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El madridismo de Tolkien se impuso en el Etihad

El madridismo de Tolkien se impuso en el Etihad

Escrito por: Hank18 abril, 2024
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En la actualidad, están de moda las series y películas en las que no hay malos ni buenos, sino personajes grises. Sin embargo, la obra cumbre de Tolkien, El señor de los anillos, se caracteriza principalmente por plasmar tan nítidamente esa lucha entre el bien y el mal que con tanta claridad se ha visto reflejada en esta eliminatoria de cuartos de final entre el Manchester City y el Real Madrid. Ayer vi muchos comentarios del tipo “ha ganado el fútbol” refiriéndose no al estilo de juego de cada equipo, sino a la honestidad con la que cada club ha conseguido alcanzar su actual estatus en el panorama europeo.

Me veo moralmente incapaz de quitarles una coma, pues la batalla de estos cuartos de final ha sido la guerra bien-mal o luz-oscuridad que moldeó con éxito el padre de la fantasía literaria en su obra magna. El Real Madrid —reflejando todos los valores morales que deberían imperar en el deporte: pureza, honestidad, respeto, deportividad, garra y lucha hasta el final— enfrentándose a un equipo creado por un “Señor oscuro” de inagotables recursos comandado por un falso mago blanco y al que un extraño artilugio, como es el anillo único, dota de un poder que parece  transformar a sus jugadores en incansables uruk-hai. Después de la prórroga de ayer, muchos de los jugadores del City parecían aún capaces de realizar la travesía de tres días seguidos sin descanso que completaron los uruk-hai cargando a dos hobbits a sus espaldas.

Uruk-hai

Para enfrentarnos a tan temible enemigo en esta sombría hora, Florentino ha ido convocando poco a poco a sus filas a jugadores de diferentes nacionalidades y razas de manera semejante a como fue confeccionada la compañía del anillo que diseñó Tolkien, que contaba con hobbits, hombres, un mago, un elfo y un enano.

La batalla de ida, en el Santiago Bernabéu, se asemejó a la de Las dos torres en el Abismo de Helm, donde tras un gran comienzo de los blancos en el que consiguen obtener una ventaja en el marcador, el City comenzó a bombardear a los nuestros, encerrándolos en la gran muralla blanca diseñada por Carletto y los suyos, a los que digo yo que deberemos algún día dar algo de mérito por haber sido capaces de crear un entramado defensivo capaz de detener al mayor arsenal ofensivo de Europa y hacer inoperantes a jugadores tan absolutamente brillantes como Haaland, Foden, De Bruyne o Bernardo Silva.

La batalla de estos cuartos de final ha sido la guerra bien-mal o luz-oscuridad que moldeó con éxito Tolkien, el padre de la fantasía literaria en su obra magna

Cuando parecíamos destinados a ir al Etihad con resultado en contra, apareció la gran carga rohirrim, comandada por Vinícius y culminada por un Fede Valverde, quien demostró que él nunca llega tarde ni pronto, sino exactamente cuando se lo propone, y que más que un gol nos dio una bocanada de vida en esta eliminatoria.

La batalla del Etihad, en cambio, fue más propia de las vistas en El retorno del rey, donde el enemigo contaba con un batallón que incluía criaturas fantásticas, como olifantes o serpientes aladas, que componían el mayor torrente invasor que jamás ha resistido ningún ejército. El Madrid lo hizo. Resistió porque es su sino. Porque es lo que mejor sabe hacer en esta competición. Resistió porque era lo único que podía hacer.

Carletto y los suyos trazaron una red de telaraña similar a la que tejía en su cueva Ella-Laraña en la entrada de Cirith Ungol para desactivar el ataque citizen, que sólo pudo encontrar un resquicio en un fallido despeje de un Rüdiger que se tornaría héroe a posteriori. Mucho antes de eso, el Madrid se había adelantado gracias a un despeje intencionado y envenenado de Carvajal que Bellingham bajó de los cielos con un malabarismo más propio de Legolas contra el olifante para ceder a Vinícius, quien realizó un gran quiebro previo a una asistencia que Rodrygo tuvo que rematar dos veces para anotar el gol que daba ventaja a los nuestros.

