo) adaptado a los nuevos tiempos y familiarizado con el rumbo de la industria deportiva.
Y, aunque sea en mi propio perjuicio laboral, no acabo de ver del todo claro ese mantra de convertir al aficionado en consumidor, qué quieren que les diga. Porque el riesgo que se corre no tiene tanto que ver con la conquista de nuevos usuarios sino con la espantada de los aficionados ya existentes. Y creo que el club tiene un potencial problema con esto que urge atajar.
Porque el Real Madrid no es sólo Disney, es mucho más que eso. El Real Madrid no es, no somos, un gigante del mundo del entretenimiento, sino una experiencia religiosa, con sus códigos sagrados y su liturgia. Vaya, que ir al Bernabéu es una actividad más cercana a ir a misa que a ver una película de Netflix en el salón. Hablamos de un club que pertenece a sus socios, así lo lleva siendo desde 1902 y así lo reflejan los estatutos. El Real Madrid no son Los Ángeles Lakers ni el Manchester City ni la escudería Red Bull Racing, estas sí, empresas privadas cuyo ámbito de actuación es el deporte y financiadas por diferentes agentes con el objetivo de revalorizar la marca y rentabilizar la inversión, y si de paso se logran resultados deportivos miel sobre hojuelas. Otro debate sería el de no ya si tiene sentido, sino si simplemente es viable mantener la actual condición de club y competir al más alto nivel en la élite del fútbol del mañana, pero ese es otro tema (véase el futuro negro del Barcelona y su más que probable conversión a SAD).
El Real Madrid no es sólo Disney, es mucho más. El Real Madrid no es, no somos, un gigante del mundo del entretenimiento, sino una experiencia religiosa, con sus códigos sagrados y su liturgia. Vaya, que ir al Bernabéu es una actividad más cercana a ir a misa que a ver una película de Netflix en el salón
Vayamos al caso del Bernabéu en concreto, que tiene un problema muy claro como bien sabemos los que vamos asiduamente al campo. Las entradas cada vez son más caras, por no decir inasumibles para un porcentaje más que considerable de aficionados. Pero esto cualquiera lo puede entender aunque no compartir. Es la ley de la oferta y la demanda. El fútbol es un bien de lujo, tú si quieres un Ferrari lo tendrás que pagar, estás viendo uno de los espectáculos globales más relevantes del planeta y eso cuesta como tal y demás boutades. Nada que no escape a un primer análisis de Juanma Castaño. Vale. Entendido.
¿Pero qué implica esto a efectos prácticos? Pues la pérdida sistemática y exponencial de identidad y aficionados en el estadio. Porque el problema no reside en lo inaccesible que es acudir a Concha Espina para el aficionado medio, sino en la alarmante cantidad de cada vez más abonados que venden su abono al mejor postor, que no tiene por qué ser aficionado blanco. Y así pasa, que luego en el minuto 40 están todos fuera de sus butacas y más pendientes de lo guapos que han salido para la foto para Instagram que no ya de animar, sino de enterarse si el lateral derecho es Carvajal o Lucas Vázquez.
Luego querremos una caldera contra el City y nos llenaremos la boca con la mística del Bernabéu y demás leyendas mitológicas. ¿Pero cuándo aprieta el Bernabéu? seamos serios. Vivimos del recuerdo de las noches del PSG, Chelsea y City, que es lo más salvaje que ha vivido este estadio en qué, ¿40 años? y porque las circunstancias fueron las que fueron.
Subyace aquí una actitud que detesto, cercana a la turismofobia e incluso al racismo que trato de evitar por todos los medios pero como soy un hombre hecho a base de incoherencias no puedo evitar sentirla aunque no quiera. Me he contenido de emplear en el texto la palabra turistas, porque mi impulso era el de responsabilizarles, aunque fuese de manera indirecta, de la causa de mi crítica. “Perdemos identidad porque cada vez van al estadio menos aficionados de verdad y más turistas”. No negaré haber caído en esta actitud cargada de superioridad moral, y, por qué no decirlo, de un incipiente racismo más de una vez, y es un error. Porque cómo establecemos quién es aficionado de verdad y quién no. Cabe señalar que, en tanto que aficionado, el Real Madrid me pertenece lo mismo a mí que a un señor de San Francisco, Doha o Seúl. Y tanto derecho tienen en ir al campo ellos como yo, pues el vínculo sentimental con el club no lo determina un código postal.
