Los parones de selecciones ameritan el esparcimiento. Por espacio de unos días, los medios se las ven y se las desean para hacer comulgar con ruedas de molino a un aficionado que generalmente no presta atención al fútbol de selecciones. Por un lado, la prensa deportiva se empeña en hacernos creer que existe una marea roja que es un clamor, pero por otro lado no saben cómo hacer para entretener a un respetable a dieta de emociones fuertes. Siendo sinceros, salvo excepciones, el fútbol de selecciones solo importa cuando llegan los campeonatos importantes. El resto de parones resultan un verdadero incordio. Y más cuando a estas alturas se ponen las cosas interesantes.
Tenemos el habitual desfile de entrevistas a jugadores de La Roja y el consabido orgullo de la prensa patria, que siempre se vanagloria de que su Real Federación de Fútbol la mima y premia con afecto mientras los temibles clubes la ningunea. Inevitablemente, también algunos futbolistas como Unai Simón se salen del tiesto y demuestra ser un verso libre, ganándose el reconocimiento del aficionado más sagaz. Raúl Asencio estuvo genial en todas sus comparecencias públicas. Ningún desliz del canterano. Aprobó con matrícula de honor donde otros compañeros suyos del vestuario merengue suelen cobardear en tablas. El único lunar para el canario es que lo convocaron para no hacerlo debutar. Es un feo importante al chaval, pero un gran botín para el Madrid, que ve cómo su retoño vuelve a Valdebebas sin un rasguño.
Decía que no conozco a nadie sensato que se ilusione cuando los parones llegan para romper el ritmo competitivo. No obstante, para el aficionado cromista, ese sujeto que es más fan de los cromos de los jugadores que de sus propios equipos, existe cierto regocijo en estos días. En el caso que nos ocupa, al Real Madrid le salen muchos pretendientes. Como vamos justos en el área defensiva, los futuribles son centrales. Dando por hecha la llegada de Trent Alexander-Arnold, la gran duda es el eje central.
Vuelve el Madrid. Vuelve el vértigo y el disfrute porque, como dijo Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa
Estos días se ha hablado mucho de Dean Huijsen, un simpático chico nacido en Ámsterdam pero que se siente más malagueño que Antonio Banderas. Es tal su amor que se nacionalizó español el pasado 21 de febrero de 2024, pues no en vano vivió en nuestro país desde los cinco años. El defensa del AFC Bournemouth es un central de envergadura, ambidiestro, inteligente y con una madurez impropia de su edad. A pesar de su juventud, ya ha pasado por Juventus y Roma. En la Premier League todos hablan maravillas de él y suena para el Manchester United. La semana pasada se apuntaba que su padre visitó Valdebebas y que el interés del Madrid es tal que al parecer la entidad estaría dispuesta a pagar los 50 millones que se piden por él.
El propio Dean Huijsen reconoce el interés del Madrid y se muestra encantado. Se dice que el seguimiento del club blanco viene de lejos e incluso hace algunos años lo trataron de incorporar a la cantera. Además, es un secreto a voces que Huijsen es un gran madridista y su ídolo es Sergio Ramos. Estos días con la Selección ni escondía su simpatía merengue. “Es un honor que un club así me tenga en sus planes”, repetía risueño.
Suceda lo que suceda con este chico, el Real Madrid necesita reforzar su defensa. Se hace evidente que es así. Por muy bien que vuelva Militao de su lesión, ya lleva dos ligamentos cruzados y es más que lógico pensar que necesite tiempo para readaptarse. David Alaba puede aportar mucho y asumir minutos que ayuden a descansar a Antonio Rüdiger. Es verdad que Asencio ha llegado para quedarse y que Aurélien Tchouaméni aporta mucho cuando baja a la posición de central. Todo esto es cierto, pero también lo es que necesitamos reforzar la defensa. Y cuando hablo de defensa lo hago extensible a los laterales. Doy por hecho que esta operación llevará tiempo e incluso temporadas, pero debemos apuntalarla.
Y como si nada, la temporada entra en la zona de candela, que dirían en América. Como un ciclón llegan los partidos importantes que se suceden en un abrir y cerrar de ojos. Para aterrizar tenemos tres encuentros seguidos en el Santiago Bernabéu: el Leganés, la vuelta de semifinales de Copa del Rey en casa con la Real Sociedad y, finalmente, el Valencia. Y, por supuesto, el partido de ida con el Arsenal en el Emirates Stadium. Vuelve el vértigo y el disfrute porque, como dijo Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa.
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Buenos días, amigos. Estamos llegando al final del túnel, ya se ve la luz. Aún está a cierta distancia, pero se atisba el Real Madrid-Leganés del sábado a las 21:00 en el templo blanco, en el Bernabéu. Cómo serán los parones de selecciones que estamos deseando que se dispute un partido de una liga adulterada. Pero adulterada con papeles, de manera oficial e indubitable.
Con lo de papeles, ya sabéis, nos referimos principalmente a que hay facturas del pago del FC Barcelona al vicepresidente arbitral Enríquez Negreira, aunque hay más documentación que demuestra el presunto delito que se quiere seguir tapando. Casualmente, el tapador mayor del reino, aka Albert Soler, es quien ha pedido que se suspenda el proceso judicial por defectos de forma en las prórrogas de la instrucción. Un tipo de antimadridistas pone pegas a las prórrogas y otro tipo a los penaltis.
Se cumple una vez más la máxima de que siempre tiene que hablar quien más tiene que callar. Albert Soler, recordamos de nuevo (las veces que haga falta), fue presidente del CSD y después director de Deportes Profesionales del Barça. Su relación con los Negreira está demostrada merced a unos mensajes que se intercambió con el hijo del clan, en los cuales le reportaba sobre la actuación (propicia para el Barça) de Gil Manzano en una eliminatoria de Copa frente al Atleti en la 16-17. En los mismos, el primogénito Enríquez le adelantaba ya que Clos Gómez sería quien pitase la final. Recordad que ahora nos quieren vender que ni unos sabían nada de Negreira ni los otros tenían poder en el CTA.
Tras su periplo en Can Barça, volvió al Gobierno. Curiosamente a un cargo inferior al que había ostentado, pero que le facultó ayudar a elaborar una Ley del Deporte que permitía que los delitos muy graves, como pagar millones de euros al vicepresidente arbitral, prescribieran ya. Después de realizar su trabajo, se marchó. Otra casualidad como que su segundo apellido sea Sicilia.
Y ahora pretende dar carpetazo al asunto por un quítame allá esas pajas con las prórrogas. Es como si un político se aupara al poder prometiendo solucionar la lacra de la explotación que sufren las mujeres por parte de las mafias de la prostitución y después se descubriera que es el mayor aficionado a la misma y además dedica recursos públicos a costearse el vicio. Sería una cosa de locos, ¿verdad?
Llama la atención también —en realidad, no— el malestar que despierta que se hable del asunto Barça-Negreira incluso entre quienes más claro se pronunciaron contra él (villarato engrasado). Es el caso de Relaño, que defiende que los trapos sucios se laven en casa en su columna titulada Mateu eleva el hedor de Negreira a la UEFA. En ella muestra su malestar por que Lahoz airee el mayor escándalo de corrupción de la historia del deporte solo porque a él le cae mal Mateu. Está feo delinquir, pero mejor que no se sepa por ahí, no sea que alguien tome cartas en el asunto y tenga consecuencias.
