Acaba de empezar la temporada y ya no hay quien lo aguante. Normalmente esto pasa un poco después. Dos o tres partidos como mínimo. Cinco o seis como normal. Hasta el negreirismo necesita (o necesitaba) calentamiento. No se podía poner un Munuera de la vida enseguida a pitar con surrealismo, porque el surrealismo también exige poner los músculos a tono, sobre todo los del descaro necesarios.
Pero ya no. El negreirismo está metido en el tuétano y además deseando saltar a la vida. Es una costumbre saltarina. Tanto que no hay quien lo meta en una instrucción ni nada parecido. No entiende de instrucción judicial ni tampoco legal o normativa. La normativa es el mismo negreirismo. Era una trampa, pero lo han convertido en norma incluso habiéndose demostrado que era una trampa.
Y menuda. Con el negreirismo dando saltos no hay fútbol que valga, ni competición, ni deporte y, si uno se esfuerza un poco, tampoco gusto por la Liga negreirazada ya desde el primer momento. Un solo partido y ya lo han puesto todo perdido. Vaya año de fútbol que nos espera. Cada temporada peor porque la hostilidad mediática antimadridista no resiste ni un verano.
Llega finales de agosto y aparecen ansiosos, sin preámbulos, incluso sin los motivos que solo han necesitado inventar a placer, quienes viven de un relato y no de un deporte. El negreirismo es ya una de las condiciones humanas, asimilado a la existencia primero como si nunca hubiera existido, y segundo dejando que se vaya introduciendo en los usos y costumbres como se metía el rico del Titanic en la barca de las mujeres. Pero sin vergüenza ninguna.
Y así estamos. Así está el fútbol español. Sin sonrojo desde el comienzo. Es más, porque es como si se estuviese deseando mostrar el bochorno en periódicos, redes sociales, radios y televisiones. Debería dársele la espalda a este fútbol que no es fútbol, que es trampa y mentira, y a pesar de esto ahí seguimos. Y una confiesa que es solo por el Madrid: esa única blanca estela de dignidad y belleza.
Mi interés ya no es el fútbol, pisoteado, manejado, destruido, sino ver cómo se las arregla una vez más este Madrid dadaísta nuestro, siempre alejado del canon, para ganar con honor y gloria en medio de tanta vileza y vulgaridad.
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Primer partido liguero y primera victoria. Victoria de mérito, victoria trabajada. El Club Atlético Osasuna siempre es un rival complicado que nos pone en dificultades. Con la llegada de su flamante entrenador, un Alessio Lisci que hizo milagros en Segunda la temporada pasada en el humilde Club Deportivo Mirandés, se esperan grandes cosas. Sin embargo, anoche tuvimos más de lo mismo, en dosis multiplicadas por el bochorno veraniego.
Un Osasuna bien ordenado decidió salir al Santiago Bernabéu con una defensa de 5 y a rezar. El típico planteamiento de un equipo árido que sale con el autobús en defensa y el resto del equipo a hacer coberturas. Sin más. Es decir, el 80% del planteamiento que suelen hacer los equipos frente al Madrid en España. A sabiendas, el Real Madrid no perdió la paciencia y tocó y tocó hasta encontrar algún resquicio. La primera parte fue dinámica y en la segunda el equipo mostró síntomas de cansancio. Lógicamente, estamos físicamente en pañales. Es natural, e incluso recomendable que nos pesen las piernas en el primer tramo de la temporada.
Xabi Alonso es consciente de que en España tenemos que tener varios ases en la manga. Su estilo ambicioso y preciosista debe verse sustituido por otro más pragmático e incisivo. El nuevo técnico del Madrid es conocedor de esto, y a buen seguro que plantea muchos partidos de La Liga bajo esta premisa. A Alonso no le queda otra que poner en práctica buena parte del repertorio ganador que aprendió bajo las órdenes de José Mourinho. Porque el campeonato nacional no es lo que soñamos: es lo que padecemos. En España más nos vale cerrar los ojos y evitar contemplar la ignominia que lo envilece todo, o acabaremos desquiciados.
En Strawberry Fields Forever, John Lennon decía que vivir es fácil con los ojos cerrados, y no lo podemos negar. Es más, Lennon añadía que esos ojos cerrados nos ayudan a malinterpretar todo lo que vemos. Si bien la gran composición que contiene este verso no trata realmente de la interpretación de la realidad, Lennon nos legó una referencia conceptual para entender muchas veces una forma de estar en la vida como un refugio. Años más tarde, la película Matrix nos ofreció otra explicación simbólica mediante la elección de la pastilla roja o la azul.
para ver fútbol en España, todos tenemos que hacer un ejercicio de sincera ceguera. Es decir, parafraseando el verso de Strawberry Fields Forever, ver fútbol nacional es sencillo si lo haces mirando para otro lado
A lo largo de la historia, el ser humano se ha peleado con todo esto. Vivir exige pequeños sacrificios diarios. Las mentiras piadosas forman parte del juego de la vida. Artistas de todas las disciplinas han tratado esto de una manera u otra. Eyes Wide Shut fue la última película de Stanley Kubrick. En ella nos cuenta una historia confusa de posibles traiciones en el seno de un matrimonio de clase alta. No obstante, más allá de los sinsabores que experimentan los personajes de Tom Cruise y Nicole Kidman, la intrahistoria que narra Kubrick es más compleja y muchos analistas creen ver interpretaciones más complejas y jugosas sobre el ocultismo y el poder. En definitiva, la gran memoria es incómoda porque muchas veces la verdad es desagradable.