Más si cabe siendo el club en cuestión el Real Madrid, que siempre se ha vanagloriado (¡con razón!) de ser el equipo con más seguidores por todos los rincones del mundo, hecho que nos define y es motivo de orgullo. Porque esa actitud tan paleta y ultramontana de pero tú como vas a ser del Madrid si eres de Gijón (o de Honduras o de donde sea), como si sólo pudiésemos ser madridistas los nacidos en Madrid, será habitual en otros equipos y en otros aficionados más cortitos de miras y de entendederas, pero no en este. Si por algo ha destacado históricamente el Madrid ha sido por estar a la vanguardia siempre, por ser pionero no sólo en lo deportivo sino en cualquier aspecto colindante con lo que supone ser un equipo de fútbol, y es precisamente por el hecho de llevar siéndolo 70 años por lo que está en la posición de preponderancia actual.
si el año que viene quiero que mi equipo junte a Bellingham, Vinícius y Mbappé tendremos que aceptar que haya cada vez más áreas VIP repartidas por el estadio, más hospitalitys, más precios inviables en las entradas y más camisetas a 200 euros. Pero luego no nos podremos quejar si el estadio es un teatro, si tenemos un Bernabéu lleno de meones
A lo que voy es que se puede perfectamente potenciar la condición de experiencia memorable de un partido en asistentes puntuales sin necesidad de arrinconar —cuando no expulsar— a los aficionados del estadio. Cuando yo estuve en Nueva York fui al Madison Square Garden, me compré una gorrita de los Knicks y canté defense, defense!, es decir, fui consumidor sin ser aficionado, que es exactamente lo que está pasando en el Bernabéu y lo que creo que el club debe evitar.
Insisto, sé que el deporte en general, el fútbol en concreto y el Real Madrid en particular funcionan así. Que si el año que viene quiero que mi equipo junte a Bellingham, Vinícius y Mbappé tendremos que aceptar que haya cada vez más áreas VIP repartidas por el estadio, más hospitalitys, más precios inviables en las entradas y más camisetas a 200 euros. Pero luego no nos podremos quejar si el estadio es un teatro, si tenemos un Bernabéu lleno de meones.
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Buenos días, amigos. En una de sus corrosivas críticas teatrales, George Bernard Shaw, cuya cultura le había permitido identificar un claro plagio en la obra consignada, se refirió a ella en estos términos: "Es una obra buena y original al mismo tiempo. El problema es que lo que es original no es bueno, y lo que es bueno no es original".
Cabe la posibilidad de que Marca nos esté plagiando en la mañana de hoy, puesto que el titular de su portada coincide al cien por cien con el de nuestra crónica del partido de anoche entre el Madrid y el Atleti. No es la primera vez que nos sucede algo así. Si lo tomamos como una carrera por ver quién llegó antes al (modesto) hallazgo, es fácilmente comprobable que nuestra crónica es anterior. No es que la portada de Marca sea buena pero no original, como diría Bernard Shaw, porque es un sencillo juego conceptual con el color del uniforme, así que cabe la opción de que no sea ni realmente buena ni, desde luego, original en absoluto.
¿Coincidencia? Puede ser, aunque se nos antoja improbable. En todo caso, no vamos a ir a la guerra por un titular que no pasa de ser simpático. No nos han robado la fórmula de la Coca-Cola, de manera que no entra en nuestros planes el enfadarnos. Si no montó en cólera Queen cuando Vanilla Ice fusiló el riff de bajo de Under Pressure, que eso sí era apropiarse de la propiedad intelectual de un momento cumbre de la música pop, tampoco vamos nosotros a desencajar nuestra ira precisamente hoy, con la pereza que da la ira justo el día en que vuelves de unas vacaciones de Semana Santa pasadas por agua.
Una vez hemos dejado al lector canturreando el tum-tum-tum-tururuntum de John Deacon, que ya le acompañará para el resto del día (no es mala compañía), sólo nos resta hacer constar que ya nos han pasado unas cuantas de este estilo, no siempre con Marca, sino con la prensa tradicional en general, sin que tengamos inconveniente alguno en que nos copien.