Hace 31 años, en su mismo diario, ya sabían cómo funcionaba el sistema de premios-castigos mediante el cual se dirigían las actuaciones arbitrales hacia donde interesaba. Comprobadlo en esta columna de 1994 de Sarmiento Birba rescatada ayer por @futbolgate_ES.
#ArchivoAS “Los despropósitos del CTA” - Octubre 1994
“…sus compañeros del Comité, Urizar y #Negreira, le están llevando al huerto… Gracia Redondo arrasó al RM en la última jornada liguera de Tenerife. Cuando se le debía sancionar con un mes de descanso, el CTA le premió…” pic.twitter.com/IJqi1JpafN
— Fútbolgate.com (@futbolgate_ES) March 25, 2025
Huelga decir a estas alturas que en las portadas no aparece nada de esto. Pero como parte de nuestro trabajo es comentarlas, nos ponemos las pilas y vamos a ello.
Hablando de pilas, el Madrid se ha puesto las AAA. AAA no es la Asociación Atlética Avilesina, ni la Asociación Andaluza de Archiveros, ni siquiera la Asociación Acuariófila Argentina, sino el binomio formado por Asencio y Alexander-Arnold, quienes junto a Carvajal protagonizan las portadas de los dos diarios madrileños.
La AAA merece crédito, no en vano la calificación AAA es la más alta que una agencia puede otorgar a una empresa o país
Cualquier información que aparezca en la prensa hay que tomarla con pinzas, pero parece claro que tanto la renovación de Asencio como el fichaje de Arnold son ciertos, a pesar de que aún no haya comunicado oficial. La contratación del lateral la anunció el 21 de enero Ramón Álvarez de Mon.
Lo que ha hecho Asencio esta temporada tiene un mérito ciclópeo. Su irrupción, su entrega, profesionalidad, aguante, sus aptitudes técnicas, tácticas y físicas, su regularidad, etc. Quizá no se haya valorado como merece.
Trent Alexander-Arnold es un jugador que puede aportar mucho al equipo, no solo en los córners a favor contra el Barça. Si como todo parece termina por enfundarse la elástica blanca, el club desea que dispute ya el Mundial de Clubes de este verano.
Marca apoda «Capitán América» a Carvajal y afirma que acorta los plazos de su recuperación con el Mundial de Clubes como objetivo. Es más importante que se reestablezca bien a que lo haga rápido.
Hay un hueco para el Real Madrid femenino (bien, Marca), que esta noche a las nueve se juega el pase a semifinales de Champions frente al Arsenal, club al que venció por 2-0 en el Di Stéfano. Deseamos que la moral que les ha infundido la primera victoria sobre el Barça les ayude a lograr este importante reto.
Leemos también que el Madrid de baloncesto dio otro paso hacia el playoff gracias a su triunfo sobre el Olimpia Milano, un rival directo. Los de Chus siguen optando al sexto puesto a falta de tres jornadas.
La prensa culé, como siempre, a sus asuntos. Sport opta por Lewy para abrir. El polaco cada vez está más fresco y joven, nos encantaría que compartiese su fórmula para lograrlo.
Mundo deportivo ha elegido al técnico del Barça para ilustrar su tapa y destaca características tan confidenciales de Flick como que «es amable y calmado, pero también tiene sus “prontos” explosivos y no tolera la tardanza y las excusas» o que es «estricto con quien rompe las normas, sabe mostrarse generoso y cultivar los vínculos con su entorno y sus pupilos». Asombroso, ¿verdad?, no existe nadie en el mundo con esas características tan particulares y tan poco generales.
Pasad un buen día.
Para nadie con dos dedos de frente y el corazón en su sitio será desconocida la inhumana campaña de acoso montada en contra de un hombre de piel negra y camiseta blanca, el gran Vinícius Jr. Sucede que la piara mediática le colocó en la espalda una diana para cebarse con él desde su llegada. Primero hicieron de sus constantes pifias una fuente inagotable de carcajadas y después, viendo con mezquindad y asombro el crecimiento exponencial de un talento pulido a conciencia en las miles de horas de trabajo disciplinado en Valdebebas, echaron mano de su arma favorita: la difamación. Construyeron un personaje a modo otorgándole las características arquetípicas del villano deportivo: chulería, arrogancia, inmadurez, prepotencia, egolatría y demás lindezas. Se dijo de él que buscaba siempre provocar a sus adversarios tanto como a las aficiones locales, lo que lo volvía un mal ejemplo para los niños de España, del mundo y de la galaxia: había que machacarlo. Se impuso, pues, el escarmiento como vía pedagógica.
Día sí y día también los espacios deportivos radiofónicos abrían sus emisiones con el fusilamiento del sudamericano. No faltaban risas celebratorias porque en el gremio periodístico la vileza —lo sabemos todos— es el pan mugriento de cada día. Vinícius era un mal salvaje, una criatura insumisa que cometía el pecado contra el espíritu, el imperdonable error de querer salvaguardar con hechos y palabras sus muy propios y personales intereses. Estamos en 2025 y por lo visto la desobediencia civil de un afrobrasileño sigue siendo un asunto in-to-le-ra-ble. Injurias y epítetos aparte, la vara con que se le mide es sobradamente retorcida y el juicio vicioso que de él se hace se ha normalizado a tal punto que ya nadie se lleva las manos a la cabeza: la injusticia ha dejado de enrojecer rostros como signo de irritación moral.
Desde la irrupción global de Vini me he preguntado a qué se debe la ferocidad de los ataques que debe recibir a diario, particularmente en España, hay que decirlo. Tal vez pequé de ingenuidad, pero me sorprendió ver desde los primeros días un particular refinamiento en la malignidad con que actuaban sus detractores. No se ocultaban, no echaban mano de ironía o de la frase sibilina, no: iban a pecho descubierto y con el cuchillo entre los dientes. Lo del capirote blanco y las cruces en llamas parece ser asunto de otros tiempos. Lejos de avergonzarse por semejantes prácticas de linchamiento, se envanecían inflamando el pecho para mostrar las medallas de cada uno de los escupitajos que le lanzaban al futbolista desde el púlpito.
Recuerdo que en más de una tertulia (o en redes sociales) se repetía aquella tontería mayúscula de que no lo atacaban por ser de raza negra sino por jugar en el Real Madrid. La gente que decía esto parecía creer que ambas circunstancias son mutuamente excluyentes; sin embargo, todos sabemos que se puede ser antimadridista y racista. ¡Cómo si fuera muy difícil comprenderlo! Por si todo esto no bastara, hace algunas semanas descubrí en una tertulia radiofónica una nueva variante del ultraje programado. Cierto participante de otro aquelarre anti-Vinícius afirmaba más o menos lo siguiente: “Es que es muy feo, es muy caricaturizable”. En ese momento yo escuchaba el audio mientras montaba mi bicicleta de camino al trabajo y casi termino en el suelo, sorprendido por la naturalidad con que aquello fue tomado por los contertulios: nadie se indignó, nadie matizó, nadie le reprochó al mentecato de marras semejante despropósito. Nadie, absolutamente nadie. Al parecer hay criaturas que viven empozadas en su muy personal e incurable animalidad decimonónica.
Se repetía aquella tontería mayúscula de que no lo atacaban por ser de raza negra sino por jugar en el Real Madrid. La gente que decía esto parecía creer que ambas circunstancias son mutuamente excluyentes; sin embargo, todos sabemos que se puede ser antimadridista y racista. ¡Cómo si fuera muy difícil comprenderlo!
