Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Protestar o no protestar

Protestar o no protestar

Escrito por: Van Cleef10 marzo, 2019
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

¿Hay alguna ley, norma, reglamento o disposición que prohíba a cualquier equipo quejarse o protestar por alguna demostrada decisión arbitral errónea que le haya perjudicado? En caso de no haberla, ¿tiene derecho el Real Madrid a ser considerado y tratado, a esos efectos, como uno más de esos cualesquiera equipos?

El sentido común dice que sí. Que tiene derecho. Pero el día a día de la actividad opinadora, tanto la de la prensa deportiva oficial como la de las redes sociales, muestran un panorama bien diferente, en el que pareciera que el Real Madrid tuviese vetada de algún modo esa licencia.

El partido Real Madrid-Barcelona de Copa del Rey dejó una sensación general de dominio y buen juego blancos y de efectividad práctica azulgrana. De escasez goleadora blanca (mucha escasez) frente a eficiente "pegada" de los culés.

Hasta ahí, nada que objetar. La autocrítica afirma, con bastante razón, que al Madrid le falta gol. Pero eso no es óbice para que dichos goles puedan llegar, ya que tan necesitados parecemos estar de ellos, como consecuencia de penaltis favorables existentes, que decidan ser pitados por los encargados de hacerlo, cuando efectivamente existan.

Y parece estar demostrado, por imágenes, que existió un penalti sobre Vinicius en el minuto 14 de juego de aquel partido, con el marcador 0-0. Dejando al margen otras posibles acciones sobre el terreno de juego que también pudieran haber perjudicado al Madrid, ese penalti no señalado (en caso de ser transformado en gol), podría haber cambiado el rumbo del encuentro, muy posiblemente.

"¡Ya estamos llorando! ¡Eso no se puede demostrar! ¡Quejarse es de equipo pequeño!"

Puede que no se pueda demostrar que el rumbo del partido hubiera cambiado. Pero, del mismo modo que, aunque la estadística no sea una ciencia exacta, se utiliza muy a menudo con fines prácticos y suele acertar en altas proporciones, dicha estadística dice que, por ejemplo, el FC Barcelona consiguió en numerosas ocasiones en el pasado salir airoso de partidos que se le atragantaban, como consecuencia de determinadas decisiones arbitrales que le favorecieron tales como penaltis inexistentes, goles en fuera de juego, expulsiones injustas de contrarios, no expulsiones injustas de los propios... y que le permitieron llevarse una buena cantidad de puntos a la buchaca, o pasar complicadas eliminatorias, según el tipo de torneo que se tratase.

"¡Dejad de hablar del Barça y dedicaos a meter más goles! ¡Llorones!"

Por supuesto, no estamos diciendo que deseemos para el Madrid acciones o decisiones injustas. Eso sí que no va con nuestro ADN. Nos conformamos con que se pite el penalti sobre Vinicius, que fue real y sí existió. Y tal vez esa estadística antes mencionada se hubiese puesto de nuestra parte, ya que es cierto que el partido se nos estaba atragantando a nosotros. Estamos pidiendo únicamente justicia. Que se pite lo que realmente ocurra. Lo que realmente exista.

"¡Ahora hablaréis otra vez del VAR! ¡Se os ve el plumero!"

Es hasta cierto punto comprensible que el árbitro sobre el césped no viera el penalti. Pero las imágenes de las cámaras demuestran que hubo contacto por detrás sobre la pierna de Vinicius. Y el VAR funciona a través de cámaras. Igual que el Instant Replay. ¿No están los árbitros, tanto de fútbol como de baloncesto, habituados a analizar las claras imágenes que ofrecen las cámaras? ¿Deberían ser sustituidos por vigilantes de seguridad de los de garita y monitor?

"¡Y encima un chiste sin gracia!"

Las indudables carencias del Madrid, como la cacareada falta de gol (aunque en España solo el Barcelona le supera en goles a favor), no deberían hacernos olvidar el hecho cierto y comprobado de que el equipo blanco viene siendo arbitralmente perjudicado desde hace mucho tiempo, de una manera proporcionalmente similar a como viene siendo beneficiado el FC Barcelona.

"¡Y venga con los arbitrajes! ¡No tenéis derecho a hablar de arbitrajes!"

