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Zidane llegó tocado, tocado sale Koeman

Zidane llegó tocado, tocado sale Koeman

Escrito por: Jesús Bengoechea24 octubre, 2020
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Si bien es cierto que la sucesión de dos de los partidos más atroces de la historia del Real Madrid en pocos días (Cádiz y Shakhtar) podía zarandear la fe del más devoto, es muy posible que tanto la prensa como el madridismo de las redes sociales vuelvan a deberle una disculpa a Zinedine Zidane. Precisamente porque esos dos partidos no encajaban ni con calzador en la ejecutoria del segundo entrenador más exitoso de la Historia del club (solo Muñoz le supera ya en palmarés cuantitativo), deberíamos haber enterrado toda tentación de dudar si era o no capaz de devolvernos el equipo quizá no brillante, pero sí graníticamente solvente que ganó la pasada Liga. En realidad hace apenas semanas de ese -por el momento- último éxito del Madrid con el francés al mando, razón de más para no haber dudado por chocantes que hubieran sido esas dos actuaciones lamentables.

El hecho es que Zidane plantó ejemplarmente al equipo en el Camp Nou, y sus jugadores le respondieron con una actuación memorable en el escenario más propicio para recuperar crédito. Zidane llegó tocado al feudo culé, pero ahora el descrédito ha tomado el puente aéreo para solidificarse en Koeman, entrenador que, en cambio, no tiene apenas palmarés para sostener las dudas que el ambiente azulgrana, atenazado en lo institucional, sin duda acrecentará. (Sabemos que ya nadie toma el puente aéreo, reemplazado como fue primero por el AVE y luego por el Covid, pero los topicazos nunca paran de viajar, son inmunes al virus).

Real Madrid celebración gol

El baño táctico, por seguir con los estereotipos, fue de manual por parte de Zizou al holandés,y tiene un significado muy especial no solo por los fantasmas que permite sacudir a los blancos, sino por los que traslada a su némesis. En otro deporte, vimos algo parecido hace poco cuando los chicos de Laso propinaron la primera en la frente al nuevo proyecto de la sección de baloncesto del Barça en la Supercopa. El de Koeman también es un nuevo proyecto, y esta lanzada va a doler.

El Madrid jugó muy inteligente y laboriosamente, destacando incluso el empaque y la determinación de los menos afortunados en muchos lances (Asensio, Nacho, Vinicus), quienes no dudaron en hacer caso omiso de su propio desacierto para remar a favor. Otros, en cambio, lo bordaron. Benzema entregó a las manos de Neto un gol cantado, haciendo gala de esa ingenuidad que nos desarma pero no podemos negar que tanto le pega, para por lo demás exasperar al Barça con una exhibición de controles, asociación, lanzamiento de contragolpes y pases como el que dio para que Valverde abriera el marcador. El uruguayo fue otro de los destacados: ahora mismo es el nervio del Madrid, sus pulmones y su corazón. Para contar su partido no sirve con un humilde escribidor como el que les habla, sino que necesitas un neurólogo, un neumólogo y un cardiólogo. A ver quién es el guapo que junta ese equipo multidisciplinar para loar como se debe aun futbolista que se ha tornado imprescindible.

Loar a Ramos es más fácil, en cambio. Su homérico partido habla por sí solo, hasta el punto de convertirse en la verdadera razón por la que es una pena que se jugara a puerta cerrada. Una sobredosis de raza y acierto como la que facturó debió ser vista in situ por muchas decenas de miles de personas. Hay cosas que no son para el confinamiento, y si no pregúntense por qué no hay corridas (de toros) sin tendidos llenos. Provocó y marcó el penalti que encarriló el triunfo, recordándonos que el VAR está ahí precisamente para que tipos como Lenglet no se crean impunes en los córners, o al menos no impunes por partida doble (ya había derribado a Ramos en otro saque de esquina en el primer tiempo). La excelencia del camero estuvo bien secundada por la solidez de Mendy, Casemiro o (en la segunda parte) un denodado Lucas y un sublime Luka, obsequioso con la red al convertirla en receptora de uno de sus míticos pases con el exterior, previa finta orgásmica a Neto.

Ramos gol

El partido no tuvo mucho ritmo dado que, por más que este circo nos obligue a veces a actuar como si no nos diéramos cuenta, ambos equipos están de pretemporada debido a lo extremadamente atípico del calendario de la temporada anterior. El Madrid aprovechó esa atmósfera cuasiveraniega para gestionar admirablemente los últimos coletazos del choque. Los blancos han pasado directamente del invierno al estío. Podemos volver a soñar con que nos hagan felices, justo cuando más falta hace que algo, lo que sea, nos permita soñar. Ahí fuera no había hasta hoy más que conmoción, furia e insomnio, pero ganar de pronto en Barcelona constituye la más dulce fase REM.

 

Fotografías Getty Images.