Teniendo en cuenta este contexto y con su venia, pregunto retóricamente lo siguiente: ¿a alguien le sorprenden los aspavientos de Vinícius en el campo? ¿Creen que es posible soportar el agobio quemante del desprecio masivo durante tanto tiempo sin menoscabo de nuestro mundo interior? A mí no me chocan sus desplantes furibundos, incluso los aliento como una manifestación rebelde de alguien cuya dignidad y honor han sido ensuciados con total impunidad por comunicadores delincuenciales, al igual que por miles de corifeos embozados en las letrinas tuiteras, por no mencionar la sucia complicidad de no pocos “madridistas”. Vinícius se comporta en ocasiones como un imbécil, pero para su mala fortuna aún no consigue que le llamen imbécil a secas: antes deben añadir el “negro” o el “mono”, calificativos que buscan deshumanizar al hombre que inexplicablemente odian.
El comportamiento simiesco de quienes espetan semejantes desprecios es autoparódico y también trágico: encarnan como nadie precisamente aquello que dicen repudiar. Ellos son el reflejo de una sociedad exaltada y absolutamente rota. La tarde en que el atacante brasileño del Madrid se paró frente a una rabiosa multitud en Mestalla para señalar con índice flamígero a sus agresores me di cuenta de que estaba contemplando una imagen icónica, como la de aquel estudiante chino en Tiananmén que, sin más armas que su cuerpo y su conciencia, se plantó de pie ante los tanques comunistas. Es así, nos guste o no: si queremos defender la dignidad personal, la libertad y la autonomía de nuestros íntimos dominios, también tendremos que salir a torear tortugas alguna vez. A los miserables hay que llamarlos por su nombre y apellido, pero sobre todo, que no se nos olvide nunca, hay que mirarlos siempre a la cara. “Ya no te tengo miedo, has perdido todo poder sobre mí”, dicen que le dijo Séneca a Nerón. Pues eso, Vini escucha y sonríe, y baila y se va ganando un lugar en la historia jugando al fútbol como los propios ángeles. Mientras tanto, sus acusadores siguen cavando el pozo ciego del olvido que tanto merecen.
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Decía Rafael de Paula que al torear uno debía crujirse por dentro. Arda Güler, que no es torero sino futbolista, se cruje por dentro. Desprende el aroma de lo incierto, provoca la palpitación de lo imprevisible, anuncia el brillo inaprehensible del genio. Un genio contenido en un cuerpo de niño, lámpara de Aladino que no debe ser frotada sino acariciada, casi incubada. Güler no juega al fútbol, sino que lo siente. Un fútbol hecho de temple, esa cosa que inventó Juan Belmonte, quien trastabillaba las palabras y mecía las acometidas del toro en el vuelo lento de sus muñecas. Los tobillos de Güler son las muñecas de Belmonte, de De Paula, de Curro Romero. Un fútbol hedonista, más para el recuerdo que para el presente, demasiado exquisito para la inmediatez. Como un buen brandy que requiere calma, sosiego, contemplación para ser saboreado con plenitud. Un fútbol que trasciende el ahora porque nace preñado de eternidad.
Güler no juega al fútbol, sino que lo siente. Un fútbol que trasciende el ahora porque nace preñado de eternidad
El tendido del 7 del madridismo, siempre tan presto a la almohadilla, ya lo ha sentenciado por no romper en Modric antes de abandonar la adolescencia. Pero Güler sigue impertérrito, con la confianza de los ungidos, proclamando su fe en el triunfo, o sea, su madridismo. A Güler a veces se le trastabilla la impaciencia de la afición, pero tengo para mí que eso es más un acicate que una rémora para su espíritu indomable. “Acabo de tomar la alternativa y ya me exigen de primera figura; qué mayor reconocimiento podría esperar”, parece decirse.
Güler con el balón se pone a compás, como el gitano que no es pero acaba siendo. Y el respetable calla en el silencio de la expectación, sentado en la antesala de la genialidad, presintiendo la chispa de la inspiración tras la puerta del próximo giro de tobillo. La cabeza alta, la mirada fija, Güler se abandona en el cuerpo lánguido y desmanejado y se va de los rivales quedándose, embarcándoles en el engaño para que sean ellos los que se muevan. Decía Corrochano que lo que hay que mirar son los pies del torero en el centro del pase, cuando se está pasando al toro, y los pies de Güler en el instante supremo tienen la quietud estatuaria de la posteridad y la agilidad ingrávida del bailarín. Y de repente, de la nada, misterio insondable de los elegidos, el arte se vuelve mando y un golazo de bandera sacude las redes y la grada, y el rival dobla con el estoconazo, y la plaza se viene abajo.
El tendido del 7 del madridismo, siempre tan presto a la almohadilla, ya lo ha sentenciado por no romper en Modric antes de abandonar la adolescencia. “Acabo de tomar la alternativa y ya me exigen de primera figura; qué mayor reconocimiento podría esperar”, parece decirse
El tendido del 7 del madridismo, siempre orgulloso de confundir impaciencia con exigencia, ya lo ha sentenciado por no tocar el cielo con los dedos cada quince minutos. Pero Güler sigue impertérrito, con la determinación de los llamados para la gloria, dispuesto a triunfar en el Madrid. Crujiéndose por dentro.
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La etapa de Baltasar Albéniz en el Real Madrid duró seis años. En ese tiempo tomó las riendas del equipo en tres periodos diferentes, completando una campaña completa y dirigiendo partidos en otras dos temporadas. Además, colaboró estrechamente con Quincoces, en su ciclo como delegado del equipo de fútbol, y ocupó el cargo de ayudante de Mr. Keeping y Héctor Scarone cuando el inglés y el uruguayo aterrizaron en la capital respectivamente. Su mayor éxito como madridista fue revalidar el título de la Copa en 1947.
Nacido en la localidad guipuzcoana de Eibar el 6 de enero de 1905, primero fue futbolista en diversos equipos vascos. La mayoría de su carrera la desarrolló en el gran Alavés de finales de los años 20 y principios de los 30, que contaba en su plantel con Ciriaco, Quincoces, Lecue, Olivares, Fede o Antero. También vistió las camisetas de la Unión Deportiva Eibarresa, Donostia (actual Real Sociedad) y el Arenas de Guecho. Albéniz era un futbolista polivalente que actuaba como interior en ambos perfiles, de medio ala y en ocasiones de delantero centro. Brillaba por su estilo refinado, su calidad con la pelota en los pies y su visión de juego, lo que llevó a su compañero Quincoces a apodarle ‘El cerebro’. En la última temporada antes del estallido de la guerra civil inició su periplo en los banquillos entrenando al Arenas. Después del conflicto bélico se sentó en los banquillos de Alavés, CA Osasuna, Celta y RCD Español hasta que el Real Madrid lo contrató en 1946.
El cuadro merengue había levantado la Copa de la mano de Quincoces, pero en la directiva, con Bernabéu a la cabeza, pensaban que hacía falta un cambio porque el entrenador vasco tenía muchos jugadores a sus órdenes que habían sido compañeros suyos y eso le restaba cierta autoridad ante la plantilla. El diario MARCA, en su edición del día 26 de junio de 1946, anunciaba la firma de Albéniz por el cuadro blanco. El mandatario madridista confirmaba que era el vasco y no Bonet, como se rumoreaba: “Se trata de Baltasar Albéniz, el antiguo jugador del Alavés, que en la última preparó el equipo del Español y anteriormente el del Celta. Quincoces ocupará el de delegado de fútbol y es él precisamente quien nos ha sugerido la idea de traer a Albéniz”.
