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Jugar al balón

Escrito por: Nacho Faerna8 noviembre, 2019

Hay muchas maneras de jugar al fútbol, pero sólo una de jugar al balón. Algunos gurús predican la posesión como clave del juego. Tener la pelota, no como un fin en sí mismo, sino para que no la tenga el contrario. Qué hacer con ella es secundario mientras no se pierda. El balón entendido como un macguffin, una excusa para corretear por el césped. Luego están los profetas de la posición. Los de los dibujos tácticos. A estos, el balón se diría que incluso les molesta. Un incordio, una lata. Con lo fácil que sería el fútbol si nos olvidáramos de él, si le diéramos la patada, sólo una, que lo mandara fuera del campo definitivamente.

Son maneras de jugar al fútbol a pesar del balón, en contra del balón, menospreciándolo, desactivándolo. Jugar al balón, en cambio, es ponerlo en el centro de todo, como cuando (perdón por volver a mis obsesiones) en el patio del colegio o en la plazuela del barrio dejábamos a la imaginación todo lo demás; un par de mochilas o dos montones de anoraks hacían las veces de postes de la portería, el larguero era hipotético y las áreas y los límites del campo líneas invisibles consensuadas con prisas para que el balón, lo único imprescindible, empezara a rodar cuanto antes porque sabíamos que la felicidad era eso, correr orbitando alrededor de esa réplica del mundo en miniatura, driblar, centrar, chutar, cabecear, co