A partir de ahí, el club blanco se dedicó a defender como si en ello se le fuera la vida, pues así era. Los nuestros fueron auténticos héroes que se vaciaron desde el primer minuto al último. Presentaron batalla resistiendo los embates de un enemigo superior en número (o así lo parecía) y en fuerzas, vislumbrando en todo momento un faro que más que de luz era de esperanza y que ningún otro equipo habría visto en nuestra posición.

Como Aragorn y los suyos, se presentaron ante las puertas del enemigo no con la intención de ganar sino de dar una oportunidad de destruir el anillo en el Monte del Destino que había ayer en el Etihad: la tanda de penaltis.

Como Aragorn y los suyos, se presentaron ante las puertas del enemigo no con la intención de ganar sino de dar una oportunidad de destruir el anillo en el Monte del Destino que había ayer en el Etihad: la tanda de penaltis

Allí resurgió el Madrid a partir del heroísmo de Tolkien. Y es que, aunque el británico era capaz de crear héroes tan destacados como Gandalf el blanco —no podía ser de otro color— o Aragorn —quién, por cierto, fue interpretado por un gran madridista como Viggo Mortensen, que se atrevió a vacilar al culé Buenafuente de esta manera—, lo mejor que supo hacer fue sacarse de la chistera verdaderos héroes inesperados que tuvieron momentos estelares como Eowyn o Sam. A lo largo de la temporada, y especialmente anoche, encontramos varios de estos en nuestra plantilla. Los más destacados para casi todo el mundo fueron Rüdiger y Lunin, pero no fueron los únicos.

El primero hizo una eliminatoria antológica y metió el penalti decisivo en la tanda, pero es que, además, Antonio lleva una temporada tan descomunal que basta para acreditarle como mejor central del mundo en la actualidad. Cuesta creer que comenzara la campaña siendo suplente y que unos meses después se encuentre jugando con la jerarquía propia de quién lleva diez años comandando la defensa blanca.

Penalti de Rüdiger al City

El otro gran héroe de la noche fue un Andriy Lunin, que se erigió como un muro infranqueable y hombre de hielo al quedarse en el centro en el penalti que cambió el rumbo de la tanda. Segundos después, adivinó las intenciones de nuestro querido Mateo para darle al Madrid la oportunidad de ponerse por delante en el marcador.

Menciones aparte para Nacho y Lucas, jugadores habitualmente discutidos, que mostraron un arrojo sobrenatural para imponerse a la presión de semejante tanda de penaltis y anotar sus respectivos tantos con una tranquilidad pasmosa. No merecen menos vítores que el resto.

Hace más de una década perdimos una tanda en la que tiraron por nosotros los mejores tiradores del planeta. Anoche vencimos tirando el 60% de la tanda con defensores. Algunos dirán que es circunstancial y otros que fue pura suerte. Yo digo que no lo entienden. No lo entiende Rodri, que afirma que esta suerte nos acompaña como si de nuestra sombra se tratase. Tampoco Rúben Dias, que mostró su frustración ante el hecho de que el Madrid buscara los penaltis. Tampoco Guardiola entiende que no ganaran en el tiempo reglamentario. Imagino que pensará lo mismo de nuestro enfrentamiento de 2022. No lo entenderá nunca. No lo hará porque es un tipo brillante que ha automatizado el fútbol lo suficiente como para pensar que ha dado con la fórmula que le da el número suficiente de ocasiones para ganar los partidos. Y generalmente ganará. Pero Guardiola, con todo el respeto que merece, aburre. No lo digo despectivamente, sinceramente me aburre.