Todo esto me sirve de preámbulo para ilustrar la gran paradoja que padecemos los que vemos fútbol español. Como paradójico resulta que todos hayamos crecido sabiendo que "la justicia es ciega". La Justicia suele ser representada con los ojos vendados. Esta alegoría del vendaje representa su objetividad. Más allá de cualquier consideración, existe cierto consenso en admitir que esto es así. Sin embargo, podríamos ser también suspicaces y tirar de otro dicho popular: “Ojos que no ven, corazón que no siente”.
Desde luego, para ver fútbol en España todos tenemos que hacer un ejercicio de ceguera. Es decir, parafraseando el verso de Strawberry Fields Forever, ver fútbol nacional es sencillo si lo haces mirando para otro lado. Para ello, es tan necesaria una venda en los ojos como tener entrenada la capacidad del olvido selectivo. Si quieres centrarte en la pelotita, has de olvidar ese infierno poblado de directivos de clubes inoperantes, dirigentes cerriles, organismos siniestros al servicio de intereses oscuros, periodistas de medio pelo y jugadores mediocres.
Y en realidad, más allá de los personajes esperpénticos que pueblan el callejón del Gato, la deformidad que nos asola ya trasciende nombres propios. El ejemplo de Raíllo y Maffeo se multiplica en otros equipos. Que nos abucheen en los campos de siempre no es noticia. Pero tampoco lo es ya que nos abucheen en todos y cada uno. Que hayamos tenido vacaciones testimoniales y una pretemporada anecdótica es la última afrenta. Pero nadie entre nosotros duda de que en los próximos días tendremos un nuevo problema sobre la mesa. Cada día hay uno nuevo. Por ejemplo, la inscripción de Franco Mastantuono con el dorsal 30 y ficha del Castilla.
Y así no se puede vivir. El aficionado hace un poder y mira para otro lado. Con estoicismo, tirando de fuerza de voluntad, muchos pretenden centrarse en el juego. Esto estaría muy bien si realmente todo lo que rodea a la pelota fuera algo ajeno y no afectara directamente. Sé que es más agradable hablar de fútbol, pero ni usted ni yo elegimos la realidad en la que vivimos.
«¿A quién va a creer usted, a mí o a sus ojos?», preguntaba Groucho Marx. En España no nos queda otra que tomarnos las cosas con distancia. Sé que no es fácil pero es así. Por ejemplo, más allá de la victoria de anoche, me quedo con un Mbappé ágil y decisivo. También me gustaría subrayar a un Éder Militão que disputó todo el partido sin ningún contratiempo o la vuelta al Bernabéu de un Dani Carvajal que llevaba sin jugar en casa desde el pasado octubre. El fútbol también es eso, gozar con las pequeñas alegrías de nuestro Madrid.
Y mirar para otro lado.
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El Real Madrid comenzó la temporada como quien se despierta un lunes después de unas vacaciones largas y no recuerda si ha madrugado lo suficiente: con un 1-0 ante Osasuna en el Bernabéu, victoria medida, sin excesos de fuerza, y con un partido que más que un derroche de fútbol fue un recordatorio de que el verano existe, los cuerpos no siempre obedecen y el fútbol, a mediados de agosto, todavía se arrastra como resaca.
Desde el pitido inicial, quedó claro que aquello iba a ser un encuentro más de pretemporada formalizada que de competición intensa. Las piernas pesaban, las ideas tardaban en tomar forma y la sensación general era que la pelota avanzaba como si supiera que nadie quería correr demasiado detrás de ella, sobre todo cuando el entrenador contrario te planta un autobús delante de su área que ya quisiera cualquier línea regular para hacer la Ruta 66. Un partido de primeros compases de Liga: rutinario, discreto y lleno de promesas por cumplir, aunque aún teñidas de pereza.
En medio de la tibieza colectiva, dos nombres llamaron la atención con fuerza suficiente para no pasar desapercibidos: Carreras y Franco Mastantuono. Ambos hicieron su debut en partido oficial y, lejos de sentirse intimidados, dejaron sensaciones muy prometedoras. Ocupan desde ayer los puestos 877º y 878º de los que han vestido la elástica limpia y blanca que no empaña de la historia madridista. Además, según me cuenta nuestro amigo Javi, que se encuentra convaleciente de la intervención quirúrgica que le realizaron la semana pasada, aunque todo ha salido parece que bien, ayer nuestro Courtois cumplió 200 partidos en liga y se consiguió la victoria en competición española jugando como local nº 1500 de la historia blanca.
Para más INRI (la mejor marca de crucifijos, por cierto), los propios Carreras y Mastantuono, unidos a Trent Alexander-Arnold y Huijsen (por favor, fichen jugadores más fáciles de escribir, que ya está bien), debutaron en la liga española con los ordinales 637º, 638º, 639º y 640º del devenir merengue por dicha competición
Mastantuono trajo frescura y osadía. Su movilidad y atrevimiento en la salida de balón y su desparpajo demostraron que no teme al error
Carreras se movió con seguridad y, sorprendentemente, con una comprensión del espacio y de los tiempos que no es habitual en un debutante. Su estilo denotaba horas de estudio, un aprendizaje silencioso y constante que se traduce en decisiones precisas y en la rara habilidad de anticiparse a lo que sucede, en vez de reaccionar tarde. Incluso cuando el ritmo del partido parecía arrastrar al equipo hacia la mediocridad, Carreras mantenía una especie de firmeza, como si recordara a todos que el talento, a veces, solo necesita su momento para lucir.
