Las mejores firmas madridistas del planeta

Primer partido de Champions y primera victoria. Partido dificilísimo ante un VfB Stuttgart que ha demostrado con creces por qué es el subcampeón de la Bundesliga. Una primera piedra de toque que nos puso las cosas muy complicadas durante la primera parte y que en la segunda empató el partido en el saque de un córner cuando mejor estábamos tras el gol de Kylian Mbappé.

Se inaugura así temporada europea con un nuevo formato de competición que según Aleksander Čeferin garantizará mayor espectáculo. Y si bien el partido en Chamartín fue entretenidísimo, tanto el Bayern de Múnich como el Manchester United se pasearon de forma escandalosa con goleadas fuera de lugar. Huele a que el último invento de Čeferin, lejos de eclipsar el proyecto de la Superliga, lo acrecienta. Si esto es el fútbol champagne que prometió la UEFA, pido la cuenta y me cambio de canal.

El VfB Stuttgart planteó un partido de tú a tú al Madrid. Durante la primera mitad pudo conseguir adelantarse en varias jugadas donde un inspiradísimo Thibaut Courtois impidió que los alemanes consiguieran marcar. El Madrid notó para bien la vuelta al once de Aurélien Tchouaméni y Jude Bellingham. El francés hizo un partidazo jugando de cinco y ofreciendo soluciones tácticas tanto para los centrales como para sus compañeros del centro del campo. El principal beneficiado fue un Fede Valverde que pudo dosificarse y no vaciarse como en los últimos encuentros, donde pareció obligado a multiplicarse por dos. Por su parte, Jude Bellingham vertebró al equipo. Con el inglés en el campo, todo parece cobrar sentido y el equipo logra transiciones más efectivas. También la salida de balón parece más clara.

Jude Bellingham

En mi opinión, Rodrygo fue el jugador más determinante en la primera mitad. Se ofreció siempre y todo lo hizo con sentido. En la segunda parte el Real Madrid salió con todo. El temprano gol de Mbappé a centro medido de Rodrygo vino de un pase en largo de Tchouaméni que supo ver la jugada como nadie. El pase del francés vale quilates y despeja las dudas sobre sus virtudes más allá de su incontestable físico y rigor táctico. Tchouaméni también es capaz de ver jugadas que otros no ven y de dar un pases que rompen líneas.

Deniz Undav puso las tablas en el marcador con un suave remate de cabeza. El empate llegó cuando el Madrid mejor estaba. Ancelotti introdujo cambios rápidos. Tanto Tchouaméni como Bellingham fueron sustituidos, pues volvían de lesión, y es bueno que vayan entrando en dinámica competitiva sin extenuarse.

Con Jude Bellingham en el campo, todo parece cobrar sentido y el equipo logra transiciones más efectivas

Antonio Rüdiger volvió a adelantar al Madrid con un cabezazo imponente tras un saque de esquina magistralmente botado por Luka Modrić. Fran García, Arda Güler y Endrick también habían sido introducidos a lo largo de la segunda parte y el equipo agradeció el oxígeno que aportaron. El delantero brasileño cerró el marcador en una contra vertiginosa que supo resolver con un disparo seco imposible de atajar para el meta alemán. Una vez más, los jugadores que salieron del banquillo aportaron soluciones reales a un encuentro algo atascado por momentos. Y una vez más el Madrid demostró tener una plantilla muy amplia y con recursos.

Las notas del Real Madrid, 3 - Stuttgart, 1

Todos queremos ver más a Arda Güler. El joven turco es nuestro ojito derecho. El pasado sábado en Anoeta hizo un partidazo. Está entrando más en rotaciones que la temporada pasada. Güler se nos antoja como una pieza fundamental para conectar el centro del campo con la delantera. Ya sea en un rol parecido al del mediapunta, escorado a banda o de interior, cuando Güler está en el campo facilita a todos la dinámica de juego. Pero lo fundamental, es importante no volverse locos ni querer quemar las naves si alterna titularidades con suplencias.

La política del Real Madrid respecto al talento joven es clara: tener en el radar a los jugadores jóvenes más prometedores del panorama y fichar para el primer equipo a posibles talentos generacionales. Siguiendo esa norma han llegado desde Vinícius hasta Endrick. La mayoría se han destapado como lo que el club pensaban que eran, genios en potencia. Otros, no. Es lógico, ¿no creen? No todos pueden ser Rodrygo Goes, algunos salen como Reinier. Pero, si miramos con perspectiva, la inmensa mayoría del talento joven adquirido en los últimos años ya está asentado en la primera plantilla e incluso alrededor de ellos gira el actual equipo. Cosa seria esto último. No es fácil para un talento tan joven ser capaz de ordenarse y mucho menos asentarse en todo un Real Madrid.