Guardiola

Me aburre porque entiende el fútbol como estos jugadores de ajedrez que se limitan a repetir las mil jugadas que se han estudiado y memorizado hasta la saciedad y “sólo” saben aplicarlas en el momento adecuado. Muy meritorio, vistoso y académico, pero le falta lo que le sobra al Madrid. Un alma infinita que lleva a los jugadores a llegar hasta donde las leyes de la lógica les dicen que es imposible. Un corazón imbatible que les dice a los nuestros que hay que remar aunque no se vea luz al final del oleaje. Una voz interna que les exhorta a seguir atacando aunque estén en el minuto 89 y lleven dos goles de desventaja, que les impide dejar de defender pese al nivel de extenuación o a que en el campo haya un equipo plagado de suplentes, que le susurra al oído a Lunin que se quede inmóvil ante el penalti del lanzador más técnico del equipo rival.

Guardiola tiene un plantel de jugadores formidables a los que apenas permite improvisar y sacar a relucir así su magnífica calidad. En el fútbol de Guardiola, el maravilloso control de Jude en el gol blanco no tiene cabida porque el City nunca daría un pase tan bombeado, ni tampoco las carreras y desbordes imprevisibles de Vini, porque se limitaría a crearle un simple contexto favorable para aprovechar sus cualidades. Pero el fútbol va mucho más de la vida que de automatismos y lógica, y por eso en este tipo de partidos un equipo que es tan grande como la vida misma, un equipo con gente como Lucas o Nacho, siempre acaba por imponerse ante los ojos atónitos de aquellos que nunca han terminado de entender este deporte.

El fútbol va mucho más de la vida que de automatismos y lógica, y por eso en este tipo de partidos un equipo que es tan grande como la vida misma, un equipo con gente como Lucas o Nacho, siempre acaba por imponerse ante los ojos atónitos de aquellos que nunca han terminado de entender este deporte

Rüdiger, Bellingham, Camavinga, Tchouaméni… Todos ellos han rechazado contratos mucho más golosos que les ofrecían equipos financiados por jeques para venir al Real Madrid porque ellos lo entendieron en su momento. Entendieron no sólo esa frase tan bonita de Valdano de que el Madrid paga en gloria, sino también que el Real Madrid es el club ancestral de Europa por antonomasia, que aún respeta no ya las normas, sino la más pura esencia del juego.

Guardiola y sus sucedáneos seguirán trenzando bellas y automatizadas jugadas que contemplan desde su torre en Isengard sin comprender por qué sus infatigables uruks no son capaces de derrotar a esos mortales y simples hombres usándolas. No entienden que el fútbol es un deporte maravilloso precisamente porque es de las pocas cosas que nos quedan en la vida donde la fantasía y la magia de autores como Tolkien aún encuentran su espacio y su luz. No sólo porque en el fútbol todavía el bien pueda vencer al mal, no. Más bien porque en el fútbol, y el Madrid se ha guardado cuidadosamente de bordarse esto en el mismísimo corazón de su escudo, el bien lucha hasta el final. Y hasta el final, queridos amigos, vamos Real.

 

Getty Images.

Tweets La Galerna

Dicen que los mejores libros son los que te cuentan cosas que ya conoces, haciendo que recuerdes algo vivido o experimentado en tu mente.
La serie de relatos de @Cuatroamiguetes , siendo una ficción,
produce un efecto similar al leerlos.

https://twitter.com/lagalerna_/status/1791398952182374605?t=J_kbyhOdYwYodLz3h7_32Q&s=19

⚖️Nueva entrega de Anatomía de un negreirato, la décima. Sin cabezazo de Ramos, pero con la contundencia habitual de @Cuatroamiguetes

Hoy declaran Sánchez Martínez y De Burgos Bengoetxea.

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Qué gozoso recorrido por el calendario de un año cualquiera este que hace @antoniovv en @lagalerna_

Spring, spring, spring, como cantaban en aquel musical (sólo los muy puretas sabrán en cuál).

«Madridistas, disfrutad, en un par de meses llegarán los de siempre a contarnos lo mal que está aquel que no deja de buscar más espacio en sus vitrinas, y el futuro brillante que tienen quienes llevan más de un año sin tocar metal».

✍️@antoniovv

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