Mastantuono, por su parte, trajo frescura y osadía. Su movilidad y atrevimiento en la salida de balón y su desparpajo demostraron que no teme al error, porque sabe que equivocarse también es una forma de aprender y de dejar huella. Se le notó cómodo, sin prisas, con la naturalidad de quien no necesita demostrar nada más que su capacidad de integrarse y aportar. Estos debuts, más que un simple trámite estadístico, como ya he señalado más arriba, fueron un soplo de aire fresco en un partido donde el ritmo apenas se levantó del suelo.
A pesar del bajo voltaje de la temporada, se pudieron observar indicios de lo que puede ser un equipo sólido cuando sus jugadores comiencen a encontrar ritmo: la presión tras pérdida, esa que permite recuperar la pelota de manera rápida y generar oportunidades, se vio en varios momentos del partido y dejó buenas sensaciones. Es una muestra de que hay trabajo detrás de la idea, y que no todo es improvisación.
Sin embargo, no conviene engañarse: queda mucho por pulir. La circulación de balón, la intensidad de los cambios de ritmo y la coordinación colectiva aún están en fase de ensayo. El Real Madrid necesita más rodaje, más chispa en las piernas y más memoria muscular para recordar que, aunque la pretemporada sirva para ponerse en forma, la Liga exige mucho más.
Carreras se movió con seguridad y, sorprendentemente, con una comprensión del espacio y de los tiempos que no es habitual en un debutante
En resumen, el partido contra Osasuna fue un debut más cercano a la pretemporada que al fútbol de alto nivel, con un resultado que deja contentos a los madridistas pero con sensación de que se podría haber visto mucho más. Lo importante, sin embargo, es que se atestiguaron señales de lo que puede ser un equipo competitivo: debuts prometedores, cierta intensidad en la presión, y, por qué no decirlo, un cambio positivo en la dinámica del equipo.
El camino es largo, y queda mucho trabajo por delante. Carreras y Mastantuono, junto a Trent y Huijsen, junto a la reaparición en liga de Carvajal, aportan esperanza; la plantilla aún necesita ajustar sus engranajes; y la Liga apenas comienza. Si algo nos enseñó este primer encuentro es que, en Madrid, incluso los estrenos tibios pueden contener las semillas de grandes temporadas. Solo hace falta que esas semillas crezcan, se afiancen y se traduzcan en fútbol, goles y victorias contundentes. Por cierto, Mbappé ya es mi Mbappé, si no lo fue desde el principio, que también.
Porque si algo caracteriza al Real Madrid, incluso cuando empieza con más pena que gloria, es que siempre deja entrever que lo mejor está por llegar. Y eso, al final, es lo que hace que merezca la pena seguir cada minuto, aunque el primer partido de Liga haya sido, con toda honestidad, más soporífero que electrizante.
Me despido con la frase de mi amigo Javi. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
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Buenos días, amigos. Como todo madridista de bien sabe a estas horas, el equipo de Xabi Alonso se estrenó en el Bernabéu en partido liguero ante Osasuna, venciendo a los navarros con un solitario tanto de Mbappé de penalti, cometido sobre él mismo. Podéis leer la crónica de Paco Sánchez Palomares, así como las calificaciones de Genaro Desailly, todos aquellos que no sepáis exactamente cómo se produjo la victoria blanca, o que sí lo sepáis pero deseéis cotejar vuestras opiniones con las nuestras, o bien que simplemente queráis enriqueceros (modestia aparte) con la forma de contar las cosas que tiene La Galerna.
El Madrid dio muestras de falta de fuelle a estas alturas de una temporada que para ellos va acompañada extraoficialmente por el prefijo “pre”. Llegó sin apenas tiempo para descansar. Sin apenas tiempo para coger la forma. Ambas cosas cortesía del Mundial de Clubes y de Javier Tebas Medrano, que negó al club blanco la posibilidad de aplazar el encuentro, como es sabido por todos.
Teniendo esto en cuenta, el esfuerzo fue encomiable. El Madrid mostró una gran actitud sin balón, presionando y robando muchos balones en campo contrario, o forzando a Osasuna a perderlos. Con balón se mostró más espeso, evidenciando dificultades para encontrar vías en el entramado defensivo rojillo. Se intentó fundamentalmente a base de disparos lejanos, recurso que topó con la oposición del magnífico guardameta Herrera. Hizo falta que Mbappé, a quien se ve en gran forma, destapara el tarro de las esencias en una gran jugada puramente individual. Suya es la habilidosa y decidida incursión, suyo el recorte que produjo el penalti y suya la transformación.
As destaca al francés, aunque su portada omite destacar también a otros jugadores que estuvieron de notable, como el formidable Carreras o el cada día más confiable Huijsen, que no solo saca el balón de atrás como los ángeles sino que también se faja con un jabato a campo abierto. A otros, como Trent y Güler, se les vio más tímidos y menos diferenciales, pero estuvieron voluntariosos en todo caso.