Todos queremos ver más a Arda Güler. Pero es importante no volverse locos ni querer quemar las naves si alterna titularidades con suplencias

Sin embargo, el club se cuida de jamás forzar la maquinaria. Nunca veremos cómo desde el club o el staff técnico focalizan en un recién llegado ni las esperanzas ni las exigencias. En el Madrid no se queman las etapas. El proceso de madurez para un futbolista es tan importante como saber rodearle de cariño y de recursos. Incluso se trata de que el chaval entienda que es mejor tener paciencia y entrenar con sus compañeros que aceptar una posible cesión fuera. En este sentido, siempre se cita a Marcelo Vieira, que supo ver como nadie que era la perseverancia su mayor aliada para convertirse en estrella del Madrid.

Por esta senda, Carlo Ancelotti está manejando a Arda Güler. Primero tocaba que se sumergiese en la dinámica de la plantilla, desarrollar su físico e ir acumulando minutos de calidad. La joven perla turca tuvo un desarrollo aún más lento del esperado al comienzo de la temporada pasada por culpa de sucesivas lesiones. Hay que recordar que estos chicos aún están sin desarrollar y estos problemas puntuales son muy normales. No obstante, para el jovencísimo genio turco llegó su momento y en el último tercio de la temporada nos embobó a todos. No solamente dejó detalles técnicos y goles como soles, también demostró que sabe posicionarse tácticamente en el campo con gran inteligencia y que juega al fútbol como respira, con un natural don de fluir.

Güler

Endrick tiene en Güler su mejor espejo. Tanto es así que desde el primer minuto de la pretemporada se les veía inseparables. Parece ser que se han caído en gracia y son amiguísimos. Es cierto que cada jugador es un mundo, pero el proceso de inmersión puede ser muy parecido. Cabe destacar que el joven delantero brasileño es un superdotado físicamente. Junto a su instinto natural para el gol, el físico es uno de sus atributos diferenciales. Tiene un tren inferior escandaloso. Sus piernas son como las de Roberto Carlos. O al menos a mí me lo parece. Y, en honor a la verdad, Ancelotti le está dando minutos cada partido.

Lógicamente, los minutos para Endrick hasta ahora son los residuales en los añadidos. Pero su participación en el tiempo extra está demostrando ser una participación de calidad. Poco a poco, Endrick irá entrando en rotación y podrá al fin sumar encuentros completos. La temporada es larguísima y los de arriba también necesitan refresco. Mientras tanto, el brasileño ya nos está dejando instantes de gran belleza.

 

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Cuando Gareth Bale reventó los isquios de Bartra en aquella carrera centelleante de Mestalla, plantándose de pronto ante las barbas de un incrédulo Pinto y batiéndolo para la posteridad, Ángel Cappa, en funciones de comentarista radiofónico, soltó una frase antológica: “Fue gol, pero estuvo mal”. Fue un tanto que valió una Copa del Rey y que todo madridista recuerda como icónico, le guste a Cappa o no. Bien es cierto que esto no le quita la razón per se. Lo icónico, y lo que vale Copas del Rey, también puede estar mal.

O no.

Aludía quien fuera segundo entrenador del Real Madrid, a las órdenes de Valdano, al supuesto egoísmo del galés, que debió haber pasado a Benzema para asegurar el gol en lugar de finalizar en solitario. Un repaso desapasionado de la jugada revela que Benzema nunca está en una posición muy clara para pasarle el balón. Nos preguntamos de dónde saca Cappa que en momento alguno de aquella carrera había un pase claro de Bale al francés, bien marcado en su recorrido hacia el área contraria, y siempre por detrás de Gareth al no tener su velocidad. Lo que hizo Bale (confiar en sus propias fuerzas y jugársela) constituía una idea absolutamente audaz, una locura sin parangón, y a la vez era la mejor opción posible, precisamente por ser la única.

Gol de Bale a Pinto frente a Bartra.

Imagino a Cappa retorciéndose de angustia ante la tele ayer, asistiendo al contragolpe que cerró el partido con el gol de Endrick. Si anda todo el mundo comentando el coraje (“los huevos”, dijo textualmente Ancelotti) del joven brasileño, ignorando que le acompañaban Vinícius y Mbappé, y jugándosela con un tiro lejano en lugar de buscar un pase a alguno de los dos, no quiero ni pensar el sofoco que se llevaría D. Ángel.

“¡Fue gol pero estuvo mal!”, lo imagino gritando, atragantándose con un pistacho en la palabra “mal” y sonando dicha palabra, a resultas de ello, como si la hubiera pronunciado Chiquito de la Calzada.