Entrado el mes de julio hubo movimientos en la plantilla. El club dejó en libertad a Castivia, Porro, Tamayo, Rives, Estomba, Ajero, Palacios y Arzanegui. El principal fichaje para la siguiente temporada iba a ser Luis Molowny, al que cerró unas semanas antes Quincoces en un viaje relámpago a Canarias. También se firmó al grancanario Juan Rodríguez Gallardo, y durante la campaña se incorporaron los arqueros Ferrús y Sureda y el joven extremo Pedro Arsuaga. Los entrenamientos comenzaron el 22 de agosto en Chamartín y el primer partido de pretemporada el 1 de septiembre. Albéniz, que llegaba recomendado por Quincoces, era en palabras del periodista Belarmo un “hombre de escasas palabras, pero de hechos diáfanos, señor de respeto y de lúcidas ideas contrastadas a lo largo y ancho de su andadura por los diferentes clubes a los que perteneció”.
Invictos durante la pretemporada, el equipo comenzó la Liga con optimismo para conseguir un buen resultado. Un campeonato en el que jugarían como locales en el estadio Metropolitano que el Atlético se había prestado a ceder dado el inicio de las obras del nuevo Chamartín. El estreno con empate en Oviedo no fue el soñado, pero a continuación los madridistas encadenaron cinco victorias en la seis siguientes jornadas. Solo se cayó en San Mamés. El equipo blanco se había sobrepuesto a la lesión de Bañón y la rebeldía de Clemente, que continuaba con tiranteces con la junta directiva. Hasta entonces no se había estrenado Molowny, cuyo debut se había decidido aplazar un tiempo para que no ocurriera lo mismo que unos años antes con el mexicano Borbolla, que de tanta expectación la presión le superó. Poco a poco Albéniz iba dando con su esquema y en la jornada 11 se produjo el debut de ‘El Mangas’ contra el F.C. Barcelona. El canario marcó y dio la victoria a los merengues, que se aupaban al liderato empatado a puntos con su vecino rojiblanco. El técnico vasco parecía que había encontrado su alineación ideal formada por Bañón; Clemente, Corona; Pont, Ipiña, Huete; Alsúa, Molowny, Pruden, Belmar y Vidal.
En Navidad se produjo un acontecimiento histórico para el fútbol español: la gira de San Lorenzo de Almagro. El legado que dejó por su forma y estilo de juego perduró en la memoria de los aficionados muchos años. Casi todos sus rivales, algunos de mucha entidad como la selección española y el Atlético de Madrid, fueron goleados. El único equipo que logró ganarles fue el Real Madrid, el 25 de diciembre. El público abarrotó el Metropolitano, que esperaba otra victoria clara de los cuervos. Sin embargo, el que asombró por juego a los espectadores y a los jugadores argentinos fue el equipo blanco. Una crónica dijo lo siguiente: “El Madrid, completamente lanzado al ataque, impuso su juego veloz, desconcertante y compenetrado. Fue un primer tiempo de verdadera antología”. Los madridistas vencían 3-0 al descanso y en la segunda parte, aunque su nivel no se aproximó a de los primeros 45 minutos, aguantaron a San Lorenzo y acabaron ganando por 4-1 con dianas de Pruden (2), Belmar y Alsúa; Martino marcó para los argentinos.
Tras esta gran victoria, muchos empezaron a pensar en el Real Madrid como campeón de Liga. Sin embargo, la segunda vuelta de la Liga fue mediocre y toda una desilusión para el club. Solo cinco triunfos en trece jornadas, lo que provocó que cayese hasta el séptimo puesto de la tabla de la clasificación. Una de esas victorias fue en la última jornada contra el Atlético de Madrid en el Metropolitano por 2-3, cuando los rojiblancos se estaban jugando el título. Esa derrota hizo que se quedaran sin opciones y la Liga volase a Valencia.
Una semana después de concluir la competición doméstica comenzó la Copa. No había demasiadas esperanzas porque el equipo no carburaba y estaba bajo de moral. El debut en Ferrol fue con derrota por la mínima y se hubo de remontar en Madrid gracias a los tres tantos de Pruden y uno del capitán Ipiña. En la ida de octavos de final, el golpe en Sevilla ante el Real Betis fue muy duro, con un 4-0 encajado. Nadie esperaba una remontada y se daba por eliminados a los blancos. Pero en la capital los pupilos de Albéniz dieron una gran lección de superación, con un juego profundo y veloz. El Real Madrid ganó por 6-0 con tres goles de Barinaga y uno de Vidal, Molowny y Pruden. La nota negativa fue la lesión de Belmar por una entrada de Mariano. El alicantino no lograría recuperarse plenamente y no volvió a jugar un partido oficial en su carrera.
Ese gran triunfo dio alas a los madridistas, que ya solo contaron por victorias el resto de partidos. En cuartos apearon al Castellón y en semifinales esperaba el Atlético de Bilbao. Un tanto de Rafa a escasos minutos del final dio ventaja al Real Madrid para ir a San Mamés. En ‘La Catedral’, el plan de Albéniz fue con precauciones defensivas y jugar al contraataque. Funcionó y, con aplomo y entereza, un solitario tanto de Molowny otorgó otra enorme victoria en un campo siempre complicado. El Real Madrid estaba en la final y por tercera vez el rival iba a ser el RCD Español, que se había llevado los otros dos títulos. Hubo polémica por la sede del partido, que sería Riazor en La Coruña. La plantilla, con Albéniz, Quincoces y el directivo Echániz al frente, viajó en tren para concentrarse en el balneario de Arteixo.
Antes del partido, Albéniz declaró que salvo contingencias imprevistas o enfermedades el equipo que saldría sería “el mismo que eliminó al Atlético de Bilbao. Creo que el conjunto se encuentra actualmente en gran forma, no solo en cuanto a juego, sino también de moral”. El choque fue muy igualado y se decidió en la prórroga. Mucho juego duro e incluso violento. El equipo blanco dominó en mayores tramos, pero la defensa periquita estuvo magnífica. En la segunda parte de la prórroga aparecieron primero Vidal, con un disparo potente, y Pruden, en jugada individual, para anotar dos goles y dar la novena Copa de la historia a los merengues. En el último minuto, Corona, que repelió una agresión a su compañero Pruden, se unió a los expulsados en la segunda mitad: Molowny por los madridistas y Celma por los blanquiazules. En los vestuarios, el entrenador eibarrés declaró que “hemos ganado bien y jugó más el Madrid. No hubo muchos remates, es cierto, pero también es innegable que tuvimos más suerte, sobre todo en el primer tiempo”.
El recibimiento en la capital fue apoteósico, repitiéndose las escenas del año anterior. Miles de aficionados esperaron y ovacionaron al autobús jugadores (que saludaban emocionados por las ventanillas) desde la estación del Norte, en el Paseo de la Florida, hasta la plaza de la Villa, donde fueron recibidos cerca de las nueve y diez de la noche por el alcalde don José Moreno Torres, ‘Conde Santa Marta de Babío’. Allí quedó el trofeo sirviendo de omato en las vitrinas municipales. Luego, los jugadores salieron al balcón de la Casa Consistorial para dirigir unas palabras a los hinchas que se encontraban abajo. Mientras sonaban los vivas incesantes habló primero el alcalde y luego Santiago Bernabéu. Para concluir, el público fue nombrando uno a uno y a coro a todos los campeones.