Como también destaca la primera plana prisaica, tuvo lugar el esperado debut de Franco Mastantuono, quien dejó grandes detalles y se desfondó sobre el césped. El jugador fue recibido por el Bernabéu al grito de “Franco, Franco, Franco”. Es su nombre de pila, sí, pero reconocemos que las concomitancias políticas pseudosimpáticas que para muchos acarrea el cántico hace tiempo que dejaron de hacernos gracia, suponiendo que alguna vez lo hicieran. El Madrid es, desde su mismísima fundación, un club que ha huido de la política como de la peste, y el uso (aunque sea bromista) de este cántico abona el terreno para conclusiones sociológicas profundamente erradas. Ved si no cómo la anécdota puede llegar a favorecer delirios calumniosos como el del siguiente freak.
Aparte de poner este dislate a disposición de los servicios jurídicos de Carvajal y el club, sugerimos que sirva como acicate para la reflexión a quien corresponda. En Argentina, a Mastantuono lo llaman Mastan. “Mastan, Mastan, Mastan” es un cántico más apropiado, y que tiene la ventaja de no traer a la memoria al dictador que fue distinguido múltiples veces por el FC Barcelona a trueque de sus múltiples favores.
Mastantuono ha llegado para quedarse. Es un talento en bruto que apunta a lo más alto, y Xabi parece decidido a convertirlo en un icono del madridismo. No se merece ser presa de un chascarrillo con esas connotaciones.
El resto de portadas del día tienen que ver con la gala de Marca, diario de todas las aficiones menos de una y sobre todo diario de Javier Tebas, y con las inscripciones culés, siempre tan azarosas, emocionantes (?) y resueltas en el último minuto. Las inscripciones culés son sus remontadas de Champions.
Pasad un buen día.
Arbitró Adrián Cordero del comité cántabro. En el VAR estuvo Jesús Trujillo.
En lo disciplinario anduvo fallón y también tuvo algún error en la señalización de las faltas.
Las tarjetas llegaron al final del encuentro. Una para Mbappé por agarrar a Víctor en el 89' y la roja a Bretones por un golpe en la cara a Gonzalo en el descuento. La expulsión por las imágenes repetidas pareció muy rigurosa. Se fueron sin amarilla Boyomo por una clara falta a Vinicius en el 46' en un ataque prometedor, y Moncayola por sujetar a Carreras al principio del choque sin posibilidad de disputar el balón.
En las áreas se reclamaron tres penaltis y señaló uno. Mbappé se marchó de Cruz y el zaguero barrió al ir al suelo al francés. Pena máxima cristalina. Los blancos también lo pidieron en una pugna de Boyomo con Vini al filo del descanso. El central empuja al brasileño, pero no es suficiente para penalti. Tampoco lo era la disputa entre Torró y Militao en el 67'. El centrocampista rojillo se dejó caer.
Cordero, DISCRETO.
-Courtois: APROBADO. Prácticamente inadvertido. Atento a los balones largos para despejar fuera del área.
-Trent: APROBADO. Estuvo discreto. Parece falto de fuelle, algo superado por la grandeza del club o temeroso ante la recuperación de una leyenda como Carvajal. Pero con este toque de balón solo puede triunfar.
-Carreras: NOTABLE. Supera líneas como los ángeles y se faja como los guerreros. Juega bien de un modo diferente a los laterales izquierdos que juegan bien.
-Huijsen: NOTABLE. Esta vez brilló más corriendo al espacio, saliendo al quite o despejando sin contemplaciones que sacando el balón. Lo cual es una excelente noticia. Vale para ambas cosas.
-Militao: NOTABLE. Muy seguro y aventurándose a tirar de lejos. Qué cosa tan bárbara es tenerlo de vuelta.
-Tchouméni: NOTABLE. Aplomo y mucha ayuda en defensa, con cruces providenciales.
-Valverde: NOTABLE. Incansable, como de costumbre.
-Güler: APROBADO. No hizo un partido que refuerce la idea de que puede llevar la manija del equipo. Sin arriesgar, aunque con detalles de clase.
-Brahim: APROBADO. La imagen misma de la abnegación, aunque no aportó mucho en ataque.
-Vinícius: APROBADO. Muy trabajador y presionando denodadamente, aunque carente de inspiración.
-Mbappé: NOTABLE. El gol es suyo 100%. Está finísimo y muy rápido. Profundo y culebreante. Solo un par de fallos en la entrega le privan del sobresaliente.
-Carvajal: APROBADO. Buenos minutos en su vuelta al Bernabéu.
-Mastantuono: NOTABLE. Dejó espléndidos detalles y trabajó a destajo.
-Gonzalo: APROBADO. No se hizo notar.
-Ceballos: SIN CALIFICAR.
-Xabi Alonso: NOTABLE. Debut en el Bernabéu con victoria. La primera de muchas. Se nota su mano en la actitud y la presión del equipo.
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Volvió el fútbol al Bernabéu tras las vacaciones, debutó Mastantuono, se estrenó Xabi Alonso como técnico en el templo de la Castellana, reapareció Carvajal en casa, regresó el simulacro tebano de competición justa y ganó el Madrid, aunque no resultó sencillo. Mbappé, pletórico, fue decisivo.