Fumarse esa con Mbappé a un lado y Vinicius al otro es ir SOBRADO de personalidad.

no duda ni media . #UCL #LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/Ml1vQL21FL

— Fútbol en Movistar Plus+ (@MovistarFutbol) September 17, 2024

A mí, que no sé ni la mitad de fútbol que Cappa, me pasa con esta jugada como con la de Bale: no veo tan claro que Endrick tuviera otras opciones claras. El desmarque de Vini no era el indicado y, aunque había un pase más o menos claro hacia Mbappé, no faltaban dos defensas alemanes en el camino. Podían haber interceptado el pase. Sucede en la vida, a veces, que la opción más ambiciosa, la más aparentemente desatinada, es la mejor posible, pero no porque uno sea un poeta, sino porque las restricciones de esa ecuación que es la realidad nos empujan a la audacia.

Endrick

Sucede en la vida, a veces, que la opción más ambiciosa, la más aparentemente desatinada, es la mejor posible

Estoy seguro de que Cappa —que probablemente seguirá teniendo un corazoncito medianamente madridista— deseó que el disparo de Endrick fuese fuera,  o que lo detuviese el guardameta, a efectos didácticos, más que nada. Habría sido un punto menos para el ego de Endrick y uno más en el aprendizaje del joven sobrado de ganas que debe aprender a jugar en equipo. También habría sido un punto menos en el aprendizaje hacia la felicidad de los espectadores, así que no nos joda, Ángel Cappa.

No hacía falta que lo fallara. Fue gol. Pero estuvo bien.

Buenos días, amigos. El huevo es uno de los alimentos más completos nutricionalmente hablando. Aporta proteínas de alta calidad y todos los aminoácidos esenciales. Es rico en vitaminas del grupo B, además de liposolubles, en especial A y D. Cuenta con carotenoides, que sirven de protectores frente a patologías oculares, con minerales como el fósforo, el zinc, el selenio y el hierro. Los huevos, por tanto, son un alimento indispensable. Y Endrick tiene un buen par. Lo afirma su entrenador, Carlo Ancelotti.

💥 "@Endrick tiene huevos", @MrAncelotti, #LaCasaDelFútbol #UCL pic.twitter.com/2DvbwR6A6Y

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Los huevos, además, son fuente de triptófano, que promueve la formación de serotonina, conocida como la hormona de la felicidad, la misma que nos proporcionó Endrick y su dotación oval con el tercer tanto que cerraba la sufrida victoria blanca. Final feliz.

Portada As

Precisamente «Final feliz» es el titular de As en referencia al partido de Champions entre Real Madrid y Stuttgart, no a otras actividades, en cierto modo también relacionadas con los huevos, en las que se emplea el mismo sintagma.

El diario de Prisa destaca que el Madrid sufrió frente al conjunto alemán pero acabó ganando gracias a los goles de Rüdiger y Endrick, que Mbappé volvió a marcar y que Courtois completó otra actuación heroica. Todo ello es cierto.

Cuando se cuenta con el mejor portero del mundo, los mejores delanteros y uno de los mejores centrales, como Rüdi, existen más posibilidades de ganar que cuando no es así.

Abrimos un inciso para destacar una noticia de As: «Multa de 60.001 € y dos años sin entrar a un estadio por insultar a Vinícius en redes». Hay que felicitarse porque los comportamientos deleznables perpetrados desde el supuesto anonimato que proporcionan las redes no salgan gratis. En La Galerna recibimos en ocasiones comentarios insultantes, quizá constitutivos de delito, y quedan registrados datos rastreables de quienes los realizan.

Tras esta acotación, continuamos con el portanálisis.

Anoche, el sector pollavieja de la redacción de La Galerna elucubraba de manera sarcástica con posibles titulares para la crónica del encuentro, de esos que firmarían nuestros rivales: «3-1: El Madrid gana sin jugar a nada», «3-1: Gracias a la pegada», etc. Salvo que tengamos hackeados los teléfonos o nos hayan instalado micrófonos espía en la sede, Marca no ha podido tener acceso a estas conversaciones.

Portada Marca

Sin embargo, no es ninguna sorpresa que su portada vaya por esa senda. «Courtois y la pegada salvan al Campeón frente al Stuttgart», lo de la pegada; y «La ley del Madrid», lo de ganar sin jugar a nada.

Afortunadamente, los titulares propuestos por el sector pollavieja no eran sino un mero ejercicio de onanismo mental y el válido fue el del autor de la crónica del encuentro: Andrés Torres. Aquí podéis leerla.

Sobre el partido en sí, ya lo sabéis, el Madrid sigue sin jugar bien. El juego, poco hilado, a ratos revuelto, en ocasiones poco cocido, algunos jugadores fritos, otros con una papa encima considerable. El Stuttgart nos los puso de corbata en no pocos lances del juego, dispusieron de varias ocasiones, algunas a huevo, salvadas como de costumbre por el inconmensurable Courtois.