De hecho, nos gustaría que nos copiaran más, y en cosas de mayor enjundia que un titular. No vamos por la vida de ejemplares, pero no pasaría nada si Marca (y otros que no son Marca) nos copiaran la insistencia en que hay que limpiar el estercolero en el que consiste el fútbol español, estercolero que, pese a tener los medios a su alcance, jamás ha investigado la prensa deportiva, ni las tres décadas de desmanes de Villar, ni los tejemanejes del Barça con Negreira, ni el escandaloso saldo arbitral detrás de dichos tejemanejes (que tanto clamaba al cielo), ni las corruptelas arábigas de Geri-Rubi, ni nada de nada. Copiad, copiad, malditos. Pero copiad también algo de nuestro modesto amor por la verdad. No es nada del otro mundo, en realidad. Está al alcance de cualquiera que quiera tenerlo (y que no esté subvencionado por Tebas, claro).
As, como Marca, tiene como argumento principal la victoria del Madrid ante el Athletic, con el sensacional doblete de Rodrygo, pero hace en portada un apunte que nos desconcierta. "El Athletic no puede evitar pensar en la final de Copa". ¿Está As sugiriendo que el Athletic no le puso al partido la intensidad requerida? Si eso es lo que sugiere, vimos un partido radicalmente distinto. Los de Valverde se emplearon con tanta nobleza como agresividad, en el afán claro de remontar un partido que se les puso cuesta arriba muy temprano. Podéis leer la crónica de Ramón Álvarez de Mon. Vimos un enorme Rodrygo que, en un segundo tiempo excelente, estuvo bien secundado por Brahim, Kroos o Valverde. En defensa garantizaron un nuevo partido sin encajar goles los fenomenales Rüdiger y Mendy, con una gran parada de Lunin cuando fue requerido.
En definitiva, el Madrid deja la liga bien encaminada y se pone a preparar el decisivo doble choque ante el City.
Os dejamos con la prensa cataculé, que tal vez os interese.
Pasad un buen día.
El reto de integrar a Mbappé en el esquema táctico del Real Madrid podría ser el acontecimiento que necesita Rodrygo para que Vinícius deje de eclipsar su progresión.
Anoche el Real jugó un partido liguero contra el Athletic, tras un parón de selecciones ajetreado. A una semana de disputar la final de la Copa del Rey, el conjunto de Bilbao visitó el Santiago Bernabéu, mismo escenario que pocos días antes había acogido un encuentro amistoso entre Brasil y España, aunque poco tuviera de amistoso ese choque entre las selecciones de dos países con muchos vínculos y relaciones entre sí.
El talento brasileño ha sido diferencial en la liga española desde finales del siglo pasado: jugadores como Roberto Carlos y Ronaldo Nazário abrieron una senda en el Real Madrid que más adelante perpetuaron Marcelo y Casemiro, cediendo en lo sucesivo el testigo a Vinícius, Rodrygo y Militao. Este último nos brindó ayer una alegría con su regreso tras más de siete meses de recuperación. Indiscutiblemente todos ellos han sido grandes símbolos de la historia reciente del club. Llegaron jóvenes, y han construido cada uno su historia a base de esfuerzo y ambición.
Cabe recordar que tanto Vinícius como Rodrygo pasaron por el Castilla antes de debutar con el primer equipo. Una etapa por la que no parece que vaya a pasar Endrick, que con dieciséis años ya juega y marca con la canarinha. Cinco minutos le bastaron para anotar su primer tanto en el Bernabéu, un caso similar al de Rodrygo, que necesitó solamente uno. El novedoso fichaje del punta del Palmeiras sigue la línea de apostar por el talento ofensivo brasileño en edad adolescente. Una apuesta que funcionó a las mil maravillas con Rodrygo y Vini, y no tan bien con Reinier, que sin embargo está de enhorabuena porque este fin de semana ha marcado el gol del empate para el equipo italiano donde está cedido, el Frosinone.
