Hay ocasiones en las que la historia obliga a detenerse unos minutos, mirar hacia atrás y analizar con serenidad el camino recorrido. El Real Madrid atraviesa uno de esos momentos. El proceso electoral vuelve a poner sobre la mesa una pregunta fundamental: quién debe dirigir el futuro de la institución deportiva más importante del mundo.
La respuesta, al menos para quien firma estas líneas, es clara. Florentino Pérez representa hoy el principal activo institucional del Real Madrid.
No se trata únicamente de los títulos conquistados, aunque estos son abrumadores. Tampoco se trata solamente de los balances económicos, aunque resulten extraordinarios. Se trata de algo mucho más difícil de conseguir: la confianza que generan los hechos cuando son observados a lo largo de más de dos décadas.
Cuando Florentino Pérez llegó a la presidencia en el año 2000, el Real Madrid ya era una leyenda del deporte. Sin embargo, el fútbol estaba cambiando a una velocidad vertiginosa. La globalización, la televisión, los nuevos mercados y la creciente profesionalización obligaban a pensar de una manera distinta. Florentino entendió antes que nadie que los clubes que dominarían el siglo XXI serían aquellos capaces de combinar éxitos deportivos con una estructura empresarial moderna.
La llegada de los llamados Galácticos fue la cara visible de una transformación mucho más profunda. La auténtica revolución se produjo en los despachos. Allí comenzó una estrategia destinada a convertir al Real Madrid en la referencia mundial del deporte profesional.
Los resultados son evidentes. El club multiplicó sus ingresos, amplió su presencia internacional, fortaleció su marca hasta límites inimaginables y consolidó una posición económica que hoy es admirada incluso por sus competidores. Mientras otras entidades históricas terminaban en manos de inversores externos o acumulaban problemas financieros, el Real Madrid mantenía intacta su independencia y su capacidad competitiva.
El proceso electoral vuelve a poner sobre la mesa una pregunta fundamental: quién debe dirigir el futuro de la institución deportiva más importante del mundo
Resulta igualmente importante recordar que Florentino Pérez no necesitaba al Real Madrid para hacer fortuna. Su éxito empresarial llegó mucho antes de su regreso a la presidencia. Su patrimonio procede de su actividad privada y no del club. Tras décadas de exposición pública permanente, nadie ha podido demostrar que utilizara la entidad para enriquecerse personalmente. Esa realidad merece ser reconocida.
También merece reconocimiento la transformación de las infraestructuras del club. La Ciudad Real Madrid de Valdebebas se ha convertido en una referencia internacional y en un símbolo de modernidad. A ello se suma el nuevo Santiago Bernabéu, una obra destinada a garantizar la competitividad económica de la entidad durante las próximas generaciones.
El estadio no es únicamente un recinto deportivo. Es un centro de actividad permanente, un icono arquitectónico para Madrid y una herramienta estratégica para el futuro del club. Pocas decisiones reflejan mejor la visión a largo plazo que ha caracterizado la presidencia de Florentino Pérez.
En el plano deportivo, la magnitud de los logros resulta difícil de discutir. Durante su mandato, el Real Madrid ha protagonizado una de las etapas más exitosas de su historia. Pero incluso por encima de los títulos existe un mérito todavía mayor: haber consolidado una cultura ganadora capaz de mantenerse en el tiempo.
Por supuesto, cualquier proceso electoral requiere alternativas. Enrique Riquelme tiene todo el derecho a presentar su candidatura y a defender sus propuestas. Esa pluralidad es saludable para cualquier institución democrática.
Sin embargo, también es legítimo exigir explicaciones, experiencia y certezas.
La cuestión de fondo no es personal. Es una cuestión de confianza. Y la confianza se construye con hechos
El Real Madrid no es una empresa convencional ni un proyecto experimental. Es una institución global con cientos de millones de seguidores. Quien aspire a presidirla debe ofrecer garantías extraordinarias. Y es precisamente ahí donde la comparación con Florentino Pérez se vuelve inevitable.
