Después de la eliminación contra el Bayern a la hora de comer, rumiaba por la noche turbios pensamientos, mientras veía patalear, correr y arrastrarse por el suelo a Angus Young en el concierto de AC/DC en la Ciudad de México. La banda no actuaba en México desde 2010, cuando el Real Madrid tenía 6 Champions menos. Aprecien la magnitud.
Contra el Bayern se sudó la camiseta, pero ¿cómo puede explicarse la falta de motivación del equipo en partidos clave de la temporada? La indolencia de nuestros futbolistas es insoportable. Angus Young tiene 71 años. No diré que sus facultades atléticas han disminuido, porque nunca las tuvo. Pero sí tengo que decir que se ganó el pan y el tabaco (es el único vicio que tiene) sobre el escenario. Sus manos ya no ejecutan a la misma velocidad el riff hipnótico de "Thunderstruck", pero chorrea la misma clase de siempre con su Gibson SG colgada del hombro. Sus manos vuelan todavía. Qué decir de Brian Johnson. 78 años. Tampoco diré que cantó bien, porque nunca lo hizo en los últimos cincuenta años. También se ganó el sueldo. Siempre fue un frontman competente. Se tomaron más pausa de lo normal entre canciones, sí, pero se cascaron dos horas y cuarto sobre la tarima. No les pido a nuestros veinteañeros que me lo mejoren. Me conformaría con que lo hubieran igualado contra Mallorca, Getafe, Osasuna.
Después de más de cinco décadas de rodar por el mundo, uno con su traje de escolar de pantalón corto y otro con su chaleco y gorrilla de descargador de muelles, dieron a la audiencia lo que tenían, más que de sobra para regalar a los más pesimistas un espectáculo inesperado, contundente, memorable. Los AC/DC de siempre. ¿Por qué nuestros futbolistas no han mostrado un mínimo de generosidad con su afición este año? ¿Porqué todo el mundo tiene la sensación de que eligieron los partidos? ¿En qué piensan? ¿Les gusta de verdad su profesión? Porque con Angus Young no hay duda, pero con los de blanco, sí.

He leído una frase de Camavinga pidiendo perdón en las redes. En serio, Eduardo: no. Búscate un vídeo recopilatorio que circula por ahí con al menos doce de tus errores de infantil. Muchos de ellos terminaron en goles del rival. El partido de Munich se abocaba inexorablemente a la prórroga. Once contra once y sin la desconexión de la expulsión habríamos tenido nuestra oportunidad y quién sabe. Un Real Madrid en semifinales me recuerda la escena de "Amanece que no es poco" del genial José Luis Cuerda. Luis Ciges y Antonio Resines, padre e hijo, en el alojamiento que han podido encontrar en el pueblo imaginario de la película, obligados a compartir cama.
¿Les gusta de verdad su profesión? Porque con Angus Young no hay duda, pero con los de blanco, sí
Luis Ciges, con camisón largo, a sus sesenta y tantos: "Supongo que me respetarás, ¿eh, Teodoro?". Antonio Resines, cerca de los cuarenta, con mostacho de guardia civil y ya calvo como José Luis López Vázquez, responde: "¿Qué guarradas está usted pensando, padre?". Luis Ciges: "Déjate, déjate, que un hombre en la cama siempre es un hombre en la cama, ¿eh?"
Un Real Madrid en semifinales es un Real Madrid en semifinales. No habríamos respetado a nadie teniendo a tiro otra final. El bueno de Eduardo nos privó de esa posibilidad con la colaboración imprescindible de un árbitro golfo o vanidoso que decidió cargarse el partido y privarnos de un espectáculo futbolístico sin parangón en el viejo continente. Tal vez fueron indicaciones de su Negreira europeo o una concentración aguda de protagonismo en su ego de árbitro UEFA, que ya sabemos que típicamente alcanza magnitudes inhumanas.
El caso es que nos quedamos sin fútbol a mediados de abril. Un mes y medio de partidos (que no minutos) de la basura. Si tuviera la capacidad de impersonarme en Arbeloa, me daría el lujo de salir con un equipo titular con mayoría de canteranos, sin Vini, sin Mbappé y sin Bellingham. A ellos les daría veinte o treinta minutos cada partido, para que lleguen descansados al Mundial y para que todo el mundo vea que el equipo puede ganar sin ellos. Incluyo el Nou Camp, donde iría con el Castilla para ahorrarnos otro bochorno, porque amigos, nuestros jugadores top no meterán la pierna en Barcelona. Dudo mucho que salgan siquiera a intentar ganar. Todavía nos espera lo peor: un equipo fláccido, con la cabeza en otro sitio y con la misma gana de jugar que vergüenza por perder. Ninguna.

Para este final de temporada, el único consuelo que nos queda es que al Barcelona se le atragante el título de liga con la merecida y esperada sanción de la UEFA, que no será una suspensión europea. Si el Manchester City es sancionado con sesenta puntos como se especula y termina descendiendo a segunda división por 130 irregularidades contra el Fair Play Financiero, no me digan que no tendría guasa que al Barcelona le impusieran un año sin Champions, mientras el City necesitaría dos para volver a Europa. Por eso creo que los tiros no irán por ahí, mientras Laporta y su banda claman impúdicamente contra el arbitraje de sus partidos de cuartos. Indudablemente están preparando el show para cuando llegue la sanción, que probablemente ya conocen. Dirán que no es el castigo por lo de Negreira sino por ser el club de la libertad, la igualdad, la fraternidad, y por provenir de un pequeño país colonizado por el estado español y perseguido desde la prehistoria por Franco, por Florentino, por los cartagineses y por Sauron. Será delirante, ya verán.

La proporcionalidad exigiría que el Barcelona recibiera una sanción mucho mayor a la del City, que "sólo" ha violado las normas que ni siquiera han sido de cumplimiento obligado para el Barcelona por decisión y con el apoyo de Javier Tebas. Es que el Barça ha corrompido todo el sistema durante dos décadas. Una sanción justa, a la luz del contubernio Liga-RFEF desde que supieron en 2018, o mucho antes, de las andanzas de Negreira, debería ser de varios años sin Europa, tres, cinco... retirada de títulos y descenso. Todo lo que sea menor a la sanción de la Juventus supondría un escándalo bochornoso para la UEFA. De no recibir un castigo proporcional al delito, la competición nacional quedará herida de muerte. Sólo pensar en el efecto llamada para clubes de media tabla con propietarios con más dinero que escrúpulos, es para abandonar el fútbol. La sonrisa de Tebas y de Laporta en sus encuentros enfrente de cámaras de televisión nos muestra lo poco que les importa el fútbol y lo lejos que están de entender las consecuencias de que el delito quede impune.
Pero, en un sistema permeado por la conveniencia política y por la corrupción galopante, lo más probable es una sanción tibia: la UEFA amenazará con tres años y obligará a la RFEF a un descenso administrativo. Un año en segunda, equivalente a dos años sin Champions. El primero sólo podrán aspirar al ascenso y el segundo ya podrán competir para puestos UCL, si ascienden. Justo el mismo castigo que recibiría el City. Las comparaciones son tan odiosas y los paralelismos tan reveladores…
Fotos. Getty Images, William Pogue
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