El reto de integrar a Mbappé en el esquema táctico del Real Madrid podría ser el acontecimiento que necesita Rodrygo para que Vinícius deje de eclipsar su progresión
Vinícius cumplía ciclo de amonestaciones en el partido de anoche: oportunidad para que Rodrygo nos demostrara de lo que es capaz jugando en la posición que ocupa normalmente el ausente de la ocasión, a pierna cambiada. En la primera que tuvo Goes, aprovechó un cambio de orientación de Brahim para internarse hacia el centro y mandar el balón a la escuadra desde fuera del área. No llevábamos ni diez minutos de partido. En la segunda parte anotaría otro golazo, también partiendo desde la posición de Vini, pero regateando, recortando y definiendo con más clase que él. Después del partido de anoche ya no me quedan dudas: Rodrygo es mejor que Vini, Rodrygo se asocia mejor que Vini, Rodrygo tiene más olfato que Vini. Ambos son diestros, igual que Mbappé. Ninguno de los dos debería salir nunca del club, pero si se tuviera que marchar uno, tendría que ser Vini.
Endrick es zurdo, por lo que no tiende a ocupar el mismo espacio en el mapa de calor que Rodrygo y Vinícius. Me imagino su andadura en el Madrid jugando al principio en el flanco derecho, o entrando como revulsivo en punta. Pero Endrick necesitará un tiempo de adaptación, no se puede esperar de él que se consagre como delantero titular ya la temporada que viene. Ese rol parece predestinado a Mbappé, que encontraría en Rodrygo el socio perfecto para caer hacia el centro cuando Kylian quiera partir desde la izquierda, zona por la que le gusta moverse. Rodrygo tiene más olfato que Vini, conviene tenerle a él en el área cuando Mbappé se escore en el frente de ataque.
Rodrygo es mejor socio para Mbappé que Vinícius
Rodrygo es un jugador más completo que Vinícius. Puede jugar de mediapunta, extremo izquierdo o derecho, incluso de delantero centro. Su polivalencia le ha permitido aportar al equipo desde diferentes posiciones, y convivir en el césped con un Vini que en el Real Madrid siempre ha jugado en el flanco izquierdo. Una posición en la que ha anotado goles históricos, sin ir más lejos el de la final de la Decimocuarta. Una posición en la que ha consagrado su nombre como uno de los mayores talentos del fútbol mundial. Pero quizás también sea la posición idónea para Rodrygo, y más tras la hipotética llegada de Mbappé.
Rodrygo es mejor socio para Mbappé que Vinícius. El reto de integrar al astro francés en el esquema táctico del Real Madrid es el acontecimiento que necesitaba Rodrygo para que Vinícius deje de eclipsar su progresión. Goes alcanzará su potencial máximo partiendo desde la izquierda, en la demarcación que monopoliza actualmente su compatriota y amigo. Y nos sorprenderá internándose ocasionalmente en el área para rematar centros de cabeza, como ya hizo en aquel legendario gol contra el Manchester City en la remontada de semis de la Decimocuarta. Vini ha metido algún que otro gol con la testa, pero no ha demostrado ser un gran rematador. Ambos han contribuido en momentos históricos del club en el último lustro, pero después de cinco años ya podemos determinar cuál de los dos es mejor. Yo creo que Rodrygo.
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Arbitró Javier Alberola Rojas del comité castellano manchego . En el VAR estuvo Pulido Santana.
Partido bastante sencillo de arbitrar que el colegiado se empeñó en complicarse. En el museo de los horrores del arbitraje español hoy se coronó pitando un fuera de juego cuando el balón venia de un rival. Tampoco le echó un cable el línea. La jugada, además, terminó con un derribo sobre Rodrygo que bien pudo ser penalti de árbitro de campo, que no de VAR. Doble error.
Por lo demás, quiso dejar jugar y falló dejando pasar faltas evidentes como una sobre Bellingham de Lekue en los últimos minutos.
En el apartado disciplinario se olvidó nada más comenzar el choque de una tarjeta de Sancet por golpear en el rostro a Bellingham y otra en la penúltima jugada a Muniain por ir a derribar con intención a Carvajal. Sí la vieron Tchouaméni por una entrada abajo sobre Vesga en el 55', Nacho por zancadilla a Williams en el 70' y Ruiz de Galagarreta por una patada por detrás a Camavinga en el 86'.
También es necesario apuntar que la disputa entre Vivian y Bellingham en el minuto 55 que acabó con el inglés por el suelo no era suficiente para penalti.