Esta versión del Madrid, en cuanto a automatismos, dinamismo, etc, se parece como un huevo a una castaña a lo que esperamos, aunque con tiempo, trabajo y la recuperación de los futbolistas lesionados confiamos que mejore mucho.

Durante bastantes periodos de los encuentros falta conjunción y velocidad, el equipo parece ir pisando huevos, lo que provoca que por momentos la afición esté hasta los ídem de que cueste otro ídem marcar gol con la pólvora que tenemos arriba.

Quizá sea hora de que Carletto le eche un par y conceda más minutos a Endrick. Para hacer tortilla hay que romper algunos huevos.

Pasad un buen día.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Arranca la emoción de la Copa de Europa con las dudas del inconformista y fanático de los vasos a medio llenar; con el empacho de victorias del curso pasado a rebosar. Tres a uno en casa, con un Madrid a medio gas, sin terminar de encantarnos a nadie, sin gustarse a sí mismo. Pero ganando. Pero sin fascinarnos. Pero ganando.

Es el principio de otra etapa para aquellos valientes que fueron capaces de dejar que el olvido asimilase las desgracias perpetuadas por su equipo el año anterior, tras ver al Real Madrid repetir lo imposible: alzarse con la decimoquinta Copa de Europa.

Lo que trascenderá a este primer partido será la frase que da título al artículo. El Real Madrid calienta pero no cocina, gana pero no convence, marca pero le marcan. Espero que los titulares sigan el curso de los últimos años. Espero que los afluentes opinativos vayan bifurcando hacia la desembocadura de la aplastante realidad. Y así, espero que los titulares sigan la línea de «El Madrid asusta, pero no da miedo» o «¿Es este el peor Madrid del lustro?». Creo que solo así nos harán un favor en esta competición. Luego que opinen con todo ya servido sobre la mesa, con todos los platos degustados, con las notas puestas y el veredicto entregado por el juez (o por los jueces), que no serán ellos mismos; porque ellos tienen una opinión, y luego la van cambiando según la sombra les consume las comisuras de su alma desdeñada por no sé si envidia, no sé si complejo.

Vinícius y Endrick frente al Stuttgart

El caso es que el Real Madrid ha regresado a su competición favorita. Han jugado lo suficientemente bien para ganar el partido y lo suficientemente mal para no convencernos a nadie. Mejor. Más razones para opinar que este año, como en los anteriores, nos presentamos con todo y contra todos. Con el olvido de nuestros rivales a nuestro favor, con un francés que tímidamente marca goles, con un brasileño que parece decidido a hacer de diez minutos noventa y sin cocinar.

Creo que este Madrid no calentará, pero sí está en posición para cocinar algo delicioso. Creo que este Madrid es el Yamadori de los años 80 en la Barcelona cosmopolita. Han venido a cocinar, pero quizás sea un plato bien frío, sushi, quizás. Esto es un tema del que hablaremos llegado junio.

 

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Courtois (9)

Es el mejor. Y no le ponemos un 10 porque le colaron uno. Increíble.

Lucas Vázquez (4)

Desajustado, desasistido y desarbolado.

Carvajal (7)

Experiencia y oficio.

Rüdiger (7)

Cerró la persiana a más de uno. Gol salvador tras salto imponente entre tallos germanos.

Mendy (4)

Romo en ataque, no tan eficaz en defensa.

Valverde (4)

Hoy, flojo, desorientado.

Tchouaméni (4)

Si el que tiene que sujetar al equipo no lo sujeta… superado por momentos.

Rodrygo (7)

Así, sí. Las reivindicaciones en el campo. Con chispa.

Bellingham (5)

Dejó alguna muestra de su excelsa clase pero aún parece cansado. Acabó exhausto.

Vinícius Jr (5)

Hemos visto tanto y tan bueno de él que lo de esta noche nos parece poco.

Mbappé (6)

Entonándose. La bicicleta supersónica del primer tiempo vale una entrada.

Militao (5)

Aún no está en su mejor forma. A veces, despistado.

Modric (6)

Un córner para ganar. Como en Lisboa.

Fran García (6)

Corajudo.

Güler (6)

Destellos de Aladin Güler. Criterio.

Endrick (7,5)

Tres para uno en un contraaataque, Mbappé a un lado, Vini al otro, y se la juega él solito con un latigazo desde fuera del área. Y, encima, marca. Mucho carácter.

Ancelotti (5)

No acaba de dar con la tecla. Se le ve más desesperado de lo normal. Pelín tarde con los cambios, como nos parece casi siempre a nosotros, pobres forofos mortales.

