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El reto de Benítez y el caso Guardiola

El reto de Benítez y el caso Guardiola

Escrito por: Paul Tenorio16 septiembre, 2015
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Empezaré hablando de Guardiola en este artículo sobre el gran reto de Benítez al frente del Real Madrid. Tranquilidad: no abogaré por que el Madrid venda su alma al diablo para tener el balón. De momento (46% de posesión en Cornellá y 0-6, 50% ante el Shakhtar y 4-0) le va muy bien chutando muchas veces a la portería rival y permitiendo muy pocos remates en la suya. Pero sí creo que el madrileño debe tratar de seguir los pasos de Pep en una cuestión específica. Todo tiene su porqué, como podréis comprobar.

En el fútbol está casi todo dicho. La última novedad táctica, según nos han contado, fue el falso 9 que, supuestamente, inventó Guardiola al colocar a Messi como hombre teóricamente más adelantado pero con la misión de abandonar esa posición para ayudar en la elaboración, despistar a los centrales y dejar el espacio para que otros compañeros entraran al remate. Un gran movimiento de Pep, sin duda alguna. Una maniobra óptima en aquel Barça, pero no inédita en la historia del fútbol. El mismo Di Stéfano ya cumplió esa labor en su glorioso Real Madrid, y  hubo muchos más (me vienen a la mente rápidamente jugadores como Kluivert o Kiko sólo en España). Aunque, por aquel entonces, los periodistas no teníamos la necesidad de ser originales para vender y de etiquetarlo todo con luces de neón.

El verdadero secreto de Guardiola

Hago esta aclaración porque creo que el principal motivo por el que el Barcelona de Guardiola dominó Europa como lo hizo, y el tiempo que lo hizo, no fue que el de Sampedor se sacara de la manga una nueva manera de jugar al fútbol (que la misma selección española de Luis ya había explotado en la Eurocopa de Austria y Suiza). No. Fue por el grado de implicación física y mental que logró obtener el técnico catalán de una plantilla repleta de superestrellas. Las variantes tácticas se pueden neutralizar, pero a un equipo repleto de seres casi mitológicos donde todos corren cuatro años seguidos, 60 partidos al año y del minuto 1 al 90, no hay quien le meta mano por ningún sitio.

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En el fútbol moderno, los jugadores de los equipos de élite son semidioses por encima del bien y del mal. Las puertas y las aguas se abren a su paso. La vida les sonríe. Los obstáculos no existen porque se los quitan de en medio. Si miran su horóscopo, siempre tienen un 10 en salud, dinero y amor. Y caminan dos metros por encima del suelo cuando no se desplazan a 240 km/h en deportivos que cuestan más que las cuatro paredes donde vivimos los demás. Por eso, es misión casi imposible para un entrenador (que en muchos casos también gozó en ese Olimpo pero que ya ha descendido al mundo real) hacerles ver la necesidad de sacrificarse por el bien del equipo. O de meterles en la cabeza que hay cosas que hacen mal, que tienen que mejorar, que existen aspectos por pulir, mucho que aprender y todo por trabajar. Guardiola lo logró.

Ancelotti se quedó a medias

No tanto Ancelotti con el Madrid. Ganó la Décima, obviamente. Tenía la mejor plantilla de Europa a su disposición y, además, estaba hambrienta. Harta de perder. Pero el italiano no pudo ganar la Liga ni dar continuidad la siguiente temporada a ese éxito incontestable logrado en Lisboa. No pudo construir un equipo inmortal más allá de un título que siempre tendrá un hueco en el corazón de la afición merengue por su innegable valor y simbolismo. No logró convencer a sus chicos, que tanto le querían y respetaban, de la imperiosa necesidad de correr lo mismo que un equipo de Segunda B cuando visita el Bernabéu en Copa. No fue capaz de ahuyentar el fantasma de la relajación y eso, pese a que caía bien a jugadores, directiva, presidencia y prensa, le costó el cargo.