Alberola Rojas, DEFICIENTE. Lo tenía plácido para aprobar pero cuando de nivel y entendimiento del juego vas justo vives en el límite del cateo.
Lunin: 6,5. Muy bien en las que tuvo.
Carvajal: 6. En la segunda parte pisó bastante área.
Rüdiger: 8. El mejor defensa este año del Madrid.
Nacho: 6. Fue de menos a más.
Mendy: 7. Inexpugnable en defensa.
Tchouaméni: 4. No tuvo un buen día con el balón.
Kroos: 6. La primera mitad le costó porque el Madrid tuvo poco el balón.
Valverde: 6. Algo menos lucido que en otros partidos.
Bellingham: 5. Se le vio espeso.
Brahim: 6,5. Rozó el gol. Sobre todo en el disparo al palo. Estuvo bastante activo.
Rodrygo: 9. Doblete que le dará mucha confianza. En la izquierda es mortal.
Joselu: 5. Justo cuando entró el Madrid pudo sentenciar.
Modric: sin tiempo relevante.
Camavinga: sin tiempo relevante.
Lucas: sin tiempo relevante.
Militao: sin tiempo, pero con la gloria de haber vuelto.
Ancelotti: 5. No me gustó el planteamiento en la primera parte ni que siga sin jugar Güler.
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El Real Madrid ganó al Athletic y mantuvo con firmeza la gran ventaja de la que dispone.
Ancelotti optó por un equipo muy titular. Ante la perspectiva de que la final ante el City será dentro de nueve días, no había nada que reservar. Camavinga fue el único habitual suplente y seguramente se debiese a sus molestias en el tobillo. Tampoco iba a jugar Vinícius, pero en su caso se debía a la sanción. Militao aguardaría su regreso en el banquillo.
Lo cierto es que no fue una buena primera parte. El Madrid jugó muy pasivo. De Nacho a Rüdiger y viceversa fue el pase que más se repitió. Pudo influir el golazo de Rodrygo en el minuto 7. Desde la izquierda el brasileño es letal. Trazó la clásica diagonal hacia dentro y la colocó muy ladeada.
El Athletic no generó ningún peligro en la primera parte. Lanzó algunos córners y tuvo el balón de forma más propositiva, pero a nivel defensivo el Madrid estuvo bien.
Los locales sí generaron alguna ocasión hacia el final del primer tiempo. La más clara fue un remate de cabeza de Tchouaméni que se marchó fuera por poco. Hacía falta mejorar en la segunda parte para que no se complicara la cosa.
El Real Madrid ganó al Athletic y mantuvo con firmeza la gran ventaja de la que dispone
El segundo periodo comenzó más animado. En el 48’ Brahim puedo hacer el 2-0 tras una gran asistencia de Rodrygo, pero su disparo golpeó en el palo. Pocos minutos después, el Athletic obligó a intervenir a Lunin por primera vez. Fue una gran parada.
El partido estaba claramente más revuelto y eso siempre favorece al Madrid. Cada vez se generaban más situaciones de transición, pero no terminaba de llegar el segundo. En el minuto 70, Joselu entró por Brahim, que había jugado razonablemente bien. Justo un minuto después llegó el doblete de Rodrygo. Bellingham le vio solo en la izquierda y el brasileño encaró, recortó y definió al primer palo a la perfección.
En el 80 salieron del campo Kroos, Rodrygo y Valverde para que entrasen Modric, Lucas y Camavinga. El partido ya estaba sentenciado y Militao pudo hacer acto de presencia en el lugar de Carvajal. Fue la ovación de la noche.
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Si dejan por un momento lo que están haciendo y se permiten aguzar sus oídos un instante, muy probablemente oirán ustedes un estruendoso furor procedente de una marabunta enfervorecida que se manifiesta de manera constante, antorchas y garrotes en mano, contra el jugador del Real Madrid, Vinicius jr, quien vive en un estado de juicio permanente. Bueno, no de juicio. Tiendo a asociar la palabra juicio con justicia y no es esa la manera con la que se está juzgando al delantero carioca. Porque lo que busca esta muchedumbre no es justicia, ni respeto ni nada parecido, sino dar forma al primitivo sentimiento que han moldeado y alimentado los medios de comunicación contra Vinicius: el odio. Y si para ello tienen que abrazar prácticas tan lamentables como el racismo pues se abrazan, y luego se justifica con el sólido argumento de que al resto de jugadores de color del Real Madrid no se les insulta así.