La alineación del tolosarra no deparó sorpresas. Atrás, Trent y Carreras en los flancos, Militao y Huijsen en el centro. Tchouaméni al timón con Valverde y Güler como lugartenientes. Arriba, Vini y Mbappé. La posición que admitía dudas fue para Brahim.
El Madrid comenzó el encuentro decidido, con posesiones largas aprovechando el buen pie —como dicen ahora— de muchos de sus jugadores, incluidos los tres nuevos de la zaga, que destacan en este aspecto. Uno de ellos, Carreras, efectuó el primer disparo. No vio puerta.
La defensa se situaba en el mediocampo. Cuando el equipo perdía la pelota, presionaba, qué gozada. También Vinícius, que alrededor del minuto 10 trabajó y robó un par de balones, uno de ellos con cierto peligro.
Antes de cumplirse el 18', Huijsen —este chico vale para todo— puso a prueba a Herrera desde muy lejos. El meta de Osasuna realizó una buena intervención.
De vez en cuando parecía que Modric conducía la pelota, pero no eran sino adherencias nostálgicas. De vez en cuando Cordero Vega no mostraba una amarilla a Osasuna, pero no eran sino arbitrariedades históricas.
Sobre el minuto 25, oportunidad para Mbappé. El 10 disparó pifiado y el balón llegó a las manos del portero describiendo unos giros excéntricos que provocaron que no pudiera atajarlo de primeras, pese a la fuerza escasa del chut. Después, zambombazo de Militao desde su casa, como antes Dean. Y al igual que le ocurrió a su compañero de retaguardia, vio como Herrera desbarataba la oportunidad.
Los de Xabi se veían obligados a recurrir al disparo de larga distancia al no encontrar una mejor manera de superar unas líneas enemigas bien pertrechadas. El Madrid disfrutaba hasta el momento de un dominio estéril. Se le atragantaba el bloque bajo rojillo, que no era un edificio de una altura de ladrillo, sino la disposición táctica de los hombres de Lisci.
Mbappé pudo marcar el primero desde cerca en el 33:33, pero su lanzamiento con efecto se marchó desviado 3,33 cm. Aproximadamente. La primera de peligro para Osasuna no llegó hasta poco antes del minuto 40 después de un error defensivo. El disparo de Budimir se fue por 3,33 m. Aproximadamente.
Al filo del descanso, Vini se coló en el área y Boyomo lo derribó con las manos, es decir, el 7 se fue al suelo porque lo empujaron. La jugada se resolvió como se resuelven estas jugadas cuando el atacante es del Real Madrid: el contacto no es suficiente para señalar penalti.
Segundos después, pisotón nítido también sobre el brasileño cuando encaraba la portería rival. Tampoco señaló nada Cordero Vega. De Trujillo Suárez no esperábamos nada, es muy profesional.
La segunda parte comenzó sin cambios en el conjunto local y con Carvajal, Mastantuono, Gonzalo, Ceballos y Rodrygo calentando.
En el 49', penalti de Juan Cruz a Mbappé. Kylian le recortó y el rojillo lo arrolló. El propio 10 se encargó de lanzarlo con calidad y de lograr el primer gol. Con el 1-0, Osasuna se vería obligado a retirar al menos dos de los cuatro autocares que tenía colocados delante de su portería.
Mbappé está más fino, más rápido y más potente, más earlynazariano, aparenta menos años. Otra arrancada suya propició un disparo de Tchou que repelió de pecho el escudo osasunista.
No faltó mucho para que Güler colara un obús sutil de los suyos por la escuadra cuando frisábamos el minuto 62.
Como las temporadas cada vez comienzan antes —en unos años empezarán antes de que acabe la anterior—, realmente el Madrid está en pretemporada. Trent lo acusó y Carvajal lo sustituyó para darle descanso. Ovación de gala para el capitán del Real Madrid. También se retiró Brahim, entró en su lugar Franco Mastantuono, que debutaba así frente a los rojillos. El Bernabéu aplaudió y coreó el nombre del argentino, que botó el primer córner que se produjo. Poco después fue Gonzalo el que entró al campo y Vinícius quien se retiró.
En el 85, susto, Budimir remató alto bajo palos con la oposición de Gonzalo. La respuesta, un minuto antes del 90: Mastantuono disparó con poco ángulo y no puso en excesivos problemas al meta.
Xabi introdujo a Ceballos en lugar de Güler para anestesiar los cinco minutos de prolongación, y bajó a Tchouaméni al eje de la zaga para redoblar precauciones.
Antes de acabar hubo tiempo para que Cordero Vega expulsara a Bretones por golpear sin balón a Gonzalo.
Primer partido y primera victoria, acompañada con la invitación a soñar que supone el estado de forma de Kylian Mbappé.
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Empieza la liga y termina el verano. No exactamente, porque la liga, cada vez, empieza antes. Pero como si lo fuera. En mi pueblo, Chipiona, que está en la costa del Atlántico gaditano y que en verano multiplica por diez su población, el año acaba el 8 de septiembre, que es el día en que sale en procesión por sus calles la patrona, una antiquísima virgen negra, la Virgen de Regla, que Rocío Jurado hizo mediática allá por los 90. Mis paisanos anhelan el cambio de tercio porque la vida, entre semejante multitud, es insoportable, de un modo parecido al que los futboleros ansiamos el comienzo de las competiciones.
