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Sergio Ramos, historia que tú hiciste

Sergio Ramos, historia que tú hiciste

Escrito por: Francisco Javier Sánchez Palomares25 octubre, 2020
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El partido de ayer hizo las delicias de los amantes de las efemérides: Modric marcó en su partido número 350 con el Real Madrid, Benzema alcanzó las 250 victorias en Liga y Marco Asensio disputó su encuentro 150 con la camiseta blanca. Pero, si hubo alguien que hizo historia fue Sergio Ramos. El capitán no se conforma con romper las costuras de las estadísticas —ayer marcó su vigésimo quinto penalti consecutivo y se alzó al podio de los futbolistas que más clásicos han disputado, junto a Raúl y a Gento (en este apartado también destaca don Paco, estimados compañeros de France Football)—, sino que aporta un factor intangible que eleva el espíritu del equipo y lo hace más competitivo.

El Real Madrid llegó muy tocado al partido contra el Barcelona, muchos comenzábamos a perder la confianza en la plantilla y en Zidane —lo reconozco, esta vez sí—, pese a que ambos se empeñan en contradecir a quienes les llevan la contraria. Pero este Real Madrid es otro con o sin Sergio Ramos en el campo, y no es solo una opinión más o menos acertada, los blancos han perdido siete partidos seguidos en Champions League cuando Ramos no ha jugado. Es un dato demoledor, pese a que el capitán no sea infalible y esté sujeto al acierto y al error como cualquier hijo de vecino. Pero del mismo modo que se le critica sin compasión cuando yerra, es honesto reconocerle sus méritos cuando lo merece.

Desde el principio del choque contra el Barcelona, se comprobó que el Madrid había salido con un brío —tal vez sería más acertado decir simplemente con brío— diferente a los dos horrorosos encuentros anteriores. A los cinco minutos, ya había marcado un golazo Valverde, un pajarito que no pudo detener la jaula sin público del Camp Nou. Lo de este chico lleva camino de convertirse en algo muy serio, además de jugar de maravilla, se vacía por el Real Madrid. Ayer, literalmente. Tuvo que ser sustituido exhausto, sin aliento para continuar. No solo Fede, todo el equipo se mostraba más concentrado. Desde Mendy, más duro de encarar que masticar la transmisión de un Seat 1500, a Lucas Vázquez, que suplió con nota a un renqueante Nacho.

Ramos penalti barcelona

Si el equipo no hubiese concedido el gol del empate tan rápido, en la enésima vez que el Barça le hace la misma jugada, es probable que el Madrid hubiera disfrutado de un clásico tranquilo, pero el empate espoleó a los catalanes, como es normal, e incluso pudieron ponerse por delante: en el primer tiempo Courtois salvó un gol cantado de Messi y, en el segundo, Ansu Fati y Coutinho lanzaron chuts casi consecutivos que acariciaron el palo (por fuera, afortunadamente).

En estas andábamos cuando Ramos fue objeto del segundo penalti de la tarde cometido por parte de Lenglet. El primero no lo revisó el VAR porque fue justo antes del descanso y los encargados de hacerlo tenían la vejiga llena. El segundo no hubo más remedio que considerarlo, porque el agarrón del defensor azulgrana a Sergio fue tan evidente que hasta la camiseta blanca se estiró en un gesto de auxilio. Tras buscar sin éxito un agujero en el suelo donde esconderse, Munuera no tuvo más remedio que decretar el penalti, obligado por la realidad, y Ramos no tuvo otra que convertirlo en gol, obligado por la costumbre.

Además de ayudar al equipo y reforzar a Zidane, tenemos que agradecer al camero que su gol desinhibió al Madrid y permitió que Luka Modric, efeméride de la belleza, nos regalara un tango ejecutado a distancia (por más que Sergio Dalma afirmara que bailar de lejos no es bailar) que culminó con un gol de estética georgebestiana.

Ramos, historia que tú hiciste, historia por hacer. Gracias, Sergio.

 

Fotografías Getty Images.