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Noches infaustas

Noches infaustas

Escrito por: Antonio Escohotado9 noviembre, 2020
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Pero qué horroroso le salió el partido al Real, que ya de salida –nuevamente con Marcelo e Isco entre sus titulares– apostó a jugar con diez o nueve y medio. Por lo demás, el rasgo más repetido de esta temporada viene siendo que cuando se adelanta en el marcador nunca amplía su ventaja, y una vez tras otra la disipa con jugadas a menudo tontas, entendiendo por tales las afines al regalo, que esta noche partieron de Asensio, un crack con propensión a crujir cuando aprieta la responsabilidad, y tras una prometedora reaparición no logra ser el puñal de otrora, pues incluso entrando por la izquierda y pudiendo chutar sin apreturas la pega al muñeco o al lateral de la red, como vimos ante el Borussia y hoy.

Es de esperar que recobre la flor, cuando parece acercarse al buen estado de forma, porque los blancos solo tienen quizá a Rodrygo y Hazard para el puesto de segundo o tercer delantero requerido para aspirar a logros de consideración. Lo más penoso de hoy es que la tendencia a arrugarse comenzara cuando un toque del contrario a la altura del cuello le llevó a ceder la pelota que acabaría siendo el gol del empate, y lejos de conformarse con perder el balón llegó a tenderse cuan largo era sobre el césped, como fulminado por un directo de Tyson. De mis tiempos como alevín recuerdo que venirse abajo por cualquier golpe no causante de brecha, cardenal o chichón serio provocaba reproches tan políticamente incorrectos como de nenaza para arriba, y aunque juré odio eterno a la crueldad me parece más cruel omitir la exigencia de evitar zarandajas que pasarlas por alto, porque pueden fastidiar a muchos sin compensar a nadie.

Me parece más cruel omitir la exigencia de evitar zarandajas que pasarlas por alto, porque pueden fastidiar a muchos sin compensar a nadie

Ya está bien de suponer que el fútbol no es un deporte de contacto, y lo análogo a una bofetada sin querer justifica olvidarse de todo, salvo la clamorosa queja por algo que no merece clamor. Quizá la espiral ascendente de teatreros empezaría a frenarse si empezasen a merecer tarjetas amarillas, como los piscineros, quienes aprovechan choques inocuos para ofrecer una sesión de alaridos con muecas agónicas y convulsiones epileptoides.

Por lo demás, durante los primeros minutos el juego alegre derivado de hacerse a uno o dos toques enmascaró incluso las deficiencias de Marcelo e Isco, y el golazo de Benzema parecía encarrilar las cosas ante un Valencia dubitativo en cuanto a sus posibilidades. Cuando el teatro empezó a torcer las cosas empezó otro partido, memorable por deparar singularidades como un hat trick de penaltis y setenta minutos sin que los blancos acertasen a forzar una sola intervención del portero rival.

Vinicius volvió a hacer un partido lamentable, carente incluso del entusiasmo impetuoso que acostumbraba, el limitado Lucas Vázquez aprovechó para regalar el curso quizá más completo hasta hoy de sus puntos débiles; a Valverde le vino grande la tarea encomendada, Varane y Ramos acumularon infortunios no independientes de mala colocación, y solo Modric jugó vagamente de Modric. De los suplentes acabó gustándome Rodrygo, que empezó dando dos pases ridículos; Odegaard me recordó lo gélido de su tierra, y terminaría devolviéndosela a Lucas y Marcelo cada vez que estos se la pasaban para que armase él la jugada. Mariano anduvo en sus antípodas, abrasado por el deseo de seguir siendo merengue sin acertar ni de milagro, y de Jovic no hablaré, porque sus gestos y resultados me fastidian cada día más.

Mañana será otro día.

 

Fotografías Getty Images. 

Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado

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