 

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Convendrán con nosotros, queridos lectores galernautas, que para entender la nueva Champions que han diseñado al alimón Ceferino y Al Khelaifi hacen falta, como mínimo, un par de doctorados en Oxford y otros tantos en Cambridge. Cuando dicen que se inspiró en el ajedrez uno acaba por evocar a Bobby Fischer y la mente maravillosa necesaria para comprender este guirigay balompédico.

Un embrollo, en definitiva, un cacao como el que nuestro Madrid, de un tiempo a esta parte y con su máximo esplendor, luce en los primeros compases de cada partido. El regreso de la vieja Copa de Europa al Nuevo Bernabéu auguraba precisamente lo contrario. Incluso el Madrid, amenazando con presión alta, mostró una buena puesta en escena... que duró 20 segundos.

Los que tardó nuestro nobel rival, el aseado Stuttgart del sobrino de Uli Hoeness —que tan bien nos quiere— en darse cuenta de la jauja que podría resultar la noche en Madrid. A partir de este instante, los alemanes iniciaron un torrente de ocasiones ante el estupor del hincha blanco que disiparon cualquier duda de que el mejor portero del mundo se viste de madridista. Primero fue un tiro cruzado random, después Mallot, por dos veces tras sendas cagadas.

Se abrían agujeros negros tras cada pérdida madridista, auténtica antimateria, y poco a poco la frontal del área merengue parecía un veraneo en Mallorca ante el tránsito fugaz y constante de germanos por sus postrimerías. Así llegaría la última ocasión final del Stuttgart en esta su primera acometida; Courtois salvaba otro mano a mano ante Stiller —Angelo no Ben—, el Madrid, una comedia.

Courtois salva ante Stiller

El sufrido primer cuarto de hora de encuentro daba el pistoletazo de salida al clásico runrún del Bernabéu, runrunen en este caso. No en vano, 144 pases habían dado con éxito por entonces los alemanes por 59 de los de Carletto, a punto de atragantársele el duodécimo chicle.  El primero que advirtió que la noche se estaba nublando fue Mbappé, que masculló en perfecto castellano un aguerrido “vamos” para alentar en la presión a sus compañeros de vanguardia.

Dicho y hecho, a los 24 minutos se deshizo de dos marcadores con una bicicleta supersónica para estrellar el balón contra el portero. Rodrygo, bajo los focos, recogió el testigo, desarbolando a su rival por la derecha con maestría para instantes después malograr el pase. Culminó la primera orgullosa oleada madridista una galopada de Fede que, cruel recordatorio, acabó en un letal contraataque del Stuttgart que central Carvajal, achicando agua cual fontanero del Titanic, desvió con la puntera al larguero. Los palos seguían siendo vikingos.

Se abrían agujeros negros tras cada pérdida madridista, auténtica antimateria, y poco a poco la frontal del área merengue parecía un veraneo en Mallorca ante el tránsito fugaz y constante de germanos por sus postrimerías

A pesar del último susto, pensamos por momentos que con un arreón blanco bastaría. El extraño penalti que el colegiado otomano señaló a favor del Madrid en torno a la media pareció confirmarlo. Ahí comenzó, sobre las 21:35 de la noche, una hora menos en Canarias, un nuevo espectáculo de VAR Producciones con Halil Umut Meler como artista invitado. El árbitro turco se tomó su tiempo para dilucidar que la patadita con la que el defensor alemán rozó a Rüdiger no era pena máxima. Fútbol moderno lo llaman. Por cierto, que era Bellingham quien había depositado con mimo el esférico en los once metros.

El circo del turco despertó a un Stuttgart valiente que, como buen diesel alemán, supo mejorar sus prestaciones antes de llegar a vestuarios. Antes, incluso, el delantero estutgardiense Undav no acabó de rematar un balón franco en el área mientras el locutor repetía su nombre en un loop imposible con aroma de danza tribal cerca del Masai Mara.

0-0 al descanso e inquietud en las filas blancas. Dicen que en esta nueva Champions perder puntos haciendo el canelo puede salir más caro. Lo consultaremos con físicos y matemáticos.

Pero sabemos contar. Exactamente 20 segundos. Los que tardó en marcar el Real Madrid tras sacar de centro. Ya lo ha intentado más veces. Tchou cruzó un buen balón largo que recogió Rodrygo en la banda derecha a pesar del acrobático y desesperado escorzo del zaguero alemán. Con calma, Goes condujo con el balón pegado a la bota, para tres toques después servir el pase de la muerte a Mbappé.

Gol de Mbappé frente al Stuttgart

1-0 a los 46 minutos.

El Madrid, también como malacostumbra últimamente, creyó espantar al espantajo, y comenzó a recrearse demasiado. El propio Mbappé, una contra prometedora en la que Fede incomprensiblemente no pateó con violencia la pelota para servir un enésimo y guardiolesco pase, así como un disparo de Vinícus al larguero pudieron culminar la sentencia. El temporal madridista que anunciaba el rapsoda Valdano se quedó en sirimiri. Courtois que respondía, bien, serio, felino, abajo a un latigazo de Lewelling, inauguraba un nuevo periodo de angustias.