Lo acontecido en los últimos días es simplemente la gota que colma el vaso y el mejor reflejo posible de esta campaña de odio orquestada por los medios. En el partido que enfrentaba a Brasil contra España por la lucha contra el racismo, la santa prensa patria destacó dos acciones de Vinicius: una empujando a Laporte y otra encarándose con el banquillo español. Acciones que de por sí solas bastan para criminalizar al delantero brasileño y continuar justificando cualquier agravio que pueda sufrir. Se olvidaron, sin embargo, de mostrar lo que, como casi siempre, sí pudimos ver en las redes sociales posteriormente: las circunstancias que explicaban realmente lo sucedido en ambas situaciones. El empujón a Laporte venía precedido por una fea acción del defensa francés sobre un compañero de Vini, mientras que en la segunda acción Vinicius no inició la trifulca entre los banquillos, sino que fue Álvaro Morata el que se encaró inicialmente con la afición del estadio Santiago Bernabéu y Vinicius el que acudió a calmar los ánimos.
me cuesta (y me duele) concebir una sociedad en la que tanta gente haya adquirido hacia alguien el odio suficiente como para anteponer insultar y desear la muerte a un jugador de otro equipo a dedicar sus esfuerzos a animar al suyo propio
Más allá de que siempre suela haber una explicación para cada polémica cuya quieran atribuir a Vinicius jr., más allá de la falta de empatía que se tiene con el jugador que más presión ha recibido seguramente en esta liga (quizás después de Figo en el Camp Nou) y que contrasta con la que sí reciben otros (fíjense en lo que han “dolido” los pitos del Bernabéu a Morata a algunos); llama tristemente la atención la ligereza con la que las masas están dando rienda suelta al odio que los medios han volcado sobre Vinicius. Para mí, el odio es un sentimiento muy fuerte y, en mayor medida, muy íntimo y personal. Alguien tiene que haberme hecho algo muy grave para que yo dedique mi tiempo y esfuerzo en odiarle y, sinceramente, dudo mucho que Vinicius haya incidido de una manera tan personal en la afición futbolera española como para merecer los denuestos que recibe semanalmente.
Vivimos en una sociedad tan exacerbada que muchos no se dan cuenta de lo inusitado que es que un jugador reciba cánticos racistas o amenazadores en partidos en los que dos equipos que no se enfrentaban ese día al brasileño se jugaban el pase a cuartos de final de toda una Champions League. Algunos incluso lo justifican. De una forma políticamente correcta, eso sí, signifique lo que signifique eso en el panorama futbolístico, periodístico y social español actual. Sin embargo, a mí personalmente me cuesta (y me duele) concebir una sociedad en la que tanta gente haya adquirido hacia alguien el odio suficiente como para anteponer insultar y desear la muerte a un jugador de otro equipo a dedicar sus esfuerzos a animar al suyo propio.
Otra prueba de la repercusión de la campaña que tiene lugar en este país contra Vini es que todo el mundo, y con esto me refiero a absolutamente todo el mundo, se permite el lujo de aconsejar a Vinicius y exigirle un comportamiento que, muchas veces, los mismos que lo demandan son incapaces de acatar. Desde la comentarista Paloma del Río, declarada antimadridista, que no entiende compatible defender el racismo mediante un documental a “sacar un perfil altanero en los partidos”, pasando por un Laporte al que no le recuerdo haber tuiteado en contra de ningún jugador anteriormente, hasta un Parejo que condena el comportamiento de Vinicius porque él, asevera henchido de orgullo, no contesta a los que le llaman borracho en los estadios. Un comportamiento envidiable el de Parejo, del que todavía estamos esperando una disculpa por su agresión a Rüdiger en esta acción de la temporada pasada o esta otra al propio Vini en la temporada anterior. Deben de estar al caer, tratándose de un jugador de tan impolutos valores.
