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Valencia, 4 - Real Madrid, 1: Esperpento calamitoso

Valencia, 4 - Real Madrid, 1: Esperpento calamitoso

Escrito por: Andrés Torres8 noviembre, 2020
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En la antesala del vibrante parón de selecciones que todo madridista estaba esperando como agua de mayo, Zizou nos regaló una nueva sorpresa. Lo de vestir de rosa no es cosa suya. Esperemos que los dioses de la mercadotecnia no acaben por imponernos un tutú cualquier día en El Sardinero.

En realidad, la sorpresa fue la de siempre, el once; estupefacción que no lo es tanto si atendemos a la cábala frecuente del brujo argelino. Con Casemiro y Hazard infectados, Marcelo e Isco ingresaron en el equipo titular. Allá donde muchos vemos a veces a un cantante de batucadas y a un señor de Arroyo de la Miel, Zidane ve galaxias más allá de Orión.

El caso es que ambos parecieron responder. Fue un espejismo.  Al menos lo hicieron durante un buen trecho del primer tiempo en el que un Madrid vigoroso y presionante desactivó a un pobre Valencia. Fruto de esa intensidad, Asensio cruzó demasiado desde la frontal tras un robo de Ramos. Después hizo lo propio un Modric con galones, intenso en su regreso al once.

Modric caño

El equipo funcionaba. Isco, profundo, mejor cuando antes suelta la pelota, regalaba buenos pases interiores e incluso Marcelo abortaba contraataques y robaba peligrosos balones en ataque. Sin embargo, como tantas veces, el Madrid seguía tan ingenuo como últimamente, incapaz de mutar en el equipo de malditos bastardos capaz de ganar tres copas de Europa.

No obstante, el Madrid dominaba, dominio que coronó con el gol que abrió el partido, un fenomenal latigazo de Karim desde la frontal que Doménech, muy tapado, no pudo atajar. Y tan pronto como se aclaró el horizonte para el Madrid, llegó el primer nubarrón.

No sabíamos entonces que se avecinaba el diluvio.

Y tan pronto como se aclaró el horizonte para el Madrid, llegó el primer nubarrón. No sabíamos entonces que se avecinaba el diluvio.

Como el día del Inter (O el de Mönchengladbach, Shakthar o Cádiz) el equipo tiende a derrumbarse como un castillo de naipes ante el primer imprevisto. En esta ocasión, un inocente penalti de Lucas Vázquez que, a pesar de su buena voluntad, todavía tiene que aprender los gajes del oficio de lateral derecho.

Primera lección: saltar con los brazos cruzados a la espalda en los centros laterales.

El error infantil de Lucas dio paso a uno de los lanzamientos de penalti más singulares de la historia del fútbol. Courtois rechazó el disparo desde los once metros de Soler, que recogió su propio rechace y lo estrelló en el palo. A la tercera marcó Musah con Marcelo contemplando plácidamente toda esta sucesión de pifias, aciertos, disparos, postes y rechaces.

El VAR anuló el tanto porque Musah pisó el área antes de tiempo. Soler se atrevió a volver a lanzar el penal. Esta vez marcó para empatar el partido, pero de nuevo Thibaut estuvo cerca de pararlo. El gol afortunado e inmerecido del Valencia no agotó su fortuna ante un Madrid súbitamente deprimido.

Zidane

Cuando agonizaba el primer tiempo, Asensio perdió una pelota protestando una falta tras una carantoña de Cherysev, que hizo caso omiso de la protesta prima donna del balear, y centró raso y fuerte para que Varane, otro desafortunado últimamente, rematara en vaselina contra su portería ante un desesperado Courtois. Gol fantasma que el VAR hizo corpóreo.

Sin hacer nada, absolutamente nada más allá de buscar la espalda de Lucas Vázquez, el Valencia se marchaba a los vestuarios con ventaja. Otra vez -y ya hemos perdido la cuenta esta temporada- tocaba remontar.

Un Madrid mohíno no pareció entender la gravedad de la situación tras regresar al verde. No espabiló siquiera tras un disparo al palo del coreano Kang-In que Courtois, de nuevo Courtois, desvió con las yemas de los guantes. Y pasó lo que tenía que pasar.

Gayá encontró un filón en defensa en la misma jugada. Primero con Asensio, más blando de lo que acostumbra si cabe, y con un torpe Lucas Vázquez después para penetrar en el área y provocar un alboroto que Courtois, de nuevo Courtois, pudo salvar en primera instancia pero que Marcelo decidió convertir en un penalti sobre Maxi tan cochambroso como evidente.

Soler puso el 3-1.

Derrota tan dura como extraña. Surrealismo absoluto en Mestalla

Pudo pronto Asensio devolver al Madrid al partido tras recibir un delicioso pase interior de Modric pero volvió a fallar. Demasiado tarde para fracasar. Apenas unos segundos después, definitivamente el VAR y Ramos entraron en enajenación mental. Un manotazo absurdo al esférico del capitán en un forcejeo con Musah provocó el tercer penalti del partido ante el alborozo de Carlos Martínez que disfrutó durante todo el partido.

Imaginen lo que estarían diciendo con un hat-trick de penalti en contra en RAC1

4-1 y la vieja máxima de odio eterno al fútbol moderno más vigente que nunca.

A partir de ahí, con los cambios, lo del Madrid ya fue un quiero y no puedo, un clásico festival de centros laterales sin nadie para rematarlos.

Derrota tan dura como extraña. Surrealismo absoluto en Mestalla.

 

Fotografías Getty Images.