A finales de junio, el diario MARCA confirmaba en su portada que Albéniz seguiría un año más en la casa blanca. Sin embargo, de cara al siguiente curso habría novedad en cuanto a sus funciones. Quincoces iba a pasar a tener mayor poder de decisión en cuanto a jugadores y táctica, mientras que Albéniz se iba a centrar en la preparación física. El dúo que tan bien se compenetraba seguiría en la dirección técnica de los blancos. En la entrevista del medio deportivo, el técnico vasco afirmaba que “hasta última hora no concretamos, porque las intenciones eran de traer de Inglaterra un entrenador. Pero por ahora continuaré en las funciones, en colaboración con Quincoces. Es el técnico en la formación del equipo, en adquisiciones, en todo lo que el club precisa, porque es el jefe de todos los que tenemos una misión dentro del conjunto como profesionales. Mi labor, limitada a la preparación, será siempre de acuerdo con las observaciones de Jacinto”. Respecto a si estaba contento por su labor la anterior campaña respondió que “más que de mí de los jugadores. Hubo que luchar con muchos inconvenientes; pero con el sentido del deber y la disciplina que son las cualidades que resaltan en el Madrid”.
Albéniz acompañó a Quincoces en la siguiente temporada y estuvo presente en otro hito del club: la inauguración del nuevo estadio de Chamartín el 14 de diciembre de 1947 frente a los portugueses de Os Belenenses. El equipo estaba teniendo un curso con tramos de juego brillante, efectista y vistoso. Pero poco práctico. Y así llegaban las derrotas. Las dos últimas, a comienzos del año 1948 ante el Alcoyano a domicilio y el Gimnástico de Tarragona en Chamartín, provocaron una crisis en el Real Madrid. El día 15 de enero la junta directiva prescindió de los servicios de Quincoces. El cuadro blanco fichó al inglés Mr. Keeping, pero tardaría dos semanas en llegar y Albéniz se quedó como único responsable técnico del equipo. El eibarrés tomó las riendas y dirigió el partido con victoria ante el Sabadell en casa por 4-0 y el choque en Les Corts con triunfo culé por 4-2. En la entidad madridista se tenía en buena estima a Albéniz y decidieron que continuara el resto de la campaña como ayudante de Mr. Keeping, que llegaba a un país nuevo, a una Liga desconocida para él y sin saber una palabra de castellano. El final liguero fue un trauma y una agonía que casi da con el equipo en Segunda división.
A mediados del mes de junio de 1948, se confirmó que Albéniz había vuelto a firmar por club merengue por una temporada más para seguir al lado del técnico inglés. Mr. Keeping iba a tener la oportunidad de firmar a jugadores de su gusto y empezar desde cero una campaña. El equipo mejoró las prestaciones y luchó por el título, pero el Real Madrid descabalgó en las últimas jornadas y terminó tercero. Albéniz renovó de cara al curso 1949-50. En noviembre, incluso, se convertía en entrenador oficial del Real Madrid porque la FEF puso problemas a la ficha federativa de Mr. Keeping. Pero el inglés era el que mandaba en la parcela técnica. Otra vez el cuadro madridista peleó por la Liga acabando cuarto a dos puntos del campeón. La dupla del inglés y el eibarrés inició la temporada 1950-51, pero no la finalizarían juntos. En la jornada 7, una durísima derrota en La Coruña por 5-0 fue la tumba para el entrenador británico. Se le apartó momentáneamente de la dirección y se le mandó a Vigo a realizar unas gestiones sobre unos futuros fichajes hasta que el club tomase una determinación. Su despido se hizo finalmente oficial nueve días más tarde del partido en Riazor.
Baltasar Albéniz cogió las riendas en su tercera etapa como entrenador blanco. Los jugadores molestos y hartos de los métodos de entrenamiento de Keeping agradecieron el cambio. El Real Madrid tuvo algunos buenos momentos en los cinco meses que el vasco permaneció en el cargo. Sin embargo, en la gerencia tenían claro que buscaban un entrenador de prestigio en Sudamérica y ficharon al uruguayo Héctor Scarone, que dirigía a Nacional de Montevideo. Cuando aterrizó el charrúa, Albéniz, como hombre de club, se mantuvo en el equipo y pasó a ser el segundo entrenador. Curiosamente, en los primeros meses, y como ocurrió con Mr. Keeping, el técnico vasco tuvo que poner su licencia para figurar como entrenador principal del Real Madrid hasta que Scarone aprobara el cursillo nacional de preparadores. La pareja continuó al frente del equipo también la temporada posterior de 1951-52, la última de Albéniz en la institución merengue, en la que también combinó su papel en el Real Madrid con ser ayudante de Ricardo Zamora en la selección española.
El proyecto blanco sufrió una remodelación en el verano de 1952 que incluía el banquillo. Se firmó de entrenador a Ipiña, que tendría de ayudante a Villalonga para la preparación física. El 7 de junio de 1952 se hizo oficial la marcha de Albéniz del Real Madrid tras seis años de servicio en diferentes cargos. Se le ofreció el puesto de entrenador infantil del equipo madridista, pero prefirió quedar en libertad. Como le restaba un año de contrato recibió una compensación económica correspondiente a los meses de la temporada 1952-53, y en caso de no haber encontrado equipo para entrenar en octubre, sería retribuido con una cantidad acordada por el club. Su trayectoria por los banquillos españoles prosiguió a partir del curso 1953-54 en el Atlético Tetuán y más tarde también entrenó al CA Osasuna, con el que ascendió a Primera; al Atlético de Bilbao, con el que ganó una Copa en la final al Real Madrid en 1958; y a la UD Las Palmas, Celta, Real Sociedad, CA Osasuna en dos etapas más, Indauchu, Tudelano e Iruña.
En sus últimos años de vida de afincó en Iruña apartado de fútbol, aunque siempre interesado en todo lo relacionado con el balón. A mediados del año 1978 sufrió una embolia de la que recayó posteriormente para fallecer el 29 de noviembre a los 73 años de edad en Pamplona.
Fotografías: archivo de Alberto Cosín
Capítulos anteriores:
1.- Entrenadores del Real Madrid: Mr. Firth
2.- Entrenadores del Real Madrid (II): Kinké
3.- Entrenadores del Real Madrid (III): Berraondo
4.- Entrenadores del Real Madrid (IV): Quincoces
5.- Entrenadores del Real Madrid (V): Quirante
Buenos días, amigos. El mecanismo del parón de selecciones es siempre el mismo. El primer día (a veces los dos primeros, dependiendo de la intensidad de las polémicas) se atiende a la resaca de la última jornada del fútbol de clubes. A partir del segundo o tercer día, las portadas empiezan a ocuparse de la selección. Cuando esta ya ha jugado los dos partidos correspondientes y la mayoría de los futbolistas están emprendiendo el camino de vuelta a sus clubes, la atención de las portadas vira de nuevo en dirección a estos, generalmente dentro del subapartado rumorología, ya sabéis, fichajes, renovaciones y otras manifestaciones más o menos ilusionantes de pajiplantilleo. Un par de días antes de que vuelva de hecho la liga, las portadas pasan a hablar de esos partidos, ocupándose de sus previas.
