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Rodrygo y Vinicius a través del espejo

Rodrygo y Vinicius a través del espejo

Escrito por: Ramón Álvarez de Mon5 febrero, 2020
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Debido al enorme precio pagado por los jovencísimos Rodrygo y Vinicius, la crítica futbolística y los aficionados han puesto desde el principio una lupa sobre sus carreras. Entre ambos jugadores hay sólo un año de diferencia y los paralelismos, amén de su extraordinaria relación, invitan a que las odiosas comparaciones sean continuas.

Vinicius aterrizó en un equipo a la deriva donde tardó en entrar. Prácticamente no comenzó a participar hasta enero, cuando el brasileño fue casi el único bote salvavidas a nivel futbolístico y emocional. Muchos madridistas materializamos nuestra ilusión en aquel niño de 18 años, al que una lesión truncó su gran momento y dictó la sentencia para el Real Madrid.

Rodrygo ha tenido una integración mucho más sencilla y rápida. La mejor dinámica del equipo ha exigido menos de él. Apenas ha disputado minutos con el Castilla porque desde el principio Zidane contó con su presencia en el primer equipo. Su facilidad goleadora le ha permitido aportar desde su estreno y, si bien no ha generado el hype de su compatriota, sí que ha producido la emocionante sensación de ser jugador para el Real Madrid.

Durante la presente temporada ambos futbolistas han parecido intercambiarse en la jerarquía de preferencias de Zidane. Rodrygo comenzó de forma mucho más acertada que Vinicius, pero últimamente el ex del Flamengo parece estar contando con más minutos que su amigo. Resulta curioso observar que las principales virtudes de uno suponen las principales carencias del otro y viceversa.

De Vinicius nos enamora su desparpajo y capacidad de desborde. Vini cuenta con un físico imponente, impropio de un niño de 19 años, que hace valer en cada duelo. Cada actuación suya muestra el fuego interior propio de un jugador tan profundamente emocional y optimista que ni siquiera parece poder detenerse para tomar nota de sus errores.

Quizá eso es lo que más se echa en falta de Rodrygo, un jugador con un enorme conocimiento del juego, que a veces parece demasiado preocupado por no equivocarse. Cuando uno ve a Rodrygo le imagina una capacidad de desborde que pocas veces está sacando a relucir. En esto deben de estar influyendo su edad, el físico propio de su juventud y que se trate de un jugador muy cerebral.

Rodrygo es un jugador con cuerpo de niño y cabeza de veterano. Ese fuego que apreciamos en Vinicius sumaría a su fútbol una cualidad preciosa que le haría más imprevisible, aunque perdiese precisión. Porque la precisión es el principal problema de Vinicius. Su juego alocado a veces menoscaba en exceso el gesto técnico.

Vinicius está teniendo grandes problemas para definir las jugadas que él mismo genera. Normalmente siempre falla el toque final, el que separa el éxito del fracaso en cada jugada. Conocer qué es lo que precisa cada situación es otra de sus asignaturas pendientes. La pausa, algo que Rodrygo atesora desde la cuna, sería la guinda para un Vinicius de por sí difícil de defender.

Rodryvicius sería el jugador total: juventud, desborde, capacidad goleadora, visión de juego, fortaleza, velocidad y sacrificio. Lógicamente hablamos de un imposible, pero ambos jugadores cuentan con la ventaja de que pueden ver en el espejo que tienen al lado lo que más necesitan mejorar.

En Vinicius es fácil apreciar una evolución en los últimos partidos. Se le ve más maduro y tranquilo sin haber sacrificado su poder de intimidación. Casualmente los resultados comienzan a llegar y sus acciones empiezan a tener finales felices. Con ellos va a crecer su confianza, virtud que el joven carioca puede capitalizar como ninguno gracias a su entusiasmo innato.

Está casi escrito que Rodrygo acabará introduciendo el vértigo en su fútbol sin perder la esencia. Su físico evolucionará y será un jugador más difícil de desplazar. Rodryvicius sería un crac, pero nos va a gustar tener a los dos por separado. Los vamos a disfrutar.