Es Madrid. Es la Copa de Europa

El Stuttgart, como al principio, comenzó a acumular ocasiones y agotar nuestra fortuna. Así, a los 67 minutos, y tras varios avisos ante los que no acabó de reaccionar desde el banquillo un hoy especialmente iracundo Ancelotti, Undav recogió un centro dentro del área para hacer el empate. Ahora sí, Modric entraba por un Tchouaméni, poco después lo harían Fran García por Mendy, Güler por Rodrygo y Endrick por Bellingham, entre guturales cánticos de los alemanes en la grada.

Cesarían abruptamente a los 82 minutos porque Modric cuasi cuarentón sigue teniendo seda en sus botas. Un saque de esquina del hechicero de los Balcanes acabó con cabezazo de Rüdiger en las mallas tras imponente salto entre tallos germanos. Ahora sería Antonio quien recibiera las carantoñas de sus compañeros para felicitarle por el gol de la victoria ante el club con el que dio sus primeras patadas. Por cierto, Fran García fue especialmente efusivo en estas sacudidas. 2-1 a falta de ocho minutos.

Gol de Rüdiger al Stuttgart.

Esta vez sí, los alemanes acusaron el golpe y el embrujo del Bernabéu, un encanto, un romance con la Champions que no cesa, la llamen como la llamen, se sufra lo que se sufra y se juegue a la nada como a la nada se juega.

Es Madrid. Es la Copa de Europa.

Gana el Madrid (Con Gol de Endrick en el último minuto).

 

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Arbitró el turco Halil Umut Meler. En el VAR estuvo el neerlandés Rob Dieperink.

En la primera mitad, lo más destacado fueron dos caídas de jugadores merengues en el área alemán. No señaló penalti de Rouault por un posible empujón a Bellingham en el 33' y sí pocos segundos después en una acción entre Mittlestädt y Rüdiger. Sin embargo, el VAR le llamó para rectificar porque efectivamente no había casi nada salvo un leve toque. El de Bellingham también pareció poca cosa y ninguna repetición evidenció un empujón importante. En cuanto a las tarjetas, la que vio Lucas en el 23' por un forcejeo con Führich fue injusta, mientras que la mostrada a Mittlestädt a 33' estuvo bien sacada porque agarró a Rodrygo, que se iba con claridad.

En la segunda se ganó fama de tarjetero porque enseñó varias cartulinas que se pudo ahorrar perfectamente. Primero a Ancelotti, harto de algunas decisiones en el 59', luego a Valverde en el 78' por un balón dividido ante Rieder en el que los dos entran igual, más tarde a Militao en el 79' por una entrada por detrás a Demirovic y por último a Modric en el 94' en una falta táctica a Touré.

En general no gustó demasiado el turco en su estreno en el Santiago Bernabéu.

Meler, DISCRETO.

 

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Mucha gente confunde (algunos deliberadamente) el comportamiento de Vinícius Jr. persona, y el Vinícius Jr. jugador de fútbol.

Para aclarárselo a despistados y malintencionados vamos a enumerar una serie de "principios básicos de actuación" que todos deberíamos tener en cuenta a la hora de opinar sobre el tema. A saber:

 

Vinícius Jr. tiene derecho a:

 

— Elegir los conflictos sociales que quiere pelear y los que no. Sin tener que justificarse. No tiene porqué lucharlos todos. Básicamente porque es materialmente imposible. No es incoherencia ni hipocresía.

— Erigirse en un adalid de la lucha contra el racismo, por el altavoz que le da su posición e imagen. En ese sentido al único que le afecta esta actitud es a su empleador. Que tiene el derecho a decidir si quiere que un trabajador suyo se posicione públicamente sobre cualquier tema, pues esto afecta a su marca y por ende a su economía.

— Equivocarse en la forma en la que se expresa a la hora de defender su punto de vista. Sin que eso deslegitime la causa final.

— Sentirse legitimado para ser uno, pero no el único, que se posicione sobre el tema. Porque lo ha sufrido en sus carnes durante mucho tiempo. Y porque es necesario abordar el problema del racismo desde el punto de vista de las víctimas. Escucharlas, comprenderlas, atenderlas.

— A ser impulsivo, incluso a tener un comportamiento inadecuado en determinadas situaciones. Porque lo que estamos valorando es la justicia de la causa que se defiende, no la actitud de las personas que la defienden.

 

Vinícius: de víctima a atormentador de racistas

El público tiene derecho a:

 

— Reprocharle a Vinícius que no sea coherente en sus comportamientos. Teniendo claro la causa que defiende, no la que piensen que debería defender.