De un lado existe una trayectoria de más de veinte años respaldada por resultados deportivos, estabilidad institucional, crecimiento económico y grandes proyectos culminados con éxito. Del otro, una alternativa que todavía debe convencer a muchos madridistas sobre aspectos esenciales de su proyecto.
La cuestión de fondo no es personal. Es una cuestión de confianza. Y la confianza se construye con hechos.
En este contexto adquiere especial importancia el debate sobre el futuro modelo de propiedad y gestión del club. Los defensores de la propuesta impulsada por Florentino Pérez (entre los que me encuentro) sostienen que busca reforzar la protección jurídica de la entidad, hacer dueños verdaderamente a los socios del patrimonio y el valor del club, fortalecer el papel de los socios y blindar la independencia del Real Madrid frente a posibles amenazas futuras.
La idea de crear una empresa participada por el club y gestionar desde ella determinados activos de la entidad, incluso mediante la venta de un 5% de su capital, no supone nada diferente de lo que ya se ha realizado con éxito en otros ámbitos económicos y empresariales. Además, una operación de estas características permitiría conocer de manera objetiva el verdadero valor del club y de su patrimonio, al tiempo que ofrecería la fórmula más adecuada para reconocer y atribuir a los auténticos propietarios de l a institución —los socios— el valor económico de la participación que les corresponde.
Si todo lo que Florentino ha hecho hasta ahora ha servido para transformar el Real Madrid y fortalecerlo como nunca antes, resulta razonable pensar que aquello que propone para el futuro también formará parte de ese legado
Conviene recordar, además, que esta operación no afectaría en modo alguno al sistema de gobierno ni a los órganos de decisión del club. Es más, los socios verían reforzado su peso institucional y su capacidad de influencia en el futuro de la entidad. Las Asambleas Generales y los procesos electorales para elegir presidente continuarían celebrándose exactamente del mismo modo que en la actualidad, preservando intactos los principios democráticos y la estructura de representación que han caracterizado históricamente al Real Madrid.
La finalidad sería preservar la esencia del club y garantizar que continúe perteneciendo a quienes históricamente han sido sus propietarios: los socios.
También se interpreta como una herramienta destinada a proteger a la institución frente a cambios normativos o escenarios que pudieran comprometer su autonomía. A estas alturas de su vida, después de haber alcanzado todo lo que podía alcanzar en el mundo empresarial y deportivo, resulta difícil pensar que Florentino Pérez esté guiado por otro objetivo que no sea dejar el mejor legado posible para el Real Madrid.
Florentino Pérez es mucho más que el mejor presidente de la historia del deporte junto a don Santiago Bernabéu. Ambos son los dos activos más valiosos que ha tenido el Real Madrid a lo largo de toda su historia. Dos hombres que transformaron el club, lo elevaron a una dimensión superior y dejaron una huella imborrable en la institución más grande del fútbol mundial.
No podemos permitirnos perder a Florentino Pérez. El Real Madrid le debe mucho y ha llegado el momento de recompensarle y devolvérselo en forma de consideración y confianza. Después de más de dos décadas dedicadas a engrandecer la entidad, de construir un club más fuerte, más rico, más respetado y más preparado para afrontar los desafíos del futuro, su trayectoria constituye el mejor aval posible. Si todo lo que ha hecho hasta ahora ha servido para transformar el Real Madrid y fortalecerlo como nunca antes, resulta razonable pensar que aquello que propone para el futuro también formará parte de ese legado.
Un legado que ya pertenece a la historia del club y que influirá decisivamente en cómo se gestionará la entidad en el futuro y también en cómo será recordada su figura por las próximas generaciones de madridistas. Porque, al final, los grandes dirigentes n o son recordados únicamente por los títulos que conquistaron, sino por la fortaleza de las instituciones que dejaron tras de sí.
Y si algún día Florentino Pérez abandona la presidencia del Real Madrid, será la solidez del club que deje como herencia lo que permitirá juzgar con justicia la dimensión real de su obra.
Getty Images















La Galerna trabaja por la higiene del foro de comentarios, pero no se hace responsable de los mismos