Yonkis en forzado estado de abstinencia, el verano representa también para nosotros el momento invivible de los rumores, los fichajes y las paparruchadas. Que en los últimos años, como todo en España, va francamente a menos, pues somos más pobres que las ratas y en el cortijo del florido Tebas, LFP Vice, no hay ni para pipas.
La historia empezó con Gento, claro, el 11 por antonomasia y el segundo jugador más importante de la Edad de Oro del Real
Así que para poner fin a esta pequeña serie en la que me he entretenido a lo largo del último mes, he elegido contar historias acerca de un número singular en la historia madridista: el 11. Decíamos ayer que en el Madrid el 4 es El Jefe, el 5, El Mago y el 10, El Genio, a lo que cabría añadir que el número 7 es La Estrella. El 7 tiene una cábala luminosa en Chamartín. Lo han llevado, como decía Fernando Hierro, los Ferraris: Raúl, Cristiano Ronaldo y Vinícius Júnior, por citar los tres más importantes, la proa de los grandes equipos campeones que desde 1998 devolvieron al Madrid a la cúspide del fútbol.
Todo primer espada tiene un buen subalterno, y ese papel de lugarteniente es el que ha correspondido, históricamente, al dorsal 11 del Madrid. El 11 suele ser un aristócrata algo tímido, técnicamente virtuoso, que por una razón u otra vive a la sombra de la gran diva. La historia empezó con Gento, claro, el 11 por antonomasia y el segundo jugador más importante de la Edad de Oro del Real. Gento unió al Madrid de las cinco copas de Europa con la generación Yé-Yé y, en fin, es una de las figuras más importantes de la historia del club, del fútbol español y del fútbol mundial.
Además, como todo el mundo sabe, era zurdo. Y aunque esa no es una característica obligatoria del 11 blanco, sí que ha sido un rasgo frecuente en los tiempos modernos.
El 11, generalmente, es un jugador de ataque. Se mueve por los carriles y merodea la bombilla del área. Es curioso pero en los últimos veinte años ha habido un tipo que llevó el 11 del Madrid y que no era delantero, sino lateral derecho: fue Cicinho, quien una vez confesó que vio a Cristo después de beberse hasta a los personajes de John Cheever. El 11 más famoso del Madrid, después de Gento, ha sido Gareth Bale, quien encarna mejor que nadie la figura del rey sin tierra o la del príncipe abúlico. Pero antes de Bale, el 11 tuvo dos dueños efímeros: Ronaldo Nazario, en 2003, y Karim Benzema, en 2009. Ambos lo lucieron sólo una temporada cada uno para, acto seguido, habitar el 9, con el que hicieron fortuna, sobre todo Benzema, que elevó el 9 a una categoría no sólo artística sino moral y que hizo de él un número omnisciente y rector como no había sido el 9 en el Madrid desde que lo portara Alfredo Di Stéfano.
El 11 más famoso del Madrid, después de Gento, ha sido Gareth Bale, quien encarna mejor que nadie la figura del rey sin tierra o la del príncipe abúlico
El primer 11 madridista que yo recuerdo es José Emilio Amavisca. Su asociación con Zamorano y aquella liga de 1995 emergen de limo de mi conciencia como un jazmín o un galán de noche que perfumara todavía, con su fragancia, aquel albor de mi memoria. Amavisca era, naturalmente, zurdo y extremo, o casi interior. Le metía unos melones colosales a Bam Bam desde cualquier parte del campo. El chileno los metía como si fuera Santillana o Hugo Sánchez, muchas veces al primer toque, y entonces las gradas del Bernabéu vomitaban gente hacia el césped como si fueran una presa soltando agua por las compuertas.
Bale llegó al Madrid para ser rey pero se conformó con ser un príncipe. Su velocidad supersónica y su zancada de plusmarquista hacían pensar de inmediato en Gento. Hubo un Bale hasta el otoño de 2016 y, luego, otro. El primero brilló como un cometa que surcara el cielo por la noche. El segundo fue un oficial de inteligencia británico ejerciendo de agregado cultural en Nápoles. Con el 11 a la espalda realizó algunos prodigios, el más asombroso de los cuales fue la chilena de la final de Kiev: una cumbre en sí misma para cualquier otro futbolista que, sin embargo, se antoja, a pesar de la grandiosidad del gol, del escenario y del rival, insuficiente para un jugador de su categoría. Bale fue el Aramis de la BBC, porque el mejor edecán que tuvo Cristiano Ronaldo no fue él sino Benzema. Cuando el Aquiles de Madeira pegó la espantá todos esperábamos que Bale se pusiera el armiño, pero él también había dimitido ya con el pitido final del partido frente al Liverpool.
Antes de Bale y de Benzema, el 11 fue de Robben, otro cañón zurdo, más fino y elegante, un auténtico jerarca vendido en el verano del boom galáctico para amortizar el increíble gasto que llevó a cabo el presidente Pérez para resucitar al equipo. Con Robben siempre quedará la duda de lo que podría haber sido en el Madrid de haber permanecido junto a Ronaldo y Benzema. En el Bayern consiguió ser uno de los más grandes futbolistas de la edad moderna, probablemente el mejor de todos los que no jugaban ni en el Madrid ni en el Barcelona en aquella década. Aquí ganó una buena liga y luego sucumbió, como todos, al apocalipsis de aquella temporada infame en la que Guardiola y Messi ganaron el triplete. Los dorsales, ahora, quizá participan de la estupidez general que está destruyendo el fútbol. Como el amor de los neohinchas se está emancipando de los escudos para ir volando hacia los players, los números están escribiendo su propia tradición. Que quizá merezca, en el futuro, ser contada, pero por otro.