— Criticar que aproveche la posición social que le da el fútbol y, en concreto, jugar en el Real Madrid para significarse en este tema. Pero teniendo en cuenta su libertad de expresión.

— Afear a Vinícius los errores comunicativos que cometa. Incluso a pensar que no está preparado para ser el altavoz mediático de algo tan grande como la lucha contra el racismo. Sin que ello desacredite la causa defendida.

— Poder hablar del racismo aunque no lo hayan sufrido. Desde un punto de vista politico-filosófico. Estudiar los antecedentes históricos y colaborar en su prevención proponiendo soluciones.

— A valorar la forma de comportarse de Vinícius en un campo de fútbol. Recordando que su comportamiento no puede justificar nunca ataques racistas.

 

 

Para terminar, dejamos un par de reflexiones finales:

1º: Criticar a Vinícius objetivamente y desde el respeto no es ser racista.

2º: La igualdad y el trato no discriminatorio debería ser un bien mayor a defender por todos. Independientemente de filias y fobias futbolísticas.

 

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La Liga está bien —sin entrar en detalles—, pero nuestra competición es la Champions. El madridismo respira por la Champions, el resto tiene algo de trámite un tanto incómodo. Durante las primeras jornadas hemos recibido el ya habitual jarro de agua fría del arranque de temporada. Piezas que no encajan sobre el terreno, la prensa lunática repartiendo trofeos de Liga en la segunda jornada, momentos de fútbol merengue que parecen diseñados por el enemigo, jugadores que aún no son ni la sombra de lo que serán en primavera, y una plaga de lesiones que nos parte el corazón; sí, no he superado lo de Brahim y dudo que consiga hacerlo, tres meses son demasiado.

A menudo la Champions actúa como nuestro despertador natural. Este martes, cuando el balón comience a rodar en el Bernabéu, se nos pasearán por la imaginación un montón de escenas de la última y gloriosa competición europea conquistada, y de todas las demás, y entonces recordaremos, y recordarán los jugadores, que la ventaja del Real Madrid es que puede competir en diferentes modalidades: a placer, dando espectáculo, ofreciendo resultados, sufriendo como moribundos, e incluso resucitando.

Primer gol de Joselu ante el Bayern

Tal vez habría que añadir otra modalidad más, típica de las noches de delirio europeo, que abarca a todas las anteriores a la vez, y que nos lleva a los aficionados al borde del infarto, pero que, no vamos a negarlo, después de todo nos deja una agradable sensación de madridismo.

Si tener el mejor equipo del mundo no ha sido todavía suficiente para desplegar el fútbol que todos estamos esperando, si acostumbrarse a vivir sin nuestro querido Toni Kroos será más duro de lo que nunca habríamos imaginado, confío en que el rugido madrileño del pitido inicial de la gran competición del fútbol mundial despierte del letargo a quien todavía duerme, y arranque de las botas el fútbol que, con permiso de Pintus, todavía no ha comenzado a brotar.

Necesitamos que la Champions actúe una vez más como el despertador que saque a los nuestros definitivamente de la playa y los devuelva plenamente al terreno de juego

Lo necesitamos porque, a diferencia de otros clubs, en el Real Madrid no llega con la victoria. Nunca ha sido bastante con eso. El madridismo tiene algo que ver con el deporte, algo que ver con el show, algo que ver con el corazón, y algo que ver con la vida. Y a esta hora aún estamos esperando al menos unos instantes de ese juego que nos levanta de la grada, que colma los deseos de fútbol que nos despierta cada alineación, sabiendo que tenemos en el banquillo tanto oro como en el campo, y eso no se lo puede permitir ningún otro equipo. La exigencia del madridismo es parte del éxito del equipo, es lo que otros llaman “ADN madridista”.

Por supuesto, no nos jugamos nada a vida o muerte a estas bajuras de la temporada. Eso son distracciones de los de siempre para lo de siempre y, de paso, para que no hablemos de lo otro de siempre. Y, sin embargo, aportaría una gran satisfacción disfrutar, por lo menos en nuestra Champions, de un rato del tipo de fútbol al que aspiramos con la increíble plantilla que el Real Madrid ha logrado juntar este año.

Fútbol, goles y actitud. Eso queremos. Y ante un equipo que, por cierto, no lo pondrá nada fácil, como suelen decir los entrenadores ante cualquier equipo, pero que yo he escrito con ademán de literalidad. Lo necesitamos. Necesitamos que la Champions actúe una vez más como el despertador que saque a los nuestros definitivamente de la playa —de la que apenas han podido disfrutar con tantas competiciones— y los devuelva plenamente al terreno de juego.

El martes, cerveza, pizza y Real Madrid. La vida bonita.