Conocemos el patrón como si lo hubiéramos parido. No en vano son ya casi diez años, amados lectores, trasladando cada mañana los apasionantes contenidos de las primeras planas de la prensa del día a la mesa de vuestro desayuno. Nunca antes lo hemos hecho, pero aprovechamos la ocasión para advertiros que ingerís demasiados hidratos durante el mismo. Disculpad que nos tomemos la libertad de afearos el tema, llevamos un tiempo dudando si atrevernos. No abuséis de hidratos, ni siquiera en la primera ingesta del día. Comed mejor proteínas a tutiplén (hay que decir más “a tutiplén”), incluyendo huevos dado que estos ya no incrementan el colesterol, como se nos decía antes y a falta de un nuevo viraje en los consejos dietéticos de los expertos, mucho más impredecibles que las portadas.
Como veis, As está ya de lleno en la fase de vuelta al fútbol de clubes, concretamente en el apartado rumorología. Esta vez, además, lo hila a la perfección con el tema que le ha ocupado en las últimas primeras planas, dado que el protagonista del rumor de clubes es un jugador de la selección. Se trata del joven, espigado y excelente central Dean Huijsen, que suena para el Madrid. Al parecer, suena para el Madrid y sueña con el Madrid. Nosotros también soñamos con él. Tiene clase para aburrir, y se nos ocurre que, para el futuro, se complementaría perfectamente con Asencio, quien por cierto aparece en los altillos de As también, a propósito de su “boom”. Ha multiplicado por cien su valoración, convirtiéndose así en un activo importante para la entidad. ¿Seguirá siéndolo? Ojalá, porque es extraordinario, aunque confesamos que no nos divierten las filtraciones respecto al interés de otros equipos de cara a la renovación.
Marca ha debido agarrar a Güler de singladura por el Danubio (estuvo en Budapest jugando con su selección) o en un descanso con los fisios, y se conoce que le ha hecho un par de preguntas. Consuela saber que Arda sigue confiando en sus posibilidades y está convencido de que triunfará en el Madrid tarde o temprano. No queremos perder a Arda, aunque en su caso cabe preguntarse si es realista pensar en su triunfo a medio plazo con la saturación de talento que goza el Madrid en el frente de ataque (para nosotros, el turco es eminentemente un atacante, no tanto el sucesor de Modric como se ha planteado que podría ser). Quizás una cesión pueda ser una buena idea si se acierta con el equipo de destino. No sabemos, y no nos consideramos cualificados para conocer la respuesta a esta bendición en forma de problema, o viceversa.
Entretanto, la prensa cataculé sigue a sus cosas, entre las que se cuenta la queja de la Presidenta de la Liga F, o sea, la versión femenina de Tebas (no se nos enfade, Dña. Beatriz). Se queja la buena mujer de las colegiadas de la competición. ¿Tendrá algo que ver el revuelo completamente artificial que al respecto han armado las jugadoras del FC Barcelona tras perder por primera vez contra el Real Madrid y aplicárseles correctamente el reglamento por la interferencia del fuera de juego posicional en el gol anulado a ellas? Algo nos dice que sí, fijaos qué cosas. Ayer, de hecho, corría por los mentideros la noticia de que las futbolistas culés desean, a resultas de este ACIERTO arbitral, que les arbitren hombres.
Si en la sección femenina del FC Barcelona quieren de verdad que les arbitren hombres, tenemos un candidato perfecto. ¿Cómo no se les había ocurrido antes?
Pasad un buen día.
El enésimo parón de selecciones, a cuenta de la infumable Nations League que se ha inventado la UEFA, no reviste más interés que el antropológico. Por un lado, no deja de sorprender la revitalización del fútbol internacional. En una época en la que ya nadie cree en los Estados-nación resulta que las selecciones cobran un nuevo ímpetu. Por otro lado, estos partidillos sin sustancia permiten ver mejor el relevo generacional que se está produciendo en la aristocracia del balompié moderno. La nouvelle vague toma definitivamente el control al tiempo que los últimos representantes del mundo de ayer, Cristiano Ronaldo y Luka Modric, alargan el crepúsculo de sus carreras como esos toreros que nunca quieren cortarse la coleta.
En el planeta Lamine, donde todo es aura, padreadas históricas, “edits” de TikTok, veladas de influencers, youtubers y todo tipo de espectáculos de variedades con streamers, tanto Modric como Ronaldo son vagones del Orient Express que siguen circulando. El tiempo y los años los están arrugando como si fueran pasas. Van a quedarse en la pura fibra llevando al límite aquella teoría del un año más, un kilo menos. Los dos, que con Messi, Benzema y Sergio Ramos han esculpido el rostro del juego en los últimos quince años, se amojaman mientras sueñan con un último Mundial, el de 2026. Al que van a llegar como el Cid en su última carga de Valencia, muerto encima del caballo.
Disponer de él como veintiminutista de lujo es como poder recurrir a Buonarroti para alicatar el baño en una emergencia
Sin embargo, hay belleza en ese empeño imposible por detener el tiempo. Ronaldo y Modric son como Josué, que quiso parar el sol hasta que pudiera acabar con todos sus enemigos y Dios se lo concedió. Ambos encarnan la esencia misma de la idea de jerarca y, siendo justos, nadie tiene más derecho que ellos de prolongar sus vidas profesionales en esta ilusión de permanencia en la que viven desde hace tiempo. El rendimiento del croata sigue siendo satisfactorio. Disponer de él como veintiminutista de lujo es como poder recurrir a Buonarroti para alicatar el baño en una emergencia.
Ronaldo, no obstante, parece atrapado en una negación de la realidad. El domingo leía a Isabel Coixet en el XL Semanal, que citaba a James Baldwin. El escritor americano decía que el ser humano actuaba de un modo extraño ante la única certeza realmente existente, que es la de la muerte: “nos aferramos al poder, a los coches, a hacer dinero, a las propiedades, a los viajes espaciales, a las vitaminas, al deporte, a las drogas, al alcohol, a los hobbies, a la posteridad”. Y así “nos encarcelarnos en tótems, tabúes... razas, ejércitos, banderas, naciones, todo para crear una falsa sensación de seguridad”. La falsa sensación de seguridad de Ronaldo es él mismo: él es su propio tótem y se agarra con desespero a la imagen, cada vez más deformada, que le devuelve el espejo, convencido de que sigue siendo el rey. Mientras él disputa la Champions asiática y viaja a Teherán, Bakú o Birmania con su equipo árabe, Modric aún danza sobre el filo de una Copa de Europa. No hay nada tan cruel como el tiempo. Acaso el fútbol, por eso este juego, que no deporte, se parece tanto a la vida.
Puede que el Madrid y Cristiano nunca se dijeran que el uno, para el otro, fueron lo mejor que pudo haberles pasado nunca. A lo mejor, con Modric, el madridista compensa aquel desplante con el portugués que tanto se pareció al amor, por el lado del despecho
La segunda película que dirigió Coixet se llamó Cosas que nunca te dije. Puede que el Madrid y Cristiano nunca se dijeran que el uno, para el otro, fueron lo mejor que pudo haberles pasado nunca. A lo mejor, con Modric, el madridista compensa aquel desplante con el portugués que tanto se pareció al amor, por el lado del despecho. También, observando la terrible Nations League, pienso que habría que decirle a los nuevos cracks de ahora que ellos, también, serán viejos un día. Tutto passa. El fútbol, en sólo una generación, ha pasado de ser un drama griego a tomar los coloretes ridículos de una sitcom banal. Es el signo de los tiempos. Todo ha perdido solemnidad. El fútbol, sin lo solemne, se queda en un espectáculo bajo, de poco interés. En su decadencia lo sostiene el Madrid, que parece que ya gana con el único objetivo de salvar al fútbol de sí mismo.
