Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Vinícius y las tinieblas

Vinícius y las tinieblas

Escrito por: Sergio Arellano8 noviembre, 2019
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Convivir con una afición tan particular como la que cohabita en el Santiago Bernabéu no es una empresa precisamente sencilla. Es de todos conocido el carácter duro e inflexible que atesora la mayor parte del feudo blanco, cuyo rasgo más definitorio es precisamente ése; el de la exigencia llevada a unos extremos que hacen que en muchas ocasiones se desvirtúe y se vacíe el propio contenido de la exigencia, quedando ésta configurada como un concepto más próximo a la crueldad y a la truculencia que a otra cosa. Por suerte o por desgracia, es una peculiaridad que goza de una fuerte raigambre en la historia del club y, por razón de esta circunstancia, este hecho debe, (o debería) conocerse de antemano por todos y cada uno de los jugadores que quieran enfundarse la zamarra blanca. Para muchos, esta singular forma de expresarse nace de la soberanía intrínseca del respetable, y, por ende, ha de ser respetada en todos sus términos, incluso en aquellos en los que intervengan los famosos pitos y murmullos abrasadores que tanto nos han caracterizado y que tan flaco favor hacen a los jugadores, pues afectan de manera irreparable a sus prestaciones y capacidades.

Dejando a un lado el dudoso grado de legitimidad que tengan ciertas opiniones, sería conveniente hacer un llamamiento a la cordura para preservar el potencial de un chico de diecinueve años llamado Vinícius Júnior, que ya está empezando a sufrir el temperamento de una tribuna más acostumbrada al rendimiento inmediato que a la complacencia, aun cuando la misma esté de lo más justificada. A propósito, en las últimas semanas se está gestando un ambiente de cierta negatividad sobre su figura, auspiciada a grandes rasgos por un cúmulo de incesantes mofas, paralelismos y comparaciones de carácter oportunista que no hacen más que minar la autoestima de un individuo adolescente cuyo mayor pecado a ojos de la opinión pública ha sido pertenecer a las filas del Real Madrid. Y es que, a colación de ello, y fruto de un fenómeno que cada vez con más frecuencia se viene dando entre los chascarrillos de sobremesa deportivos, es de una extrema irresponsabilidad matar al bueno de Vinícius para ensalzar a otro talento como Rodrygo, cuya efervescencia se asemeja a la que vivió hace meses su compatriota, -hoy en horas bajas-, pero que irremediablemente podría, en cuestión de meses vivir esa misma tesitura debido al carácter intransigente de la grada, y a la constante mutabilidad de este deporte, en donde un día estás en la cima y al siguiente en el abismo. Por añadidura, ambos son jugadores totalmente distintos, con registros y facultades dispares. La capacidad de desborde y autosuficiencia para superar rivales de uno, frente a la lectura y astucia de cara al gol de otro. Tenemos un patrimonio rico y variado compuesto por dos piezas valiosas, de denominación de origen idéntico, pero de diferente estilo futbolístico, por lo que todo lo que no sea contemplarlo en su justa medida hará que se propicie un agravio comparativo que no favorece a ninguna de las partes.

es de una extrema irresponsabilidad matar al bueno de Vinícius para ensalzar a otro talento como Rodrygo, cuya efervescencia se asemeja a la que vivió hace meses su compatriota

Volviendo al ex del Flamengo, es una lástima que un jugador que rebosa alegría, desequilibrio y frescura por los cuatro costados esté actualmente enquistado en su juego por culpa de una abrumadora ola de críticas feroces que proceden tanto del propio Santiago Bernabéu como de los medios de comunicación, pasando además por sujetos que, siendo compañeros de profesión, no dudan en volcar sus desprecios ante un futbolista que, recordemos, está empezando a dar sus primeros pasos en la élite. Estos hechos son encasillables a dos episodios coyunturales que ejemplifican con maestría la razón de ser de este artículo. El primero de ellos se remonta al pasado 25 de septiembre, donde tuvo lugar un partido ligero entre Real Madrid y Osasuna. En el encuentro, un foco apuntaba de manera candente al brasileño cada vez que se ponía en contacto con el esférico, y de forma simultánea, no era extraño escuchar ciertos susurros atronadores cada vez que el desenlace de una jugada que protagonizaba acababa en balde. Tanto fue así que cuando logró anotar su primer tanto de la temporada rompió a llorar fruto de la insoportable presión con la que había tenido que lidiar los días previos al partido. Sus lágrimas reflejaban de forma alegórica lo que puede llegar a sentir un joven mientras es devorado por la magnitud e influencia de ciertos dictámenes. Tan crudo como fidedigno.

El segundo accidente, el cual lamentablemente fue objeto de risas hilarantes por la clase periodística, lo protagonizó Joaquín Sánchez, que mientras calentaba en la banda no se le ocurrió otro chiste mejor que llamar “malo” a Vinícius mientras éste conducía el esférico en dirección a portería rival. ¿Os imagináis la repercusión que habría tenido este episodio si lo llega a desempeñar al lado de las cámaras el capitán de todo un Real Madrid contra un joven canterano verdiblanco de diecinueve años? Con razón, todo habría desembocado en una nube de reproches llevados hasta el extremo, pero tristemente la proporcionalidad no se aplica por igual a todos los equipos de LaLiga.

En honor a la verdad, convendría recordar que la temporada pasada, y en un contexto a todas luces desfavorable, Vinícius fue el único destello de luz de un equipo que se consumía en su propia mediocridad. Aportó alegría y desparpajo mientras el bloque a su alrededor se desvanecía, convirtiéndose en cuestión de pocos meses en el único aval para la consecución de títulos dentro del club más laureado de la historia. Se dice pronto. Y este hecho, por cierto, data de hace pocos meses, por lo que su recuperación en la esfera física y psicológica debería de ser un objetivo fácilmente alcanzable. De cualquier modo, y pase lo que pase de aquí a final de temporada, poner la mano en el fuego por un jugador que era capaz, hasta hace no mucho, de levantar a la grada y aglutinar la atención de hasta dos marcadores rivales en escenarios como el Camp Nou o el Wanda es perfectamente legítimo. El madridismo debe de cerrar filas, mimar a sus jugadores, y en consonancia, protegerles de las críticas exteriores que no hacen más que lesionar el rendimiento que producen sobre el césped, y ahí cobra una gran importancia el momento actual de Vinícius: un chico que ha demostrado disciplina, orden, humildad y buenos valores, tal y como demostró al bajar al vestuario para felicitar expresamente a su compañero Rodrygo. Y yo, definitivamente y en contra de lo que opinen las corrientes de opinión mayoritarias, me niego a tirar la toalla.

Sergio Arellano
Colíder del movimiento benzemista. Twitter: @Arellanoglou