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Buenos días, queridos.
Acabamos de comenzar la segunda quincena de agosto, mes del año elegido habitualmente por la mayoría de españolitos de a pie para disfrutar de sus vacaciones. Normalmente, salvo que usted sea miembro del comité de inscripciones de LaLiga, serán unas vacaciones más que merecidas, un tiempo en el que se pueden hacer multitud de planes. Pueden aprovechar ese tiempo disponible para, por ejemplo, leer una buena novela. Aquí les dejamos la lista de los libros más vendidos a estas alturas del año, encabezada por La península de las casas vacías, La asistenta y La muy catastrófica visita al zoo, seguida de cerca por Por si un día volvemos, A cuatro patas, Nunca mientas y Un animal salvaje.
Si el calor convierte en sopor sus ratos de lectura, siempre podrá acudir a una sala de cine con el aire acondicionado a todo meter y compañeros de butaca que se ventilan un litro de Coca-Cola con medio centenar de ruidosos hielos. Ahora mismo, lo más taquillero se debate entre Weapons, Los cuatro fantásticos, Los tipos malos 2 y Karate Kid: Legends, remake del clásico de los ochenta. Por ahí anda también Padre no hay más que uno, como bien sabe Enríquez Romero. Ya vamos por la número 5, por cierto, y bien saben los Negreira la hermosa rima que con tal número dedican a todos los equipos que no son el Barça de sus amores.
Si no les atraen estas novelas, ni el cine, pueden acudir al teatro a ver espectáculos que duran ya varias temporadas como La madre que me parió o La función que sale mal, o probar con el nuevo espectáculo del grupo Yllana, The Ópera Locos, una parodia de algo tan serio como es el mundo de la ópera y los engolados tenores.
Pero también puede ser que no les hayamos convencido con estos planes alternativos y que sean ustedes unos enfermos del Real Madrid como los que escribimos a diario este Portanálisis, en cuyo caso, sabemos que no les convenceremos para que no dediquen uno solo de los minutos de su existencia a un espectáculo tan caricaturesco como la Mugrienta Liga Negreira, que hoy arranca para los nuestros en el Bernabéu. Más pronto de lo que Real Madrid y Osasuna habían acordado y en una fecha que ha acortado la pretemporada de los nuestros hasta el mínimo, pero ¡finjamos que nos interesa la MLN!
Por supuesto que nos apetece ver a Xabi Alonso, que contará con algunas de sus nuevas Weapons para el partido de esta noche, como podemos ver con Los cuatro fantásticos que lo acompañan en la portada del diario Marca. Esperemos no acabar el día exclamando La madre que me parió porque La función que siempre sale mal por culpa del CTA ha vuelto a salir rematadamente mal. Experiencia tenemos de sobra y la MLN se ha convertido en una parodia de lo que fue algo serio un día, como esa Ópera Locos en la que ahora los engolados tenores visten de amarillo y exhiben gestos altaneros como prima donnas de la función.
Vuelve Xabi Alonso al Bernabéu, igual que volvieron los héroes de Karate Kid convertidos en Legends, y solo podemos decir que nos apetece, aunque preferiríamos que fuera en cualquier otra competición, incluso en el trofeo Santiago Bernabéu, y no en la MLN. Quizás solo los lectores más antiguos recordaremos cómo al bueno de Danny LaRusso le zumbaban de manera inmisericorde con la connivencia de los jueces de la competición. Esta noche no habrá señores Miyagi en el banquillo y sí “Cobrakais”, como los figuras de Adrián Cordero y Daniel Jesús Trujillo, quienes, pese a su breve carrera con el Real Madrid, ya acumulan errores de bulto, algunos contra el mismo rival de esta noche, en lo que supone una nueva declaración de principios del “renovado” CTA. Esperamos que La asistenta o El asistente de esta noche no convierta la suya en Una muy catastrófica visita al Bernabéu. Nada positivo esperamos de ellos.
Celebramos el nuevo título de nuestro Carlitos Alcaraz en Cincinnati y os dejamos con las portadas de la prensa cataculé, una especie de Los tipos malos 2.
Liga y Champions, qué horror, así como si tal cosa. Y “El Bernabéu pone a prueba a Xabi Alonso”, así, con un par. Recordad que escriben en un lugar que podríamos denominar La península de las cabezas vacías.
Pasad un buen día ¡y finjamos todos que nos apetece ver la MLN!
Vuelve la Liga y el Real Madrid se mide en el Santiago Bernabéu al Osasuna. La principal novedad del cuadro rojillo es la llegada como técnico de Alessio Lisci. El italiano hizo un trabajo espectacular la pasada temporada con el Mirandés, al que estuvo a punto de ascender a Primera División. Un entrenador joven, atrevido, rico en lo táctico y que intentará completar un equipo de autor en Pamplona.
