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Un clásico, una liga

Un clásico, una liga

Escrito por: Álvaro Pérez22 abril, 2017
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El partido de este domingo en el estadio Santiago Bernabéu no es un partido cualquiera: un Real Madrid-FC Barcelona nunca lo es. De hecho, tampoco es un Clásico cualquiera. El contexto que rodea el partido clama por el golpe definitivo del equipo de Concha Espina a una temporada horrible del equipo azulgrana. Los locales llegan, con un partido menos, con una ventaja de 3 puntos, por lo que una victoria dejaría más que encarrilada la consecución del ansiado título de Liga. Y, al hablar del contexto, no solo cabe pensar en el propio campeonato liguero, sino en lo acontecido estas dos últimas semanas en Champions League. El Real Madrid, en el bombo de los cuatro mejores equipos de Europa y Piqué tuiteando en casa.

Adentrándonos en el contexto futbolístico de ambos equipos y pensando en el “XI de gala” de ambos, el Clásico llega marcado por dos ausencias (una no confirmada): Gareth Bale y Neymar Jr. La diferencia, claro, está en el banquillo. De Marco Asensio o Francisco Alarcón a Paco Alcacer o Arda Turan, salvo nuevo invento de Luis Enrique. La baja del ‘10’ de Brasil es trágica para los culés. No solo por la diferencia de banquillo con el Real Madrid, sino porque, además de los goles y asistencias de Luis Suárez y Leo Messi, el brasileño es el desequilibrio individual del equipo y el principal arma a la hora de atacar al espacio.

El FC Barcelona, sin Neymar, pierde su mayor amenaza al espacio y, seguramente, el mejor 1vs1 del mundo

Con la vuelta al 4-3-3, tras el intento de implantar un 3-4-3 que solo funcionó en aquella peculiar remontada ante el PSG, lo normal, como se ha mencionado antes, sería ver a Arda Turan o Paco Alcacer en el extremo izquierdo. Ninguno es un extremo al uso y su comportamiento en la posición es distinto. La entrada del ex rojiblanco significaría la pérdida de desequilibrio desde la izquierda, otorgando casi la totalidad del peso en ataque al sector derecho con Suárez-Messi. Eso sí, el centro del campo ganaría un socio más a la hora de igualar fuerzas contra uno claramente superior. Si el elegido fuera, como últimamente, Paco Alcacer, sin ser ni mucho menos Neymar, ni tan siquiera parecerse en nada su juego, el FCB no terminaría de perder la esencia de contar con un atacante, un delantero, por la izquierda. Más allá del rendimiento ofrecido hasta el momento, la entrada del ex del Valencia podría servir para, al menos, distraer un poco al sector Modric-Carvajal y, quién sabe, amenazar la portería de Keylor Navas.

Una vez resuelto el tema Neymar, y lo evidentemente grave que es su baja para los visitantes, es indudable que su partido estará en la generación de juego de Leo Messi y la capacidad goleadora de Luis Suárez. La realidad es que, futbolísticamente, no cuentan con mucho más. Su centro del campo no domina, sus laterales no son desequilibrantes arriba ni seguros atrás y la pareja de centrales depende de un joven Umtiti. Luego, claro, está Ter Stegen, que alterna grandes actuaciones con momentos muy terrenales.

El FCB es un equipo que no marca diferencias dominando, repliega mal y, sin Neymar, carece de intimidación conduciendo

El líder, el Real Madrid, aunque se lea y se diga muy poco, llega tras endosar 6 goles a uno de los tres máximos favoritos para el gran título europeo y con un Cristiano Ronaldo (5 goles al Bayern) en un momento espectacular. Porque sí, Cristiano es delantero y mete goles. Y el análisis no puede ser poesía, debe ser fútbol, y nunca se debería infravalorar algo tan vital y decisivo como el gol, pues todo camino en el fútbol debe tener como final el balón dentro de la portería rival. El gol, cada vez más tachado de ordinariez, es un arte que no se enamora de cualquiera, siendo nuestro ‘7’ su galán favorito.

Más allá del momento goleador de Cristiano, el equipo llega a la cita con sensaciones de competitividad máxima. Se puede hablar de jugar de una manera u otra o de si un jugador está mejor o peor, pero el Real Madrid de Zidane es el Real Madrid de toda la vida, el Real Madrid que, ante todo, es casi imposible de tumbar. Buena prueba son los acontecimientos recientes ante el Bayern. Tanto en la ida como en la vuelta, cuando parecía que la situación se complicaba (1-0 en el Allianz, 1-2 en el Bernabéu) el actual campeón de Europa, más allá de derrumbarse anímicamente, se sobrepuso a base de fútbol.

La competitividad es la seña de identidad del Real Madrid de Zidane

Con una línea defensiva formada por Carvajal, Nacho, Sergio Ramos y Marcelo en un estado de forma abusivo, un centro del campo dominador, y el reencuentro de la pareja formada por Karim Benzema y Cristiano Ronaldo, la única duda es la posible ausencia de Gareth Bale. El casting de sustitutos parece claro: Isco o Marco Asensio. Los méritos son visibles en ambos. Magia y dominio en el centro del campo o desparpajo y desequilibrio partiendo desde banda. Zidane debe elegir entre ambos y ninguna elección será desacertada. El cambio natural, pensando en Gareth Bale y su posición, obvio, es Marco Asensio.

El mallorquín nació y ha llegado. Su eliminatoria ante el Bayern es de estrella absoluta. Aunque es joven y seguramente sea pronto para decirlo, lo es y no se le puede arrebatar el mérito. No se me ocurren muchos más jugadores capaces de hacer lo del ‘20’ en el mayor escaparate del mundo del fútbol. La presencia de Isco, menos natural y de menos vértigo en conducción, significaría el deseo de Zidane de demostrar que el Real Madrid tiene los suficientes cimientos como para aguantar un encuentro de dominio ante el FC Barcelona de Leo Messi. El de Arroyo de la Miel actuaría como un socio más en ese fútbol control que construyen Sergio Ramos, Toni Kroos y Karim Benzema. Isco sería un activador del mejor fútbol de los encargados del circuito de pases del equipo blanco.

El contexto, como hemos señalado al inicio del texto, es el que es y es innegable la oportunidad de dar un golpe definitivo sobre la mesa. Un golpe no solo contra el Barça, sino de dominio blanco. Ganar los 3 puntos y colocarse a +6 (con un partido menos), tras la eliminación azulgrana ante la Juve, sería un derechazo demasiado duro para encajar y el inicio del final respecto a la Liga, otorgando cierta tranquilidad a la hora de encarar partidos entre las próximas semifinales de Champions League. Tras todo esto, se antoja necesario señalar que el fútbol, a veces, no entiende de contextos y que, indudablemente, en estos partidos cualquier cosa puede pasar. Al fútbol, normalmente, le importa poco de donde vengas o hacia donde vayas. El partido hay que jugarlo. Un Clásico, una Liga.