Todo es ahora exaltación absurda de la juventud, convertida en un valor y en un destino en sí misma. A pesar de lo grotesco que a veces resulta la imagen de Ronaldo chutándole obsesivamente a las dunas del desierto, como cuando Mark Lenders, en Campeones, les daba balonazos a las olas, los niños ven en él y en Modric referentes anacrónicos de una lucha agónica contra la muerte. Todos, hasta los críos, saben cuál es el final de la historia. Pero ¡qué viaje tan bonito! Cuando se retire por fin el 10 del Madrid quedará, del fútbol pretecnológico, su rostro fusionado con el césped, como si se tratara de una cara de Bélmez: a sus piernas le saldrán raíces y su talento, reducido a una expresión mínima, fosilizado, convertido en materia, será una especie de mapa donde ya cada vez menos podrán leer las coordenadas antiguas del juego que el mundo amó durante casi dos siglos.
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De un tiempo a esta parte los panenkitas gozan de una vida más desahogada con el petróleo que emana de Transfermarket. Para el que todavía no lo conozca —seguro que lo ha visto mencionado en artículos de relleno tan propicios en estos días de entreguerras de competiciones de verdad—, es un portal de datos futbolísticos a cholón: estadísticas, resultados, puntuaciones, noticias… Pero el más conocido y relevante es el de la tasación de jugadores, argumento de informaciones y premisa para representantes avispados. Toda una mina, decíamos, en manos de los apasionados del fútbol allende los equipos grandes o patrios. Aunque, paradójicamente, su consulta les haya restado cierto halo bohemio por la pornográfica accesibilidad de lo antes escondido. Pero ese es otro tema.
Refiero la herramienta por el incremento del valor de Raúl Asencio, jugador empeñado en terminar con el calificativo de promesa desde el primer día. De 0,5 millones, según Transfermarket, ha pasado a tener un precio de mercado de 30 millones. En el top-3 de subidas, por detrás de Lamine Yamal y Cubarsí, hay algo que jamás podrá cuantificar una estadística: el valor circunstancial de un jugador. Y me explico.
De no torcerse su progresión —de todo se ha visto—, más allá de los títulos que el Real Madrid consiga este curso, concluiremos que Raúl Asencio ha sido la gran victoria, el mayor triunfo del año. Y por varios motivos.
Para empezar, la historia. Venderán lo que les cuadre para justificar la rentabilidad de la Fábrica y su capacidad para exportar futbolistas a otros clubes pero, por muchos fuegos de artificios contables y de propaganda, la finalidad última de una cantera será siempre la misma: convertir el talento en material aprovechable para el primer equipo. La explosión de La Quinta no debe acumular polvo en la vitrina de los mitos, sino hacerse presente en las planificaciones del club. Con el actual modelo de negocio, reconocemos que es una quimera repetir una hornada de ese calibre, pero hay ejemplos no tan lejanos (el propio Lamine, Casadó, Fermín…) que abren la vía de la esperanza. Y también suponen un toque de atención. ¿Podría Gonzalo subir al primer equipo de forma definitiva el próximo año, por ejemplo?
De no torcerse su progresión —de todo se ha visto—, más allá de los títulos que el Real Madrid consiga este curso, concluiremos que Raúl Asencio ha sido la gran victoria, el mayor triunfo del año
En segundo término, hete aquí que la aparición Asencio, que ni siquiera era la opción principal a la que agarrarse, supone un refuerzo en la línea más castigada del Madrid en los últimos años. Y no sólo por las lesiones, sino por el futuro. El bueno de Penaltis Rüdiger y El hombre pegado a una silla, Alaba, ya superan la treintena, por lo que la búsqueda de herederos, más allá de Militão, hace tiempo que sobrepasó la línea de la obligación irrenunciable. Y ahí se ha plantado Asencio, al que las prisas de la ¿crítica? ya le ha encontrado parecido con Sergio Ramos. Aunque más le convendría al Madrid que se consolidara con la testarudez de Nacho y la relevancia de Sanchís. Por soñar…
El tiempo, sus botas y su cabeza tendrán la respuesta.
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Buenos días, amigos. «Ya no llueve tanto», debió de pensar Toril mientras se empapaba bajo el chaparrón de alegría y agua que cayó al final del partido en Montjuic. El Real Madrid femenino había ganado por primera vez al Barça. Además, a domicilio. Como para no estar contentos.
✌️ ¡Doblete de @ItsCarolineWeir para cerrar el partido!#LigaF pic.twitter.com/WGUkiqLPiW
— Real Madrid C.F. (@realmadridfem) March 23, 2025
Hasta ayer, la sección femenina de fútbol del Madrid había mostrado una marcha funcionarial diseñada y ejecutada para cumplir objetivos en sus primeros años de vida: afianzar el segundo puesto en liga, conseguir la clasificación para la UEFA Women's Champions League, etc. Lo que ocurre es que a la afición madridista eso le sabe a poco.
El Madrid femenino necesitaba una jornada como la de ayer para romper el techo de cristal que supone vencer al equipo que en España parecía invencible. Para quitar de en medio la piedra que tapaba el horizonte. Es un triunfo más importante por lo simbólico que por unos tres puntos que ni ponen en peligro el título liguero culé ni suponen mejora alguna en la situación clasificatoria vikinga. No obstante, no hay que perder de vista lo que escribe hoy el maestro Guasch en La Galerna: «El Madrid no se fundó para ganarle al Barcelona. ¿OK? OK».
Para saber cómo fue el partido en sí, lo mejor es leer la —nuevamente— excelente crónica de Fernando Alcalá-Zamora. Pero más allá de lo deportivo, ¿qué ocurre cuando el Madrid gana? Que se enfada el antimadridismo. Y ayer mucho más, porque no entraba en sus planes enfadarse, sino asistir a una nueva goleada blaugrana. Hasta la Balón de Oro Aitana Bonmatí realizó unas declaraciones plenas de suficiencia en la previa: «Creo que aún queda para que el Madrid nos gane». Qué poco conocen el funcionamiento del madridismo.
Respecto a la pataleta antimadridista —que ya sabéis que afecta a los rivales, a la mayoría de los medios y a hinchas diversos de distintos lugares, incluido algún señor de Cuenca muy del Atleti—, la sustentan en un gol anulado al Barça y en si entró o no el ya intrascendente tercer tanto blanco.
En el gol anulado braman porque no ven fuera de juego, pero callan la obstrucción de Graham sobre Yasmin que permite el remate libre de Jana.
El odio blanco les produce ceguera para ver lo obvio. La expresión de Mapi león representa a la perfección este sentimiento.
Llama la atención que para los medios tenga más relevancia un gol anulado al Barça que el comportamiento de la propia Mapi León con su compañera de profesión Daniela Caracas (no sabemos si también fueron dos toques). Pero claro, Mapi es culé y Caracas ¡del Espanyol! Nunca es el qué, sino el quién. Ah, la mayoría de los periodistas también han dedicado más tiempo a quejarse por este tanto anulado que a informar sobre que el Barça adulteró la competición durante décadas mediante le pago de millones de euros a Enríquez Negreira, vicepresidente de los árbitros. Cada uno sabe lo que ha de hacer para ganarse el pan.