En el fútbol no importa el pasado ni el futuro. Solo el presente. Y si éste no es muy bueno en cuanto a juego y resultados, comienzan a sonar atronadoras las trompetas de Jericó. El Bernabéu parece desplomarse sobre sí mismo. Y en el Juicio Final, toma parte en la acusación hasta el apuntador. El Nuevo Orden Mundial Futbolero asoma su rostro por el horizonte y el Madrid tiene que ser incluido en él a la fuerza. Los nuevos emblemas que representan la manera de actuar correcta son el City, el Barça, el PSG, el Chelsea y otros similares. Toneladas de billetes de 500€ procedentes de no se sabe muy bien dónde, rumbo a fichar a las estrellas de postín que hayan hecho alguna jugada sobresaliente. No importa si luego esas estrellas se apagan. No importa si esos emblemas caen eliminados una y otra vez en la Champions. No importa si quien la gana una y otra vez es el Madrid. El camino a seguir ya está marcado. ¡Y ay de aquel que no quiera seguirlo! ¡Os aseguro que alguien vendrá a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a sus hermanos!

"¡Y encima plagiando a Samuel L. Jackson..!"

En la Liga, el daño arbitral se hace al principio de temporada. Después, la falta de memoria y la existencia únicamente del presente, en cuanto a fútbol se refiere, hacen que se normalice y se haga legítima la crítica furibunda a la situación actual del equipo. Entonces, y solo entonces, el pasado y el futuro cobran importancia y salen a relucir en forma de frases como: "Ya lo dije yo", "Si me hubieran hecho caso...", "Se veía venir", "Habrá que echar a media plantilla", "Habrá que fichar a Fulano, Mengano y Zutano", "Habrá que convocar elecciones", etc...

No es que sí tengamos derecho a la protesta. Es que tenemos la obligación moral de protestar. Desde todos los rincones se anima y se exige a la ciudadanía a que denuncie cualquier situación de injusticia o de abuso sobre sus personas, ya sea en ámbitos laborales, gastronómicos, sexuales o de simple consumidor de cualquier cosa. Está bien visto y protegido por una aureola de cierto prestigio o de incluso cierta valentía el hecho de hacerlo. Menos en el caso, al parecer, de que quien se decida a hacerlo sea el Real Madrid. En ese caso, hasta los propios madridistas son reacios a ello; puede que a causa de un impreciso criterio acerca de sí mismos, que les impele a considerar esas quejas como algo propio de otras entidades y no de la grandeza de su propio club o de ellos mismos.

"¡Siempre lloriqueando!" "Siempre venga a..."

- ¿Por qué no te callas? ¡¡Cierra ese puñetero pico de una vez!!

"..."

- Así está mucho mejor.

Y nadie puede discutir la grandeza del club ni de su afición. Pero seamos realistas. El Madrid no es todopoderoso. No puede ni tiene por qué luchar contra todos los elementos. Contra todos los obstáculos. Contra todos los impedimentos. Los jugadores son humanos como nosotros, los aficionados del Real Madrid. No tienen la potestad de sacar sus propias tarjetas amarillas o rojas a los contrarios. No pueden anular goles en contra injustos. No pueden evitar que algunos rivales finjan caídas, empujones o agresiones. Ellos no manejan el VAR. Ni tampoco el entrenador de turno. Deberíamos tener esto en cuenta.

Ellos sí pueden y tienen la obligación de darlo todo en el campo. Eso sí les podemos exigir. Pero tal vez también tengan ellos derecho a exigirnos a nosotros que tengamos un poco más de memoria y que no nos olvidemos del perjuicio que se nos hizo hace unos cuantos meses o hace unos cuantos días.

La memoria no debería servir para acordarse solo de las cosas que el club haya podido hacer mal en el pasado (planificación, fichajes, no fichajes, etc), sino también para que no olvidemos que nuestro camino nos lo siembran de minas desde el principio. Y que esas minas no las coloca el club.

PD: (Esas molestas interrupciones durante el artículo fueron causadas por el loro de un vecino culé, que se ha ido unos días fuera y me lo ha dejado para que se lo cuide y le eche de comer. Cosa que estoy pensando seriamente no hacer...).