Esta campaña que tan buen calado tiene en España no llega a tan buen puerto en el resto de Europa. Sin ir más lejos, al bueno de Rio Ferdinand, por lo que sea, no le ha llegado el mensaje de que la actitud de Vinicius justifica las injurias que pueda recibir; al contrario, Rio condena los insultos sobre el jugador del Real Madrid y demanda a Tebas una mayor reacción frente a la vergüenza que asola a su liga. Ya en su día Jürgen Klopp tuvo una reacción similar cuando le preguntaron si las provocaciones del brasileño merecían una reprimenda en forma de cánticos racistas. Más allá de la ejemplar respuesta del técnico alemán, lo que más dignificó si cabe a Jürgen fue su cara de absoluta incredulidad ante lo que todo el mundo, a su buen juicio, debería entender como una pregunta surrealista.
En España, en cambio, la cacería ha llegado a tal punto que Vinicius parece el Mads Mikkelsen de la película danesa La caza, en la que el personaje sufre un linchamiento público tras una falsa acusación de delito sexual aunque, viendo la repercusión mediática que tiene en este país un jugador condenado por abuso sexual, puede que la imagen de Vinicius no se hubiera visto tan perjudicada si hubiera cometido un delito de semejante índole en lugar de cometer el crimen de no dejarse usar como dócil saco de boxeo de sus rivales.
A Messi le hemos visto desde agarrar del cuello a rivales, a pisar a conciencia a un rival cuando ya estaba fuera de la jugada o incluso disparar un balón que ya estaba fuera contra la grada rival. Pero, si hay un jugador que se lleva la palma, ese es Luis Suárez. El jugador antideportivo por antonomasia salía a agresión por partido, y no sólo nunca recibía los castigos disciplinarios que merecía sino que jamás sufrió una campaña de desprestigio como la que ha vivido Vini desde que llegó
Objetivamente, no encuentro en Vinicius una actitud demasiado distante de la de la mayoría de jugadores del fútbol actual. Consejos vendo que para mí no tengo. Muchos son los que viven al límite del reglamento, y a prácticamente todos se les puede encontrar jugadas donde la deportividad brilla por su ausencia. Los que hoy ponen de ejemplo a Cristiano Ronaldo para defenestrar la actitud de Vinicius parecen olvidar la rabia que les embargaba con las atrevidas y míticas celebraciones del portugués en los estadios rivales. A Messi le hemos visto desde agarrar del cuello a rivales, a pisar a conciencia a un rival cuando ya estaba fuera de la jugada o incluso disparar un balón que ya estaba fuera contra la grada rival. Ya lo ven ustedes: las dos mayores estrellas de las dos décadas pasadas han dejado en varios momentos de tensión acciones en las que su comportamiento fue, cuando menos, mejorable.
Pero, si hay un jugador que se lleva la palma, ese es Luis Suárez. El jugador antideportivo por antonomasia salía a agresión por partido y no sólo nunca recibía los castigos disciplinarios que merecía sino que jamás sufrió una campaña de desprestigio como la que ha vivido Vini desde que llegó, ni siquiera tras su sanción por morder a un jugador. Nunca se escucharon en los estadios cánticos del estilo “Suárez, muérete”, ni el uruguayo tuvo que vivir ningún tipo de episodio mínimamente similar a los del brasileño, afortunadamente para él y los suyos.
Es evidente que esta campaña no obedece al color de piel de Vinicius, ni tampoco a su actitud, que únicamente puede actuar como agravante de su verdadero delito: hacer ganar al Real Madrid. Porque esta guerra, aunque Vini la haya tomado como personal, no es contra Vini sino contra el Real Madrid. Vinicius no es más que el último y más sufrido eslabón de una larga cadena de jugadores que seguramente esté lejos de forjarse, y su actitud luchadora que no le permite achantarse es simplemente la excusa que el pueblo cree que le otorga la autoridad para insultarle sin filtro ni pudor.
Desde el lado contrario, el pueblo blanco podría haber contraatacado creando una campaña contra el jugador del Barcelona, Gavi, conocido por un ímpetu tan excesivo en su presión que varias de sus entradas son fácilmente interpretables como agresiones o susceptibles de tarjeta roja. Sin embargo, no sé si porque sigo a la gente adecuada, el día en que sufrió la desafortunada lesión que le ha alejado de los terrenos de juego durante nueve meses lo único que leí de mis madridistas afines fueron mensajes en los que le deseaban una pronta recuperación. Comparo esta situación con la de Vini y me doy cuenta de que no es que estemos en el lado bueno de la historia, es que estamos en el lado civilizado de la historia, lo cuál es más triste y descorazonador de lo que en un momento podría parecer.