 

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El madridista tuvo un parón FIFA entretenido. Ya ha pasado, pero yo aún estoy tratando de superarlo. Ha pasado de todo sin que haya sucedido nada reseñable. El club es un polvorín tras haber ganado 26 títulos en la última década. Pensabas que la cosa iba más o menos bien, pero era más una ceguera producto de tu madridismo enfermizo que de la realidad. No eres objetivo. Te dejas llevar por los colores. No como la prensa, siempre tan atenta, servil, consciente de lo que necesita el Real Madrid incluso cuando lo único que necesita es que los del micrófono se callen la boca.

En esas dos semanas vivimos dos episodios racistas en Segunda División que no han ido a las portadas de la prensa porque, por ejemplo, en Marca, no había sitio, entre anuncios de furgonetas y eventos que no le interesan a nadie, para denunciar esta lacra. De espacio también anduvo escaso el Diario AS. Como cuando vas a poner el lavavajillas y te toca poner los vasos donde los platos porque hay demasiado en la bandeja y ya no cabe nada. Buen símil el del lavavajillas y la prensa, aunque al menos el primero limpia la mierda, mientras que el segundo la sacude y la airea. De la prensa catalana ni hablo. ¿Cómo vas a denunciar el racismo si le tienes que contar a la gente que un club sin dinero quiere fichar a Perisic, Rabiot, Kimmich y Jonathan Tah? Hay prioridades.

¿Cómo vas a denunciar el racismo si le tienes que contar a la gente que un club sin dinero quiere fichar a Perisic, Rabiot, Kimmich y Jonathan Tah? Hay prioridades

En esas dos semanas también vimos cómo un medio de comunicación, Relevo, le contaba a la gente que el CTA está podrido de arriba a abajo y que Medina Cantalejo intenta ser Corleone con un jersey arrugado, olor a cerrado, Rolex por fuera de la manga de la camisa y pantalones cuyos bajos no han sido arreglados. Muy torrentiano todo. Lo que no es torrentiano es el caos que vive el estamento arbitral y los mensajes que se mandan en privado recordándose unos y otros quién manda y quién tiene miedo. Pero, claro, eso tampoco cabe en las portadas. Y menos si los medios de comunicación crecen regados con dinero de ciertas instituciones. En época de sequía no vamos a renunciar a los aspersores.

Aspersores

Lo que sí encontraste en portadas y medios digitales, durante ese parón, fueron declaraciones manipuladas de Vinícius, un enfado nacido en ninguna parte de Arda Güler, un malestar de Florentino Pérez por algo que no sucedió y una estadística que dice que sin Tchouaméni cabe más calma en el Real Madrid y menos chicles en la boca de Ancelotti.

Poco nos pasa como sociedad cuando elevamos a los altares todo aquello que está mal y que nosotros mismos denunciamos. Nos gusta que nos mientan, nos humillen y nos conviertan en tontos útiles a los que echar alpiste de vez en cuando para estar entretenidos

Porque las crisis del club blanco, especialmente las inventadas, siempre tienen un hueco en la portada. También viste unas declaraciones de Rodrigo sobre Brasil convertidas en un palo al Real Madrid simplemente porque pasaba por ahí. Las asociaron con impactante habilidad al minuto y las mantuvieron 24 horas después aun sabiendo a quién se refería el jugador carioca. ¿Para qué recular, disculparse o contar la verdad si con la mentira hay más visitas?

Ahora es cuando os digo algo que no os gusta porque os señalo a vosotros, quizá no a los que me estáis viendo o escuchando, pero sí a los lectores, espectadores u oyentes que permitís que la mentira venda más que la verdad. La culpa es vuestra. Siempre lo ha sido y siempre lo será. Os quejáis del Chiringuito, del Grupo PRISA, de este periodista, del otro, pero seguís bailando al son del Chiringuito, del Grupo PRISA, de este periodista y del otro. Me recuerda a los rumores de mercado anteriormente mencionados. Todos sabemos que el 90% están basados en una mentira, pero miénteme, por favor, que siempre será más bonito que una verdad sin carisma. Eso sí, luego tengo derecho a quejarme, que soy yo muy digno.

Poco nos pasa como sociedad cuando elevamos a los altares todo aquello que está mal y que nosotros mismos denunciamos. Nos gusta que nos mientan, nos humillen y nos conviertan en tontos útiles a los que echar alpiste de vez en cuando para estar entretenidos. Como digo habitualmente, somos un país Mediaset y hemos aprendido a convertir en arte aquello que tanto decimos odiar. Ya lo visteis con lo de Vinícius y el racismo en España. Soltaron un clip de pocos segundos y la gente disparó antes de preguntar. Y cuando preguntó ya era demasiado tarde porque el gatillo había sido apretado. Para qué pedir perdón si el cadáver ya está frío.

 

Getty Images.

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