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Tarantella

Tarantella

Escrito por: Fred Gwynne21 marzo, 2016
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-¿Sí?

-¿Infantino?

-¿Sí?

-Soy Floren.

-¡Hombre Floren! ¿Todo bien?

-Bien, bien. Tirando. Te llamo para ver cómo va lo nuestro.

-¿Lo nuestro?

-Sí, lo del sorteo. A ver si nos haces un buen amaño…

-Este año está un poco más jodido.

-¿Pues?

-Las bolas las saca Zambrotta.

-¿Y?

-¡Cómo que y..! Zambrotta es culé perdido. A ese me va a costar convencerle.

-Nada, ni caso, no te preocupes. Déjamelo a mí. Preparo unos milloncejos, le llamo y te lo arreglo en un par de días.

-Vale, entonces lo dejo en tus manos. ¿Alguna preferencia?

-Ponme al Wolfsburgo.

-Hecho.

-Ah, y de paso colócale el Atleti al Barcelona a ver si se matan entre ellos.

-Lo que tú digas. ¿Alguna cosita más?

-Esto, no tendrás a mano algún linier que…

Todos. Lo sabemos todos. En el pueblo tenemos muy hablado que Florentino lleva un montón de años amañando los campeonatos con llamadas como esta. A estas alturas, y gracias a la desinteresada colaboración de un montón de acomplejados, imagino que ya no queda nadie que no sepa que detrás de cada bola asoman la patita el señor fiscal, Guruceta, Franco, el linier del Clásico y Mister “liga peligrosamente preparada” Simeone. Un repóker de sabios (si los tiene el Sport nosotros no vamos a ser menos) que atendiendo los dictados de nuestro presidente sacan el soplete y nos dejan la bola más caliente que el palo de un churrero. Gracias a ellos y a su impagable labor, las bolas caen como las manzanas en la cabeza de Newton. Caen por su propio peso y caen porque Florentino las llena de billetes de 500 bien apretaditos para que pesen más.

Amaño Florentino

Y hasta aquí la gracia, la chanza y el cachondeo. A veces hay que dejar de lado el sarcasmo y la ironía y llamar a las cosas por su nombre. Por muy asqueroso que este sea. A mí este tipo de acusaciones me repugnan. Me parecen una falta de respeto, una vergüenza. Estoy harto. Sí, estoy harto, pero harto de que no sea verdad.

Yo quiero un presidente corrupto hasta las trancas, que nos trajine Ligas y Champions a manos llenas, que mangonee la UEFA como las autopistas, que compre políticos, árbitros, linieres, deportistas y a todo el que se le ponga por delante. Eso, exactamente eso es lo que yo quiero, un presidente Corleone, uno de los nuestros, un mafioso capaz de poner cualquier competición patas arriba simplemente con pelar una naranja.

Desgraciadamente para mis intereses (y para los de un montón de honrados madridistas) me da la impresión de que en esto de la corrupción Florentino todavía está en fase de aprendizaje. Lo de la mafia le queda grande. Ha suspendido primero de tejemanejes y tiene pinta de que le van a quedar media docena de asignaturas antes de pasar a segundo. Este presidente, para lo de amañar sorteos o partidos, es un absoluto inútil. Amaga pero no da. Enseña la patita, sí… pero no.

Y eso que cuando sucedió lo de Chéryshev y la Copa me vine arriba. Ahí estaba yo, agazapado, clamando venganza, pensando: “susvais a enterar”. Floren va a sacar los cañones, los jueces, el TAD, la cartera y las influencias, y aquí paz y después Copa. Y nada. Nada de nada. Fracaso total y el rabo entre las piernas. Y encima te quedas con cara de bobo ya que tiene toda la pinta de que la corrupción la manejan ellos. ¡Ellos! ¡Pero en qué país vivimos! Ya ni se puede estafar honradamente. Que esto ni es corrupción ni es nada. Que somos un hatajo de pardillos que no tenemos ni un mísero Ovrebo que echarnos a la boca, que nos pitan un penalti y tenemos que pasarnos la semana pidiendo perdón.

Cuando ya me estaba relamiendo con la maravillosa idea de que la prensa culé tuviese razón y una oscura mano blanca estuviese detrás de la prohibición de fichar del Barcelona, van y sancionan al Madrid. No, presi, no. Así no hay quien le defienda. Que le pones a uno el caramelo en la boca y luego se lo quitas. Aquí lo que necesitamos son más Tonys Soprano y menos Butragueños.

Confieso que con lo de Simeone y su “liga peligrosamente preparada” me ilusioné un poco. Lo justo. Lo suficiente como para pensar que nos iban a pitar unos cuantos penaltis a favor como si llevásemos rayas en el uniforme. Pero ¡quia!, verdes las han segado. Esto es un sinvivir. Somos un hatajo de desarrapados, unos quinquis de los ochenta transitando por la liga en un viejo 1430. Unos chorizos de tres al cuarto que llegamos a robar el banco cuando los ladrones escapan con el dinero por la puerta. Somos tan patéticos que más que Uno de los nuestros parecemos los del Atraco a las tres.

Digo yo que ya que tienes poder para colocar las bolas a tu antojo, compra un par de árbitros y gana títulos. Que al final nos van a acusar igual y no nos va a servir de nada. Tenemos que ser como la mujer del César. Hay que ser corruptos y parecerlo.

Yo lo que quiero es construir una bella ciudad siciliana en medio del Bernabéu, con sus buganvillas, sus almendros y sus escopetas recortadas, con sus viejas vides dando frutos en otoño, con sus casas color albero y sus curtidos hombres cortando el queso y las entradas con sus navajas.

Y Florentino en medio de la plaza, ahí, sentadito a lo padrino, estirando el brazo para que una interminable fila de árbitros le bese el anillo mientras sus capitanes recogen copas y más copas.

Eso es lo que quiero. Un Bernabéu feliz, con el museo bien lleno, con su corrupción y sus sobornos, con sus viejas tradiciones y una bella Tarantella sonando mientras una corrupta Undécima brilla al sol primaveral.