El berrinche de los antis de esta semana es similar al que agarraron el otro día por los dos toques de Julián en el penalti. Y por penaltis se clasificó el escaparate del Barça, perdón, la selección, para la Final Four de la Nations League. Hecho que solaza hasta el éxtasis a la prensa.
Orgasmo periodístico superficial que les impide llevar a cabo su labor informativa: derraman en tierra con el pase a la fase final de este pseudotorneo, pero callan ante lo demencial que supone celebrar prórrogas en este calendario saturado a mayor gloria del bolsillo de los gerifaltes UEFOS y en detrimento de la salud de los jugadores. Todos sabemos que tienen sus motivos para comportarse así.
No fue la única prórroga de ayer, también tuvieron que aguantar una Portugal, Dinamarca, Croacia y Francia, este último, próximo rival de la selección. A los madridistas el tiempo extra que jugó España no nos preocupa, pues como es territorio vedado blanco solo afecta a nuestros rivales. De hecho, no habrían estado mal otras cuatro y cinco prórrogas. La guinda del pastel habría sido que Baena hubiese fallado un penalti por doble toque, pero no queremos abusar del destino, nos conformamos con seguir ganando Champions como si no hubiera mañana.
Cambiamos de tercio para comentar una exclusiva de Esteban Urreiztieta en El Mundo: «La Federación Española manipuló las puntuaciones de las sedes del Mundial 2030 para dejar fuera a Vigo y meter a Anoeta. EL MUNDO revela las dos evaluaciones secretas en las que eligió y eliminó a Balaídos en apenas 48 horas en junio de 2024».
Como bien apunta el galernauta Fed Gwynne, la RFEF hizo un Negreira y utilizó el índice «corruptor» del mismo modo que lo utilizaba para ascender, descender e internacionalizar a los árbitros y de ese modo mostrar la senda que debían seguir.
Lo mismo que los árbitros.
Hizo un “Negreira”. https://t.co/s0uSbxazWx
— fred gwynne (@FGwynne) March 24, 2025
Tampoco nos extraña, la verdad, lo que uno puede encontrar en la putrefacta RFEF es similar a lo que uno puede hallar dentro de una fosa séptica. Pero no os preocupéis, que al final de esto también tendrá la culpa el Madrid.
Aunque durante la confección de este portanálisis no ha llovido, nos despedimos empapados por este chaparrón de alegría madridista y femenina.
Pasad un buen día.
Fue un guasap inquietante: “Hoy no estaba el chichi para farolillos, ¿no?”.
Así, de golpe, no lo entendí. No estaba en mi mejor momento. Me mojaba por arriba, abajo, delante y detrás. Llovía a mares, ¡qué tardecita! Sonó el pito guasapil y me dio sólo para leer el corto mensaje. Exponer el teléfono a la intemperie resultaba temerario.
Lo guardé mientras buscaba refugio. Le daba vueltas, claro. ¿Farolillos? ¿Chichi? El remitente es gente seria, ilustrada. ¿Qué estaba pasando?
No pude descifrar su pregunta hasta que descubrí un pantallazo adjunto, refugiado en unos soportales. A la izquierda, el escudo del Barça, y debajo, un 1. A la derecha, el del Madrid y un 3. Sólo pude articular la palabra pertinente: ¡coño!
Habrán descubierto ya que no había visto el Clásico femenil. Pensé que se jugaba por la tarde y el baloncesto, por la mañana. Ni una, vamos. Tenía obligaciones serias, la que más, intentar lo dicho: no mojarme del todo antes, durante y después del ‘match’.
En Montjuïc también diluviaba, por lo visto. Gran entrada en el estadio, por cierto. Muy natural: dar por hecha una goleada al Madrid moviliza al culé como nada. Diluvie o esté el termómetro en los 50 grados. Jueguen tíos, tías o fútbol mixto. Que todo llegará.
Un acicate ese 1-3, tan seguidito al 2-0 frente al Arsenal, para seguir creciendo sin olvidar lo obvio: el Madrid no se fundó para ganarle al Barcelona. ¿Ok? Ok.
Total, que ganó el Madrid, lo cual confirma su enorme capacidad para encabronar. ¡Es poesía! Lo hace cuando lo esperas y cuando no. Es único. A Aitana le salió un Nico Williams y bueno. Dijo las vísperas: “Creo que aún queda lejos que el Madrid nos gane”.
No saben comprender la capacidad de encabronar del Madrid, hombres o mujeres, es la pura igualdad de sexos. No les quepa duda: no dice eso la Balón de Oro y como poco empatan. El destino.
Total, que llegó la primera victoria madridista en un Clásico. Debió influir que sucediera el día del cumpleaños de Míchel, el 8. Oigan, una vez iba a pasar. La alegría blanca debe ser también la de todo el campeonato. La ventaja azulgrana en la materia es grande, este resultado les viene bien a todos.
Al mismo Barcelona, que revalidará título, pero que al segundo y al tercero, no les cuento al sexto, les gane por cuatro, cinco o más goles, pues como que no parece excitante. Es malo para el producto, dirían los sabios.
Además fue divertido. Al Barça le anularon un gol, más poesía. Las locales y una turba periodística clamaron. La misma turba que calló cual puerta con lo de la chica del Espanyol. Y sigue callada. Les pareció más denunciable un gol anulado
El Madrid se quitó un peso de encima: felicidades, chicas. Toril estaba como si le hubiese tocado la lotería y sin comprar el décimo. Un acicate ese 1-3, tan seguidito al 2-0 frente al Arsenal, para seguir creciendo sin olvidar lo obvio: el Madrid no se fundó para ganarle al Barcelona. ¿Ok? Ok.
Además fue divertido. Al Barça le anularon un gol, más poesía. Las locales y una turba periodística clamaron por que la árbitro pitó fuera de juego. La misma turba que calló cual puerta con lo de la chica del Espanyol. Y sigue callada. Les pareció más denunciable un gol anulado. También en el fútbol femenino nos conocemos todos.
Lo que hizo la jueza fue pitar falta, una obstrucción culé que facilitó el remate final. Que tengan mucha suerte ella y la abanderada. Puede que la semana que viene nos cuenten que las han pasado al waterpolo en piscina sin agua.
🤔 Jana Fernández's goal ruled out because...
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— DAZN Women's Football (@DAZNWFootball) March 23, 2025
La guinda fue el tercer tanto. Weir, bigoledora, remató y la tal Mapi sacó la pelota después de que hubiera traspasado la línea de meta. Bramó que no había sido así y pese a ello el tanto subió al marcador. La vio dentro hasta el público del pebetero. Estaba superado el tiempo de alargue, luego supuso sólo ampliar la diferencia, el resultado estaba hecho.
Por cierto: Weir, Carolina, cosa fina, también dio dos toques para el recuerdo: uno para el 1-2, con el pie, y otro para el 1-3, con la cabeza. Una delantera muy completita. ¿Y linda? Sí, como Caicedo… El Madrid jugó su mejor partido de la máxima.
Y sí. Entre la tormenta enfocaron el palco de autoridades y similares. Estaba Laporta, que aumenta su leyenda: es el primer presidente del Barça que ha perdido con el Madrid femenino. Pues eso: ¡coño!
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