No voy a hacer como el pueblo español y pasarme la vida juzgando a Vini y explicándole al jugador que más presión ha tenido que soportar en estos años cómo tiene que obrar, pero sí que me permitiría un pequeño consejo personal al brasileño: Vini, si encuentras a alguien que verdaderamente haya sufrido un agravio relativamente similar al tuyo, entonces siéntate a escuchar su consejo. En caso contrario, ignóralo y sigue a lo tuyo. Y baila. Baila como tú sabes.
Buenos días, amigos. Anoche se disputaron algunos de los partidos de la jornada de liga que se dirime esta semana, no muchos, pero suficientes para constatar una vez más que el racismo existe en los campos de España, y que el pretexto de los medios para pseudojustificarlo (el carácter de Vinícius) cae en saco roto cuando los incidentes racistas tienen lugar allá donde Vinícius ni siquiera juega.
El propio brasileño lo subrayó ayer en sus redes sociales de manera oportuna e indiscutible.
Esto es lo que sucede cuando la mayor parte de la prensa, lejos de poner el foco sobre el racismo, lo pone sobre la víctima, acusándole de provocar las reacciones xenófobas de las masas (o los gritos violentos, o cualquier forma de bullying) en lugar de limitarse a condenar a los autores de las afrentas. Los "es intolerable PERO" alimentan a los intolerantes, y los medios deben hacer un muy serio examen de conciencia respecto a lo sucedido. Ya sabemos dónde ha estado el foco y ya sabemos dónde debería haber estado.
Viendo portadas tan lamentables como esta de hace unos meses, no es de extrañar que los cafres se crezcan. El que Vinícius te caiga bien, mal o regular (lo que en el fondo es muchas veces un reflejo de qué tal te cae el propio Real Madrid) no debería nublar tus prioridades, y la prioridad absoluta debería ser la lucha contra el racismo, trascendiendo polémicas artificialmente infladas por quienes ponen a Vinícius una cámara encima para subrayar sus malos gestos, escrutinio que no superaría con éxito casi ningún jugador, con la particularidad de que los gestos prescindibles de Vini se derivan de la cantidad de patadas impunes que recibe y del acoso de las masas, también impune por parte de árbitros que no aplican los protocolos antirracismo ni antiviolencia. Anoche los pseudoaplicaron en Getafe, pero tal vez la mecha haya prendido y sea tarde. ¿Por qué no se aplicaron cuando lo sufrió Vinícius? ¿Porque cae mal?
La vileza de las masas se incrementa cuando comprueban dónde ponen el foco los medios. Quien siembra vientos recoge tempestades. Se está viendo. Y la condena al racismo que aparece hoy en el frontispicio de Marca es tardía y falta de credibilidad.
El argumento esencial de la primera plana marquista es no obstante el partido de esta noche entre Real Madrid y Athletic de Bilbao. Vuelve Bellingham, sancionado durante dos partidos por decir una palabrota cuando le birlaron un gol postrero en jugada para los anales de la infamia, pero falta Vini. Vuelve, sí, el pichichi, y retorna también Militao, que estará en el banquillo 232 días después de su grave lesión.
Militao no jugará de inicio, y puede que no dispute ni un minuto, pero su presencia en la lista es una bendición. Hay mucho trabajo en la sombra detrás de esta recuperación, que pone al mejor central del mundo en el disparadero de la vuelta a la normalidad. Está por verse si podrá aportar algo en la eliminatoria contra el City. Ancelotti, en rueda de prensa, no lo descartó.
Por su parte, la prensa cataculé celebra la agónica victoria de un Barça paupérrimo que sudó tinta para ganar 1-0 a un Las Palmas que jugó con diez más de dos tercios del partido. En este equipo tiene puestas sus esperanzas el sistema, y por su parte no va a quedar para que le pueda arrebatar la liga a quien es, de muy largo, el mejor equipo de una competición que debería estar más que resuelta si no fuera por lo que todos sabemos.
Es esencial ganar al Athletic y despejar dudas.
Hala Madrid, y buen Domingo de Resurrección.