El incidente Mou-Cristiano

El mismo Mourinho, que intentó hacer con el Madrid lo mismo que Pep con el Barça (que aplicara otro estilo futbolístico sólo es consecuencia de los jugadores que tenía a su cargo) tuvo problemas con sus exigencias. Fue así hasta tal punto, y esto lo cuento aquí en primicia, que su divorcio con Cristiano Ronaldo se consumó el día en que el de Madeira se negó a perseguir a Piszczek en la ida de las semifinales de Champions ante el Borussia. “¿Quién te crees que eres?”- le espetó Cristiano en Valdebebas cuando Mou le intentó convencer de que, por el bien del equipo, tenía que ser un defensa más ante la profundidad del lateral polaco del Borussia. “Si me mandas perseguir a un lateral hasta mi córner es que no tienes ni idea de fútbol. Si me desgasto en defensa, no estaré a tope para hacer todo el daño que puedo hacerles en ataque”. Mourinho le respondió que nadie estaba por encima del equipo. Ni siquiera Cristiano Ronaldo. Casi llegaron a las manos ante la estupefacción del resto de la plantilla y el cuerpo técnico. Ese día, Mou comprendió su derrota final. Comprendió que había perdido al vestuario definitivamente. Y apenas volvieron a dirigirse la palabra nunca más.

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Fue la ruptura total entre ambos, aunque ya habían tenido sus asperezas por el mismo asunto. Una de ellas trascendió: aquella del vestuario del Bernabéu en un partido ante el Valencia por algo parecido. Pero lo que sucedió en aquella eliminatoria, y que obligó a Mourinho a replantear su estrategia en tiempo récord (con un nefasto resultado de 4-1 en Dortmund), no se había contado hasta ahora. Tras un tiempo prudencial (porque se me pidió confidencialidad entonces y sólo deslicé algún detalle una vez en El Chiringuito), os lo cuento aquí, en La Galerna.

¿Por qué se ha apostado por Benítez?

Aquel desencuentro táctico (también de egos) fue el fin de un proyecto en el que Mourinho estuvo cerca el segundo año de conseguir el compromiso de la plantilla que logró Pep. Y esto es lo que se le ha encargado a Rafa Benítez. Esta larga introducción era el marco, casi tan importante como el dibujo, en el que quería encuadrar mi reflexión sobre Benítez. El técnico madrileño dejó entrever en la rueda de prensa previa al partido frente al Shakhtar que sí, que tiene un gran equipo; que tiene unos jugadores netamente ofensivos; que, obviamente, jugará al ataque; pero que también busca, como lo buscó Ancelotti, un equilibrio. Y ese equilibrio es que no se te parta el dibujo. Que cada jugador muerda en cada centímetro del campo cuando no tiene el balón. Y para conseguir eso, hay que volver a la idea de sacrificio individual, pero no sólo con el cuero. Cuando se mira a la portería rival todo el mundo entrega todo lo que tiene, pero lo que marca la diferencia es el sacrificio sin el balón.

Cristiano tendrá que perseguir a laterales de los oponentes de élite cuando sea necesario. Y Bale, lo mismo. También Benzema tendrá que apretar los dientes. La BBC tendrá que juntarse al resto para que desaparezcan esos campos de Castilla que había con Carletto entre el frente ofensivo y las demás líneas. Y el resto de jugadores tendrán que luchar por recuperar cada balón perdido como si les fuera en ello el contrato, el bonus, los ingresos publicitarios y los millones de seguidores que tienen en Twitter. Currar y correr: esa es la fórmula, tan prosaica como efectiva, para ganar con un equipo abarrotado de cracks. Es lo que marca la diferencia entre plantillas del máximo nivel. Es la receta para dominar los partidos de inicio a fin, que a su vez es el camino más corto hacia la victoria. Una senda tan sencilla de recorrer como difícil de encontrar.

“Jugada a jugada”

Benítez lo va a intentar. Para ello rotará: no hay otra forma mejor de afrontar una temporada de 60 partidos en la que va a exigir a todos y cada uno de sus jugadores máximo rendimiento físico y mental durante cada uno de los minutos que estén sobre el terreno de juego. (Sobre esto, podéis ver un informe detallado en mi blog “El Futboscopio”, donde analizo en profundidad al Real Madrid desde una perspectiva inédita en España: el análisis de datos).

Quizá no sea Rafa un hombre demasiado empático hacia sus jugadores, pero sí es un maestro en leer tanto el juego como a los rivales, y tiene capacidad más que de sobra para hacer mejores a cada uno de sus futbolistas. Sólo necesita hacerles interiorizar que, efectivamente, tienen mucho margen de mejora, todos ellos. Y que, sin vaciar hasta la última gota de energía en cada partido, será muy difícil que pasen a la historia. El partido a partido de Simeone encierra aquí otra filosofía aún más ganadora: jugada a jugada.

Sabiendo todo esto, Florentino Pér