En cuanto a llegadas, los navarros han incorporado al canterano madridista Víctor Muñoz, al lateral Rosier y la vuelta de Iker Benito tras su cesión. Lisci tiene a su disposición a la plantilla completa salvo Yoldi, que no está inscrito. La idea es la de un equipo con tres centrales, aunque hay algunas dudas en varios puestos. Un once probable sería el formado por Herrera; Catena, Boyomo, Juan Cruz; Rosier, Torró, Moncayola, Bretones; Moi, Oroz; Budimir.
El CA Osasuna en su feudo es un conjunto habituado a realizar una presión intensa y colectiva de bastantes hombres para recuperar arriba en algunos tramos muy concretos de los partidos. Sin embargo, aunque Lisci es un técnico valiente, en su visita al coliseo merengue se espera un conjunto algo más replegado, arropado y junto atrás y con un bloque medio-bajo para tapar las vías de agua que pueda producir la circulación blanca.
El balón lo tendrá el cuadro de Xabi Alonso y los navarros estarán atrás, acumulando mucha gente tras la pelota e intentando que ocurra lo menos posible. Las bandas serán fundamentales para abrir la defensa, puesto que en la zona central sumarán muchos efectivos. El ritmo de pelota merengue deberá ser rápido, precisa y continua para así encontrar grietas en el entramado defensivo que preparan los visitantes.
Lisci valora la eficacia y la practicidad con la pelota, buscando a una salida buena desde atrás que le consiga una óptima transición entre la defensa y el ataque. Los centrales se abren para buscar las bandas o el cuero va a algún pivote y este genera el juego. Frente a un rival de entidad como el Real Madrid es más plausible que busquen algo más rápido y menos arriesgado, sobre todo teniendo en cuenta el nuevo estilo madridista, con una presión muy alta y agobiante a las defensas rivales. Catena es el central con un pie más fiable para estas labores. También será habitual ver cómo se utilizan las bandas, o directamente a Budimir para no tener pérdidas en zonas peligrosas y hacer daño al Real Madrid de forma más directa, logrando rechaces en las segundas jugadas.
Jugando con cinco atrás, el entrenador italiano busca blindarse y buscar la seguridad de encajar menos goles. Por la zona central disponen de jugadores rocosos, fuertes y expeditivos como Boyomo, que les hizo dar un salto en este aspecto la temporada pasada. Catena también es un central fiable por arriba y Cruz les aportaría velocidad, puesto que ha jugado parte de su carrera como lateral. La banda izquierda, con el joven Bretones, puede ser la zona más débil que debería explotar el cuadro blanco para hacer daño. Por el otro costado, Rosier fue una de las revelaciones del Leganés el año pasado y su buen desempeño le ha permitido mantenerse en Primera. Es un jugador físico y veloz. Con todo ello, además, los dos medios apoyan mucho a la defensa, Torró se incrusta entre centrales y realiza muchas coberturas, y Moncayola también destaca por su trabajo y los muchos kilómetros por partido que realiza. Por último, a balón parado también son un equipo poderoso, tanto con los centrales como Torró, jugadores muy altos.
El CA Osasuna volverá a depender en gran medida del papel de Budimir en ataque. Si se acerca al rendimiento de la temporada pasada, el cuadro navarro estará más cerca de quedarse otro año entre los mejores del fútbol español. En el Bernabéu se espera mucho ataque con contragolpes y en un estilo de juego directo y vertical. La agresividad en la velocidad con el tridente de arriba y un jugador de ida y vuelta que abarca mucho campo, como Moncayola, es la clave del CA Osasuna para conseguir un buen resultado.
Son futbolistas que rompen bien al espacio, atacan la espalda de los contrarios, son veloces y tienen buen toque en los últimos metros. Además, también los laterales se incorporan al ataque por su perfil. Un jugador a vigilar porque sigue creciendo es Aimar Oroz, que se mueve muy bien, llega por sorpresa y tiene gol en disparo y por arriba. Lo mejor para el Madrid es terminar las jugadas y así evitar que el Osasuna consiga enlazar esas transiciones vertiginosas, valientes y de pocos pases para encarar lo antes posible la meta de Courtois. También ojo a las jugadas a balón parado con la artillería aérea de Osasuna en varios de sus hombres.
En el librillo de Lisci se puede encontrar a un técnico con grandes conceptos tácticos y una capacidad de adaptación a distintos estilos e ideas de juego. Le gusta el fútbol ofensivo, dinámico y que busca la portería rival. Él mismo se presenta por ser siempre “audaz y valiente”. Quiere un equipo que presione, con manejo de la pelota, pero también que sepa sufrir y no se complique la vida en los momentos de dificultades. Un entrenador joven, de solo 39 años, sin pasado como futbolista profesional y que se está ganando un hueco entrenando en el fútbol español. Veremos su propuesta en el Bernabéu ante un Real Madrid nuevo y que querrá agradar a su público desde el primer minuto.
El delantero croata Budimir es el jugador franquicia de Osasuna. El curso pasado lo finalizó como el tercer máximo goleador de la categoría con 21 tantos. El nueve balcánico es un excelente rematador de cabeza, que se mueve bien en el área, dispara con agilidad con las dos piernas y es hábil en espacios reducidos. Es astuto y listo a la hora de trazar desmarques en diagonal y a la espalda de los centrales, y también cumple con nota ejerciendo de pivote, apoyando a sus compañeros y descargando de primeras. Muy a tener en cuenta en todos los centros que ponga Osasuna desde los costados, porque tiene imán para que el balón le llegue a él.
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