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Gracias, Lucas

Gracias, Lucas

Escrito por: Miguel Cuesta27 septiembre, 2019
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Me he sentado a escribir esta reflexión sin saber cómo empezar, entonces he mirado a mi televisión y he visto el símbolo de ‘mute’ sobrevolando la pantalla. Acabo de presionar el botón para silenciar el audio y concentrarme en estas líneas. Justo en este momento he descubierto cuál es el arranque perfecto para mi reflexión. ¿No les encantaría que con la entrada al Santiago Bernabéu les entregasen un mando a distancia con el que poder silenciar a su vecino de asiento? Yo pagaría un extra si me dieran esa opción.

Tal vez me he vuelto muy susceptible y me he convertido en aficionado de sillón, aperitivos, audio a tope y que nadie me hable en 90 minutos. O tal vez sea que hay personas que simplemente no tienen ni idea de fútbol y sí muy mala leche. Les voy a hablar de ese mal congénito del madridismo -aunque yo diría de la humanidad- que va pasando de generación en generación cada vez que se pone de moda criticar por criticar a un futbolista. Es cierto lo que dicen que en Chamartín se ha pitado hasta a Di Stéfano, también a Zidane, incluso al mejor jugador de todos los tiempos como es Cristiano Ronaldo. Sin embargo, todos ellos eran capaces de provocar una bipolaridad muy simpática en nuestro odiado odiador de grada y pipas. En cuestión de segundos le obligaban al insulto y al elogio sintiéndose confusos con su escasa capacidad de análisis futbolístico.

Les hablo, como ya habrán adivinado, de lo que sucede con Lucas Vázquez. Al futbolista hay que analizarle siempre en su contexto. El nivel lo marca el colectivo a no ser que seas una estrella mundial y que tus goles sirvan siempre al equipo para sumar de tres. Ante Osasuna, Lucas estuvo en la media del colectivo. Correcto dentro de un partido gris. Incluso se podría decir que cuajó una buena actuación salpicada por dos o tres malas decisiones que, dado el ‘runrun’, podría ahorrarse para no echar más leña al fuego y dejar parte de su repertorio esperando a tiempos mejores. Dicho esto, el engendro odiador se caracteriza por un fenómeno muy curioso. Cada vez que Lucas Vázquez comete un error -en 90 minutos ningún jugador sale impoluto- grita, se carcajea, se burla, insulta y humilla al 17 del Real Madrid. Generando, a su alrededor, que un grupo de cotorras repitan la misma sintonía. Pero, curiosamente, cuando Lucas hace una gran internada, regatea hábilmente o da una buena asistencia; el hincha del odio se calla y no premia lo positivo que ve del jugador. ¿Por qué? Porque su trabajo no es ser justo, es odiar. Su trabajo es mermar a los jugadores de su propio equipo y, por ejemplo, llevar a un chaval como Vinicius Junior a llorar después de marcar un gol que pone fin a una mala racha. Llorar, porque antes que futbolista es persona y además una persona muy joven, por toda la presión que está recibiendo de estos tumores del fútbol que lo único que hacen es daño a sus propios colores. Si no existieran ya les digo yo que Vinicius llevaría bastantes más goles. Por desgracia están y el joven brasileño tendrá que ponerse la coraza y quedarse sólo con los que de verdad le apoyamos.

Pero volvamos al de Curtis. Su situación no es nueva, ya pasó con un futbolista que ocupaba esa misma banda, pero en defensa. Lucas Vázquez se está convirtiendo en el nuevo Álvaro Arbeloa para esta gente que dice que es aficionada al fútbol. A aquel le martirizaron con lo del ‘cono’, utilizado por rivales, pero también por muchos que llevan el carnet de socio en el bolsillo. Lucas no tiene apodo, directamente le insultan. Parece que tuvieran la necesidad constante de tener un futbolista, de su equipo, al que atizar inmisericordemente. Y yo me avergüenzo de ellos. Porque Lucas es el mismo chaval que llegó hace 12 años del Ural al Juvenil C del Real Madrid, el mismo que se dejó la piel para ir subiendo escalones hasta acabar en el Castilla y maravillar al Di Stéfano. Ese mismo Lucas que se marchó al Espanyol para hacerse profesional, regresar en 2015 y ganarse un hueco en la historia del Real Madrid girando un balón en el dedo mientras se dirigía al punto de penalti en la final de Milán. El que dio comienzo a un récord de leyenda. Sólo por eso tiene todo el respeto de quién merece recibirlo. Gracias Lucas.

Y a ti, que sabes que eres tú, ponte en ‘mute’ y déjanos en paz.