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Pep y sus ausencias

Pep y sus ausencias

Escrito por: Pepe Kollins29 enero, 2019
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"Juventus, Bayern y Barcelona. Estos han sido los tres mejores equipos de Europa en la última década” (Pep Guardiola, año 4 d. ZZ)

Hay quien ha interpretado las palabras de Guardiola, no incluyendo al Real Madrid entre los tres mejores equipos de los últimos años, como una muestra de desprecio. Pero se equivocan al aferrarse a la literalidad de la frase, cuando la carga de su mensaje no residía en lo que decía sino en lo que estaba omitiendo. Si las declaraciones del entrenador del Manchester City han adquirido una dimensión viral, ha sido, precisamente, porque en la terna no aparecía el Real Madrid. Un efecto que no carecía de premeditación, puesto que él sabía, perfectamente, a quién descartaba y qué repercusión tendrían esas palabras, cuando las pronunció.

Con frecuencia, Pep Guardiola actúa, incluso cuando se le pregunta en virtud de su cargo en el club inglés, como un activista políticodeportivo de un ámbito diferente en el que ahora ejerce. Bien es cierto que la entidad que le paga se lo permite. No interpreten, por tanto, esta puntualización como un reproche, sino como un aclaratorio para encuadrar el contexto de su polémica sentencia.

No perderé el tiempo replicando a sus argumentos pues resultan tan ridículos que sería entrar en el juego que él pretende. Guardiola sabe mejor que nadie que lo que ha dicho no lo piensa, aunque lo haya pensado muy detenidamente antes de decirlo. El técnico de Sampedor busca desviar la atención del mal momento que atraviesa su equipo, por detrás de un Liverpool que con mucho menos presupuesto no solo le ha adelantado en cuatro puntos, sino que ya ha disfrutado del privilegio que los citizens no han gozado todavía con el catalán: jugar una final de la Champions League.

Se preguntarán qué es lo que puede desviar Guardiola, en Manchester, provocando al entorno del Real Madrid. Pero es que a la parroquia a la que apunta el técnico del City no es a la inglesa, sino aquella otra de “ese país pequeñito de ahí arriba”, parafraseando al susodicho.

Hay una fecha determinante en la vida de Guardiola: el 25 de junio de 2001. Aquella noche se despidió del Barça, ante un Camp Nou medio vacío que presenció como el equipo era eliminado, por el Celta de Vigo, en semifinales de la Copa del Rey. A Pep no se le brindó ningún acto de homenaje y se tuvo que conformar con el típico manteo de sus compañeros y con el aplauso de los pocos aficionados que todavía quedaban en las gradas. El paradigma de barcelonista perfecto, el niño que creció en la Masía, que fue recogepelotas del Camp Nou y que luego recibió la alternativa, de la mano del otro mito del club, Johan Cruyff, para defender durante once años esa camiseta, era despedido como un cualquiera. Fue tal el desamparo que sintió, que posteriormente no tuvo reparos en reconocer que aquel momento le había marcado profundamente.

Una huella tan honda que a partir de entonces inició una carrera en pos del legítimo reconocimiento que le había sido negado. Y a buen seguro que lo consiguió con creces, tanto que terminó fundiéndose con el ídolo adorado. Cualquier responsabilidad y función que realice Guardiola estará subordinada a su principal objetivo vital: consolidar la magnitud de su mito en el barcelonismo, que le obliga a enfundarse, reiteradamente, en la bandera del Barça y en la del nacionalismo catalán.

Cualquier responsabilidad y función que realice Guardiola estará subordinada a su principal objetivo vital: consolidar la magnitud de su mito EN el barcelonismo

Pep ha llegado a celebrar efusivamente goles del Barça, en la grada del Camp Nou, cuando teóricamente acudía en calidad de técnico del Bayern de Munich, rival de los azulgranas en eliminatoria de Champions. La ausencia del Real Madrid, en su enumeración de los mejores esta semana, no respondía, por tanto, más que a un ansia por satisfacer a los suyos (de verdad), a un deseo de mantener la imagen de referencia competitiva que dispone en Bracelona.

Que el ¿ex? técnico del Barça relegue al Real Madrid, no es sino una forma de conectar con el complejo que subyace en un ámbito, el barcelonista, acostumbrado, en términos históricos, a ser el relegado. Es intentar empequeñecer a quien tantas y tantas veces te ha empequeñecido. De apartar de tu vista a quien no quieres ver. Es, por tanto - y en el sentido contrario del que ha sido interpretado por una mayoría – un acto (inconsciente) de reconocimiento a la grandeza de lo que tanto temes.

Y es que pocos madridistas perciben la enorme dimensión del Real Madrid, como lo hacen la inmensa mayoría de barcelonistas. Si queréis comprender el valor de vuestro club atended a sus agravios o, en este caso, a sus ausencias.

 

Redactor jefe de La Galerna. Nombre: Javier Alberdi @JavierAlberdi. Antaño participé activamente en Ecos del Balón, El Asombrario y The Last Journo. Coordinador y coautor del libro "Héroes": https://bit.ly/2JC6kwx

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